Opinión

El carrete crea mejores fotógrafos

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27
MAR 2014

El otro día llegó a mis manos, de pura casualidad, “Fotografía digital de alta calidad”, de José María Mellado. Ante mi sorpresa leí cómo un ferviente defensor del digital como es él ponía miles de analogías con el cuarto oscuro a lo largo del libro. Tal vez sea verdad eso de que es más fácil saber adónde se va si se sabe de dónde se viene. En vista de ello, sostengo la siguiente afirmación: un año entero disparando con película en blanco y negro crea mejores fotógrafos. Una idea que quien esté empezando o quiera mejorar su técnica fotográfica puede tomarse como una propuesta. Ahí va el porqué.

Para empezar, este ejercicio ayuda a interiorizar la técnica. Disparar con una cámara de película en modo manual obliga a asimilar los conceptos de sensibilidad, velocidad y apertura, tres valores sobre los que sustenta absolutamente toda la técnica fotográfica. Al no ver el resultado inmediatamente, antes de hacer la foto tendremos que previsualizar el resultado sin poder confiar en el método del prueba-error que nos brinda la pantalla. Y nada mejor para ello que llegar a entender qué genera la alteración de cada valor.

Un año entero disparando con película en blanco y negro crea mejores fotógrafos. He aquí una idea que quien esté empezando o quiera mejorar su técnica fotográfica puede tomarse como una propuesta

En segundo lugar, así aprenderemos la luz. La fotografía en blanco y negro se basa sólo en la presencia o la ausencia de luz. Ahora bien, fotografía significa literalmente “dibujar con luz”, y disparar en blanco y negro nos hará entender a la perfección cómo se comporta esa herramienta con la que vamos a dibujar. Podríamos incluir el color, pero estaríamos metiendo otra variable y esta propuesta se dirige a quien quiere mejorar. Y quien quiere aprender a volar, primero debe aprender a caminar.

El instante decisivo es la tercera razón del porqué de este planteamiento. Quienes hayan probado sólo el formato digital se sentirán muy limitados con un carrete de sólo 36 fotos. Mucho. Podemos llevar más carretes, claro, pero… ¡ay, si el “instante decisivo” nos coge cambiando el rollo! Si hay una forma de entender ese instante decisivo, es sabiendo que no podremos encontrarlo en algún lugar entre la ráfaga de 20 fotos que hemos tirado. Tendremos que estar listos y sólo entonces disparar.

Dicho todo esto, lo ideal sería disparar un carrete a la semana -si son más, mejor-, revelarlo y hacer contactos. Lo pertinente sería apuntar en una libreta los datos de cada foto (apertura y velocidad) para así poder entender el resultado. Los contactos son importantes, pues nos dejarán ver cuál ha sido nuestro “camino”. También estaría bien que de cada carrete revelado hagamos una copia de aquella foto que más nos haya gustado.

En cuanto a la cámara, valdrá cualquiera que permita disparar en modo manual. Recomendaría encarecidamente usar alguna focal fija y luminosa -el siempre barato 50 mm f1.8 es una buena elección- al no poder variar la sensibilidad salvo que cambiemos de carrete.

Desde luego no será barato. Cada uno puede echar sus cuentas de cuánto costarán los carretes y el revelado, pero debo decir que las mías, a lo largo de un año y disparando un carrete a la semana, no superan los 800 euros entre carrete, revelado y hojas de contactos. No incluyo el coste del equipo, aunque si no tenemos una cámara, las de película, además de económicas, apenas pierden valor de reventa. Sí, parece caro, pero, ¿cuánto cuestan una cámara digital y un curso de fotografía?

A muchos les resultará absurdo verse tan limitados. Sin embargo, el límite nos da horizonte y el mero hecho de estar ilimitados puede hacernos sentir perdidos al no tener un marco de referencia. Como quien deambula por el desierto, que por el mero hecho de poder ir a cualquier lado no sabe adónde dirigirse.

Vernos frente a las limitaciones que nos dará el carrete puede ayudarnos a aprovechar nuestros recursos y aprender a usarlos correctamente. Es precisamente debido al factor psicológico que conlleva esa limitación que este proyecto no podría llevarse a cabo sencillamente disparando durante un año en modo manual con una cámara digital.

Esta propuesta a muchos les parecerá una locura. Pero un año no es tanto tiempo. Pensemos en esta idea como el típico proyecto fotográfico de “una foto al día” pero extrapolado a “un carrete a la semana”. Desde luego, pocos estarán dispuestos a llevar a cabo este cometido, y de los pocos que lo hagan, los menos conseguirán terminarlo. Pero si alguien se anima a hacerlo, apuesto a que al finalizar el año lo agradecerá.

Cristóbal Benavente es el fundador de Sales de Plata, web dedicada a la fotografía química

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