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Con texto fotográfico

"No pude contener las lágrimas" Arturo Rodríguez

 
Foto: Arturo Rodríguez
27
SEP 2012
Declaraciones obtenidas por Calvin Dexter

Trabajó durante años para EFE, Reuters y AP antes de afincarse en el sudeste asiático como fotógrafo "free lance". Sus imágenes han aparecido publicadas en cabeceras como The New York Times, Washington Post, Time o Paris Match, entre muchas otras. Con este bagaje a sus espaldas, no debería sorprender que las instantáneas que Arturo Rodríguez hizo de la llegada de los inmigrantes subsaharianos a las costas de Tenerife en 2006 le valieran dos premios World Press Photo. El fotoperiodista canario nos cuenta qué hay detrás de esta foto y nos obsequia con una interesante reflexión sobre ética y desinformación.

Arturo Rodríguez

Hice esta foto en la playa de la Tejita, en el sur de Tenerife, el 3 de agosto de 2006. En ella vemos a Amelia, una turista española que estaba pasando un día normal de verano cuando ocurrió todo: un cayuco o 'piroga', un barco tradicional de pesca en Senegal y otros países de la zona, varó en la playa con 46 personas procedentes del África subsahariana.

Tras una travesía de días, tal vez semanas (era difícil averiguarlo porque las autoridades nos prohibían hablar con ellos y por eso tampoco pude conocer sus nombres, procedencia y por qué habían decidido hacer el viaje), estas personas llegaron deshidratadas, hambrientas y enfermas. La mayoría de los bañistas decidieron ayudar al ver la dramática situación. Cuando todo comenzó no había en la zona nadie de salvamento, policía u ONG.

Fue un día de duro trabajo, en pie desde la madrugada por la llegada de otras embarcaciones al puerto de Los Cristianos. Estaba volviendo a casa, después de haber editado y enviado las fotos, y de pronto me empiezan a llegar mensajes al móvil, uno tras otro. Y antes de saber de qué se trataba, una llamada de un colega de la Cruz Roja diciéndome lo que pasaba con la voz entrecortada por los jadeos. Cuarta, quinta y pedal a fondo rumbo a la Tejita, una preciosa playa y una vieja conocida.

Al aterrizar (un buen término dada la velocidad a la que llegué) lo primero que hice fue intentar reconocer dónde podían estar las fotos. Luego simplemente me dejé llevar por lo que iba sucediendo.

Como siempre que hay mucha gente involucrada en una historia que fotografiamos, no falta el que te sale con los derechos de imagen o el policía que parece que no tiene otra función que obstaculizar la labor periodística. Ese día, y gracias a los miembros de la Cruz Roja, con los que tenía una relación bien cimentada desde hacía casi un año, no hubo grandes inconvenientes.

El 'modus operandi' era bien sencillo. En la mayoría de las situaciones donde había una fotografía que yo creía que tenía posibilidades, también había un voluntario, enfermero o médico de la Cruz Roja trabajando. Me acercaba con cuidado y respeto, sin sobresaltos, sin correteos, saludaba por su nombre al miembro de la ONG antes de levantar la cámara y cruzaba algún comentario más. En ese momento veías cómo el espontáneo socorrista, un simple turista unos minutos antes, se relajaba y entonces comenzaba a hacer mi trabajo.

Cuando todo acabó, los bañistas que habían ayudado formaron un enorme corro y se aplaudieron los unos a los otros. Habían hecho algo grande y desinteresado de verdad, obviando las posibles enfermedades que podían contraer según la propaganda de algunos medios locales. Ese día había más de 200 personas que estaban siendo atendidas en otro municipio cercano y los efectivos de la ONG, policía y salvamento marítimo estaban sobrepasados.

No pude contener las lágrimas. La tensión acumulada por los sucesos racistas que se habían producido durante casi todo ese mes, la cantidad de trabajo y la falta de sueño me estaban pasando factura.

No hay un manual a seguir en situaciones así. Simplemente eres capaz de hacerlo o no, y que lo hagas una vez no quiere decir que siempre lo consigas. A veces te afecta, y de manera muy profunda. Debes intentar retener tus sentimientos al menos hasta que hayas acabado el trabajo, pero no puedes endurecerte demasiado porque, si no, corres el riesgo de perder la sensibilidad en todos los sentidos, y eso para un fotoperiodista es el fin.

La única preparación que acepto en mi trabajo es la de la documentación previa sobre una historia que vamos a fotografiar y la de las cámaras. El resto entra dentro del terreno de otras disciplinas fotográficas. Podemos prever lo que va a ocurrir mediante la experiencia y la observación y actuar en consecuencia, colocándonos en un lugar u otro o sustituyendo un objetivo por otro. El resto no se llama planificación, sino manipulación. Por supuesto está excluido el retrato, siempre y cuando dejemos claro en el pie de foto, título, libro o artículo que es un retrato, con lo que ello implica: lo único espontáneo es a veces la expresión del fotografiado.

