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Prueba de producto
Blackmagic Pocket Cinema Camera
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Blackmagic Pocket Cinema Camera: análisis

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25
MAR 2014
Texto y fotos: Álvaro Méndez

Pocas veces el nombre de un dispositivo lo dice todo. Y es que la Blackmagic Pocket Cinema Camera es precisamente eso: una versión de bolsillo de la Cinema Camera original. Ambas comparten el manejo, la filosofía y la excelente calidad de imagen, pero también los defectos y las carencias. Todo ello embutido ahora en un cuerpo del tamaño de una cámara de fotos compacta dotada de bayoneta Micro Cuatro Tercios y con un precio que no sobrepasa los 1.000 euros. Pasen y vean la cámara de cine digital más pequeña y asequible del momento.

Si el lanzamiento de la Blackmagic Cinema Camera original fue un bombazo, no menos expectación despertó la puesta en escena hace ya casi un año de la Pocket Cinema Camera.

Tremendamente rompedora y original, la continuadora de esta singular saga pone todo el potencial del vídeo en formato RAW en un dispositivo que cabe en la palma de la mano. Una propuesta que consiste básicamente en condensar el alma de la primera Blackmagic en un cuerpo realmente compacto dotado de una bayoneta Micro Cuatro Tercios activa.

Blackmagic Pocket Cinema Camera
Blackmagic Pocket Cinema Camera
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Y aunque por el camino se han perdido algunas cosas –la resolución 2,5K, conexiones importantes y el panel táctil-, la Pocket Cinema Camera vuelve a despuntar en el aspecto más importante de todos: la calidad de imagen, terreno donde vence por goleada a cualquier modelo de tamaño y precio similar. Pero, ojo, pues al igual que ocurría con la Cinema Camera, éste no es un producto para todos los públicos.

Cinema Camera de bolsillo

El aspecto cuadrado y monolítico de la primera Cinema Camera resultaba bastante chocante y original, y la Pocket Cinema Camera no es muy diferente en dimensiones y diseño a cualquiera de las muchas cámaras de objetivo intercambiable y sin espejo que corren por los escaparates. De hecho, por la forma de su empuñadura se podría confundir fácilmente con una Sony NEX-6.

Eso sí, la cámara hereda la consistencia y solidez -el cuerpo es de aleación de magnesio- de su hermana mayor, lo que eleva su peso por encima los 350 gramos sin el objetivo, bastante más de lo que suelen pesar cámaras de fotos como la mencionada NEX.

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Cine de bolsillo

La Pocket Cinema Camera no es muy diferente en dimensiones y diseño a cualquiera de las muchas cámaras de objetivo intercambiable y sin espejo que corren por los escaparates. En estas imágenes aparece equipada con el Panasonic Lumix G 12-35 mm f2.8

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Blackmagic Pocket Cinema Camera
Álvaro Méndez (Quesabesde)
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Blackmagic Pocket Cinema Camera
Álvaro Méndez (Quesabesde)
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Blackmagic Pocket Cinema Camera
Álvaro Méndez (Quesabesde)
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Blackmagic Pocket Cinema Camera
Álvaro Méndez (Quesabesde)
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Blackmagic Pocket Cinema Camera
Álvaro Méndez (Quesabesde)
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Blackmagic Pocket Cinema Camera
Álvaro Méndez (Quesabesde)

A diferencia de su hermana mayor, la Pocket Cinema Camera se puede operar perfectamente –y durante un tiempo prolongado- sujetándola con las manos. Su ergonomía es buena y su peso se mantiene bastante equilibrado siempre y cuando no usemos objetivos demasiado voluminosos, aunque esto no quita que algunos accesorios puedan mejorar su estabilidad y sujeción a la hora de abordar trabajos más profesionales. Precisamente para ello cuenta con sendas roscas estándares en la base y la parte superior.

El manejo de la Pocket Cinema Camera es muy similar al de la Blackmagic primogénita. La principal diferencia es que aquí ya no hay pantalla táctil y la navegación por los menús debe realizarse con la ayuda de una cruceta de botones. Un sacrificio menor, aunque el manejo táctil se echa de menos cuando se trata de introducir metadatos en las grabaciones, un proceso realmente sencillo de llevar a cabo en la Cinema Camera original.

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Blackmagic Pocket Cinema Camera
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

A diferencia de su hermana mayor, la Pocket Cinema Camera se puede manejar perfectamente –y durante un tiempo prolongado- sujetándola con las manos

El monitor LCD, ahora de 3,5 pulgadas, es bastante nítido y tiene una buena calidad de imagen, pero vuelve a mostrar muchos problemas de visibilidad en entornos muy luminosos y transmite además cierta sensación de fragilidad.

