• "Hay mucha gente trabajando ilegalmente con drones, y eso hay que regularlo"
  • "Conocer a mi mujer fue una buena excusa para dejar la fotografía de guerra"
Entrevista
CARLOS SPOTTORNO, FOTóGRAFO

"Saber escribir la lista de la compra no nos convierte a todos en escritores"

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Foto: Carlos Spottorno
6
OCT 2015

Carlos Spottorno abandonó hace más de una década el trabajo de creativo publicitario para coger una cámara y contarle al mundo historias que hablan de migración, minorías étnicas y paraísos fiscales. También de la visión que se tiene en el resto de Europa de países como España, Portugal, Grecia o Italia. Este fotoperiodista español nacido en Budapest a principios de los 70 y ganador de dos World Press Photo ha hablado con Quesabesde acerca de temas tan variopintos como los finales felices en los rescates de inmigrantes en alta mar, la importancia de los premios o la misteriosa inexistencia de libros de fotografía que sean best sellers.

Europa tiene un serio problema con la inmigración y las concertinas no parecen ser la solución.

Las concertinas son alambres en forma de muelle, como un acordeón, y yo diría que no son la solución al problema. ¿Cuál es la solución, entonces? Si la tuviera probablemente tendría algún cargo político. Pero, ¿por dónde empezar? Yo solo soy fotógrafo, aunque tengo mi opinión y hago gala de ella.

Todo el trabajo que he realizado sobre este tema es un encargo que empieza por un reportaje para El País Semanal. Hay muchos fotógrafos haciéndolo por su cuenta, lo cual tiene mucho mérito, porque es muy difícil hacer un trabajo de estas características solo. Principalmente porque aunque en algunas zonas puedas tener acceso a los inmigrantes, no lo tendrás a las autoridades.

Sí que opino, y más después de haber trabajado en el proyecto “Wealth Management”, que habla sobre temas financieros y paraísos fiscales, que la inmigración es un problema de raíz. ¿Por qué una persona huye de donde vive? Obviamente porque la situación está tan mal que no puede soportarlo y se tiene que ir.

La idea sería que no estuvieran mal, que todos estuviéramos contentos en nuestras casas. ¿Sería mandar más dinero una posible solución? No. Probablemente bastaría con que los países más desarrollados no alimentasen el colonialismo económico, las guerras, el soporte a los dictadores, la complicidad con la explotación, etcétera.

En ese sentido, los paraísos fiscales y los bancos tienen bastante responsabilidad, porque cuando desde Europa se compra la materia prima africana a una décima parte de su precio porque de todas maneras termina en el bolsillo de un individuo que lo manda directamente a Suiza, lógicamente todo eso alimenta una bola infernal que probablemente tenga entre uno de sus síntomas la emigración forzosa.

Es posible que Europa empiece a reaccionar en la raíz del problema cuando vea que sus efectos ya no permitan otra solución. ¿Vallas? Harán un túnel y pasarán por debajo. ¿Más ejércitos? Buscarán una manera de sortearlos. Se reaccionará de verdad cuando el efecto sea tan serio que no haya otra cosa que hacer.

La inmigración ilegal como un negocio más.

En parte sí que lo es. Hay personas directamente relacionadas con ese negocio, como los que se dedican al tráfico de personas. Aunque estos ni siquiera son los responsables ya que lo único que hacen es aprovecharse de una coyuntura que produce desesperación y provoca que haya gente dispuesta a jugarse la vida y pagar dinero por ello.

Los responsables son las personas que están en medio de este proceso, como aquellas en las costas de Libia o los conseguidores de la frontera entre Bulgaria y Turquía y entre Grecia y Turquía, así como los que organizan las pateras del Mediterráneo… Todo parece indicar que son grupos organizados criminales.

Unos días atrás le preguntaba a un inmigrante sobre este mismo tema. Él me decía que sí, que era un negocio ilegal que trafica con personas, pero que al mismo tiempo les dan un servicio, que es subirlos a un barco, aunque con un riesgo altísimo y pagando un precio absurdo. Todo está basado en la necesidad y la desesperación, como otros tantos negocios.

