Crónica

ARCOmadrid 2011 (fotográficamente hablando)

 
17
FEB 2011
Eduardo Parra   |  Madrid

Dos horas de paseo por la feria ARCOmadrid dan para bastante. En una época en la que uno apenas puede escribir una crónica sin meter la palabra crisis por algún lado, visitar un evento de estas características significa preparar el diccionario de tópicos antes de redactar. Crisis, sí, pero también vanguardia y valores emergentes serían vocablos a esgrimir. Sin olvidarnos, por supuesto, de los tan manidos inconformismo, transgresión y reflexión.

Con Rusia como país invitado, la decimotercera edición de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo alzaba su telón ayer en los pabellones 8 y 10 de IFEMA, en Madrid. Ahí permanecerá abierta hasta el próximo domingo. Dicen que en esta edición el trato es más personal, pero lo que en realidad quieren decir es que hay menos galeristas que otros años. Casi 200 procedentes de algo más de una veintena de países, informan desde la organización.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Una primera exploración nos deja buen cuerpo. Hay poco lugar para la fotografía desenfocada y torcida que, bañada en palabrería, se vende a 2.000 euros la copia. Menos espacio hay aún para esa fotografía que se vende sólo por la firma de su autor. Hay excepciones, por supuesto (por favor, que alguien le diga a Thomas Ruff que sus actrices porno desenfocadas ya empiezan a ser agotadoras), pero la tónica general desde el punto de vista fotográfico es positiva.

Aunque este año, por supuesto, no se puede hablar de una presencia monopolizadora de la fotografía, lo cierto es que en cantidad poco le tiene esta disciplina que envidiar a otras. Se aprecia en ARCOmadrid una positiva tendencia, vista ya en años pretéritos, a considerar la fotografía como un exponente más del arte, dejando atrás la anquilosada concepción de que éste se limita a la pintura, la escultura y poca cosa más.

Nombres y tendencias
Resulta complicado citar a ningún fotógrafo en particular como máximo exponente de esta edición de 2011, ya que la mayoría tienen una presencia reducida. Aun así, dedicamos durante nuestra visita a ARCOmadrid unos cuantos minutos a buscar nombres y tendencias que destaquen entre la multitud.

Comenzamos una segunda ronda de exploración, ya con más ojo en las paredes que en las barras libres, y nos encontramos con un interesante ejemplo de fotografía de reportaje de la mano de Zwelethu Mthethwa, que con su serie "Gladiadores contemporáneos" consigue que anotemos su nombre en nuestra carpeta de favoritos.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
La obra de Ballester no podía faltar en ARCOmadrid.

Algunos metros más allá, en lo que gusta de ser llamado fotografía callejera, nos sorprende la apuesta de Tiago Silva, y no muy lejos volvemos a pararnos ante el excelente trabajo costumbrista en blanco y negro de Anastasia Khorosilova.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Tiago Silva, otro de los fotógrafos (o artistas) presentes en el evento.

Dos calles más allá, una pareja de enormes fotografías de Pablo Genovés nos dejan boquiabiertos durante un buen rato, y volvemos a dilapidar nuestro tiempo con los paisajes arquitectónicos de José Manuel Ballester, último Premio Nacional de Fotografía. Miwako Iga, por su parte, nos deleita con una bellísima fotografía llamada "Sleeping Beauty".

En la feria se pueden contemplar -y comprar- algunos fotomontajes de la serie "Precipitados", de Pablo Genovés, a la que pertenece esta imagen. | Foto: Pablo Genovés
Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
A la izquierda, "Sleeping Beauty", de Miwako Iga.

La fotografía de naturaleza (¿o quizá deberíamos hablar de arte con la naturaleza como excusa?) también tiene su rinconcito en este ARCOmadrid. Lejos de ser imágenes al estilo National Geographic, Caio Reisewitz, Allan Sekula y Jorge Yeregui nos brindan fotografías de pequeños paisajes naturales, de esas que no sólo deleitan por su técnica, sino también por su estética.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Emprendemos el camino hacia la salida con un cansancio notable y a punto de perder la objetividad fotográfica. Repasamos la lista y descubrimos que nos quedan bastantes nombres en el tintero, nombres que hoy tienen una pequeña pared en la última galería del rincón más alejado de una gran feria. Nombres, en definitiva, que conviene no olvidar. Tomamos nota para el año que viene.

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