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Entrevista
ANTONIO ARAGóN RENUNCIO, FOTóGRAFO

"El ser humano es el mayor hijo de la gran puta que hay sobre la faz de la Tierra"

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Foto: Antonio Aragón Renuncio
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DIC 2014

Fotoperiodista y presidente de una oenegé que él mismo fundó para poder llevar ayuda allí donde hiciera falta, Antonio Aragón Renuncio es un apasionado de sus trabajos y un incansable viajero. Ha vivido situaciones extremas de las que prefiere no hablar y que solo el ser humano es capaz de crear, pero sigue creyendo en un mundo mejor, en el poder de una foto para cambiar las cosas y en encontrar belleza incluso en la desesperación. Acerca de todo ello se sinceró sin ambages en una charla con Quesabesde.

Disculpa la pregunta tópica, pero… ¿por qué te metiste en esto de la fotografía? ¿Nadie te avisó de que es un trabajo mal pagado, muy poco valorado y con unos niveles de intrusismo laboral alarmantes?

La verdad es que es un medio que está muy jodido. Empecé a hacer fotos porque me gustaba y disfrutaba mucho con las imágenes. Tras una lógica evolución, como le pasa a todo el mundo, una cosa me llevó a la otra, y al final me he acabado dedicando a esto. Y me encanta. Pero, sí, está claro que es un medio muy complicado y difícil para intentar ganarte la vida.

Entonces, ¿qué es lo que hace que te sigas levantando con ganas de hacer fotos?

Los que nos dedicamos a la fotografía documental lo hacemos porque nos apasiona. A mí personalmente es lo que más me gusta hacer, y no me veo haciendo otra cosa. Pero lógicamente tengo que hacer otros trabajos para poder vivir, y cuando puedo y tengo dinero me voy de viaje y hago mis historias. Vivir exclusivamente de esto no es nada fácil hoy en día.

"Tengo muy claro las fotos que hago, cómo las hago y por qué las hago. Y si gracias a ello se ha conseguido realizar cirugías, ayudar en dispensarios olvidados o simplemente despertar conciencias, para mí está perfecto." Aragón Renuncio, que próximamente impartirá un taller en España (concretamente en Castrourdiales), es un autor comprometido con su fotografía. | Foto: Antonio Aragón Renuncio

A todos nos vienen a la mente muchos nombres de fotógrafos repartidos por el mundo que trabajan como free lance y se buscan la vida como pueden. Está claro que sigue habiendo gente que vive muy bien de esto, haciendo lo que quiere, marcándose sus proyectos. Todos les conocemos, pero esos juegan en otra liga. Para la mayoría de nosotros es muy complicado poder elegir tus temas, dedicar a tu historia el tiempo que necesita y encima cubrir gastos.

¿Tuviste claro desde un principio que ibas para fotógrafo documental o fuiste evolucionando hasta que acabaste aquí?

Fue una evolución. Es curioso, porque cuando empecé con la fotografía hacía algo totalmente diferente, y cuando me preguntaban qué es lo que más me gustaba de ella, decía que todo menos el fotoperiodismo. Y mira tú dónde he acabado. En mi caso fue una consecuencia lógica. Soy una persona inquieta a la que le gusta viajar y descubrir cosas, y hacer fotos era la excusa perfecta para ello.

Naciste a principios de los 70 en Santander, pero llevas muchos años viviendo en Nicaragua.

Pues sí. Fui allí a hacer un reportaje sobre un orfanato que debía llevarme unos 15 días, y ya llevo en Nicaragua más de diez años. Al llegar y retratar la vida cotidiana de aquellos niños algo hizo clic en mi interior.

"Trabajar para una agencia internacional de noticias es como trabajar en una fábrica de zapatos"

Decidí quedarme varios años con ellos viviendo en primera persona su historia. Luego comencé a trabajar como stringer [fotógrafo free lance que colabora con agencias] para diferentes agencias internacionales de noticias y a dar clases en la universidad. Incluso me ofrecieron plaza fija en alguna de ellas, pero al final decidí dejar la información diaria porque, tal y como yo lo entendía, no tenía nada que ver con mi forma de entender el fotoperiodismo.