Foto: Carlos Spottorno
Foto: Carlos Spottorno

Entonces, ¿cuál es la solución?

La realidad es que se trata de un tema muy complejo y delicado que supera las atribuciones de un fotógrafo. Una cosa es acercarse a estas historias y verlas de cerca porque tienes que fotografiarlas, y otra muy distinta es llegar a entenderlas profundamente. Es más, a veces una experiencia cercana puede hacernos perder la perspectiva de lo que realmente ocurre.

Cuando escucho a un fotógrafo hablar ya no solo de este tema sino de otros temas en general, dando lecciones de cómo son las cosas, pienso que hay que ir con cuidado. El hecho de acercarse a un inmigrante no siempre significa que sepas de inmigración.

Quizás un proyecto fotográfico pueda ayudar a cambiar las cosas. Da la impresión de que eres de los que creen que con una foto se puede cambiar el curso de la historia.

En parte sí actúo de esa manera. No tanto creyendo en el impacto mágico de una foto, pero sí confío en el efecto acumulativo de las cosas. La opinión pública y la percepción general sobre algunos temas se ven influenciadas por cómo se transmiten visualmente. La manera en que un fotógrafo o videógrafo expresa o muestra determinado tema tiene su influencia.

En el proyecto “China Western”, por ejemplo, hablo sobre los uigures, que son los habitantes de Xinjiang musulmanes. Los chinos que habitualmente conocemos todos son los han. Aunque en España este es un tema que no nos afecta demasiado, allí en China es un asunto de vida o muerte, y a mí me costó mucho mantener un equilibrio a la hora de exponerlo.

Foto: Carlos Spottorno
"China Western". | Foto: Carlos Spottorno

Es un tema muy delicado porque habla de nacionalismo y religión. Es una combinación explosiva. Los uigures tienen una pretensión autonómica y separatista que se combina además con la religión musulmana, distinta a los preceptos habituales del estado chino.

Es un tema tan delicado que es facilísimo hacer un panfleto, hacer propaganda de un lado y de otro. Sería, por ejemplo, muy fácil ponerse del lado de la minoría y decir que los uigures están oprimidos y que los chinos son el demonio. Es una tentación que yo procuro evitar, aunque es cierto que resulta inevitable tener cierta simpatía con aquel que está en mayor estado de indefensión.

Pero yo no diría que todo lo que traen los chinos en Xinjiang es malo. Diría que, por un lado, si bien su presencia hace que la cultura uigur se disperse y en cierta manera desaparezca, por otro lado traen progreso, que siempre es bienvenido. Los propios uigures confiesan que les gustan los aeropuertos chinos.

Foto: Carlos Spottorno
"China Western". | Foto: Carlos Spottorno

¿Que si una imagen cambia las cosas? Yo creo en la reflexión, en pensar y mostrar las cosas. En hablar de ellas sin hacer propaganda, que me gusta menos. He hecho y hago trabajos comerciales y sé lo fácil que es coger un tema y darle la vuelta y convertirlo en algo fantástico. Como ejercicio académico podría coger cualquier tema y convertirme en su mayor defensor abogado. Es algo que procuro no hacer. Y si lo hago, que sea en algo en lo que pueda creer.

"¿Que si una imagen cambia las cosas? Yo creo en la reflexión, en pensar y mostrar las cosas, en hablar de ellas sin hacer propaganda"

Recientemente he estado trabajando para Cruz Roja, que me contrató para hacer fotos de sus actividades. Inevitablemente he sesgado en el sentido positivo porque a mí particularmente la acción de Cruz Roja me parece bien. Se pueden criticar las oenegés internacionales más potentes porque manejan cantidades de dinero que no siempre vemos con toda claridad, pero hacen cosas -y yo lo he visto con mis propios ojos- que salvan vidas de personas. Literalmente. En mi caso siempre hago un esfuerzo por mantener un equilibrio en estos asuntos, aunque no siempre lo consiga.

De hecho Marianne Lévy-Leblond, presidenta del jurado en la categoría de multimedia de los premios World Press Photo, explica en un vídeo que lo que les gustó del documental premiado “At the Gates of Europe” fue precisamente que se presentaba una problemática sin que se tomara partido en el asunto.

