Opinión

Las fotografías de Burton Norton

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El británico y su ayudante emprendieron un viaje literario ilustrado con fotografías y un viaje fotográfico descifrado con palabras para que el silencio no lo invada todo

Foto: Burton Norton
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ENE 2014

El viaje que realizaron el escritor francés Gustave Flaubert y su amigo Maxime Du Camp a Oriente Medio a mediados del siglo XIX fue uno de los que se llevaron a cabo en aquellos días con la finalidad de ver el mundo. Entre sus protagonistas, turistas, aventureros-vividores, exploradores, pintores, escritores, arqueólogos y un largo etcétera. También hubo fotógrafos: su interés fue el de obtener fotografías en un mundo aún por fotografiar.

Tan sólo unos pocos años antes la fotografía aún no había nacido. Champollion en Egipto no pudo fotografiar. Tampoco el Barón de Denon pudo obtener fotografías de la esfinge de Giza y tuvo que conformarse con realizar dibujos esquemáticos -si bien esenciales-, entre los que se encuentra aquel de los científicos franceses en el acto de medir el gran monumento.

"Aachen". | Foto: Burton Norton

Querían hablar de todo ello, querían dejar constancia de su existencia, pero la fotografía no llegó a tiempo, de la misma manera en la que el barco de vapor no consiguió que Napoleón le prestase atención antes de Waterloo, y de la misma manera en la que la bomba atómica no llegó a Berlín en el momento en que más la necesitaba el nazismo. Lo más cierto es que pocos llegaron y sobrevivieron para que pudiésemos ver cómo se construía la esfinge de Giza.

El viaje que jamás se hizo

Burton Norton no existió. O tal vez sí y quien no existe es el comisario de la muestra “Las fotografías de Burton Norton”, Eduardo Momeñe, que puede verse hasta el próximo 19 de enero en el madrileño Círculo de Bellas Artes. Tal vez ambos sean producto de la fantasía de un tercero, el escudo con que el artista se cubre del espectador, la varita con que el mago distrae al público mientras realiza su falso truco de magia.

No es este trabajo un tratado histórico ni un recorrido documental de la Europa del pasado, o al menos no sólo es eso. Esta colección va mas allá de la simple exposición, siendo los textos que impregnan las paredes de la sala Minerva tan relevantes como las fotografías que cuelgan de ellas.

El viaje de Flaubert y Du Camp a Oriente Medio pudo ser un viaje turístico, ciertamente cultural, emprendido por turistas inquietos y cultos, realizado por el placer de viajar, de ver mundo. (Es oportuno comentar que no todos vemos el mundo de la misma manera, con los mismos propósitos e intereses: es nuestra mirada la que define, crea, el mundo que vemos.)

En principio los dos amigos tenían por objetivo Normandía, pero cambiaron de opinión. En Egipto, Flaubert escribía acerca de lo que veía, una escritura descriptiva, parecería fotográfica. Incluso diríamos en blanco y negro, tal como propuso Alberto Savinio acerca de la escritura de Flaubert. Una escritura en blanco y negro es una escritura sin muchas opiniones, que se limita a expresar el mundo, quizá un mundo en blanco y negro, sin color. Es una manera de mirar: quitamos de los comentarios todo aquello que hace posible que el mundo exista. Así lo hacen las fotografías, poco capaces para decir algo del mundo.

Maxime Du Camp haría fotografías y Flaubert escribiría. Vendría a decir que mientras Du Camp obtenía pruebas fotográficas, él miraba. Así nacería una gran colaboración entre fotografía y literatura, ciertamente ensayística, y que felizmente ha llegado hasta nuestros días en un inmejorable estado de salud. Desde Walker Evans y James Agee hasta Wright Morris o Winfried Georg Sebald. Y por qué no, entre Truman Capote y Richard Avedon, dos retratos impagables para “A sangre fría”, esa obra que pedía a gritos imágenes fotográficas.

"Versailles". | Foto: Burton Norton

El viaje del fotógrafo británico Burton Norton y de su ayudante W.G. Jones por el continente europeo puede incluirse en esta categoría de viaje en los días victorianos escrito y fotografiado. Tan escrito como fotografiado y tan fotografiado como escrito. Es una manera de hablar, porque los viajes no se fotografían, quizá sí se escriben.