Nos topamos asimismo con contratiempos ya vistos en la primera Cinema Camera. Una vez más, no contamos con un control decente para ajustar el diafragma, y algunas opciones como la sensibilidad o el balance de blancos permanecen demasiado ocultas en los menús de pantalla y no disponen de ningún tipo de acceso directo. Y eso que en la parte superior de la cámara se hallan tres botones que nos permiten navegar por el contenido almacenado en la tarjeta. De utilidad más que discutible, bien podrían estar destinados a otras funciones más relevantes.

El reducido tamaño de la cámara también trae consigo una desventaja que es muy frecuente en el escaparate de cámaras fotográficas pero resulta excepcional en este segmento. Y es que sendas ranuras para la tarjeta de memoria y la batería están localizadas en la base de la cámara, por lo que será imposible acceder a ellas cuando estemos trabajando con un trípode o un soporte de hombro, entre otros muchos accesorios. Si tenemos en cuenta que la propia naturaleza de la cámara nos obligará a cambiar de batería y tarjeta bastante a menudo, esto se puede convertir en un auténtico engorro.

Las ranuras para la tarjeta de memoria y la batería están localizadas en la base de la cámara, por lo que será imposible acceder a ellas cuando estemos trabajando con un trípode o un soporte de hombro

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Blackmagic Pocket Cinema Camera
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

También se pierden por el camino buena parte de las conexiones que lucía el modelo original. Así, la Pocket Cinema Camera se conforma con una entrada mini-jack para micrófonos, una salida de auriculares, un puerto microHDMI y sendas conexiones para el control remoto y la alimentación externa.

Control limitado

Tampoco ha habido ninguna evolución en el manejo de la Pocket Cinema Camera respecto a su hermana mayor. De hecho las opciones de configuración y los menús de pantalla son exactamente iguales en ambos modelos.

Una vez más, no disponemos de ajustes predeterminados para el balance de blancos -tan sólo una pequeña escala de grados Kelvin- ni de la posibilidad de definir un balance propio. Volvemos asimismo a encontrarnos con la velocidad de obturación expresada en grados, como en las cámaras de cine.

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Blackmagic Pocket Cinema Camera
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

El diafragma se ajusta a partir de pulsaciones en los botones de la cruceta. Un control demasiado tosco para una cámara como ésta

Como en la Cinema Camera, aquí el diafragma también se ajusta a partir de pulsaciones en los botones, concretamente en la mencionada cruceta. Un control demasiado tosco para una cámara de semejantes prestaciones.

Cuenta además con un botón cuya función es ajustar automáticamente el iris hasta que no haya ninguna zona quemada en la imagen. Es lo que se conoce en fotografía como ETTR o Exposing To The Right, es decir, intentar buscar siempre la máxima entrada de luz para aprovechar todo el potencial del sensor y ajustar la imagen posteriormente en posproducción. Ésta es la manera de obtener el mejor rendimiento y el mayor rango dinámico de las grabaciones en RAW y ProRes de la Pocket Cinema Camera.

El problema es que el funcionamiento de este ajuste automático del diafragma puede ser en ocasiones un tanto incómodo, y es que cada vez que encendemos la cámara el diafragma se ajusta en función del punto más brillante de la escena.

Así, si la encendemos en una calle oscura por la noche y al final de la misma hay una pequeña bombilla, podemos encontrarnos de repente con el iris ajustado a f22. Situación que nos obligará a corregir este parámetro manualmente a base de pulsaciones en la cruceta, con lo que perderemos un tiempo precioso. Y esto sucede cada vez que apagamos y encendemos la cámara, cosa que resulta aconsejable hacer a menudo para alargar la duración de la batería.

La cámara cuenta con una montura Micro Cuatro Tercios activa que nos permite aprovechar el estabilizador óptico (no es el caso de este M.Zuiko 17 mm f1.8) o enfocar automáticamente

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Blackmagic Pocket Cinema Camera
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Visto lo visto, y teniendo en cuenta que la cámara cuenta con una bayoneta Micro Cuatro Tercios, no es mala idea usar en ella alguno de esos viejos objetivos manuales con su propio anillo para el diafragma.

También se echan de menos algunas opciones más banales pero que se pueden encontrar en cualquier cámara, como por ejemplo la posibilidad de formatear la tarjeta de memoria o borrar archivos de vídeo desde la propia cámara.

