• Una isla esculpida en fuego y hielo
  • A las puertas del infierno
Cartas desde Islandia

Expedición al volcán

 
20
ABR 2010

El pasado 22 de marzo los telediarios de medio mundo emitían la noticia de una erupción volcánica en Islandia: la lava salía escupida del interior del volcán subterráneo Fimmvorduhals. Era el preámbulo de otra erupción, la del glaciar de Eyjafjallajokull, que estos días está en boca de todos tras paralizar su extensa nube de humo buena parte del tránsito aéreo en Europa.

Fotógrafos de diferentes países se preparaban para viajar a la isla, y ahí estaba yo, a sólo 150 kilómetros del punto caliente. Durante los primeros días se cortaron carreteras y evacuaron poblaciones cercanas: se temía que la lava del volcán derritiese el hielo del glaciar y produjese inundaciones. Poco después se comprobó que la situación era segura y se reabrió la carretera que se dirige al sur, donde se encuentra el volcán.

Foto: Enrique Pacheco

La mala climatología hacía imposible el acceso al glaciar y las imágenes que llegaban a los medios de comunicación eran tomadas desde avionetas o helicópteros. Ya sólo quedaba esperar que mejorase el tiempo.

Tres días después de que estallara la erupción del Fimmvorduhals recibía la llamada de mi socio, Jón Páll Vilhelmsson: el clima sería favorable al día siguiente y la aventura parecía asegurada. Sería una larga caminata en el glaciar, y aunque la predicción meteorológica era buena, nunca se sabe lo que podía ocurrir allá arriba. Jamás he visto cambiar el tiempo tan rápido como en Islandia: aquí puedes disfrutar de las cuatro estaciones en el transcurso de un par de horas.



Vídeo de la expedición al volcán grabado por Enrique Pacheco. Publicado originalmente en Vimeo.

Eran las 4:35 horas del viernes cuando sonó el despertador, pero yo ya llevaba diez minutos despierto. Los nervios ante tremenda expedición a penas me dejaron dormir. A las 5:00 horas ya estábamos de camino a Thorsmork, un área montañosa de difícil acceso desde donde Jón Páll quería fotografiar el volcán al amanecer.

Desafortunadamente, cuando llegamos al lugar estaba nublado, pero con un teleobjetivo conseguimos una buena toma de la montaña escupiendo fuego. Un poco más abajo, a la izquierda, una gran columna de humo nos indicaba el lugar donde la lava entraba en contacto con el hielo.

Foto: Enrique Pacheco

Nuestra idea era llegar a la cumbre al atardecer y fotografiar el volcán con la mejor luz, así que nos fuimos a comer y a echar una cabezadita en el coche. A las 14:00 horas empezamos la ascensión desde Skogafoss. Los primeros kilómetros se desarrollaban por un empinado camino que discurría paralelo a un río con multitud de cataratas y que nos brindó unas bonitas tomas, pese a la pálida luz que rebotaba en sus aguas.

Foto: Enrique Pacheco

Habían pasado ya más de tres horas y casi seis kilómetros desde que empezamos a caminar cuando la montaña cambió su piel de musgo y piedra por una dura y crujiente capa de hielo. El paisaje se tiñó de blanco y la temperatura bajó considerablemente. Aunque debido al gran esfuerzo de caminar sobre la nieve cargando con el equipo jamás pasé frío, cuando cogí la botella de agua que guardaba en mi abrigo descubrí que ésta se había congelado.

Foto: Enrique Pacheco

Con gran esfuerzo llegamos a la primera cabaña-refugio, situada a unos once kilómetros del punto de partida y a sólo tres del volcán. Aprovechamos la ocasión para recobrar fuerzas, descansar y comer un poco. Este lugar marcó un punto de inflexión en la excursión, ya que por fin empezamos a ver el humo.

Foto: Enrique Pacheco

Los últimos tres kilómetros, aunque fueron muy duros debido a la dificultad del terreno, formado por empinadas colinas cubiertas de hielo, fueron los que más disfruté. El paisaje se había vuelto totalmente irreal: la ceniza del volcán cubría el hielo del glaciar y la suave luz de un sol ya escondido bañaba la escena, convirtiendo la montaña en un lugar casi mágico.

Foto: Enrique Pacheco

Fueron momentos de decisiones difíciles. Me sentía empujado a fotografiar dichas escenas cada pocos metros, pero sabía que el esfuerzo de sacar la cámara de la mochila y extender el trípode en repetidas ocasiones me alejaba cada vez más de alcanzar la cima con fuerzas y cumplir nuestro principal objetivo: fotografiar la erupción volcánica.

Fue a partir de ese momento cuando decidí quitar la cinta de la cámara, dejarla montada en el trípode y plegar sólo dos patas de éste. Así usaba el trípode como bastón para ayudarme a caminar en la nieve, y cuando quería hacer una foto sólo tenía que desplegar las patas.

Foto: Enrique Pacheco

Una hora más tarde alcanzábamos -por fin- la cima. Lo que más me impresionó, aparte de la virulencia de la erupción, fue el fuerte ruido que provenía de su interior. La constante y casi rítmica erupción generaba un sonido que evocaba la respiración humana.

Foto: Enrique Pacheco
Foto: Enrique Pacheco

Estuvimos casi dos horas fotografiando y filmando el volcán desde el único tiro de cámara posible aquel día. La actividad volcánica era fuerte y las tarjetas empezaban a llenarse. Debido a nuestra privilegiada situación, muy cercana al cráter, el uso de teleobjetivos nos brindaba unos increíbles planos cortos de la erupción. Pero son las panorámicas, en las que la montaña brilla con todo su esplendor, las que realmente evocan la experiencia que vivimos allí arriba.

Foto: Enrique Pacheco

A la semana siguiente, todo estaba más organizado. Las empresas de turismo empezaron a ofrecer excursiones en "superjeeps" a la zona de la erupción. Comenzamos a colaborar con una de ellas organizando viajes para fotógrafos y turistas, lo que nos permitió subir repetidamente y contemplar cómo la montaña iba cambiando de forma y aspecto.

Foto: Enrique Pacheco

Nuevas grietas y fallas se abrieron. Ríos de lava cortaban la montaña en dos. Cada vez que viajábamos allá arriba parecía que descubriéramos un lugar diferente, casi irreconocible respecto a la vez anterior.

Mucha es la gente que viene a Islandia por su paisaje, sus glaciares y sus cataratas. Ahora tienen además la posibilidad de contemplar una de las mayores y más espectaculares fuerzas de la naturaleza.

Foto: Enrique Pacheco

Es posible que ésta sea la ultima ocasión que tengamos de fotografiar un volcán en erupción en estas condiciones y tan cerca de casa. Es un espectáculo como muy pocos y una oportunidad única para el fotógrafo. Para quien no pueda venir, aquí quedan este artículo, sus fotos y el vídeo de nuestra primera expedición.

Formado en la escuela E.F.T.I. y en el Instituto del Cine de Madrid, Enrique Pacheco lleva desde 2008 impartiendo "workshops" de fotografía y producción audiovisual en Islandia junto al fotógrafo Jón Páll Vilhelmsson. Para más información sobre los "workshops" programados para este 2010, haz clic en el siguiente banner:

Los artículos de la serie "Cartas desde Islandia" se publican normalmente el tercer martes de cada mes.

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