Otra de las fotos realizadas en la Tejita, en este caso el 30 de julio de ese mismo año. | Foto: Arturo Rodríguez

Es importante todo lo que sucedió aquellos días porque algunos medios de comunicación, especialmente los conservadores, hacía semanas que venían alarmando a la población de las islas con mentiras, tergiversaciones y utilización de palabras como "invasión" en sus titulares. Se inventaron conexiones con Al Qaeda, con el tráfico de drogas y se dijo que los inmigrantes tenían todo tipo de enfermedades infecciosas como el sida, la tuberculosis e incluso el Ébola.

Tras este despliegue de fascismo e irresponsabilidad periodística y moral se produjeron algunos incidentes desagradables que casi no llegaron a la prensa nacional e internacional, como grupos de personas con pancartas en los muelles cuando llegaba una de estas embarcaciones para insultar e incluso tratar de escupir a estas pobres gentes. A los responsables de esto jamás se les ha juzgado por ello, pese a tratarse de un claro ejemplo de incitación a la violencia racial.

Ese día y algunos que les precedieron, como el 30 de julio, los bañistas simplemente reaccionaron con humanidad, despreciando toda la basura que se había lanzado sobre estas personas, que sólo buscaban mejorar sus vidas y las de sus familias. Fue una lección que calmó los ánimos de los alborotadores. Mis fotos y las de los compañeros y compañeras que estuvimos allí dieron la vuelta al mundo haciendo quedar a la sociedad canaria como lo que verdaderamente es: hospitalaria y generosa.

Siempre he intentado, sobre todo ahora como 'free lance', hacer lo que me apetece, contar las historias que me interesan y lo que a mí me apetecería ver en una revista, sin pensar demasiado en quién puede publicarlas. Simplemente leo periódicos, revistas, libros y de vez en cuando surge una historia que llama mi atención. La investigo, y si hay posibilidades comienzo con la siguiente parte del trabajo. Otras veces, como en el caso de la inmigración, simplemente es la historia quien llama a mi puerta.

Hay algo que a mí me gusta llamar el 'ojo'. Se tiene o no se tiene. Me refiero a la capacidad de ver algo y concretarlo en el 'cuadradito' dentro del visor. Pero -siempre hay un pero- hay que trabajar mucho, sobre todo cuando uno va por libre. No puedes abandonarte a la pereza. Tienes que marcarte un horario de trabajo y unos objetivos.

No vale la técnica del artista bohemio, la de hago fotos cuando estoy inspirado. Una persona que tiene ese 'ojo' puede fracasar estrepitosamente si no es metódico, concienzudo en la documentación, en la edición, paciente en las esperas y conocedor de la cultura con la que va a trabajar (que le puede proporcionar mayor accesibilidad). Y alguien sin esa capacidad innata para ver la luz o la composición, puede conseguirlo si hace un trabajo de pico y pala como dice mi colega Fran Seco, de Associated Press en Lisboa.

"En el mundo de hoy asistimos a la mejor e infalible manera de desinformación: la sobreinformación"

Me gustaría que mis historias sirvieran para algo. Creo que el trabajo que hicimos documentando las migraciones desde África a Canarias y al sur de España cambió algunas cosas, las maneras de pensar y de ver a estas personas. Hubo gente que después de ver las fotos se hizo voluntaria de ONG, el gobierno se vio obligado a incrementar los presupuestos para salvamento y atención a pie de playa y el partido de ultraderecha Democracia Nacional fue purgado de las islas, tras varias intervenciones estelares con respecto a este fenómeno. No estoy seguro si con las actuales circunstancias habrán renacido.

De cualquier manera, no es lo habitual que un reportaje cambie nada. En el mundo de hoy asistimos a la mejor e infalible manera de desinformación: la 'sobreinformación'. Tenemos Internet, televisión, radio, prensa escrita y las redes sociales, que aunque forman parte de la web son un caso aparte.

En las redes sociales existe mucha gente responsable y consciente del poder que tiene en sus manos, hasta ahora coto de caza privado de los periodistas. Twitter, Facebook y los blogs propagan a diario un sinfín de informaciones, algunas veraces y otras sesgadas. También manipuladas y bulos que infectan nuestras cuentas en cuestión de minutos. La mayoría de los usuarios de estas redes tienden a dar por bueno todo lo que en ellas se dice y a poner en tela de juicio todo lo que se transmite a través de los medios convencionales. Es una reacción natural a todo lo que han estado haciendo los medios hasta ahora, especialmente la televisión, pero no podemos perder de vista la realidad.

En los medios convencionales hay editores, supervisores de estilo y directores, personas que controlan en la mayoría de los casos que la información sea veraz y no siempre que sea imparcial. En las redes sociales, cualquiera puede escribir. Y cualquiera es mi sobrino de seis años o Blas Piñar de FE haciéndose pasar por una universitaria de izquierdas.

Flickr, Instagram y otras redes sobre fotografía, así como los sitios web de agencias con acceso libre, nos provocan TDAH [trastorno por déficit de atención con hiperactividad]. Todo esto contribuye a que, en realidad, aun viviendo en la era de la comunicación, nadie sepa mucho sobre nada. Sólo retazos de información a veces cierta, a veces falsa, a veces sólo opiniones que confundimos con informaciones. Fragmentos con los que nos formamos ideas que luego publicamos en nuestra propia cuenta añadiendo un poco de nuestra cosecha.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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