La Pocket Cinema Camera utiliza tarjetas de memoria SD Card (SDXC y SDHC) en vez de los discos SSD de su hermana mayor, detalle que la acerca aún más al gran público y que simplifica el flujo de trabajo con ella. Eso sí, conviene utilizar tarjetas con velocidades de lectura de al menos 95 Mbps, especialmente cuando se realizan grabaciones en formato RAW.

Montura activa

Una de las novedades que trae consigo la Pocket Cinema Camera es la montura Micro Cuatro Tercios activa, es decir, que es capaz de realizar enfoques automáticos y puede beneficiarse del estabilizador óptico de los objetivos que lo tengan.

Y así como la estabilización resulta muy útil, la presencia del autofoco es prácticamente anecdótica, ya que la cámara se muestra muy lenta y titubeante a la hora de dar con el punto de foco. Además, no se trata de un enfoque continuo, evidentemente, sino que el mecanismo se activa al pulsar el botón “focus” y busca siempre el plano focal en el centro de la imagen.

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Blackmagic Pocket Cinema Camera
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Aunque la Pocket Cinema Camera dispone de autofoco, su presencia es prácticamente anecdótica, ya que la cámara se muestra muy lenta y titubeante a la hora de dar con el enfoque correcto

Aun así, puede resultar práctico para fijar un punto de foco al principio de la grabación y ajustarlo luego manualmente con la ayuda del focus peaking.

El autofoco ha funcionado con menor o mayor agilidad con los objetivos Micro Cuatro Tercios que hemos usado para la prueba: el Lumix X Vario 12-35 mm f2.8 y el M.Zuiko 17 mm f1.8. Incluso ha sido capaz de enfocar con el veterano y vetusto Zuiko Digital 50-200 mm f2.8-3.5 mediante un adaptador para Cuatro Tercios.

Con un tamaño de 12,48 x 7,02 milímetros, el sensor de la Pocket Cinema Camera es ligeramente más pequeño que el de su hermana mayor, que ya es algo más pequeño que un sensor Micro Cuatro Tercios convencional. Esto hace que el factor de conversión de la cámara se sitúe en 3x.

Con un factor de multiplicación de 3x, es evidente que la Pocket Cinema Camera no nos permitirá disfrutar como nos gustaría de las focales más angulares

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Blackmagic Pocket Cinema Camera
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

No hace falta ser un hacha en matemáticas para darse cuenta de que es bastante difícil equipar a esta Blackmagic con un objetivo muy angular. Por ejemplo, el Lumix G 7-14 mm f4 de Panasonic, cuyas focales equivalen a 14-28 milímetros cuando se usa en una Micro Cuatro Tercios, se convierte aquí en un 21-42 milímetros. En todo caso es éste un hándicap que se puede compensar ligeramente echando mano de alguno de los adaptadores Speed Booster de Metabones.

El captor tiene las dimensiones de la clásica película de cine de 16 milímetros. Es evidente que no conseguiremos con esta cámara los desenfoques extremos que proporciona un sensor de fotograma completo, pero usando ópticas luminosas se pueden conseguir fondos muy difuminados y de estética cinematográfica.

45 minutos de vida

Una de las críticas más recurrentes que se le hace a la Pocket Cinema Camera es su escasa autonomía. Efectivamente, basta trabajar un rato con ella para darse cuenta de que, en el peor de los casos, una carga de la batería proporciona apenas 45 minutos de uso.

Por lo visto esto se debe al uso de un componente encargado de refrigerar el procesador y el sensor de la cámara, que alcanzan temperaturas muy elevadas a la hora de gestionar los enormes flujos de datos que genera la grabación. Mantener la temperatura bajo control es esencial para garantizar el buen rendimiento de la cámara, mantener a raya el ruido electrónico y evitar que el equipo se apague a consecuencia del sobrecalentamiento, fenómeno que ocurre en algunas cámaras de fotos durante grabaciones prolongadas.

La autonomía es, sin duda, uno de los puntos negros de la cámara. Aunque también es cierto que no es difícil -ni demasiado caro- encontrar baterías de recambio para mitigar esta carencia

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Blackmagic Pocket Cinema Camera
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Es por ello que la autonomía que brinda la batería depende en buena medida del esfuerzo que tenga que hacer la cámara para mantener estable la temperatura, así como de las condiciones climatológicas.

En todo caso, fiel a su filosofía Blackmagic ha equipado a su cámara con una batería estándar y no muy cara para la que nos será bastante fácil encontrar recambios.

