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Porfolio

El Cabo de Gata de Borja Alcázar

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El parque natural almeriense tiene enamorado a este fotógrafo, que prescinde del neopreno para sentir el frío del Mediterráneo mientras lo fotografía desde dentro

27
ABR 2015

“El Cabo de Gata es más que sus escenarios naturales; son también los pequeños pueblos que engloba, su forma de vida.” La fascinación que Borja Alcázar siente por los bellos parajes de esta parte de la costa almeriense queda patente no solo cuando habla de ellos, sino también en sus fotos. Composiciones casi oníricas de un entorno natural caracterizado –explica este almeriense- por las pequeñas embarcaciones que pasan de padres a hijos y que llevan a cabo “una forma de explotación del mar ancestral y seguramente mucho más sostenible que la de los grandes barcos de altura”.

Enamorado de los trabajos de Carlos Pérez Siquier, Manuel Falces y Jeanne Chevalier en este mismo entorno, Alcázar pretende con esta serie rendir un tributo “a los pescadores artesanales del Cabo de Gata y por supuesto al mar, al que siempre he sentido como un ser vivo más”.

Es dentro de este animal donde el fotógrafo se mueve desprovisto del equipamiento profesional que quiso probar durante un tiempo pero que abandonó para sentir el frío: “La fuerza de la corriente me aportaba una pizca de angustia que hacía que estuviera más receptivo.” Fotógrafo amateur (“no depender de la fotografía para pagar mis facturas me sigue permitiendo fotografiar únicamente lo que me gusta”), ha ganado varios premios y sus trabajo sobre el Cabo de Gata ha conseguido colarse en la portada de la revista Square.

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