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Con texto fotográfico

"Viven en un piso de 17 metros cuadrados sin cocina" Arnau Bach

 
Foto: Arnau Bach
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MAY 2013
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Una de las mayores dificultades a la hora de encarar un reportaje estriba en la accesibilidad que se tiene a sus personajes, más aún si se trata de los habitantes de un peligroso suburbio. Arnau Bach se labró la confianza de varios habitantes de la tristemente famosa "banlieue" de Saint-Denis, en París, entre los que destaca Ballester, al que vemos tomando vodka en su diminuto apartamento. A lo largo de cuatro visitas al extrarradio parisino el catalán ha ido adentrándose en la vida de sus habitantes y sus fotografías han tomado poco a poco un giro mucho más personal: desde su día a día en la calle hasta la intimidad de sus hogares.

Arnau Bach

El protagonista de esta foto se llama Ballester. Como muchos de los habitantes de la 'banlieue' [los suburbios], es nieto de inmigrantes. Es un rapero. En los suburbios parisinos el rap es para los jóvenes un medio que les permite expresarse, una forma reivindicativa de mostrar al mundo la realidad que viven.

El niño que tiene en sus brazos es su hijo Cristiano, en honor a Cristiano Ronaldo. Su pareja, que es de Tailandia, pasa todo el día trabajando en un restaurante tailandés mientras él está prácticamente siempre en casa, ocupándose del hijo.

Viven en Saint-Denis, en un piso de 17 metros cuadrados. No tienen cocina y comen lo que la madre les trae del restaurante la noche anterior. El edificio donde viven fue concebido como un apartotel, pero la difícil situación económica del barrio hizo que familias enteras se instalaran permanentemente en estos pequeños pisos pensados para ser alquilados por días o semanas.

Este reportaje empieza en 2005 a partir de lo que yo llamaría 'las revueltas de los precarios'. La mecha se encendió en el barrio Clichy-sous-Bois de París a raíz de la muerte de Zyed y Bouna, dos chicos de 15 y 17 años que se escondieron en un generador eléctrico escapándose de la policía. Estas revueltas se extendieron por otros barrios, no sólo como consecuencia de estas muertes, sino por la frustración que provoca el estar totalmente excluidos de todo. Era un tema que yo tenía entre ceja y ceja, y al año siguiente me fui a París unos días. Y por casualidad acabé en Saint-Denis, en el Departamento 93, que es donde he hecho el reportaje.

Los principios fueron difíciles, pero también ricos en experiencias y anécdotas que me permitieron entender la realidad que quería fotografiar. Me acuerdo de que uno de los primeros días que salí con la cámara, en la cité Floréal [un parque de Saint-Denis], vi un lugar interesante para tomar una foto. Mientras esperaba que pasara alguien para hacerla, de repente vi a tres personas que venían hacia mí.

Comencé a caminar alejándome mientras ellos me llamaban. En esta época yo casi no hablaba francés. Cuando ya estaban cerca, uno de ellos se subió la camiseta y me enseñó una pistola. Me quitaron la cámara y me enseñaron una especie de brazalete que lleva la policía secreta. Durante un rato hablaron de la cámara y comprendí que me la querían robar, pero al final decidieron devolvérmela y me dijeron que estaba completamente loco por ir por allí solo y que no volviera a aparecer por aquel barrio.

Aquella misma tarde fui a la casa de la juventud de Saint-Denis. La directora me presentó al encargado de una ludoteca del barrio, y a partir de aquí lo que tenía que ser un viaje de una semana acabó durando tres. Fue una experiencia muy bonita, porque por fin pude estar en la calle con la gente y hacer algunas fotos. Las imágenes más tensas del reportaje pertenecen a aquella época, con coches quemándose, gente tirando petardos o artefactos contra la policía?

Con el paso del tiempo me sentía cada vez más cómodo: en mis idas y vueltas a París iba conociendo a nuevas personas, pero también me reencontré con algunas que había conocido en mi primera visita. En 2012, año de mi último viaje, decidí quedarme dos meses, lo que me permitió conseguir un nivel de intimidad que luego me hizo posible estar presente en situaciones más cotidianas y tomar fotografías como la de Ballester con su hijo.

El modelo social francés se repite en grandes ciudades europeas, pero no creo que nada de lo que ha pasado en París pueda pasar en España porque la realidad social es muy diferente. En la 'banlieue' han proliferado esas megaciudades dormitorio donde hay barrios que no tienen más que un supermercado y una panadería. Para llegar a la ciudad han de coger un autobús, un tren y el metro, donde tendrán que hacer transbordo para llegar al cine. Los vecinos de estos barrios se sienten tan aislados, excluidos y abandonados que algún día, por el motivo que sea, decidirán quemar el autobús.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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