• "Una foto puede cambiar el mundo"
  • "Me he dado cuenta de que llevo toda la vida buscando lo mismo"
Entrevista
ARNAU BACH , FOTOPERIODISTA

"Las cosas no tienen que cambiarlas las fotos sino las personas"

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Foto: Arnau Bach
17
MAR 2014

Supera por poco la treintena, y con un único proyecto fotográfico personal en su haber –sobre los conflictivos suburbios de París- consiguió alzarse el año pasado con la beca Pierre y Alexandra Boulat y obtuvo un notable reconocimiento internacional. Tras su paso por varios periódicos, Arnau Bach decidió tomar su propio camino, y tras la aventura parisina ahora está en Marsella trabajando en su segundo proyecto a largo plazo. En Quesabesde hemos hablado con este joven fotógrafo barcelonés para saber cómo afronta un reportaje de estas características y cuál es su punto de vista sobre la actual situación del fotoperiodismo y los grandes medios.

Tu trabajo “Suburbia” sobre la tristemente famosa barriada parisina de Saint-Denis te ha supuesto reconocimiento a nivel mundial. Pero te formaste trabajando como fotoperiodista para distintos medios durante varios años. ¿Cuál es tu historia?

Empecé en El Periódico [de Catalunya] de un modo muy especial, ya que hoy en día el fotoperiodismo es un trabajo de difícil acceso, especialmente para jóvenes como nosotros. Cada día me iba a cubrir los temas importantes a partir de las informaciones que me daban amigos y contactos. Y después enviaba las fotos al diario.

Foto: Calvin Dexter (Quesabesde)
“En España los diarios están a las órdenes de los partidos políticos. Es la información al servicio del poder, y a partir de aquí todo lo que venga después es mentira.” Bach no se muerde la lengua al hablar del estado actual del periodismo y los medios de información.

¿Sin cobrar nada por ello, quizás?

Sólo al principio, durante cinco meses, cuando mandaba un par de temas a la redacción y me comentaban que estaban muy bien pero que aquel tema ya lo tenían cubierto. Hasta que un día me llamaron ellos. Me preguntaron si podía cubrir una noticia, y aquello fue el principio de mi relación de trabajo con este medio. Relación que duró cuatro años, hasta que aplicaron un ERE y dejaron de llamarme. Con posterioridad realicé algunas colaboraciones esporádicas.

Por aquel entonces nació un proyecto muy ambicioso e interesante que era el diario Público, una publicación de izquierdas con un equipo muy joven. Era un proyecto muy, muy bonito y estuve allí trabajando cada día durante un buen tiempo hasta su cierre.

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Foto: Arnau Bach
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Foto: Arnau Bach

Pero en mi caso, después de estar siete años trabajando en prensa y aprender muchísimo, decidí que no quería ni siquiera intentar volver a trabajar en otro periódico. Ya no me interesaba a nivel profesional.

Durante los años que estuve trabajando en prensa viajaba a París -cuando tenía dinero y tiempo- y llevaba a cabo mi proyecto “Suburbia”. El cierre del periódico Público fue el detonante para que me centrara definitivamente en ese proyecto. Me quedé dos meses en París y lo terminé a finales de 2012.

Un proyecto en el que empezaste a trabajar en 2006. ¿Qué intentas contar en “Suburbia”?

Recuerdo que la primera vez que fui allí buscaba reflejar la revolución social de la clase trabajadora que lucha contra el sistema. Ése era el objetivo original de mi proyecto. Los grandes disturbios de París sucedieron en 2005 y yo fui allí por vez primera al año siguiente.

Cuando llegué me encontré con una situación muy dura, y es lo que he intentado captar: la segregación de las clases populares que en su día fueron usadas como mano de obra para levantar Francia, la exclusión y marginación de millones de personas en las periferias de París.

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Foto: Arnau Bach
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Foto: Arnau Bach

“En el barrio donde realicé mi trabajo viven 12 millones de personas. Esto no es un barrio… ¡es un país! Un país donde la gente no tiene nada que perder y muy poco que ganar”

Sólo en el departamento 93, donde realicé este trabajo, viven 12 millones de personas. Esto no es un barrio ni un departamento… ¡es un país! Un país donde sus habitantes están condenados a la pobreza de por vida. Sin trabajo, sin dinero, sin hipotecas. La gente no tiene nada que perder y muy poco que ganar.

Los suburbios de París no parecen el lugar más indicado para llegar, ponerse a hacer fotos y tener un proyecto en condiciones en cuestión de días o semanas. Tuviste que documentarte, infiltrarte entre sus habitantes…

Sí, al principio fue bastante duro porque no conocía a nadie ni hablaba francés y me había documentado poco o casi nada. Pero poco a poco empecé a conocer a gente que me trató muy bien, y hoy en día guardo una relación excelente con muchos de ellos. De ahí que al final no haya sido sólo una aventura exclusivamente profesional.