La imagen ante todo

Para hablar de la calidad de imagen y el rendimiento de la Pocket Cinema Camera podríamos remitirnos a lo dicho en el análisis de la Blackmagic original, puesto que ambas tienen un comportamiento muy parecido. Eso sí, la más pequeña de la familia se conforma con una resolución Full HD, tanto en la grabación en RAW como cuando lo hace en ProRes.

Muestras: Vídeo

Secuencias de vídeo grabadas con una Blackmagic Pocket Cinema Camera y los objetivos Panasonic Lumix G X 12-35 mm f2.8 y Olympus M.Zuiko 17 mm f1.8. El primer clip está capturado en formato RAW y el resto en ProRes. El vídeo está editado en Adobe Premiere Pro CS6 y su color se ha corregido con FilmConvert Pro 2.

Así, una vez más obtenemos con esta Blackmagic una calidad de imagen soberbia, con un gran nivel de detalle y unos tonos de color limpios y bien definidos. Sobre todo si trabajamos en RAW con un muestreo de 4:2:2 a 12 bits y echamos mano de la curva logarítmica de film, lo que nos permitirá hacer auténticas virguerías con la imagen en posproducción y gozar de esos 13 pasos de rango dinámico de los que tanto presume la compañía.

Aunque el formato ProRes, mucho más práctico y sencillo para trabajar que el RAW, no desmerece en absoluto. Con flujos de datos que rondan los 220 Mbps, se lleva por delante a cualquier grabación de vídeo comprimido que podamos obtener con cámaras de fotos y muchas videocámaras de precio muy superior. Y es que los vídeos capturados con esta Blackmagic están totalmente libres de banding, aliasing, artefactos de compresión o emplastamiento en las zonas de detalle fino.

Muestras: sensibilidad ISO
Fotogramas obtenidos a partir de flujos de vídeo en RAW capturados con distintos ajustes de sensibilidad.

La calidad de imagen es soberbia, con un gran nivel de detalle y unos tonos de color limpios y bien definidos, tanto en RAW como si echamos mano del formato ProRes

Quizás donde esta cámara sí va ligeramente a la zaga respecto a alguna de sus competidoras es en el efecto rolling shutter, algo más pronunciado que en algunos modelos punteros en el terreno del vídeo como la Panasonic Lumix DMC-GH3 o la Canon EOS 5D Mark III. También es posible detectar algunos patrones muaré en zonas de detalle muy fino, aunque suele ser algo simplemente anecdótico.

Al igual que ocurría con la primera Cinema Camera, este modelo no es especialmente sensible y el ruido está claramente presente cuando se graba a 800 y 1.600 ISO, sus dos máximos ajustes de sensibilidad. Afortunadamente el grano que aparece es bastante fino y orgánico, y bien tratado aporta textura cinematográfica a la imagen.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
Aunque se pueden detectar patrones muaré en algunas zonas con detalle fino, éste no suele ser un problema muy habitual.

Puestos a pedir, se echa de menos una vez más la posibilidad de grabar vídeo a 50 o 60 fotogramas por segundo. Y es que al igual que su hermana mayor, esta cámara sólo permite obtener capturas a 23.98, 24, 25, 29.97 y 30 fotogramas progresivos por segundo.

Street cinematography

Blackmagic ha vuelto a dar la campanada en el sector del cine digital con la Pocket Cinema Camera. A pesar de sus evidentes defectos y carencias, hoy día no tiene parangón en el escaparate. Y es que por menos de 1.000 euros no hay ahora mismo ninguna cámara que proporcione una experiencia tan cercana a la cinematografía digital como ésta.

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Blackmagic Pocket Cinema Camera
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Blackmagic ha vuelto a dar la campanada en el cine digital con la Pocket Cinema Camera. Aun con sus evidentes defectos y carencias, hoy día no tiene parangón en el escaparate

Y a todo esto hay que sumar el tamaño del cuerpo, que hace de esta Blackmagic un dispositivo muy apto para llevar siempre encima e incluso para inaugurar –por qué no- una nueva disciplina que bien podría llamarse street cinematography. Resulta también ideal para llevarla como cámara de apoyo en proyectos que requieran equipajes ligeros o para colocarla en lugares pequeños en los que no sea posible trabajar con una cámara de grandes dimensiones.

Y es que por ese precio es también una manera razonablemente asequible de introducirse en el mundillo del vídeo en formato RAW y de la corrección de color para cine. Una propuesta sin duda muy atractiva para estudiantes y cineastas en ciernes.

Pero, insistimos, ésta no es una cámara para todos los públicos. Para sacarle partido serán necesarios ciertos conocimientos técnicos y muchas ganas de echar horas en posproducción.

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