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Con texto fotográfico

"Tienes a Lou Reed delante… ¿y te vas a quedar con esto?" Carlos González Armesto

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Foto: Carlos González Armesto
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JUN 2016
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Encargo del Magazine, la revista dominical de La Vanguardia, para fotografiar a Lou Reed. Mientras esperas, te enteras de que por la mañana ha tenido un pequeño altercado con otro fotógrafo. Empiezas la sesión y descubres que quiere controlar incluso el equipo con el que trabajas y ver la primera foto que le tomas. Y además quiere dar una imagen que no te interesa. Todo esto le pasó al fotógrafo Carlos González Armesto, que al final supo llevarse a la leyenda del rock a su terreno para conseguir unas fotos mucho más interesantes (y resolver el encargo inicial).

Carlos González Armesto

Al margen de mis proyectos personales yo siempre trabajo por encargo. Soy especialista en retrato, sobre todo de músicos, escritores, directores de cine, actores… Muchos son celebrities. Colaboro hace muchos años con el Magazine de La Vanguardia, y en 2008 me llamaron porque había una entrevista y una sesión de fotos con Lou Reed.

La cita era en Barcelona. No venía a presentar un disco, sino un libro que estaba haciendo sobre poesía. Había otros medios que también tenían entrevista con él en otro lugar del hotel. Yo normalmente trabajo solo, pero en esa ocasión vino un chico que estudiaba fotografía y que era becario en La Vanguardia: era Lou Reed y tenía ganas de ver cómo trabajaba con él. Yo lo llevé encantado.

Cuando son personajes potentes suele haber egos en juego, jefes de prensa… Hay que lidiar con muchas cosas. Mientras estábamos esperando en el hotel me llegó un rumor a través de un periodista: en una sesión de fotos por la mañana había habido un follón y Lou Reed despidió al fotógrafo. No sé si todo esto es cierto o no, porque no llegué a hablar con el fotógrafo ni supe qué medio era, pero por lo visto había habido un lío. Él se había mostrado muy arisco y había cortado la entrevista, y todo esto hacía que el ambiente estuviera tenso.

Yo personalmente me lo tomé como algo que podía ocurrir. Recuerdo que la redactora estaba más preocupada que yo. Lou apareció muy solemne, con su mujer y un jefe de prensa. Estaba muy serio y lo vi un poco divo, pero las presentaciones fueron muy educadas y fueron bien. Le planteé lo que quería hacer: había escogido un salón con un fondo oscuro con una silla, que era un poco como un trono. Le gustó el lugar.

lou reed
Foto: Carlos González Armesto

Yo siempre me llevo luces: un generador, una antorcha… algo muy básico y pequeño, pero que tenga potencia suficiente para hacer la sesión. No me gusta trabajar con la luz que me encuentro: prefiero ponerla yo donde veo que me funciona. Aquel sitio era especialmente oscuro, así que con las luces que yo llevaba ya me iba bien. Antes de que llegara Lou Reed yo ya había hecho un par de disparos con el asistente para controlar que las luces estuvieran bien colocadas.

Justo antes de empezar me pidió que me acercara y me dijo: ‘Déjame ver qué equipo usas.’ Me explicó que él era fotógrafo y que había hecho algún libro de fotos, y quería saber qué cámara y qué ópticas usaba. Se las enseñé y me dio su aprobación.

Hice el primer disparo y me pidió ver la primera foto. Yo por norma nunca enseño nada de lo que hago. A nadie. Lo veo yo, y si es el caso también mi asistente para controlar el tema de las luces. Pero a mí personalmente tampoco me gusta ver demasiado lo que hago. Disparo y veo si está bien de luz, y a partir de ahí tiro para adelante, como si fuera fotografía analógica. Tuve la gran suerte de que la primera foto era una buena foto, porque si llega a ser mala no sé lo que habría pasado. Pero me dijo: ‘Sí, me gusta.’ A partir de ahí todo fue fluido.

"Lou Reed estaba haciendo algo que a mí no me gusta: se estaba comiendo al fotógrafo. Son personajes que vienen con una idea muy clara de la imagen que quieren dar"

Él llevaba unas gafitas redondeadas metálicas. Eran unas gafas graduadas. Me imagino que por necesidad y porque quería huir un poco de la imagen del Lou Reed estrella de la música y dar otra imagen muy determinada para esa sesión de fotos, mucho más intelectual. Estaba muy serio y con unas poses muy estáticas. Las fotos eran bonitas y yo tenía precisamente que cumplir con ese encargo.

Al cabo de poco ambos nos dimos cuenta de que parpadeaba con los flashes y me propuso que contara hasta tres antes de hacer la foto, para evitar el parpadeo. Estaba haciendo algo que a mí no me gusta: se estaba comiendo al fotógrafo. Este tipo de personajes vienen con una idea muy clara de la imagen que quieren dar, pero como fotógrafo lo peor que te puede pasar es que hagas esa imagen. Es decir, hay que hacerla, es un encargo, pero luego has de sacar de la sesión lo que tú quieres.

Me estaba dando cuenta de que las fotos estaban correctas de luz, el personaje se veía muy bien y se daba una imagen inédita de Lou Reed, porque tenemos otra idea visual de él. El trabajo estaba bien hecho, pero yo no estaba contento de sacar ese material… Tienes a Lou Reed delante… ¿y te vas a quedar con esto? A mí me interesaba sacar algo más.

Yo no planeo demasiado las cosas; soy muy intuitivo. Al acabar esta parte de la sesión le propuse probar otras cosas. Le dije que se podría quitar las gafas que llevaba y le dejé mis gafas de sol. Las miró así por encima y me dijo: ‘No, no quiero.’ Pero se las probó y al final aceptó. Si ves las dos series te das cuenta de que está mucho más distendido. Supongo que con las gafas se sintió más protegido, más rock star… No lo sé.

lou reed
Foto: Carlos González Armesto

Y en cuanto se las puso cambió todo. Desde mi punto de vista tuve otra imagen del personaje. Fue como si creciera. De estar en una posición muy estática, como muy concentrado y mirando a cámara, comenzó a moverse, que es lo que yo quería.

Empezó a desplegar el cuerpo, las manos. Cambió incluso la posición. No era un tipo muy grande, pero sí que tenía un cuerpo de gimnasia y desplegó todo su volumen, su gracia y su buen humor. Se convirtió en el Lou Reed estrella de la música, y me gustó seguir ahí. Fue una sesión muy interesante. Él se fue relajando, y de los 15 minutos que teníamos, la sesión se alargó hasta 25 porque a él también le gustó. Hasta el punto que al final me pidió las fotos.

Lo anecdótico del tema es que a mí las fotos que realmente me interesaban eran estas. A mí me suelen gustar las fotos entre pose y pose. Además, conseguí llevarlo un poco a mi terreno, siempre con muy buena educación, con mucha mano izquierda, porque juegas con los egos y eso hay que gestionarlo muy bien. Supongo que la experiencia de muchos años me ayudó a hacerlo sin que se diera cuenta.

Al final, para abrir [la entrevista] en el Magazine se publicó una de las fotos con las gafas graduadas. Era una foto que estaba bien, era muy correcta. Pero luego también dieron una de las gafas de sol. Luego se han ido publicando más veces las de las gafas de sol. Cuando Lou Reed murió, una de ellas salió en portada.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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