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OpiniónContando píxeles

No es una cámara, es una Leica

 
21
MAY 2012

Cada uno tiene sus vicios. Servidor, por ejemplo, quiere una cocina Bulthaup con electrodomésticos de Gaggenau. A la mayoría puede que no le suene mucho estas marcas, pero a los más sibaritas de la cosa culinaria seguro que les resultan familiares: son el Rolls-Royce del mundillo de las cocinas, por recurrir a la cansina comparación. Muchos miles de euros, un diseño sobrio y cuidado, una calidad que cabe suponerse insuperable... En fin, ese tipo de cocinas que salen en las revistas de decoración y que normalmente pueden pagar sólo quienes no se acercarán jamás a una sartén.

¿Está justificado su precio? Posiblemente no. ¿Que cuesten tanto y sean inalcanzables para la inmensa mayoría hacen que crezca el morbo y las ganas de incluirlas en la lista de todas esas cosas que jamás podremos permitirnos? Seguramente. Los humanos -al menos algunos- somos así de idiotas.

En realidad es un clásico y se repite en todos los segmentos, desde los mas conocidos (moda, automóviles, relojes...) hasta el citado ejemplo de las cocinas. Siempre hay una firma (o varias) cuyos precios estratosféricos son parte del encanto. Hasta tal punto que los hacen trascender del escaparate al que teóricamente pertenecen para convertirse en artículos de lujo, con todo lo que ello conlleva. Incluido regirse por sus propias normas. En fotografía también pasa: se llama Leica.

Cuando hace unos días la compañía germana anunció la nueva M Monochrom nos puso en bandeja un experimento sociológico de lo más divertido: intentar explicar a alguien que no siga de cerca la actualidad fotográfica que en pleno 2012 alguien había presentado una cámara digital que sólo trabaja en blanco y negro y que cuesta 8.000 euros. Y sin contar la óptica.

Como era de esperar, las caras de incredulidad de los encuestados eran un poema. Si intentar comprender que haya una cámara sólo para fotos en blanco y negro ya tiene su aquel (¿pero no se pueden hacer fotos en blanco y negro con cualquier cámara?, preguntan muchos), el tema del precio escapa de la lógica de la mayoría.

Leica es en el ámbito de la fotografía esa marca cuyos precios estratosféricos forman parte de su encanto

¿Por qué son tan caras? En Leica Rumors se hacían la misma pregunta e intentaban responderla en un largo e interesante artículo en el que se analiza el asunto desde una vertiente económica: costes de producción, prestigio de marca, optimización de ganancias... Merece la pena echarle un vistazo para plantear el debate más allá de esos recurrentes argumentos que vienen a decir que, si preguntas cuánto cuesta o te sorprende su precio, es que sencillamente no entiendes lo que es una Leica. Que también es verdad.

Porque es cierto que la producción y el ensamblaje de la M9 y sus diferentes ediciones especiales (no se pierdan el vídeo de la M9 Hermes Edition) son un auténtico ejercicio de artesanía. Y que nadie pone en duda la excelencia óptica de Leica.

Pero, ¿qué pasa con esas compactas que son clones de modelos de Panasonic redecorados con el círculo rojo del frontal? ¿O esa nueva X2 que cuesta casi el doble que la Fujifilm X100 cuando resulta poco probable que la producción haya corrido a cargo de la propia firma germana?

Además, no nos engañemos: la Leica M Monochrom, por ejemplo, no sólo es una auténtica preciosidad, sino que a la vista de las muestras que se han ido publicando parece que ofrecerá unos resultados excelentes. Pero posiblemente se podrían contar con los dedos de una mano las personas en este planeta que son capaces de distinguir una toma realizada con esta cámara y su sensor sin filtro Bayer de otra con una cámara convencional y bien convertida a blanco y negro.

Pero más que preguntarnos por las razones del precio habría que buscar los argumentos de quienes están dispuestos a pagar estas cifras. Y no, lo de que "necesito una Leica para trabajar y hacer 'street photography'" no cuela.

¿Un capricho al grito de "porque puedo permitírmelo"? ¿Simple fetichismo? ¿Coleccionismo o una inversión por si suena la flauta y dentro de muchos años alguien paga más dos millones de euros como ha ocurrido con esa Leica subastada recientemente? Tal vez la culpa de todo sea de esa absurda creencia de que lo más caro es siempre lo mejor.

En realidad el motivo es lo de menos, porque habrá quienes sigan pensando que es indecente que una cámara cueste 10.000 euros (tan indecente como tantas otras cosas, se entiende) y los que apuntarán que cuestionar el precio de una Leica es no enterarse de nada.

Elijan el bando que elijan (nosotros optamos por reivindicar la felicidad desde nuestra humilde cocina Fagor, por aquello de hacer país, aunque sin dejar de mirar de refilón y con cierta envidia a los de la cocina pija de Bulthaup), por favor, no repitan eso de que lo importante es el fotógrafo y no la cámara. Ya lo sabemos, pero cada vez que alguien lo dice, a uno le entran más dudas. Y ganas de comprarse una Leica M9 para comprobar si es cierto.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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