• "No vendemos realidad"
  • "La tecnología de exposición y autofoco de la D4 en la que llevamos años ...
Entrevista
ANTOINE D'AGATA, FOTóGRAFO

"De no haber sido fotógrafo probablemente ya estaría muerto"

1
13
DIC 2011

Antoine D'Agata no deja indiferente. Su trabajo confronta, hiere, fascina. Conversar con él es bucear en el fondo de un enigma y recoger fragmentos de realidades oscuras, voluntariamente ignoradas por todos, que D'Agata se empeña en hacer fluir a través de unas imágenes impregnadas de su propia vida. Tejer el rompecabezas diabólico de su obra tiene un precio. Discípulo de Larry Clark y Nan Goldin y miembro de la agencia Magnum Photos desde 2004, los continuos viajes de ida y vuelta al infierno le hicieron desembarcar en Camboya hace tres años. No fue un viaje más: fue una experiencia demasiado intensa que lo cambió todo.

¿Cómo fue tu encuentro con la fotografía?

Es una historia muy triste y muy bella. Hice un viaje con un amigo enfermo; se estaba muriendo y se fotografiaba para documentar su proceso. Fue algo mágico que me marcó profundamente. Empecé a hacer fotos para mí. Era algo no muy diferente a lo que hago ahora, sólo que más intuitivo e inconsciente.

D'Agata: una vida y una obra fotográfica que conmocionan. | Foto: Marcelo Aurelio

Llevas una vida errática desde la adolescencia y tu mundo gira en torno a las drogas, la prostitución y la violencia que surge de ese entorno. ¿Cómo conviven en tu trabajo la subjetividad y la voluntad documental?

Yo trabajo sobre aspectos muy interiores del ser, cosas como la enfermedad, la muerte, la carne, el cuerpo, el placer, el dolor, la paranoia, la locura. Es un material que ofrece un espacio muy amplio para explorar la oscuridad.

Las personas con las que convivo cada día no quedan al margen de cuestiones económicas y políticas. La violencia de la noche no es una violencia irracional o instintiva: está inscrita en un contexto que tiene razones muy definidas y muy pragmáticas. Es fruto de la violencia socialmente aceptada, a la que estamos acostumbrados: la codicia de los banqueros, la locura de los políticos, la brutalidad de los ejércitos. En el fondo, es una violencia mucho más inaceptable que la de quien roba y mata para conseguir dinero para comprar drogas.

Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)
Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)

No tengo la energía ni la capacidad para analizar e incidir en este tipo de violencia, pero trato de no perder de vista este contexto y lo muestro, aunque de una forma bastante limitada y humilde.

Para mí es esencial ese contexto para poder enmarcar mi trabajo y mostrar la posición de las personas que fotografío dentro de la sociedad y los procesos de exclusión que sufren. Intento no perder de vista esta perspectiva.

¿Qué crees que habrías hecho con tu vida de no haber sido fotógrafo?

Probablemente ya estaría muerto. En realidad, habría hecho lo mismo que he hecho, pero sin la posibilidad de transformarlo en algo con sentido. Tengo tantos amigos que se autodestruyeron, que se fueron por una falta total de perspectiva... Amigos con los mismos vicios, con las mismas experiencias. Para hacer este trabajo necesito entrar y salir, tomar distancia, entender y experimentar.

Estoy viviendo la vida de una forma mucho más intensa que nunca. Aunque me destruye poco a poco, al mismo tiempo estoy construyendo algo: cosas puntuales, frágiles, pequeñas... y eso me da energía, paciencia y fuerza para seguir. Sin esta parte sería sólo un proceso de autodestrucción, porque esta vida cansa el cuerpo y la mente. El trabajo fotográfico me protege del cinismo, de la maldad, del odio... son cosas de las que no puedes deshacerte cuando vives en este proceso de autodestrucción. El objetivo de construir una visión me protege mucho de todo este entorno dañino que poco a poco me contamina y consume.

