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El viejo iPhone 5, la nueva Apple  

13
SEP 2012

Estaba todo dicho. Y literalmente. No sólo las filtraciones habían revelado ya casi todas sus especificaciones (incluso los nuevos auriculares de los que se acompañará), sino que la propia Apple también dio cuenta de cómo evolucionaría su software al anticipar la llegada de iOS 6. Aunque le pese a Tim Cook, el viejo -perdón, nuevo- iPhone 5 es quizás el teléfono más predecible de todos los que ha presentado Apple. ¿Por qué?

Es cierto que las filtraciones han crecido exponencialmente en los últimos años y no sólo en el caso de Apple, sino en todo el sector de la telefonía en general. Pero además se ha puesto de moda decir eso de que la muerte de Steve Jobs ha supuesto que en Cupertino han perdido su factor sorpresa, cuando no el norte. Que si un smartphone con pantalla de 4 pulgadas antes era un armatoste y ahora es el tamaño perfecto, que si los tablets de 7 pulgadas nacieron muertos pero próximamente -o eso parece- habrá un iPad mini...

La última vez que Apple sorprendió de verdad fue en 2007, cuando destapó el primer iPhone

Pero olvidémonos por un momento de las filtraciones. Fuera el iPhone 4 y su prototipo perdido en un bar. Fuera el iPhone 4S, presentado sólo un día antes de que falleciese Jobs. ¿Sorprendieron mucho los iPhone 3GS y 3G? ¿Las críticas que ambos recibieron en su día no son acaso muy parecidas a las que se están vertiendo ahora sobre el iPhone 5?

Es el cuento de nunca acabar. Y el problema es bien sencillo: se llama realidad. Es ese factor puñetero que, maldita sea, hace que los fabricantes renueven sus líneas de producto año tras año introduciendo algunas mejoras para poder seguir vendiendo unidades cada temporada, o al menos intentarlo. Jobs era precisamente un experto en esto. ¿O ya nadie se acuerda de cuán lentamente evolucionaron los iPods durante la última década?

Llámenlo obsolescencia forzada, si les gusta el término. A no ser que la muerte del cofundador de Apple viniese acompañada de la abolición del capitalismo y yo no me haya enterado, es lo que hay. Guste o no.

Las empresas no pueden sorprender al mundo cada vez que montan un evento para vendernos su particular burra. Y ésa es precisamente la cuestión más importante: la última vez que Apple sorprendió de verdad al mundo fue en 2007, cuando destapó el primer iPhone (ni siquiera con el iPad, si se me permite la valoración, logró igualar aquello). Jobs estaba entonces en el escenario, sí, pero siguió estándolo varios años más y en pleno uso de sus facultades físicas y mentales.

Filtraciones aparte, como decíamos al principio, parece que ésa es precisamente la gran diferencia: la ausencia de Jobs. ¿No será más bien la ausencia de su famoso campo de distorsión de la realidad? Si es por eso, que en la próxima "keynote" lo proyecten en forma de holograma a lo Tupac, como ya ha sugerido alguien.

La columna de opinión "Modo dual" se publica sin periodicidad fija.

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