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OpiniónEnfoque diferencial

Balón de Oro, fotos de madera

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ENE 2014

La alarma la dio hace unos días en Twitter el bloguero y fotógrafo Jonan Basterra (de quien fue ocurrencia el genial eslogan que encabeza estas líneas): la cuenta oficial de la FIFA en la red social de microblogging se estaba llenando de fotografías de muy escasa calidad en los prolegómenos de la entrega del Balón de Oro. ¿Un ataque? ¿Un pirateo? Aparentemente, nada de eso.

Les evitaré con una rápida descripción el tener que pasar por el mal trago de analizar esas fotos: mal encuadradas, mal expuestas, mal balanceadas y tomadas con una cámara -seguramente la de un móvil- que maltrataba la nitidez como un perro a su peluche favorito.

Hace ya mucho tiempo, cuando Internet era una rareza, se decía que para una web cualquier foto valía, y los medios de comunicación mostraban un desprecio absoluto por la imagen. Si la foto necesitaba una edición, no se hacía, y si era necesario, se pedían capturas directamente de una secuencia de vídeo (de calidad más que baja). Esa misma sensación de desprecio es la que uno siente hoy al ver lo que se hace en Twitter, donde parece que todo vale.

Algunas de las fotos que la FIFA publicó en su cuenta de Twitter durante la celebración de la gala del Balón de Oro. | Foto: FIFA

Y no, no es así. Que en esa red los usuarios devoren información constante sin -la mayoría de las veces- guardarla en su memoria más de un par de segundos no justifica que las imágenes sean rematadamente deficientes.

El símil lo he utilizado muchas veces, y aquí va otra más: podemos entender una foto torcida o ligeramente desenfocada o ligeramente amarilla como podemos entender una palabra sin tilde, una uve o una be que ha bailado (¿quién fue el genio que las puso juntas en el teclado?) o tal vez una hache que se ha extraviado. Pero no todo a la vez. ¿Es que acaso la FIFA no cuenta con fotógrafos profesionales para twittear lo que está pasando en su propia fiesta?

La respuesta es sí pero no. Porque aunque la queja está más que fundada, la perfección no siempre es deseable y hay casos en los que, paradójicamente, lo correcto no es hacer lo correcto.

Claro ejemplo de ello son los paparazzi. Antaño alguien me explicó -tras avisarle de que el flash no le estaba saltando- que hacía la foto mal a propósito, forzando la sensibilidad, trepidándola ligeramente y con colores algo torcidos para que pareciera un robado. En fotografía de corazón el morbo vende, y creer que a fulanito le han fotografiado in fraganti con menguanita tiene mucho más tirón que verlos juntos en una foto –digamos- convencional.

¿Es que acaso la FIFA no cuenta con fotógrafos profesionales para twittear lo que está pasando en su propia fiesta?

En Twitter ocurre algo parecido. Muchos community manager entienden -y en parte no les falta razón- que la gran mayoría quiere ver las mismas fotos que harían ellos con su móvil para sentirse identificados con ellas. Y se ve que eso, publicando una fotografía perfectamente nítida, perfectamente iluminada y perfectamente perfecta, no es posible.

Las imágenes ciertamente son una herramienta para comunicar, y como toda herramienta han de utilizarse según las circunstancias, que a veces piden rehuir la perfección. Porque, en efecto, la inmensa mayoría de clientes -en este caso los usuarios de Twitter- hace fotografías que no son perfectas.

Cuántas veces no hemos oído aquello de “esta foto es demasiado buena para ser cierta”. ¿Y por qué cuando un corresponsal realiza su crónica radiofónica en mitad de una guerra con un sonido perfecto alguien siempre suelta suspicazmente aquello de “seguro que está en el hotel”? Si la FIFA hubiera publicado en Twitter fotos perfectas, ¿habría dicho alguien “esta foto la podía haber hecho yo con mi móvil”? Pues con las fotos que publicaron alguno sí lo dijo.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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