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Prueba de producto
Canon PowerShot G7 X Mark II
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Canon G7 X Mark II: análisis

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JUL 2016
Texto: Iker Morán  |  Fotos: Álvaro Méndez

Hay tres cosas que quedan rápidamente claras al desempaquetar la nueva Canon PowerShot G7 X Mark II. En primer lugar, que el tema de los nombres largos y complejos de los modelos empieza a ser inmanejable. También que no hay demasiados cambios desde la primera generación. Y sobre todo, que estamos ante una de esas compactas que nos guardaríamos en el bolsillo para llevarla a todas partes.

Hace no mucho una cámara de este tamaño, con un sensor de esta calidad (una pulgada y 20 megapíxeles) y un zoom 24-100 mm f1.8-2.8 era el sueño imposible de cualquier aficionado a la fotografía. A día de hoy no solo existe, sino que hay varias opciones en el mercado con esta misma filosofía.

Canon PowerShot G7 X Mark II
Canon PowerShot G7 X Mark II
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Por mucho que las comparaciones sean odiosas, a veces son la mejor forma de poner un modelo en el contexto del mercado. Y es que las PowerShot G7 de Canon no son ni más ni menos que la respuesta de la compañía a las exitosas Sony RX100. Los parecidos, más que razonables, son evidentes.

Si con la primera generación de este modelo Canon ya consiguió hacerse un hueco en el interesante escaparate de compactas con captor de una pulgada, la renovación llega con una lista de mejoras que a priori no parece muy espectacular pero que al menos revisa muchas de las carencias detectadas en aquel primer modelo.

Mejor agarre

Pese a que el concepto sigue siendo el mismo –es una cámara de bolsillo-, salta a la vista que hay cambios importantes en cuanto al diseño y la ergonomía con respecto a la PowerShot G7 X. Estamos ante un modelo algo más contundente. El tamaño es similar, pero se adoptan ahora algunos detalles de las sagas G1 X y G5 X para mejorar el agarre y el manejo.

Hablamos sobre todo de la nueva empuñadura y zona frontal de la cámara, que permite una sujeción mucho más cómoda que en la primera generación. Uno de esos pequeños detalles que, a la hora de la verdad y tras pasar unos días con la cámara entre las manos, se nota.

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Potencia en el bolsillo

CMOS de una pulgada y 20 megapíxeles, zoom 24-100 mm f1.8-2.8, controles manuales y formato RAW configuran una receta muy tentadora

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Canon PowerShot G7 X Mark II
Álvaro Méndez (Quesabesde)
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Canon PowerShot G7 X Mark II
Álvaro Méndez (Quesabesde)
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Canon PowerShot G7 X Mark II
Álvaro Méndez (Quesabesde)
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Canon PowerShot G7 X Mark II
Álvaro Méndez (Quesabesde)
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Canon PowerShot G7 X Mark II
Álvaro Méndez (Quesabesde)
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Canon PowerShot G7 X Mark II
Álvaro Méndez (Quesabesde)

Más detalles: la rueda de compensación de la exposición, que ahora tiene un manejo más suave, o el dial frontal, al que se le puede anular el clic y que es nuestro control preferido de la cámara. Algo útil tanto para vídeo como para pasar un poco más desapercibidos, teniendo en cuenta que hace un ruido considerable.

La estupenda pantalla táctil –muy útil para elegir de forma sencilla el punto de enfoque- mantiene su capacidad abatible para facilitar los autorretratos, pero además ahora también puede inclinarse 45 grados hacia abajo para las tomas elevadas.

Misma filosofía

Más allá de los cambios estéticos, los dos pilares de la G7 X se mantienen en esta segunda generación: el citado CMOS de una pulgada y 20 millones de puntos y el zoom de algo más de 4 aumentos, que ofrece unas focales equivalentes a 24-100 milímetros con una luminosidad de f1.8-2.8.

Si a esa pareja se le suman los controles manuales y el disparo en formato RAW, sin duda estamos ante el mejor argumento de la cámara. Aunque la llegada del nuevo procesador de imagen Digic 7 se nota en diferentes aspectos del funcionamiento de la cámara, su incidencia en cuanto a la calidad de imagen es menor.

Muestras: RAW
Fotografías realizadas con una Canon PowerShot G7 X Mark II

El tándem formado por óptica y sensor funciona perfectamente, con un buen comportamiento en los extremos focales y a máxima apertura

Lupa en mano y buscando situaciones extremas, podríamos llegar a notar una mejor gestión del ruido, pero en el 99% de los casos y para la inmensa mayoría de usuarios –esos que quieren buenos resultados y no viven pegados a una lupa para contar píxeles- la calidad de imagen es similar a la de la primera generación.

Algo que sin duda es una buena noticia, porque los resultados son excelentes para tratarse de una cámara de este tamaño. La combinación de la óptica y el sensor funciona perfectamente, con un buen comportamiento en los dos extremos focales e incluso a máxima apertura.

