Opinión

El carrete ha muerto: ¡viva el carrete!

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JUL 2014

Resulta inevitable preguntarse si estamos viviendo una agonía, los últimos estertores de un formato -el de la película química- que lucha por no irse. Fujifilm y otras compañías recortan su producción, y a poquísimos profesionales se les ocurre ya usar solo el carrete para sus trabajos. A todos los efectos, parecería claro que el carrete ha muerto.

Por otro lado, sin embargo, a poco que investiguemos encontraremos una retahíla de proyectos que reivindican la fotografía analógica, ya sea desde un punto de vista comercial o por puro romanticismo. Y si bien nadie dispara carretes en lo profesional, todavía quedan muchos profesionales que disparan con película en lo personal, ya sea por puro placer o para poder vender copias.

Basta con echar un ojo a QTV o al recientemente estrenado documental “No me llames fotógrafo de guerra”, donde aparece algún que otro fotógrafo con los ojos fijos en las hojas de contacto recién salidas del laboratorio.

Es una maravilla constatar que la película está intentando buscar un espacio propio cerca de la gente que quiere relajarse, ir más allá, olvidar las prisas

Estamos viviendo un momento muy interesante: el carrete busca su sitio. Desde luego que a corto plazo no va a desaparecer, y si lo hiciera surgirían alternativas. La situación pasa, entre otras cosas, por limitar la producción a lo que se vende.

Kentmere ha sido un ejemplo de ello. Esta marca es propiedad de Ilford, una compañía que quebró en su día y que en vez de seguir la estela de Kodak -que está penando en el purgatorio- decidió hacerse más pequeña, reducir su producción y salir adelante. Y ahora -porque en lo didáctico, nos guste o no, el olor de los químicos es algo necesario-, tiene a Kentmere como marca blanca, distribuyéndola principalmente en escuelas de arte de Reino Unido y Estados Unidos.

¿Y Ferrania? Hace menos de un año anunciaba que se estaba planteando volver a producir formatos inexistentes que desaparecieron por falta de interés en su día, como el 127. Antaño no era un formato útil, pero la gelatina de plata ya no va a vivir por su utilidad sino por la curiosidad que despierta, y ahí hay espacio de sobra para que algunos fotógrafos demanden ese formato.

¿Que solo se piden 10.000 rollos al año? Se fabrican 10.000 durante una semana, y a venderlos. Así, con una producción breve pero intensa, nos quitamos el problema de tener las máquinas funcionando 24 horas al día los 365 días del año para que la gelatina no se petrifique.

Desde luego que con la inmediatez del digital no se puede competir, pero analizando lo que parece ocurrir, es una maravilla constatar que la película está intentando buscar su espacio propio, un espacio cerca de la gente que quiere relajarse, ir más allá, olvidar las prisas. O sencillamente investigar. Serán esas personas, por pocas que sean, las que mantendrán esto adelante.

El carrete de 35 milímetros no está en el mismo saco que el colodión, la albúmina, la cianotipia o la goma bicromatada, pero sí que está más cerca de todos esos procesos que de la fotografía digital. Y es un placer ponerla -si se nos obliga a elegir- en ese cajón. Con lo bello, no con lo útil.

Y hablando de utilidad: mi vecina de 50 años se compró el otro día una cámara analógica porque para ella es más útil. Echa de menos tener un álbum de sus vacaciones. Y no es un caso único. A lo mejor, si lo pensamos con frialdad, no todos necesitamos la inmediatez del digital ni de tener que guardar cuatro copias de seguridad de las fotos.

Cristóbal Benavente es el fundador de Sales de Plata, web dedicada a la fotografía química

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