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OpiniónContando píxeles

Cámaras de exposición

 
4
ABR 2011

En realidad los chicos de marketing lo tienen bastante fácil: somos tan predecibles como un calendario, y a la hora de la verdad nos comportamos según el guión previsto. La compra de una cámara pasa por las mismas poco originales fases que cualquier otra adquisición, incluyendo la que sin duda es la más divertida: la autojustificación.

Sólo así se explica que en un alto porcentaje de las conversaciones que escuché a medias por los pasillos de Sonimagfoto no sólo se alababan las teóricas bondades de la famosísima Fuji X100, sino que los comentarios se centraban también en enumerar los argumentos para desembolsar los 1.000 euros que cuesta.

¿Un capricho? ¡En absoluto!, negaban con firmeza la mayoría, desplegando una lista de razones suficientemente fundamentadas (diseño, rendimiento, filosofía...) como para deducir que era cuestión de vida o muerte que se hicieran con aquella cámara inmediatamente.

¿Por qué no comercializar moldes de cámaras sin nada dentro? Serían perfectos para pasearse con ellos al cuello y presumir

Tan convincentes eran aquellos argumentos que salí de allí preguntándome cómo demonios había podido vivir hasta entonces sin ella. Ahora entiendo por qué no me sale ni una sola foto bien, me repetía de vuelta a casa, imaginándome ya con la X100 y su funda de piel entre mis manos y el álbum de Flickr repleto de obras maestras.

Tras rebuscar entre los ahorros de debajo del colchón y preguntarme una vez más por qué estudié periodismo en lugar de hacerme concejal de urbanismo, hice lo que un hombre de verdad tenía que hacer: entrar en eBay y comprar una Zenit por 24 euros, gastos de envío incluidos. ¿No querías clasicismo y líneas simples? Pues ahí las tienes.

En realidad está bastante hecha polvo -atesora mucha historia a sus espaldas, que suena mejor- y las ralladuras de la óptica tienen pinta de provocar un efecto que ríete tú de las Lomo. Pero lo confieso: sólo la quiero para quitarme el mono de clasicismo generado por hablar tanto de la X100. Seguramente la colocaré encima de un mueble, o llegado el caso la utilizaré como improvisada arma arrojadiza.

Fue al ver esta pieza de la ingeniería fotográfica soviética ya colocada en su sitio cuando se me encendió la bombilla de las ideas geniales y los grandes negocios. ¿Por qué no comercializar los moldes de algunas cámaras sin nada dentro?

La carcasa vacía o como mucho con algo de peso para dar mejor el pego. Perfecta para adornar vitrinas y escritorios, presumir delante de los amigos e incluso pasear por la ciudad con el trasto al cuello, bien centrada y presumiendo. Ya saben: como se llevan este tipo de cámaras.

Venga, que nadie se haga el ofendido. Todos tenemos ese amigo con pasta que se compró la cámara más grande que había en la tienda sólo por eso, o en el mejor de los casos porque era muy bonita. Y lo peor de todo es que el muy capullo nunca la saca de casa -tampoco sabría utilizarla- y se dedica a hacer las fotos con el puñetero móvil.

Y ahora que no nos oye nadie: cuando pensamos en lo mucho que nos gustaría tal o cual modelo, ¿nos estamos refiriendo a sus virtudes fotográficas y técnicas o es un simple ejercicio de fetichismo estético e histórico?

Las Hasselblad son para trabajar; las Leica, para coleccionar y adornar las vitrinas. Hace años que escucho decir eso a los más veteranos del sector, así que en realidad no estamos descubriendo nada nuevo. De hecho, sería algo así como llevar un poco más allá esa idea tan de moda de las tazas que parecen objetivos intercambiables.

¿Se imaginan una reluciente carcasa de la X100 idéntica a la de verdad pero no operativa y por un módico precio? ¿O la Leica M de nuestros sueños y que nunca nos podremos comprar luciendo palmito en el aparador de casa sin tener que hipotecarse otra vez?

Todos tenemos ese amigo con pasta que se compró la cámara más grande que había en la tienda sólo por eso

Ya puestos, y visto cómo está el panorama por Kodak, ¿por qué no se dejan de impresoras y compactas prescindibles en la mayoría de los casos y se ponen a reeditar como locos algunas de sus Brownie más bonitas o las preciosas "folding" de hace décadas?

Que dentro lleve un sensor digital, soporte para película de 135 o un lector de LaserDisc da absolutamente lo mismo. Puede que algún quisquilloso pretendiera sacar fotos con ellas, pero muchos nos conformaríamos con que fuera bonita.

Créanme, amigos fabricantes y diseñadores: aunque después de colarnos el cuento de los megapíxeles estén convencidos de que comulgamos con ruedas de molino o con molinos enteros, la capacidad para distinguir una cámara bonita de un churro posmoderno está muy extendida.

Después de trastear con centenares de cámaras durante estos últimos años, les aseguro que a todo el mundo le gusta más algo como la X100 que como la ... (indique aquí su compacta "plasticosa" favorita).

Y antes de que se pongan manos a la obra (de nada), aprovecho la ocasión para recordarles que dentro de no mucho es mi cumpleaños. Una X100 o una M9 serían un estupendo detalle en pago por esta genial idea. A ser posible, de las de verdad, eso sí.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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