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OpiniónContando píxeles

Extraños tiempos

 
17
MAY 2010

En estos tiempos de desmemoria en los que algunos pretenden que nadie desanude lo que quedó atado -y bien atado- hay noticias que adquieren una importancia especial. Leo en El País que Juan Salas, un investigador de la Universidad de Nueva York, ha dado con un documental de Henri Cartier-Bresson sobre la Guerra Civil que todo el mundo daba por perdido.

"Con la Brigada Lincoln en España" es la película de 18 minutos que ha sido encontrada y que retrata el día a día de esta compañía de brigadistas internacionales que lucharon del lado de la República.

Seguro que Cartier-Bresson estaría encantado con las herramientas que ahora tiene al alcance de la mano cualquier fotógrafo

Estrenada originalmente en 1938 en Nueva York, el próximo 27 de mayo este documental (que incluso los biógrafos de Cartier-Bresson creían destruido) se exhibirá en la Filmoteca Nacional junto a las otras dos películas que el fotógrafo francés rodó sobre la contienda.

Más allá de la evidente importancia histórica y documental de este hallazgo, resulta curioso leer hoy las reflexiones que sobre la imagen en movimiento tenía el fotógrafo del instante decisivo.

En aquella situación, el trabajo de los reporteros estaba al servicio de un fin informativo, y por extensión, propagandístico: recabar apoyos internacionales a favor del gobierno legítimo. Así que cualquier medio que pudiera ayudar a cumplir con aquella misión era bienvenido.

Pero precisamente por la urgencia de aquella guerra, Cartier-Bresson, comenta Salas, se desesperaba con la lentitud y el proceso de montaje que requería el cine frente a la relativa inmediatez de su cámara de fotos.

Setenta años después, mientras algunos de aquellos voluntarios es posible que sigan perdidos en alguna cuneta, seguro que el bueno de Henri estaría encantado con las herramientas que ahora mismo tiene al alcance de la mano cualquier fotógrafo.

No sé si los milagros del Photoshop o los trucos del Lightroom convencerían al que tenía fama de no necesitar siquiera reencuadrar sus instantáneas. Pero esa posibilidad de grabar vídeo con nuestras cámaras de fotos que tanto parece disgustar a algunos puristas y reporteros seguro que le parecería un invento genial.

Es fácil entender y compartir las reticencias sindicales de los segundos. Una cosa es pretender salvar el mundo y remover conciencias a golpe de obturador y otra tener que pagar la hipoteca a finales de mes. Tú y el operador de cámara que antes venía contigo.

Pero no deja de ser singular que algunos rechacen estos avances -como en su momento miraron con recelo el enfoque automático o la llegada de los píxeles- citando a los grandes maestros que en su día no necesitaron de esos inventos para hacer algunas de las mejores fotos de la historia.

No deberían rechazar las nuevas prestaciones de las cámaras quienes ven la fotografía como un instrumento al servicio del periodismo

Y no les falta razón. Sólo que si aquellos Capa (quien también aportó algunos planos a esta película) Cartier-Bresson o Centelles, por citar a algunos de los que retrataron la Guerra Civil, hubieran tenido a su alcance las cámaras que hoy cuelgan del cuello de cualquier aficionado, seguro que no hubieran dudado ni un instante en aprovecharlas para enseñar al mundo lo que aquí ocurría.

Sin dar a las herramientas más importancia de la que tienen en realidad, rechazar los avances y las nuevas prestaciones de las cámaras es un lujo que quienes ven la fotografía como un instrumento al servicio del periodismo, el documentalismo y la memoria no deberían permitirse.

Pero vivimos tiempos extraños. Ahora que las posibilidades de la imagen y de su difusión son casi ilimitadas, toca reinventar los espacios donde éstas tengan cabida, porque los medios tradicionales andan demasiado ocupados con sus batallas propias como para cobijar las ajenas.

Malos tiempos, al fin y al cabo, en los que del otro lado del Atlántico ya no llegan aquellos brigadistas de la película de Cartier-Bresson, dispuestos a conjurar ahora las tropelías bursátiles, sino tijeras para recortar los pocos avances sociales que tanto costó conseguir.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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