Tanto a nivel físico como emocional estoy ya muy cansado, y por este motivo estoy revisando y ordenando todo mi trabajo fotográfico. Estoy inmerso en un proceso de edición de todo mi material que espero culminar en una exposición y un libro. Necesito cerrar mi trabajo, y esta necesidad de dar forma a lo que vivo y lo que veo me da fuerza.

Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)

¿Seguirás fotografiando después de cerrar esta etapa?

No quiero cambiar, pero tampoco quiero sentirme preso. Por eso es importante ordenar mi trabajo, cerrar este capítulo con una exposición y un libro para recobrar la libertad completa y poder decidir qué dirección tomo. No puedo seguir haciendo este trabajo; debo liberarme de este peso para ir más lejos.

Hablas de libertad extrema, pero te sientes obligado a dejar un legado y asumes esa responsabilidad hasta el punto de que has dejado de fotografiar para dedicarte plenamente -como dices- a revisar tu trabajo.

Conozco los límites del trabajo, y si no hago el gran esfuerzo de tratar de ordenarlo y estructurarlo, el trabajo no podrá existir, porque no será leído como lo que es.

He vivido mucho durante diez años de mala vida sin fotografía. Cosas muy buenas y también cosas muy malas. Vi morir a amigos... Pero después de un tiempo todo se vuelve aburrido. La fotografía lo hace todo más excitante, me permite vivir más intensamente.

¿Eres consciente de que tu obra es un referente para muchos fotógrafos?

Un fotógrafo necesita algo parecido a una dirección. Se pueden imitar las fotos de alguien, pero a la larga este trabajo no se sostendrá. Cada uno es responsable de sus actos fotográficos, cada uno tiene su responsabilidad: asumir o no asumir, confrontar o no confrontar. Saber de técnica o del mundo del arte puede ser útil, pero es absolutamente secundario.

Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)
Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)

¿Crees que, tras el interés por la estética de tus imágenes, el espectador comprende lo que estás haciendo?

Para mí es esencial el mensaje. Cómo se lee el trabajo es mucho más importante que la estética o la calidad de una imagen. Cuando detecto que el público interpreta de forma errónea una imagen, la elimino. No tiene sentido que imágenes que intentan mostrar conductas violentas o anómalas como la pedofilia sean interpretadas como situaciones vividas en primera persona y entendidas al revés.

Sin embargo, prefiero mostrar el trabajo sin texto y sin clasificación previa de las imágenes, pero comprendo que estructurarlo es un modo de ayudar al público a leerlo. Por eso pienso que la construcción del libro es importante para dar sentido a mi obra y estoy trabajando intensamente en ello.

Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)

Proyectas la imagen de un fotógrafo consagrado, con un gran reconocimiento, respaldado por la agencia Magnum Photos... pero en realidad llevas una vida austera y nómada.

Fue la única manera que encontré para mantenerme en mi camino. Siempre he funcionado así, sin ataduras ni pertenencias: ni casa ni libros ni equipaje ni recuerdos. Nada que me ate. Para mantener todo esto debería aceptar encargos que me limitan y me atan, y eso me hace daño. Renunciar es la única forma de liberarme.

Yo empecé este modo de vida para confrontar mis miedos. Elegí esta vida mucho antes que la fotografía. Pero ahora lo único que tengo son mis fotografías, algo vivo que estaba en continua evolución y ha acabado por pesarme demasiado.

A menudo hablas de confrontar tus miedos. ¿A qué le temes?

Hay varios miedos: a la enfermedad, a la muerte, a la locura. Perder el control mental es el peor de los miedos. A veces tengo miedo de no terminar mi trabajo.

Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)

A pesar de todo ello, conservas una visión periférica del mundo, una perspectiva sorprendentemente lúcida.

Cada uno tiene la misión de confrontarse humanamente; no tiene nada que ver con la fotografía. Todos tenemos esa responsabilidad: desde los intelectuales hasta las putas de la calle. Las putas me dicen que hacemos el mismo trabajo: sexo a cambio de algo. Hasta un jesuita vende algo. Yo hace diez años que vivo del sistema. Renuncio a todo lo que me hace daño y me limita. Podría haber tenido más dinero y éxito, pero nada de esto justifica apartarme de mi camino.