Foto: Antonio Aragón Renuncio
Foto: Antonio Aragón Renuncio

Trabajar para una agencia internacional es como trabajar en una fábrica de zapatos. El jefe quiere producción y muchas veces tienes que hacer cosas que no te apetecen demasiado. Yo opté por dejar todo eso. Hice otro tipo de fotografía, y cuando el tiempo y el dinero me lo permiten, viajo y hago los proyectos que me interesan.

Por ejemplo, me fui de Nicaragua en septiembre y estaré cuatro meses fuera trabajando varias historias y descansando un poco, pasando las Navidades con la familia, que hace mucho tiempo que no lo hacía. Cuando regrese seguiré con mis clases, con los trabajos editoriales y de publicidad que me permiten llegar a fin de mes y poder seguir contando historias en los lugares que me interesan.

Has trabajado en muchos lugares del mundo. ¿Con qué historia de las que has hecho te quedas?

Pues la verdad es que he viajado mucho, pero no tanto. Parece una contradicción, pero deja que me explique. Viajo mucho, cierto, pero casi siempre a los mismos sitios. En los últimos años he viajado muchísimas veces a África. Es la mejor manera de conocer un lugar y meterse en las historias. De otro modo, creo, no se puede profundizar y vivirlas como me interesan.

¿Que con qué historia me quedo? Pues con todas. Cada una de ellas ha sido importante y enriquecedora. Sonará pretencioso, pero me gusta decir que me voy a quedar con la siguiente porque ansío que haya otra más.

Foto: Antonio Aragón Renuncio

Eres el presidente de la oenegé Oasis, que tú mismo fundaste hace tiempo y con la que desarrolláis proyectos médicos en África.

Sí, es una ONGD [organización no gubernamental para el desarrollo] que fundamos tras mi primer viaje a Nicaragua y ver las necesidades que había en el orfanato donde vivía. Era una forma lógica de tener un soporte jurídico para, entre otras muchas cosas, poder meter medicamentos en el país.

Tras varios proyectos en Nicaragua y uno en Argelia, junto con un grupo de amigos médicos comenzamos a desarrollar nuestro proyecto en Togo, uno de los países más pobres de África en el que ya llevamos catorce años trabajando sin interrupción, y que consiste en hacer cirugía traumatológica y plástica reconstructiva fundamentalmente en niños.

Con los años que llevas en este negocio las habrás visto de todos los colores. ¿Cuál ha sido el momento más duro que te ha tocado vivir con una cámara colgada del cuello?

Pues la verdad es que después de tantos viajes y tantas historias, sí, las he visto de todos los colores y tamaños. Me ha pasado de casi todo. Bueno y malo. De lo malo aprendo, y lo bueno me acompañará por siempre. La verdad es que parece que los que nos dedicamos a la fotografía documental en sitios desfavorecidos siempre tenemos historias que contar. Prefiero que las mías las cuenten mis imágenes.

Foto: Antonio Aragón Renuncio
Foto: Antonio Aragón Renuncio

Algunos piensan que cuando un fotógrafo está en una zona de conflicto no solo tiene que hacer su trabajo sino que también debe ayudar como sea a solucionar esa problemática. Me viene a la cabeza ahora mismo el caso de Kevin Carter, el niño, el buitre y todo lo que tuvo que soportar el fotógrafo después de hacer una de las fotos más icónicas de los últimos años.

La famosa foto del buitre siempre acaba saliendo en estas conversaciones [ríe]. Yo siempre contesto lo mismo: al final nosotros somos fotógrafos y lo que tenemos que hacer son fotos. Si queremos ser buena gente, nos hacemos santos o médicos o lo que sea. Yo he estado muchísimas veces en África, he visto y vivido situaciones muy complejas, y lógicamente lo que no puedes hacer es llevarte a tu casa a todos los niños con necesidades que te vas encontrando por el camino. Sería imposible.

