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OpiniónContando píxeles

Malas consejeras

 
29
OCT 2007

El refranero popular está repleto de referencias a las prisas y sus nefastas consecuencias. Un aviso que, por lo visto, no sólo es aplicable a esas obras del AVE que están dejando Barcelona como un queso de gruyer, sino también al sector fotográfico.

Tras el truculento aterrizaje de la Leica M8, llega el turno de la Canon EOS-1D Mark III y su enfoque

Buena prueba de ello son los últimos y sonados errores que, para más inri, han afectado a algunos de los modelos más caros del actual escaparate. La Leica M8 ya protagonizó hace meses un truculento aterrizaje en el mercado, pero parece que ahora es el turno de la EOS-1D Mark III de Canon y sus problemas con el enfoque.

Aunque consuela comprobar que la chapuza no es una exclusiva nacional limitada geográficamente al sur de los Pirineos, resulta preocupante esta incipiente tendencia a lanzar cámaras que, por lo visto, no han pasado los suficientes controles técnicos y que convierten a los usuarios en improvisados "beta testers".

Los usuarios se han convertido en "beta testers" de cámaras que no han pasado los suficientes controles técnicos

Las actualizaciones de firmware han pasado de ser una interesante herramienta que permite actualizar y ampliar las prestaciones de la cámara en un sistema de parches que los ingenieros de las diferentes marcas se sacan de la chistera según se van detectando los fallos del modelo en cuestión.

Un mecanismo que parece que todos hemos asumido de la forma más natural. Y es que nadie se echa las manos a la cabeza cuando, dos semanas después de que se presente una cámara, ésta ya dispone de una nueva versión que solventa tal o cual metedura de pata.

En vez de ampliar prestaciones, las actualizaciones de firmware son ahora un sistema de parches

En ocasiones son pequeños detalles. Ya saben, al seleccionar el idioma coreano y realizar una exposición de 2,4 segundos en un día de lluvia moderada, el menú aparece en swahili. Por ejemplo. En ocasiones se trata de aspectos tan concretos o tan generales -mejora de la exposición con flash- que la mayoría de usuarios posiblemente no se percaten de ellos.

El problema llega cuando ya no hablamos de un pequeño desliz, sino de un fallo más grave. O cuando el modelo afectado no es una sencilla compacta de 200 euros -que, por otra parte, merece los mismos controles de calidad-, sino una cámara de más de 3.000 euros.

Crisis como la de Canon son un caldo de cultivo para quienes confunden información con opinión

Si, como en el caso de la EOS-1D Mark III, añadimos que se trata de uno de los buques insignia de la marca que ahora mismo lidera el mercado y lo aliñamos con unas gotas de nefasta capacidad de respuesta y comunicación, ya tenemos sobre la mesa un grave problema.

Crisis como ésta suelen ser un excelente caldo de cultivo para quienes confunden la información -la contrastada noticia que se publicó en estas páginas el otro día- con la opinión. Y si fuera menester, que lo es, con la crítica.

Rectificar es de sabios, pero hacerlo tarde y mal sólo sirve para cabrear a los usuarios

Rectificar es de sabios. Pero hacerlo tarde y mal sólo sirve para cabrear a los usuarios y dejar en una posición realmente incómoda a quienes en su día hicieron su trabajo y dieron la cara para transmitir el mensaje oficial de la compañía: no hay ningún fallo, es un simple problema de configuración. A estos últimos les toca ahora aguantar el chaparrón al hablar de reparaciones y servicios técnicos.

Parece mentira que los genios del marketing y la comunicación sigan sin entender que la falta de información oficial es el mejor de los abonos para la rumorología y la histeria, más aún teniendo en cuenta el tipo de periodismo -es un decir- que se estila en muchos medios del sector.

La falta de información oficial es el mejor de los abonos para la rumorología y la histeria

Teniendo en cuenta lo que pasó hace ya tiempo con aquella compacta de HP que, según algunos, ardía al mínimo descuido (en realidad, lo que podía arder era una pila no recargable al ponerla en el cargador de la cámara), no es de extrañar que ahora a Canon le vaya a costar explicar que el problema de la EOS-1D Mark III está limitado a ciertas unidades o que los últimos modelos ya vienen reparados de fábrica.

Y es que las mismas prisas que se requieren a la hora de afrontar un problema de esta envergadura son las que sobran en el momento de anunciar un producto o lanzarlo al mercado sin que haya pasado por un riguroso proceso de control.

A Canon le va a costar explicar que el fallo está limitado a ciertas unidades o que los últimos modelos ya vienen reparados

Curiosamente, ha sido el propio mercado el que se ha autoimpuesto un ritmo alocado de novedades y renovaciones de productos al que, por cierto, usuarios y espectadores parecen haberse acostumbrado con suma naturalidad. Que levante la mano el que no esté pensando ya en una Nikon D3X, por ejemplo.

De este modo, se ha creado una compleja ecuación. Ni adelantarse demasiado anunciando un producto con meses de antelación (o lanzándolo sin estar del todo listo), ni esperar más de la cuenta (pienso ahora en la Olympus E-3) parecen ser la solución.

A falta de un término intermedio, la segunda opción es la más noble y justa. Pero nadie dijo que este mercado -ni ninguno- se rijan por tan loables criterios.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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