Parece como si la cámara y las fotos que hiciste fueran un simple pretexto para vivir algo más personal.

Creo que eso es extrapolable a cualquier fotógrafo que va con su cámara por el mundo, a otros países, para capturar otras realidades. De hecho las fotos más antiguas que tengo de este proyecto me encantan. Las que hice al final tenían una composición mucho más influenciada por todos estos años trabajando en prensa. Las primeras tenían una composición más libre. Me costaría hacer esas fotos ahora.

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Foto: Arnau Bach
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Foto: Arnau Bach

Quizás expresan cómo veías las cosas al principio, cuando iniciaste tu viaje por los suburbios.

Cierto, son fotos más impactantes. Aunque las más difíciles que hice fueron las últimas, las que realmente buscaba, las que hice en los interiores de las casas que muestran la intimidad de las familias. La vida allí sucede en la calle, ése es el punto de encuentro. En sus casas está su vida privada y entrar en ellas con una cámara no es fácil.

Imagino que a estas alturas tu francés habrá mejorado.

No creas. Me defiendo, pero sigo teniendo problemas con el idioma, aunque en el fondo eso ha sido un punto a favor. La gente alucinaba conmigo cuando llegué allí, con una cámara y sin hablar ni una sola palabra de francés.

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Foto: Arnau Bach
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Foto: Arnau Bach

Gracias a “Suburbia” ganaste, entre otros premios, la beca Pierre y Alexandra Boulat.

Exacto. El primer premio que gané fue el POYi [Picture of the Year] en la categoría de “Comunity Awareness”. Quedé finalista en el Leica Oskar Barnack y luego llegó la beca Pierre y Alexandra Boulat, que te da dinero para afrontar un proyecto. Europa es un terreno que me atrae mucho y creo que es un continente en el que suceden muchísimas cosas extraordinarias.

Se agradece que haya fotógrafos europeos interesados en lo que sucede en Europa y no únicamente en lo que pasa en lugares más exóticos.

Creo que en el fondo todos queremos lo mismo y cada uno elige su camino. Personalmente pienso que Europa ofrece muchos temas y es un escenario inacabable de problemáticas que vale la pena fotografiar.

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Foto: Arnau Bach
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Foto: Arnau Bach

¿Qué puedes contarnos de “Capital”, el proyecto en el que estás trabajando?

“Capital” está centrado en Marsella. Es un proyecto que ya he empezado y que ya ha evolucionado desde la idea original que tuve a lo que tengo en mente ahora. Durante el pasado año Marsella fue la capital cultural europea y eso me sirvió de pretexto para viajar hasta allí y confrontar dicha ciudad con la realidad social.

Marsella tiene una diversidad increíble. Es una ciudad muy especial con mucha inmigración. La primera vez que fui allí era el ramadán, y por un momento pensé que me había equivocado de lugar y había ido a parar a Tánger.

Una ciudad que parece esconder mil y una historias distintas. ¿En cuál de ellas se centrará tu trabajo?

Se trata de algo muy distinto a lo que hice en París. Fotográficamente no quiero que tenga nada que ver con “Suburbia”. ¿Cómo uniré toda la realidad de Marsella? Pues es un misterio.

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Foto: Arnau Bach
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Foto: Arnau Bach

¿Cuánto tiempo te llevará terminarlo?

Pues debería llevarme un año desde que empecé en octubre, que es el tiempo que tengo antes de presentar el trabajo en Visa pour l’Image.

¿Qué elementos veremos en común entre este proyecto y “Suburbia”?

Ninguno. Marsella es otra historia.

¿Es la fotografía el mejor medio para contar la historia que tienes en mente?

Personalmente me encanta la narrativa de la foto, aunque en esta ocasión es cierto que estoy introduciendo otros medios como el audio. Recientemente hablaba con un señor mayor, un antiguo atracador de bancos, y cuando empezó a contarme sus historias tuve que grabarlo todo. Además, también estoy sopesando la idea de incluir vídeo en el reportaje para hacer alguna entrevista y registrar las conversaciones que tengo con algunos personajes de allí.

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Foto: Arnau Bach

¿Cuáles son los elementos que hacen que una historia merezca ser contada?

Pues depende. Con el proyecto de París y el de Marsella se demuestra que en Europa nos tienen engañados para que miremos hacia otros lugares del mundo.