"Somos fotógrafos y lo que tenemos que hacer son fotos. Si queremos ser buena gente, nos hacemos santos o médicos o lo que sea"

Lo que el gran público no acaba de entender es que gracias a la foto de Carter la comunidad internacional puso sobre el mapa la problemática del hambre en esa parte del globo. La fotografía es un arma muy poderosa, sirve de una forma muy efectiva para mostrar las cosas, para concienciar. Para golpear.

A mí me gusta golpear al público, aunque dicho así suene muy mal. Vemos tantas imágenes duras cada día que parece que estemos saturados, insensibilizados, anestesiados. Cuando vemos una foto como la de Kevin Carter o la de la niña del Napalm u otras muchas más con toda su fuerza, entonces recibimos ese golpe que creo que es fundamental para sacarnos de nuestra comodidad y hacernos reaccionar.

Pero, como te decía antes, el fotógrafo lo que tiene que hacer son buenas fotos que muestren la realidad tal y como es. Y el resto debe sacar sus propias conclusiones. No soy muy amigo de la doble moral: criticar por criticar al mensajero por hacer su trabajo -y muy bien- y luego irnos de copas.

Foto: Antonio Aragón Renuncio

Crees que conserva entonces la fotografía ese poder de conmover a la gente.

Creo que sí. Lo que pasa es que hoy en día, con esta democratización tan absoluta que hay de la fotografía, en la que todo el mundo es fotógrafo y todo es imagen, estamos tan bombardeados que quizás ya nos hemos acostumbrado en exceso a las fotos impactantes. En mi caso, que soy un ávido devorador de imágenes, cuando veo una fotografía potente me golpea y me queda grabada para siempre. Ésa debe ser su función principal.

"No soy muy amigo de la doble moral: criticar por criticar al mensajero por hacer su trabajo y luego irnos de copas"

Entonces, ¿el fotoperiodismo nos hace tocar con los pies en el suelo o tiene el efecto contrario y nos aleja cada día más de lo que sucede en el mundo?[/B]

El problema es la anestesia. Cuando te saturan de información es cuando más desinformado estás. Es una máxima de la información y de cómo ejercer control sobre la gente. Si te pongo una única imagen al día te será mucho más fácil de recordar que si te pongo trescientas mil.

Hoy día parece imposible no estar saturado de imágenes.

Creo que el truco es ser selectivo. Como dijo alguien mucho más inteligente que yo, si quieres tener a una sociedad desinformada, libera toda la información para que pueda acceder a ella. Las redes sociales y similares son muy útiles e interesantes si haces buen uso de ellas y no te dejas saturar por ese exceso de cosas vacías. Hay que hacer criba, cada quien la suya dependiendo de sus intereses particulares.

Hoy en día hay tanto al alcance de la mano que es muy difícil seleccionar y al final te quedas con nada. He oído en varios corrillos, incluso de fotógrafos, que hoy en día la fotografía que se hace es muy mala. Yo creo que eso no es verdad. La fotografía que se hace hoy en día es la mejor que se ha hecho nunca; lo que pasa es que el porcentaje de trabajos buenos sigue siendo el mismo, pero hay muchos más de los malos justamente por esa democratización.

La tecnología que tenemos actualmente permite hacer cosas que hace veinte años ni siquiera nos atrevíamos a soñar, especialmente en situaciones con poca luz. Y eso es una verdadera gozada. No debemos renegar de las nuevas tecnologías: son muy útiles.

Foto: Antonio Aragón Renuncio
Foto: Antonio Aragón Renuncio

Nunca antes se habían visto tantas fotos de macarrones, sushi, hamburguesas y demás preparaciones alimenticias.