Se fotografía en ciertos lugares por los que el viaje transcurre, en el desplazamiento, y eso parecería todo, una intención ilustradora, el cuerpo de las cosas, lo que las palabras no pueden decir. Sin duda, siempre con la intención de obtener las mejores imágenes posibles, un álbum con las fotografías de aquel viaje, diríamos para entendernos. Se pasan las páginas del álbum y se exclama “allí estuvimos”, o bien ante imágenes que no pueden decirlo, nosotros decimos “estábamos cansados, hacía frío”.

A diferencia del viaje literario del escritor, el fotógrafo no puede esperar a volver a casa para hacer lo que llamaríamos su viaje fotográfico

Se escribe, sin embargo, desde la reflexión, desde la literatura, acerca de lo visto. Es la razón por la que Flaubert mira, porque él sí puede escribir el viaje, su viaje, otro viaje, el de las palabras. Es un viaje interior, de dentro hacia fuera, se le llama viaje literario.

"Rinoceronte dormido, quizá muerto". | Foto: Burton Norton

W.G. Jones llevará a cabo ese, su otro viaje, mucho tiempo después de que los hechos tuviesen lugar, al igual que los pintores que convertirán aquellas impresiones en óleos en la soledad de su estudio. J. M. Turner es un ejemplo, un pintor admirado por Burton Norton. Es el viaje en la memoria, en los recuerdos de lo que fue, también lo traidor del olvido, una mente ya con menos neuronas, la dificultad de situarnos en lo que vivimos.

El fotógrafo no puede esperar a volver a casa para hacer lo que ya llamaríamos su viaje fotográfico. Sí el escritor o el pintor con buena memoria y buenos apuntes, si su fin es la representación.

El viaje de Burton Norton se propone aparecer, en todo caso, ya como un viaje fotógrafico, tal como se presenta en las palabras de W.G. Jones, quien escribe acerca de ello mucho tiempo después, desde la distancia en el tiempo, en el espacio, también en las emociones creadas por su pensamiento, ya en otro tiempo. Es así cómo lo cuenta, cómo lo dice. Es una crónica sobre el otro viaje que fue, aquel en el que la fatiga existía, todo lo humano que en el mundo se da.

"Grecia". | Foto: Burton Norton

En este nuevo viaje-narración se habla acerca de ello. Incluso en la descripción se opina, hay distancia para ello, para el comentario pensado, para recordar qué se sintió, cómo se vivió. Parecería un informe del estado de las cosas en aquel tiempo, en aquellos lugares. Un fotógrafo y un ayudante que partieron para pensar el continente europeo por medio de fotografías, una tarea complicada dadas las pocas posibilidades del medio para ello. Hablando del continente, un territorio más explorado que África pero con mapas igualmente inacabados, comentaría Burton en aquellos días en los que situaría una pesada cámara frente al Partenón, hacia el Pequeño Trianón o junto a los molinos de Holanda.

Los viajes no se fotografían, quizá sí se escriben. Se fotografía en ciertos lugares por los que el viaje transcurre, en el desplazamiento

La dificultad del proyecto, el desafío, parecería enorme. Una cámara –la de Burton Norton-que ya no buscaría mostrar lo que hay, lo que aparece cuando comenzamos a andar, sino actuar como una máquina de escritura. Parecería diseñada, programada para escribir viajes fotográficos, para apropiarse del mundo y transformarlo en texto, para crear mundo a partir de él. Un texto fotográfico, envuelto en palabras no dichas.

También para preservar del olvido, de la misma manera que nos apropiamos de cualquier trozo de vida, un mundo condenado a ser olvidado, a no existir, indiferente, abandonado, es quizá también por ello que lo convertimos en palabras. Así los pedazos de vida quedan, permanecerán en las palabras, imágenes que no podemos ver pero que ahí estarán.

Un viaje literario ilustrado con fotografías y un viaje fotográfico descifrado con palabras para que el silencio no lo invada todo. Así parece proponerse el viaje de Burton Norton y de su ayudante W.G. Jones.

Eduardo Momeñe es director del Máster Internacional de Fotografía Documental Contemporánea en la escuela EFTI de Madrid. Teórico, docente y fotógrafo, es uno de los nombres más respetados de la fotografía española contemporánea.

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