Opinión

Burbujas

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SEP 2013

Fue una de las noticias más absurdas del verano: ese rascacielos de Benidorm –InTempo, el edifico residencial más alto de Europa- que decían se había construido sin ascensores. En realidad no fue así, pero medios de todo el mundo dieron la noticia por buena. Algo que demuestra dos cosas: que el periodismo internacional está igual de tocado que el patrio, y que medio mundo cree que somos un país en el que algo así puede suceder.

Tampoco es raro visto ese gusto por los aeropuertos sin aviones, las chapuzas de Calatrava o los bloques de viviendas a medio construir. O quizás sea nuestra genial capacidad de no aprender. De pretender arreglar los estragos de una estallada burbuja inmobiliaria a base de más de lo mismo. Y algún que otro Eurovegas y Barcelona World, claro, que para la estupidez y la pasta no hay banderas ni fronteras.

Tenemos un máster en burbujas y somos capaces de extrapolar este fracasado sistema a cualquier sector. Es verdad que no es una exclusiva española, pero se nota que es un ambiente en el que nos sentimos especialmente cómodos.

Sólo así se puede entender esa visión de negocio que lleva a montar en una misma calle catorce tiendas de compraventa de oro, tres locales especializados en cupcakes y un par de tiendas de cigarrillos electrónicos de esos. No es que yo tenga ni puñetera idea de economía (estudié periodismo, fui a la universidad pública y la palabra entrepreneur me da mucha risa, así que imagínense), pero todo eso tiene un tufo considerable a pequeñas burbujas.

Así que no se preocupen por eso que dicen de que España está condenada a ser un país de camareros. También tendremos una buena legión de graduados en coaching, eso que todo el mundo está estudiando –pregunte entre sus amistades- aunque nadie sepa muy bien lo que es. Igual resulta que el futuro es acabar en un TED infinito dándonos todos a todos charlas inspiradoras.

Burbuja es que, atizados por la crisis, todo el mundo con una cámara quiera ser -o peor aún, se crea- fotógrafo

¿Y qué pasa con las burbujas fotográficas? Sí, de ésas también tenemos por aquí. En este caso son más una curiosidad que un peligro en potencia para la economía mundial, pero también representan a la perfección ese “se nos va de las manos” que tan bien entonamos.

Burbuja es, en cierto modo, que ahora todos nos creamos street photographers de esos por ir sacando fotos con el móvil y pasándolas a blanco y negro. Burbuja es que haya quienes se empiecen a tomar demasiado en serio a sí mismos y crean que pueden vivir de eso. Ojalá, pero teniendo en cuenta que el otro día la mismísima Isabel Muñoz nos contaba que la crisis se nota incluso allí arriba, es fácil imaginar cómo esta por aquí abajo.

Burbujas alimentadas por genios del 2.0. Como ese hotel en Australia que ofrece noches gratis a quienes tengan más de 10.000 seguidores en Instagram. La idea no es mala: titulares y publicidad gratis gracias al ego de las redes sociales. Ahí tienen otra burbuja.

Apología del burbujismo –gran concepto a registrar- es que Hasselblad pretenda repetir la jugada de Leica con sus cámaras de lujo para nuevos y antiguos ricos. Tal vez le salga bien la jugada. Cosas más raras se han visto, como las Lomo que ahora venden hasta en la pescadería del barrio y que al parecer no son un mal negocio. Es lo que tienen las burbujas, que durante un tiempo siempre parecen una buena idea.

Burbuja es que, atizados por la crisis, todo el mundo con una cámara quiera ser -o peor aún, se crea- fotógrafo. O que todos los fotógrafos sin encargos se crean maestros de lo suyo. Hay más fotógrafos que bodas. Y más cursos, talleres y photowalks que gente dispuesta a pagar por algo decente.

Luego pasa lo que tiene que pasar. Me contaban el otro día algunos indignados fotógrafos que habían leído en un blog cómo se animaba a todo el mundo a coger su cámara y atreverse a aceptar encargos. ¿Cuánto cobrar?, se preguntaba en alto el autor del texto. Entre 7 y 10 euros la hora estaría bien, me contaron que sugería. Ellos maldecían en alto hablando de amortización del equipo, de impuestos, de alta en la Seguridad Social… Yo me imaginaba lo que le estarían pagando al autor del post por redactar aquello para que esas cifras le pareciesen normales.

Y así estamos. Con los pelos de punta y dentro de una burbuja. Es fácil imaginar lo que va a suceder.

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