El problema que existe cuando hay tantas imágenes es que se consume mucho más rápido. Se vuelve más efímero. Lo devoramos todo con gran velocidad y luego no nos acordamos de nada. Hoy en día todo el mundo hace fotos, todo el mundo sube sus imágenes a Internet. Cuando te planteas un trabajo no debes tratar de competir en términos de inmediatez con aquellos que hacen una foto con el móvil y la suben a su Instagram.

"El problema es la anestesia. Cuando te saturan de información es cuando más desinformado estás"

A mí me gusta viajar varias veces al mismo sitio, tomármelo con calma, dedicarle el tiempo necesario y convivir y aprender de la gente a la que fotografío. Tener una experiencia vital, que a la postre es mucho más importante para mí que las propias fotografías. En muchos casos ni siquiera hago fotos. Además, ya todo está hecho y muy bien hecho. No debemos ser tan pretenciosos de querer inventar nada.

Además de fotografiar, también escribes.

Junto letras, más bien. No me ha quedado más remedio que escribir mis propios reportajes dado que viajo solo. Además, disfruto mucho recordando en el negro sobre blanco. Para mí escribir es lo que hacían Kapuscinski y compañía. Eso son palabras mayores.

Foto: Antonio Aragón Renuncio

Para que el mensaje llegue a buen puerto, ¿imagen, letra o una combinación de ambas?

La imagen es más fácil de digerir que el texto para la mayoría, dada su inmediatez. A mí, como siempre me ha gustado mucho la literatura, me apetece que me cuenten las cosas como es debido. Para eso está la letra.

¿Se te ha escapado alguna vez una de esas fotos únicas?

Sí. Todos los días [ríe]. Y es una putada.

¿Cuál es la lección más grande que te ha dado este oficio?

Me ha enseñado muchas cosas. Incluso he descubierto que el mundo éste que nos venden es una gran mentira.

¿Es eso lo que descubre uno viendo el mundo a través del visor?

No solo a través del visor. Cuando empiezas a viajar y conocer otras realidades, te das cuenta de que el concepto de realidad es my ambiguo. No existe una única realidad. Cada quien tiene la suya propia, que depende de sus circunstancias. He aprendido a no juzgar sin conocer.

Lo que nos venden las televisiones no siempre es verdad. Al final descubres -si le pones atención- que todo está dirigido por una cúpula de no se sabe dónde, con sus propios intereses, que rigen nuestro mundo. El resto, nosotros, seguimos a pies juntillas sin protestar.

Foto: Antonio Aragón Renuncio
Foto: Antonio Aragón Renuncio

"He descubierto la capacidad que tiene el ser humano de hacer el mal. Somos, con diferencia, el peor animal de la Creación"

También he descubierto, entre otras cosas, la capacidad que tiene el ser humano de hacer el mal. Somos, con diferencia, el peor animal de la Creación. No hay derecho que existan cosas como las que he visto o fotografiado y que las haya porque a alguien le interesa, las potencia o simplemente por nuestro desdén.

Ése es un resumen de la parte negativa. Luego está la positiva, consecuencia directa de la primera. Aunque haya aprendido a no creer en el ser humano y lo vea como un depredador total, sí es cierto que a veces, donde crece el mal, crece también lo que nos salva. Me he encontrado con comportamientos alucinantes de solidaridad y con mucha gente capaz de hacer el bien para con sus semejantes.

En definitiva, la fotografía me ha servido para descubrir las cosas por mí mismo, sin nadie de por medio que me las cuente a su manera. Y eso es una gozada.

Ya lo dicen algunos que el mundo es como un gran escenario.

Y nosotros somos sus marionetas.

Como dices, parece como si todo lo que pasa hoy en día estuviera decidido de antemano en los despachos y oficinas de los altos mandatarios.

Lo más surrealista de todo es que la gente vive apalancada, como en un sueño. Nadie se plantea nada y muchos se tragan las cosas tal y como se las dan. Pero ese es otro tema y nos estamos alejando de la fotografía.

Foto: Antonio Aragón Renuncio

Pero no hay duda de que últimamente el ser humano parece un poco alocado.