“At the Gates of Europe”, de Carlos Spottorno, tercer premio en la categoría de cortos del World Press Photo Multimedia de este año.

Eso me alegra, porque con el reportaje lo que yo pretendía mostrar era la tragedia de lo que ocurre con los inmigrantes. Quería mostrar compasión hacia ellos y verlos de un modo humano y dignificante. Pero en el proyecto también me pongo del lado de los que los rescatan, los militares.

Yo no hice la mili, estuve escapando del ejército todo lo que pude. Para mí la mili era una pesadilla, el infierno, lo último que yo quería hacer en mi vida. Ya estaba trabajando y me parecía del todo absurdo hacer la mili. Y toda la vida he tenido la idea de que el ejército es algo ajeno a mí. Soy muy malo dando y recibiendo órdenes y me llevo muy mal con ese mundo jerarquizado y de obediencia. Entonces queda claro que mi relación con el ejército es de cero simpatía desde un punto de partida.

Sin embargo me paso una semana en el mar y veo cómo estos tíos se dedican a sacar gente del agua sin hacer preguntas para luego dejarlos en tierra, y claro, pienso que hacen muy bien su trabajo. Además, los ejércitos han cambiado y hoy en día es otra historia. No quiere esto decir que me encante el ejército, pero en este caso en concreto hay un reconocimiento.

Foto: Carlos Spottorno
Foto: Carlos Spottorno

¿Me gustaría que no se gastara tanto dinero en el ejército? Por supuesto. ¿Me gustaría que ese dinero se destinara a educar e integrar a los inmigrantes? ¡Sin duda! Ahora, que esos tíos están haciendo algo que yo veo que está bien también es cierto. Y lamentablemente no puedo decir lo mismo de todos.

En Grecia, por ejemplo, prácticamente no tuve acceso a nada. Era muy difícil acceder tanto al ejército como a la policía. Era todo muy superficial. Eso es muy significativo. El hecho de que no te dejen ver las cosas te hace sospechar que algo no va bien. En Melilla tuve un acceso relativo, muy protocolario. Nos enseñaron algunas cosas pero cuando llegó el momento del salto no nos avisaron. Nos daban esquinazos.

Está claro que el guardia que está allí jodido -porque están jodidos, esa es la realidad- no está contento. Viven situaciones violentas casi todos los días de sus vidas, y eso no es agradable, es algo que genera mucha presión. ¿Que no han encarado bien el tema? Pues no, porque desde el momento en el que pones trabas y no enseñas, levantas sospechas.

Son situaciones en las que nadie parece ganar, ni siquiera el fotógrafo que las documenta. ¿Cómo se le queda a uno el cuerpo después de vivir un rescate en el mar como el que viviste tú?

Pues en este aspecto no me cuelgo ninguna medalla, porque estas cosas que yo vivo suelen tener un final feliz. Son situaciones de emergencia humanitaria, sí, pero en las que prácticamente todos los implicados terminan durmiendo a cubierto al final del día.

En ese sentido me diferencio de aquellos que van a conflictos, por respeto hacia ellos. Las personas que fotografían guerras y conflictos armados, que ven muertos y cuyas vidas corren serio peligro, esos sí pagan un precio emocional muy fuerte. Mi precio emocional no es tan alto, porque en el fondo, si bien el contexto es de cierta emergencia, es también de final feliz. No un final cojonudamente feliz, pero más o menos.

Foto: Carlos Spottorno
"Estuve en el monte Gurugú solo un par de horas y la verdad es que no hubiera sabido ni dónde sentarme ni qué comer. La mayoría se pasan allí meses y años. Luego algunos se extrañan de que salten la valla." | Foto: Carlos Spottorno

Pero de igual modo hay que estar mentalizado de que vas allí a documentar una situación, no a solucionar nada.

No. Por ejemplo, el rescate en el barco italiano me afectó por los niños porque yo tengo un hijo y te lo imaginas en situaciones parecidas. En Marruecos, en el monte Gurugú, la situación estaba muy mal y los adultos allí viven en unas condiciones malísimas: duermen sobre piedras, a la intemperie, la policía les pega y realmente viven en condiciones infrahumanas. Eso sí que me llamó la atención. Estuve allí solo un par de horas y la verdad es que no hubiera sabido ni dónde sentarme ni qué comer. La mayoría se pasan allí meses y años.

