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Cuando hacer lo incorrecto es lo correcto

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23
AGO 2016

Ya ironizaba al respecto Uderzo en el clásico "Las doce pruebas de Astérix": enfrentarse a la burocracia es uno de los entuertos más movedizos y frustrantes de nuestra sociedad. Para evitar esa jungla de papeleo, Txuma Campos, un ciudadano que se hizo con una cámara extraviada, decidió utilizar el poder de las redes sociales y buscar a sus dueños con la ayuda de Twitter. Y como rezan los odiosos clickbaits que tan de moda están últimamente: lo que sucedió después te sorprenderá.

"Estoy intentando localizar a esta pareja. Han perdido una cámara de fotos en Pamplona y me gustaría devolvérsela." Así rezaba un tuit lanzado por Txuma Campos que, como tantas otras historias, amenazaba con convertirse en un cuento de hadas fotográfico de los de final feliz y moraleja colaborativa para seguir manteniendo la fe en la humanidad. Cámara extraviada y persona honrada que buscaba cómo devolverla. Hasta ahí, todo perfecto.

Este consultor y diseñador, como a sí mismo se define, nos cuenta cómo empezó esta retorcida historia: "Hace unos días mis padres se encontraron una cámara pequeña en un parking de Pamplona. En su momento dejaron unas pequeñas notas escritas con su número de teléfono en los parabrisas de los coches aledaños, pero nadie se puso en contacto con ellos. Cuando me lo contaron a mí, empezamos a hablar sobre la manera más sencilla de localizar a los dueños para devolvérsela."

Tras ese primer intento fallido, Campos podía haberse quedado con ese regalo inesperado del destino, pero lejos de hacerlo decidió dar un paso más para entregar la cámara a sus legítimos dueños. Así, tras valorar llevarla a la policía o la oficina de objetos perdidos, decidió utilizar las redes sociales.

"Se me pasa por la cabeza el tema de la privacidad -explica-, y aunque sé que puede haber un cierto riesgo, creo que hay muchas más posibilidades de que el dueño se sienta bastante agradecido. Así que me parece un riesgo razonable, y decido echar un vistazo rápido a algunas fotos de la cámara. Entre las últimas veo un selfie que se han hecho, y decido publicar el tuit."

Puesto que esta es una de esas historias de las que todo el mundo quiere formar parte, la foto no tardó en viralizarse y en pocas horas ya había superado el millar de retuits. Cinco días después ya rebasaba los 5.000.

"En aproximadamente 12 horas conseguí encontrar una persona en común. Le di mi número de teléfono, y en cuestión de minutos me llamó el dueño de la cámara. Aproveché para pedir disculpas si le parecía poco adecuado haber publicado la foto en Twitter, pero su comentario fue que no había ningún problema. Al contrario: están encantados y muy agradecidos de poder recuperarla."

Borrar el mensaje

Pero no todas las reacciones al tuit de Campos fueron para aplaudir su gesto. Todo lo contrario. Mientras algunos deslizaron con sorna la posibilidad de que los fotografiados no fueran una pareja formal y que había el riesgo de destapar un idilio, otros denunciaban que se acababa de compartir una foto personal de la pareja sin permiso y que Campos debía borrar el mensaje.

"Hay que tener muy poca vergüenza para poner fotos de una cámara que no es tuya", decía un tuitero

Por supuesto la discusión fue a más. "Hay que tener muy poca vergüenza para poner fotos de una cámara que no es tuya", decía un tuitero. Otro señalaba con humor que "ahora me pierdo yo, la Guardia Civil sube una foto mía y cuando me encuentran les denuncio porque no salía bien".

Aunque la normativa indica que el cauce correcto cuando uno se encuentra un objeto que no es de su propiedad es entregarlo en la oficina de objetos perdidos (y esperar unos dos años para convertirse en legítimo propietario del hallazgo si no aparece el dueño), este no es siempre el camino más eficiente. Así lo hacía ver algún tuitero: "Venga ya. ¿Cuántos habéis ido a objetos perdidos de la policía a ver si tenían algo vuestro? Así mejor."

La historia acabó como debía: con los fotografiados y dueños de la cámara perdida localizados y la máquina de camino a su hogar. Lejos de los presagios menos optimistas, Txuma Campos difícilmente habría cometido un delito: aunque en efecto compartió una foto personal sin permiso, no hubo ni perjuicio ni intención de causarlo ni interés lucrativo. Como mucho, podría considerarse una infracción de la Ley Orgánica de Protección de Datos.

"Sinceramente, no tengo muy claro si lo que he hecho es lo más adecuado, pero me parece mucho más efectivo haberlo hecho así. Y bien está lo que bien termina", remacha Campos.

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