Alocado no. Y últimamente tampoco. Siempre ha sido así, y creo que así seguirá. El ser humano es el mayor hijo de la gran puta que hay sobre la faz de la Tierra.

Aun así, tus proyectos, pese a mostrar situaciones muy duras y con muy poco o ningún futuro, siguen desprendiendo una pequeña brizna de esperanza. Tus fotos tienen algo que invita a creer que eso puede cambiar.

Sí se puede cambiar. Sigo creyendo en ello. De otra forma sería estúpido seguir haciéndolo. Me gusta que mis imágenes tengan luz y color, que sean bonitas en su concepción aunque retraten el sufrimiento ajeno. Por es cierto que intento buscar la belleza en ellas. Por varias razones.

"La fotografía que se hace hoy es la mejor que se ha hecho nunca; lo que pasa es que hay muchos más trabajos malos por la democratización del medio"

En primer lugar, las personas a las que fotografío tienen una realidad tan jodida y complicada que… ¿por qué voy a hacerla aún más jodida y complicada? Intento dulcificar con belleza la situación para tratar de dignificar a sus protagonistas, aunque eso, como es de imaginar, me ha conllevado críticas.

Yo tengo muy claro las fotos que hago, cómo las hago y por qué las hago. Y si gracias a ello se ha conseguido realizar cirugías, ayudar en dispensarios olvidados, llevar a cabo distintos proyectos para ayudar a los más desfavorecidos o simplemente despertar conciencias, para mí está perfecto.

Foto: Antonio Aragón Renuncio
Foto: Antonio Aragón Renuncio

Nunca hay que perder la esperanza.

Es fundamental. Creo que tenemos solución, pero debemos ponernos todos en marcha e ir todos de la mano. Cuando me preguntan sobre la ONGD y nuestros proyectos en África, siempre digo que no creo en las grandes empresas ni en salvar el planeta.

"Las personas a las que fotografío tienen una realidad tan jodida que… ¿por qué voy a hacerla aún más jodida en mis fotos?"

El mundo no tiene solución. No si seguimos en la misma línea de joder por joder al prójimo para tener el poder. Creo en ser feliz y dar felicidad a aquellos que te rodean. Si tú eres feliz, puedes irradiar y contagiar esa felicidad a los que te rodean. Con el tiempo, ese círculo se va haciendo cada vez más grande.

Nosotros, en África, intentamos paliar situaciones muy concretas a gente muy concreta, procurando solucionar ciertas carencias sanitarias para que tengan una vida mejor, más digna. Si todos hiciéramos los mismo, habría muchos menos problemas que solucionar. Por eso sigo creyendo en el ser humano.

Si todos pusiéramos algo de nuestra parte, aunque fuera un mísero euro, quizás las cosas serían muy distintas.

Obviamente. Creo que en nuestro mal llamando primer mundo tenemos muchas más cosas de las que necesitamos. Con todos los recursos de los que disponemos en el planeta podemos alimentar a toda su población. Y sobraría para hacer una aldea global más equitativa. Pero no nos interesa. Existen ricos porque hay otros muchos pobres. Por eso creamos Oasis, para intentar equilibrar la balanza. Además, no hay derecho que exista tanta desigualdad.

Foto: Antonio Aragón Renuncio
Foto: Antonio Aragón Renuncio

Te gusta mucho retratar la mirada de tus sujetos. Pareces querer demostrar que efectivamente los ojos son el espejo del alma.

Nunca me lo había planteado de esa forma. Pero ahora que lo dices, es verdad. Me gusta estar muy cerca; mi forma de trabajar es teniendo una visión directa de aquel a quien fotografío. Disfruto de esa sensación de proximidad con el sujeto. No me apetece robar imágenes con un teleobjetivo. Me interesa sentir su mirada directa, e intento que el espectador que vea mis imágenes sienta lo mismo.

Tus trabajos son intimistas y al mismo tiempo respetuosos.