Luego algunos se extrañan de que salten la valla. Una valla que había sido testada por escaladores suizos profesionales y que, según ellos, era inexpugnable. Los inmigrantes la saltaban en tres minutos. Está claro que no la habían testado con personas que están dispuestas a cortarse las manos, las tripas y romperse las piernas para conseguir llegar al otro lado. Saben que si llegan terminarán dopados en el hospital, y para ellos eso es suficiente.

¿Cómo es la vida en un campo de refugiados como el de Mineo, en Sicilia, el más grande de Europa?

Un campo de refugiados es un lugar donde llegan las personas, montan sus tiendas de campaña y luego aquello se puede desarrollar hasta convertirse en un poblado, como ha ocurrido en Marruecos. En el caso de Mineo no estamos hablando de algo que haya nacido de forma espontánea y urgente: era una antigua base del ejército que servía de alojamiento para familiares de militares de las bases americanas en Sicilia. Por algún motivo dejó de funcionar como alojamiento para militares y ahora las viviendas las utilizan los demandantes de asilo, los refugiados.

¿Cómo es la vida allí? Pues por un lado, cuando los inmigrantes llegan, están encantados. Tienen una casa de ladrillos, con ventanas y agua corriente. Pueden dormir y comer, están a salvo y hay una clínica donde reciben atención médica y psicológica. Tienen acceso a una serie de necesidades básicas que no tenían todo el tiempo que han estado viajando.

Campo de refugiados de Mineo, en Sicilia. | Foto: Carlos Spottorno (Panos Pictures)

Pero lógicamente, al cabo de unos meses, empiezan a desarrollar aburrimiento absoluto. Están allí pero no tienen nada que hacer. Reciben una asignación, unos cinco euros a la semana, pero es algo que solo sirve para tener una especie de micromercado interno de ropa que viene de oenegés. En realidad no es algo que tenga mucha utilidad; solo es algo para mantener ocupados a los refugiados.

En todos los campos de refugiados se generan dinámicas perversas: drogas, prostitución, conflictos entre grupos... Es como vivir en un gueto. La gente joven que no ha recibido una educación apropiada se aburre porque no tiene nada que hacer, y luego se generan conflictos internos.

Pero eso se soluciona rápido con un partido de fútbol. ¿O no?

Cierto, el fútbol tiene esa característica especial que es como una sublimación de los conflictos. Es un simulacro de conflicto donde uno gana y otro pierde, y a la mañana siguiente tienes la revancha.

"La mayoría de clientes que van a darte trabajo no saben mucho de fotografía pero han oído hablar de los World Press Photo"

En el campo de refugiados de Túnez había muchísimas etnias distintas y hubo conflictos muy rápidamente, especialmente en el tema de la comida, ya que cada cultura y cada pueblo tiene unas necesidades muy distintas y allí les daban lo mismo a todos. Y una vez superada la necesidad de subsistencia, el ser humano pide algo más.

En tu currículum ya figuran dos World Press Photo. ¿Cómo repercute en la forma de trabajar ganar un premio de estas características?

El World Press Photo que gané hace 13 años me fue muy útil en mi entorno más inmediato, más que para conseguir otros trabajos. Es decir, mi familia, mis amigos, la gente que conocía de mis anteriores trabajos, todos reaccionaron al unísono y empezaron a valorarme y tomarme más en serio, como si se dieran cuenta de repente de que sí valía para este trabajo.

Antes de convertirme en fotógrafo trabajaba de creativo publicitario, y cuando lo dejé para dedicarme a hacer fotos muchos no comprendieron mi decisión. Ganar el premio terminó con las dudas acerca de mis posibilidades en este terreno.