Muestras: RAW
Fotografías realizadas con una Canon PowerShot G7 X Mark II

El sensor de una pulgada no permite conseguir grandes desenfoques del fondo, pero jugando con el angular de 24 milímetros y el diafragma de f1.8 se pueden conseguir resultados muy efectistas.

Aunque en JPEG el procesamiento puede parecer un poco excesivo a los más exigentes, basta con trabajar en RAW para afinar mejor este punto y de paso estirar al máximo el rango dinámico de la cámara. En este sentido hay que recordar que el nuevo procesador también permite trabajar con una profundidad de 14 bits si se trabaja en RAW, lo que repercute en la calidad final del archivo (y se nota también en el peso de los ficheros).

Más rápida

Pero si hay algo en lo que se nota la llegada del nuevo procesador, es en la velocidad general de la cámara. No es que fuera un problema importante en el primer modelo, pero la mejora de la agilidad de la G7 X Mark II se percibe tanto a la hora de enfocar como en el momento de disparar.

Así, las ráfagas de hasta 8 fotogramas por segundo incluso trabajando en RAW son una de las novedades sustanciales de este modelo. Eso sí, para alcanzar esa cifra el enfoque y la exposición quedan bloqueados, mientras que si se quiere disparar con enfoque continuo, la velocidad baja hasta algo más de 5 disparos por segundo.

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Canon PowerShot G7 X Mark II
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

A máxima velocidad, la ráfaga alcanza para unos 15 disparos consecutivos en RAW, mientras que si trabajamos solo en JPEG es prácticamente inagotable, aunque a partir de los 30 disparos se llega a ralentizar. Datos que, en cualquier caso, tampoco tienen una especial relevancia, puesto que no estamos ante una cámara de acción ni pensada para fotografía de deportes.

Cuenta, por supuesto, con conexión Wi-Fi con NFC, y con una autonomía teóricamente mejorada respecto a la primera generación, aunque cuesta llegar a los 250 disparos por carga, lo que para muchos usuarios puede quedarse corto. Eso sí, entre las novedades destaca la posibilidad de carga directa a través del puerto USB.

La mayor agilidad de la G7 X Mark II con respecto a su antecesora se percibe tanto a la hora de enfocar como en el momento de disparar

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Canon PowerShot G7 X Mark II
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
Visor y vídeo 4K, asignaturas pendientes

Pese a que la llegada del nuevo procesador de imagen sin duda dejaba margen para sumar el vídeo 4K a las especificaciones, Canon se resiste a dotar a sus cámaras de esta prestación. Habrá que esperar a la siguiente generación, aunque por ahora el vídeo Full HD que ofrece puede presumir de un buen sistema de estabilización, y a las prestaciones del primer modelo se le une ahora el modo 24p.

De todos modos, la ausencia de 4K vuelve a ser una de las asignaturas pendientes al compararla con las citadas RX100 de Sony. Ese punto y el hecho de no contar con un visor integrado –ni zapata- la sitúan un peldaño por debajo de la RX100 IV, aunque a su favor hay que decir que es algo más ágil que esta y que la pantalla articulada resulta de gran ayuda. El precio de unos 650 euros ahora mismo también juega a su favor respecto a la Cyber-shot.

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Canon PowerShot G7 X Mark II
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
La Canon G7 X Mark II con una bolsa Crumpler Muli 9000 black.

Canon ha hecho un buen trabajo a la hora de ajustar detalles de la que fue su primera cámara con sensor de una pulgada

De todos modos, si se trata de hablar de presupuesto, tal vez la peor competencia para este modelo esté en el propio catálogo de Canon. Con la G7 X original a menos de 500 euros, resulta tentador ahorrar algo de dinero teniendo en cuenta que los resultados en cuanto a calidad de imagen tampoco son muy diferentes. Y quienes no puedan o quieran renunciar al visor óptico, la G5 X de la propia Canon a un precio no muy superior al de esta G7 X Mark II también es una alternativa a tener en cuenta.

Canon ha hecho un buen trabajo a la hora de ajustar detalles de la que fue su primera cámara con sensor de una pulgada. Tal vez habría sido buen momento para dar un salto más considerable y con más novedades (visor, 4K…), pero no siempre resulta fácil hacerlo sin pisar el terreno de otras compactas de la casa.

En cualquier caso, tras pasar un par de semanas con esta cámara encima en todo tipo de situaciones –desde viajes hasta conciertos-, está claro que estamos ante uno de los modelos más interesantes para quienes necesiten una excusa para tener siempre a mano una buena compacta.

La bolsa que aparece fotografiada en este artículo es una Crumpler Muli 9000 black y ha sido cedida como parte de un acuerdo publicitario entre Reflecta, firma importadora de Crumpler en España, y Quesabesde.

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