Procuro formar parte de la situación en la que vive la gente. Intentar sentir lo que ellos sienten, aunque esto es del todo imposible. Si un niño está en una habitación llorando de dolor, por mucho que yo me acerque a él, no voy a sentir su sufrimiento. Aunque, realmente, esos llantos queden en mi cuaderno de bitácora personal para siempre.

¿Qué tienen los niños que transmiten tanto con tan poco?

Su ingenua espontaneidad, creo. Los niños siempre son niños independientemente de su dura realidad. Los niños son capaces de todo, y al no estar manipulados como los adultos, sus reacciones son mucho más puras.

Llevo muchos años fotografiando niños y ancianos. Quizás porque estos dos extremos son los más vulnerables de la sociedad. Siempre he sido muy crítico, muy inconformista, e intento estar siempre del lado de los más desfavorecidos. Es curioso: últimamente estoy volviendo a fotografiar ancianos. Por algo será [ríe].

Foto: Antonio Aragón Renuncio

¿En qué estás trabajando ahora?

Acabo de volver de África con una historia nueva y dos que quería terminar y en las que he estado trabajando en los últimos años. En enero regreso a Nicaragua a editar todo el material y seguir con nuevos proyectos que tengo en mente.

En España parece que últimamente la labor del fotógrafo no tiene mucho valor.

Yo creo que nunca lo ha tenido. En los más de veinte años que llevo en esto siempre hemos estado igual. Somos la hermana pobre. Nunca se ha valorado nuestro trabajo como se merece. No sé exactamente el porqué, pero siempre hemos estado infravalorados, y creo que así seguirá. Esto no tiene solución.

El intrusismo laboral, en ocasiones a golpe de smartphone, no ha ayudado mucho en este sentido. Y los que hacen trabajos gratis, menos aún.

Vender este tipo de trabajos en estos días es muy complicado. El medio como lo conocíamos ya no existe, ha mutado. La democratización de la fotografía actual tampoco ha ayudado mucho. Ahora hay muchas y nuevas plataformas, pero diferentes a las que estábamos acostumbrados. Hay demasiada fotografía y demasiados fotógrafos, pero muy pocas alternativas a publicar cobrando.

"Somos la hermana pobre. Nunca se ha valorado nuestro trabajo como se merece, y creo que así seguirá"

El intrusismo ha generado que te ofrezcan tres duros por una foto y que ahora los editores de los medios primen el negocio de su empresa -no hay que olvidar que los medios son una empresa más- por encima de la calidad y el compromiso.

No hay derecho que a gente que trabaja duro y se juega la vida todos los días en algún punto perdido del planeta para contar lo que allí ocurre le paguen treinta euros por su historia. Ese es un problema de siempre. Nunca se ha valorado como es debido a la fotografía, pese a tener el poder que tiene.

Foto: Antonio Aragón Renuncio
Foto: Antonio Aragón Renuncio

¿Vivimos en un país de prohibiciones y poco reconocimiento a los fotógrafos?

Está claro que sí. Actualmente hay una nueva camada de fotoperiodistas a los que les ha llegado el éxito cuando han trabajado fuera de nuestras fronteras. Esto es una consecuencia de lo que hablábamos anteriormente y de lo infravalorada que ha estado siempre nuestra profesión en este país.

Recientemente Cristina De Middel nos explicaba que mercado sí hay, pero fuera de España.

Sin duda. Además ella ha estado muy acertada y el año pasado fue su año. Su trabajo me parece espectacular. Me alegro mucho de su triunfo. Sí hay mercado fuera, un nuevo mercado, nuevas plataformas. El mundo es my grande y muy pequeño al mismo tiempo.

Cristina encontró su nicho en lo que hace y nosotros debemos encontrar el nuestro dentro del fotoperiodismo y la fotografía documental. Debemos reinventarnos cada día, intentar seguir ofreciendo calidad en nuestro trabajo, siendo fieles a nuestro compromiso vital y no quedándonos en casa dándonos latigazos y protestando por lo mal que estamos.

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