Cards on the Table

Spottorno viajó a Marina Bay, el enorme complejo comercial y de ocio de Las Vegas Sands Corporation en Singapur. Un lugar de peregrinación para los nuevos ricos donde "las cartas están marcadas"

Carlos Spottorno
Carlos Spottorno
Carlos Spottorno
Carlos Spottorno

Los premios no tienen que convertirse en una obsesión, pero hay que pensar que en fotografía no hay jerarquía. Tienes 20 años y eres fotógrafo, tienes 80 y eres fotógrafo igual. No hay un capitán fotógrafo ni un general fotógrafo ni nada parecido. Lo único que hace que tu cabeza sobresalga un poco son tus publicaciones y tus premios. Entonces, a través de un premio puedes conseguir publicaciones. Lo que ya no tiene demasiado sentido es convertirse en coleccionista de premios, aunque es cierto que en algunos momentos de tu vida te ayudan.

En el caso de los World Press Photo, aunque levanten tantas polémicas y algunos digan que son unos premios que están obsoletos, son muy conocidos y eso también tiene un valor. La mayoría de clientes que van a darte trabajo no saben mucho de fotografía pero han oído hablar de los World Press Photo.

¿Y cómo es tu forma de trabajar? ¿Cómo es el Carlos Spottorno que se levanta por la mañana y sale a la calle con la cámara para contarle una buena historia al mundo?

Pues depende del proyecto en el que esté trabajando, de si es algo personal que me da mucha libertad o si se trata de un encargo que tiene una fecha de entrega. Sea cual sea el caso, hay mucha planificación para que cuando llegue el momento de hacer las fotos todo salga según lo previsto. Es como un atleta que se entrena durante mucho tiempo para luego correr cien metros en menos de diez segundos. Todo se resume en esos cien metros.

"Hoy se te exige que hagas vídeo y fotos. A nadie le gusta tener que hacer las dos cosas, pero hay que hacerlo"

Cuando llega el momento de hacer las fotos después de días, semanas y meses de preparación, eres consciente de que tienes muy poco tiempo y es cuestión de concentrarse de verdad y conseguir todo el material necesario. Todo tipo de planos, vídeo… De todo. Y más hoy en día, que se te exige que hagas vídeo y fotos. A nadie le gusta tener que hacer las dos cosas, pero hay que hacerlo. Y eso requiere una concentración muy fuerte.

Es el momento de la acción, del partido, cuando ya no puedes ni esconderte ni filosofar. Es cuando tienes que darle a la pelota y meter el gol. Eso es cuando trabajo en situaciones que no se repetirán, que tienen un momento y un espacio que serán irrepetibles.

Otra cosa es cuando trabajo en proyectos como “China Western” o “The Pigs”, en los que yo marco la pauta y puedo salir con mi cámara tranquilamente. Paso mucho tiempo ubicándome y planificando, y cuando llega el momento saco la cámara y hago la foto.

Foto: Carlos Spottorno
"Wealth Management". | Foto: Carlos Spottorno

Con la revolución digital parece que muchas fotos son como la comida rápida: las consumes y te olvidas de ellas. No dejan mucha huella porque no cuentan mucho tampoco.

Sí y no. Lo que ocurre es que el lenguaje visual se ha generalizado tanto como el lenguaje de la escritura. Siglos atrás muy poca gente sabía escribir. Hasta el siglo XIX había una infinidad de analfabetos, y el mero hecho de saber escribir era ya un valor añadido. Si sabías escribir en el siglo XII podías ser ministro o lo que quisieras. Lógicamente con los años se exige más, y aunque hoy en día todo el mundo sabe escribir la lista de la compra, eso no nos convierte a todos en escritores.

"Todo el mundo sabe hacer una foto y la fotografía se ha convertido en algo como las palabras que soltamos al aire"

Con la fotografía pasa lo mismo: todo el mundo sabe hacer una foto y la fotografía se ha convertido en algo como las palabras que soltamos al aire. Yo, cuando hago una foto en Instagram, la regalo como si estuviera simplemente diciendo cosas en una conversación en un bar. Otra cosa es que tú elabores un libro o des una conferencia y entonces quieras cobrar. Es algo que has creado, un verbo que has elaborado o una imagen que has construido.

Pero estando saturados de imágenes como estamos en la actualidad, es curioso que la fotografía siga teniendo tanto impacto en la gente.