"En Europa nos tienen engañados para que miremos hacia otros lugares del mundo"

No hace mucho hablaba con un editor en Perpiñán durante el Visa pour l’Image y me contó que cuando pensaba en África le venían a la cabeza cosas como la guerra y el hambre, pero que le gustaría ver otras cosas del continente, una vertiente más artística, por ejemplo. Yo le pregunté qué le venía a la cabeza cuando pensaba en París. Me dijo que el Louvre, la Torre Eiffel, etcétera. No eran ni los suburbios ni los 12 millones de personas que viven allí.

¿Conserva la fotografía el poder de cambiar el mundo?

No sé si la fotografía ha cambiado o puede cambiar el mundo, pero sí creo que la imagen en general tiene la fuerza para poder hacerlo. En mi caso cuido mucho dónde se publican las fotos de “Suburbia” y los textos que las acompañan. Si una buena foto va a acompañada de un buen artículo y se publica en un medio de comunicación que disponga de un buen altavoz, entonces sí puede cambiar alguna cosa. Pero en el panorama actual eso es bastante complicado.

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Foto: Arnau Bach
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Foto: Arnau Bach

Aunque soy de la opinión de que las cosas no tienen que cambiarlas las fotos, sino las personas. Sin conciencia colectiva ni social una foto no va a cambiar nada. Sin conciencia no hay cambio. Y lo estamos viendo aquí en nuestro país. La fotografía puede ser un detonante, pero en última instancia depende de la sociedad.

Ha cambiado mucho el mundo con la revolución digital y las redes sociales. Los canales de información han variado y evolucionado. ¿Cómo ves y vives esta revolución?

Sigo algunos periódicos en concreto, pero sobre todo busco canales de información que encuentro en las redes sociales y también en publicaciones internacionales.

¿Cómo ves el fotoperiodismo actual y hacia dónde crees que se encamina?

En España los diarios están a las órdenes de los partidos políticos. No se valora la buena información, los buenos periodistas. Creo que el periodismo de este país necesita una renovación integral. La mayoría de diarios han hecho una gran limpieza de periodistas en la redacción, han echado fuera a una buena serie de periodistas con gran experiencia y se están cargando el presente del periodismo pero también el futuro. Usan a becarios que luego no contratan.

Es la información al servicio del poder, y a partir de aquí todo lo que venga después es mentira. No sé cómo se puede cambiar esto, pero está claro que no es buen periodismo.

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Foto: Arnau Bach

“En la reunión para el número de El País Semanal en el que iba mi reportaje nadie se atrevió a seleccionar una foto mía para la portada. En su lugar pusieron a un grupo de chicas en biquini”

Recuerdo que en la reunión para el número de El País Semanal en el que iba mi reportaje, a la hora de seleccionar la portada nadie se atrevió a seleccionar una foto mía. En su lugar pusieron a un grupo de chicas en biquini. Imagino que el cruasán con chocolate del domingo por la mañana entra mejor con una foto de chicas en biquini que con una de los suburbios de París. Pero, ¿qué es lo que queremos? ¿No indigestarnos o que estemos bien informados?

¿Qué lugar te ves ocupando tú en el mundo del fotoperiodismo dentro de unos años?

Pues la verdad es que no lo sé. Ahora mismo estoy completamente centrado en el proyecto de Marsella.

Un proyecto que, por lo que has contado, parece una especie de superproducción.

Para nada. Es mi segundo trabajo, y por muchas fotos que haya hecho para periódicos, éstas ya no me sirven de nada. Mi legado es mi trabajo personal. En el futuro, si puedo mantenerme en el punto en el que estoy, me conformo. Además, hay muchos factores que intervienen en el hecho de que puedas seguir trabajando en este negocio: gente que cree en ti y apuesta por tu trabajo, por ejemplo. Es complicado.

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Foto: Arnau Bach
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Foto: Arnau Bach

¿Existe alguna foto o trabajo de algún otro autor que te gustaría que fuera tuyo?

Hay gente muy buena en el mundo. Cada vez más. En festivales como Visa pour l’Image o Arles [Les Recontres d’Arles] ves cosas extraordinarias. Y no siempre en las proyecciones: también en los iPad y en los porfolios que lleva la gente bajo el brazo. Está lleno de gente muy buena, y que te den la beca Boulat es también cuestión de suerte.

Hay un trabajo en concreto que me gusta mucho y me vuelve loco. Se llama “Winterreise” y su autor es Luc Delahaye, que se subió al Transiberiano y fue parando en cada pueblo para hacer fotos de la gente que vive allí. Desde Sebastopol a Moscú. Es un trabajo excelente. Es un libro que debería estar en todas las librerías de los amantes de la foto, aunque es muy difícil de encontrar.

Hoy en día es básico que la gente crea en tu trabajo. Y tener suerte. Hay gente que ha triunfado siendo muy joven y otros que son muy buenos y tienen que luchar constantemente para tirar sus proyectos adelante. Es una jungla.

Fuentes y más información
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