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FOTOGRAFíA RéFLEX

Mitos y leyendas del mundo SLR digital

 
7
MAR 2006

Ahora que las cámaras réflex digitales se han hecho ya un hueco entre los aficionados, no dejan de florecer rumores y temores que espantan al público más inexperto. Teniendo en cuenta esos casi 1.000 euros que suele costar una SLR digital de gama media con un buen objetivo, cualquier duda merece todas nuestras atenciones. Pero igual que en las leyendas de piratas, algunas historias son reales y otras, no.

Sin duda, si alguien nos dice que determinada acción -u omisión de la misma- le podría costar a nuestra réflex digital una larga temporada en el servicio técnico, pondríamos especial esmero para eludir el peaje.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

El problema surge cuando se propagan rumores e historias que, al igual que esos correos electrónicos tan absurdos que te auguran cien años de mala suerte, nos hacen dudar de las posibilidades de nuestro equipo.

Polvo somos...
Muy probablemente, el mito más extendido en el jardín de la fotografía réflex digital sea el del polvo en el sensor. Ciertamente, el polvo en el sensor existe y puede llegar a ser un problema, pero no todo es tan simple como suele presuponerse. Dicho de otro modo, por el simple hecho de cambiar una óptica, no vamos a inundar el sensor de motas de polvo.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

El polvo en el sensor, generalmente visible en imágenes en las que se han empleado diafragmas muy cerrados, se introduce especialmente a través de la lente trasera de los objetivos. Así es, el polvo acumulado en esta última lente salta al sensor cuando objetivo y cuerpo se acoplan. El sensor, al encenderse, se carga de electricidad estática.

Una mínima limpieza de objetivos minimiza el riesgo de que entre polvo en el sensor. Llegado el caso en que el polvo se adueñe de nuestro captor, limpiarlo con bastoncillos es sencillo. Aun así, el usuario debe ir siempre con sumo cuidado y extrema prudencia, pues un pequeño despiste podría suponer tener que llevar la cámara al servicio técnico.

Baterías que explotan
Otro mito bastante arraigado es aquel que versa sobre las baterías y su riesgo de explosión o sobrecarga. Exceptuando aquellos productos de dudosa procedencia, las baterías homologadas y -sobre todo- aquellas diseñadas para nuestra réflex no tienen por qué presentar ningún problema.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Cabe aclarar que el simple hecho de que las baterías no sean las originales no significa que vayan a cortocircuitar la cámara. Pero ojo: es muy probable que el uso de una batería no homologada invalide la garantía cuando llevemos la cámara al servicio técnico oficial.

"Hackers" de la fotografía
No falta también quien habla de modificar el firmware su cámara mediante técnicas de "hacking" para obtener prestaciones inhibidas por el fabricante.

Aunque hay quien lo ha logrado con éxito, no es nada recomendable ni modificar un firmware ni instalar firmwares manipulados que no sean oficiales. Hacerlo no sólo invalida la garantía, sino que puede convertirla en incompatible con futuras versiones de software o -en el peor de los casos- dejarla inservible.

Arriba y abajo
El tema del transporte también preocupa mucho. Hay quien postula que las cámaras han de llevarse en mochilas o bolsas acolchadas diseñadas para cada equipo.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Aunque sin duda ésta es la opción más recomendable, trasportar una SLR digital en un bolsa sin refuerzos no significa que vaya a averiarse irremediablemente. Las cámaras SLR digitales, incluso las más modestas, no se ven afectadas por los pequeños golpecitos que puedan recibir al viajar en simples bolsas de tela.

Eso sí, una caída o un golpe fuerte pueden ser fatales, incluso cuando la cámara reposa en una bolsa especial. Por mucho refuerzo que se tenga, un impacto violento puede no tener consecuencias externas para la cámara, pero siempre existe el riesgo de que se desajuste alguna de las piezas internas y ello provoque un mal funcionamiento de la máquina.

Bajo la lluvia
En relación también al riesgo de averías, muchos fotógrafos hablan sobre el peligro de utilizar equipos a la intemperie con mal tiempo. En sus respectivos manuales, se especifican unas temperaturas óptimas de trabajo; a partir de ahí, nos podemos topar con situaciones comprometidas.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Por ejemplo, hacer fotos bajo la lluvia o en un paisaje nevado -e incluso en un desierto- no supondrá mal alguno si no permanecemos demasiado tiempo bajo temperaturas extremas.

En todo caso, debemos ser cautelosos con los cambios bruscos de temperatura -salir de un coche con la calefacción puesta para ir a una montaña helada, por ejemplo- y la consecuente condensación que pueda sufrir nuestro equipo. Este último percance afecta especialmente a las lentes traseras, que son las que más cerca se encuentran del sensor.

Tarjetas para todos los gustos
Las tarjetas de memoria son otro aspecto polémico. Independientemente del formato empleado, algunos fabricantes recomiendan una marca de tarjeta en especial, pero ello suele deberse a motivos comerciales y acuerdos de colaboración con otras marcas, más que a otra cosa.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Salvo puntuales excepciones, cualquier tarjeta funcionará en una cámara si ésta tiene un zócalo específico para ella: SD Card, CompactFlash, xD-Picture Card...

En equipos réflex, no obstante, la velocidad de lectura y escritura de una tarjeta es siempre importante, y lo es más cuan mayor sea la capacidad de su disparo en ráfaga y menor el buffer. Por regla general, en equipos de gama baja (como la Canon EOS 350D, la Nikon D50 o la Olympus E-500) la velocidad de la tarjeta no es vital.

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