Porque no estamos saturados. Es como si dijéramos que la gente habla demasiado y quisiéramos que dejaran de hablar. No. La fotografía de Instagram, por ejemplo, tiene una vida muy corta. Sueltas una foto de algo y no pretendes que eso tenga una repercusión de la leche. Su impacto es corto, como si te contara un chiste.

No hay que pretender que cada vez que hacemos una foto estemos contando la historia de nuestra vida. Eso no es así. Del mismo modo que no siempre que hablamos decimos cosas interesantes. A veces simplemente charlamos de cosas interesantes, pero no trascendentes. No creo en la saturación.

Cuando muramos lo único que nos va a sobrevivir son los libros, esos que están en las estanterías con las páginas pegadas entre ellas para que el oxígeno no penetre entre ellas. De ese modo esos volúmenes pueden durar miles de años. Son las ediciones finales de nuestras vidas. No cuento con que los discos duros aguanten tantos años. Por eso me gusta publicar.

Foto: Carlos Spottorno
"Wealth Management". | Foto: Carlos Spottorno

Tu proyecto “The Pigs” es uno de los más conocidos, apreciados y mediáticos. Es una buena mezcla de humor con mala leche. Además su edición es un tanto peculiar.

Sí, es como una revista hecha exactamente igual que The Economist. Tiene el mismo tamaño, la misma consistencia, el mismo papel. Hay partes interiores del diseño que también son similares.

"Cuando muramos lo único que nos va a sobrevivir son los libros. No cuento con que los discos duros aguanten tanto. Por eso me gusta publicar"

The Economist es una revista conservadora y liberal británica sobre economía. Es una publicación muy inteligente. Yo la leo todas las semanas y me gusta, la conozco bien. Habla de muchos temas distintos, desde unos cultivadores de cacahuetes en Indonesia hasta nuevas tecnologías que sirvan para llegar a Plutón. Todo tiene consecuencias económicas, de modo que hablan de todo.

Tiempo atrás en The Economist empezaron a hablar de Portugal, Italia, Grecia y España como the PIGS dentro de sus artículos, un recurso periodístico para hacer una gracia y también como acrónimo, para ahorrar espacio. Aunque, claro, el insulto en este caso era totalmente gratuito en una revista pretendidamente seria como esta.

Presentación del proyecto "The Pigs".

Reflexioné sobre por qué tenían esta imagen de nosotros y me di cuenta de que los cuatro países habían sido grandes potencias en el pasado. Las repercusiones que han tenido en el ámbito del arte, por ejemplo, como los legados de Grecia y Roma, son enormes. En la Edad Media Portugal tuvo una gran importancia. Era un país muy próspero con muchas colonias.

Con el descubrimiento de América España le robó protagonismo a Portugal y nació el imperio español. Fue muy grande y muy rico, y con unas consecuencias muy raras. De repente teníamos mucho dinero que no se invirtió y el país se convirtió en un país de administradores. Y lo sigue siendo.

Foto: Carlos Spottorno
"En 'The Pigs' quise mostrar la admiración que sienten desde fuera por nuestras ruinas y pasado al tiempo que nos insultan". Grecia (arriba) e Italia en dos imágenes de este proyecto. | Foto: Carlos Spottorno

Le di vueltas a todo esto, al hecho de cómo cuatro potencias con un impacto tan fuerte en tantos terrenos han acabado siendo países de segunda en Europa. Somos de Europa de milagro, de hecho.

Así que de todo esto salió la idea de “The Pigs”. Quise mostrar la admiración que sienten desde fuera por nuestras ruinas y pasado al tiempo que nos insultan. Es como una relación de amor y odio. Mi trabajo consistió en fotografiar lo que verbalmente se decía e insinuaba continuamente en The Economist. El proyecto es como una antiguía turística con cierta carga de autocrítica también.

Cuando sucede algo noticiable y las primeras imágenes que nos llegan son las que ha hecho un ciudadano normal y corriente con su teléfono móvil, ¿nos impresionan más por lo cercano que nos parece todo?

