Crónica

ARCOmadrid 2012: retrocede la fotografía

 
17
FEB 2012
Eduardo Parra   |  Madrid

Amantes de la fotografía: no esperen saciar en la recién inaugurada ARCOmadrid 2012 sus más bajas pasiones. Así como en otros años la relación de la feria de arte madrileña por excelencia con la fotografía había sido estrecha, en esta edición está pero no se la ve. Como quien dice, hay que buscarla, y aun así se corre el riesgo de no encontrarla.

Si visitar ARCOmadrid ya es una hazaña para quienes son ajenos a un mundo en el que el papel arrugado se vende a 5.000 euros, realizar esa visita el día previo a la inauguración (el pasado miércoles, para ser más exactos) es tan azaroso como entretenido. Hay que esquivar cajas, escaleras, botes de pintura y equipos de carpinteros rematando los últimos detalles previos a la Real inauguración. Hasta aquí lo difícil. Lo divertido es fotografiar un bote de pintura que luego resulta ser -oh, sorpresa- un simple bote de pintura o intentar sentarse en un banco que -vaya por dios- es una irrepetible obra de arte.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
La obra de Daido Moriyama es una de las que cuelga de las paredes de ARCOmadrid 2012.

Así, entre bancos y botes, recorremos ARCOmadrid de arriba a abajo -aunque tampoco hay para tanto, pues en esta ocasión la feria ocupa sólo dos pabellones-, con la sana intención de persuadir a los lectores de QUESABESDE.COM para que visiten la que dicen que es una de las ferias de arte más importantes del mundo.

ARCOmadrid 2012 cumple con todos los estereotipos y chascarrillos que de esta cita se hacen y comentan en los círculos fotográficos: copias de tres por dos, brutales desenfoques vestidos de reflexión, fotografías de suelos y paredes que dicen tener mensaje...

Dos horas después de cruzar las puertas de los recintos feriales de IFEMA, damos por terminada la visita y encendemos el ordenador para tratar de plasmar negro sobre blanco lo visto ahí. La sensación con que comenzamos a escribir esta crónica es que la fotografía y ARCOmadrid se distancian otra vez. Autores de renombre, pocos. Y los jóvenes talentos, con cuentagotas.

Foto: Marisa González
Foto: Cristina Lucas

Hacemos memoria de nuestro periplo por ARCOmadrid. Comenzando nuestro viaje por las moquetas la primera parada es una interesante serie del fotógrafo israelí Miki Kratsman. Un par de pasos mas allá descubrimos el particular estilo de fotografía al vuelo, casi "punk", de Daido Moryama, y no mucho más lejos encontramos parte del trabajo realizado en 2010 por Marisa González sobre las mujeres filipinas. Las primeras sensaciones son buenas y suspiramos para que no sea sólo un espejismo.

Divagamos un rato por la laberíntica estructura de estands sin demasiada fortuna. Divisamos a lo lejos pequeños destellos fotográficos, como el de Allan Sekula. Pero son mínimos reflejos en un mar de esculturas de forma indefinible y pinturas coloristas. Se salvan en nuestro errático paseo Chen Jiagang y Cristina Lucas, cuyas obras casi parecen desentonar entre el mejorable archipiélago que es la fotografía en el océano de ARCOmadrid.

Perdida ya toda esperanza de encontrar un ARCO fotográfico como el de hace un par de años -donde la fotografía tenía un papel no sólo relevante, sino casi predominante- avistamos una pequeña luz en la niebla: la instantánea del fotógrafo oficialista Pete Souza tomada durante la captura de Bin Laden "cuelga" de un monitor en una pared aún sin rotular.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
"Iris", de Pierre Gonnord.

Apuramos las últimas esquinas y saboreamos alguna pequeña delicia que, tal vez por su escasez en este ARCOmadrid, nos sabe especialmente sabrosa. Pierre Gonnord se cuela con uno de sus impactantes retratos, en este caso "Iris", una impresionante fotografía que nos recuerda que a veces, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Tal vez sea éste el caso.

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