Claro. Cuando hay una inundación o un terremoto, por ejemplo, lo que más impresiona son los vídeos hechos con el móvil. Es lo primero que nos llega y son los vídeos que están hechos en el momento en el que sucede todo. En ese sentido el fotógrafo que antes estaba en el sitio adecuado en el momento apropiado ha perdido vigencia. Ahora siempre hay alguien con un móvil más cerca que llega al lugar antes que tú.

Foto: Carlos Spottorno
Portugal (arriba) y España tal y como aparecen retratadas en "The Pigs". | Foto: Carlos Spottorno

Las redes sociales también han cambiado las reglas del juego.

Sí, pero no hay que pensar tampoco que nuestro entorno en Facebook es el mundo. Sus algoritmos y los de las búsquedas de Google se encargan de que solo veas lo que se te acerca, y luego se genera esta alucinación de lo que tú ves es lo que hay.

Todo consiste en cálculos de “Me gusta” y demás, y luego se distorsiona todo, hasta el punto de que crees que eres famoso porque todos tus amigos te conocen. Sí, claro, tus amigos te conocen. Pero es que ya te conocían de antes. Las redes sociales han creado una distorsión muy seria de nuestros micromundos.

¿Qué te sorprende de la fotografía?

Que no exista el concepto de best seller en los libros de fotos. Hace tiempo que le doy vueltas a ello. Si la fotografía es un lenguaje que se entiende tan bien en cualquier parte del mundo, ¿por qué no hay libros superventas? Es algo que existe en el cine, en la música, en los libros de ficción… pero no en los libros de fotografía.

"Si la fotografía es un lenguaje que se entiende tan bien en cualquier parte del mundo, ¿por qué no hay libros superventas?"

Y ojo, que no hablo de productos de consumo rápido sin nivel intelectual. “Apocalypse Now”, por ejemplo, es una gran película que han visto millones de espectadores. A veces se da el caso de que es algo muy bueno que gusta a muchísima gente.

¿Qué haría falta entonces para que una buena exposición fotográfica tuviera millones de visitas?

Pues no lo sé. Las exposiciones son un tema peculiar. Es un concepto bastante decimonónico. Es decir, se trata de ir a un sitio a ver cosas que hay colgadas en la pared. Es algo que requiere de tu presencia para ver el original. Pero en mi caso, por ejemplo, una foto que me gusta no me gustará más o menos porque tenga un mayor o menor tamaño. Me gustará igual. Soy más de ver libros que exposiciones.

Ojalá supiera qué tiene que tener una exposición para llegar al público general. Todos los fotógrafos y autores decimos en algún momento que nos gustaría que nuestra obra llegara al público general. Lo decimos pero no hacemos mucho al respecto. En mi caso, cosas que he hecho han sido poner “The Pigs” a la venta por 10 euros, por ejemplo. Mi libro “Wealth Management”, por ejemplo, cuesta 20 euros. Es una barrera a la que se puede llegar relativamente bien. “China Western” tiene ese mismo precio hoy en día.

Foto: Carlos Spottorno
"Golden Mile". | Foto: Carlos Spottorno

Antes de publicar un libro valoro muchos aspectos. El precio que va a tener, el material en el que se hará y su contenido, entre otros. “The Pigs”, por ejemplo, trataba un tema que interesaba a la gente y vendió varios miles de copias. “China Western” habla de un tema que yo creo que es interesante, pero el público general no, y no vendió tan bien como “The Pigs”.

Es bueno encontrar un tema que te interese como autor y que también pueda interesar al público general, adaptándote a él no hasta el punto de no reconocerlo pero sí para buscarle el gancho y hacerlo atractivo. Es difícil saber qué va a gustar, pero hay que elegir.

¿Qué es lo próximo que vamos a ver de ti?

Mi próximo tema editorial estará relacionado con la inmigración y posiblemente acabe en un libro. Tengo mucho material, creo que es un tema de interés general, pero tengo que buscar la manera para que sea interesante para todos. No me apetece hacer un libro con potencial para ser de interés general pero que se quede en el nicho de los fotógrafos. Estoy dándole muchas vueltas a cómo conseguir romper la barrera del público especializado, pero aunque aún no tengo la solución lo que sí tengo son algunas intuiciones.

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