Las putas son profesionales de no darte nada. Son las personas con las que es más difícil comunicarse, las más despreciadas. Te piden mucho antes de darte algo: sexo sin condón, tomar drogas con ellas... Te ponen a prueba.

Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)
Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)

¿Cómo es posible que una prostituta prefiera no usar preservativo?

Las nuevas drogas de síntesis, como las metanfetaminas, te llevan a un estado de abandono total. Las chicas se drogan para poder trabajar; la droga hace que el placer sea lo único que existe, y sacan el condón para sentir más. En Camboya el uso del condón ha desaparecido totalmente, y en Japón empieza a pasar también.

¿Tú asumes ese riesgo?

Conscientemente no, pero cuando vivo estas situaciones con las drogas no lo controlo. Para mí puede ser como un juego, porque estoy lo suficientemente lúcido como para saber qué hago y qué arriesgo. Pero ellas no: están tan cansadas, tan enfermas que necesitan la droga para poder trabajar.

En Ucrania conocí a una chica que había contraído el sida. Yo estaba en un estado de descontrol absoluto, pero ella, a pesar de la droga, conservó suficiente lucidez para impedirme retirar el condón. Hay pocas mujeres así.

Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)

¿Has tratado de salvar a alguna de las prostitutas que has conocido?

Al principio era mucho más naíf y lo intenté varias veces, pero no se puede. Una vez a una chica le dije: "Debes encontrar a un hombre mayor que te cuide." Y ella me dijo: "Lo encontré, eres tú." Supongo que esa sería la única forma de salvarlas.

Una vez salvé a una chica muy joven que conocí en un taller para chicas de la calle. Poco después me enteré de que su madre la había vendido a un prostíbulo. Tenía 16 años. Busqué en todos los prostíbulos hasta que la encontré, la compré para sacarla de allí y ahora está casada con un chico que no se droga. Pero es muy difícil; esto fue sólo un caso aislado.

Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)
Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)

¿Hay diferencia entre tu producción con droga o sin droga?

La droga me lleva al extremo. En Camboya, cuanto más interesante era la situación, menos fotos hacía.

Quizás la fotografía se esté quedando corta...

Es posible. Necesito estar dentro y fuera a la vez, necesito el descontrol, pero recuperar por un momento suficiente lucidez para mirar las cosas desde fuera.

Háblanos de tu relación con las prostitutas. Muchas personas tenemos ideas muy estereotipadas sobre las mujeres o los hombres que venden su cuerpo. Sin embargo, tus palabras y tus imágenes muestran a estas personas con otra luz; en tus fotos hay respeto y mucha ternura.

Cuando la gente me pregunta por mi relación con las prostitutas obviamente lo hace desde la moral y la mentalidad de nuestra sociedad. Pero yo, desde que era adolescente y tuve mis primeras relaciones con prostitutas, he visto las cosas desde ese lado. Es un mundo donde la gente vende su cuerpo, vende su tiempo a cambio de algo. Siempre he pensado que estas personas son mucho más honestas y tienen una posición mucho más clara que la gente normal respecto a lo que venden y el precio al que lo venden.

Al final todo se vende y todos perseguimos algo, pero en nuestra sociedad la posición de las personas suele ser mucho más hipócrita, con las intenciones bien ocultas bajo capas y capas de mentiras y las relaciones mucho más viciadas. En este mundo me pierdo. Pero en la noche se da por hecho que los cuerpos se pueden comprar y vender. El dolor es tan fuerte que todas las capas de protección desaparecen. Es un mundo desnudo donde las amistades, las emociones, la confianza... todo es mucho más agudo. Es un mundo desnudo, y la gente está tan desnuda que se encuentra. Se encuentra para lo mejor y para lo peor. En diez minutos puedes follar, puedes besar o puedes matar.

Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)
Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)

¿Te has arrepentido alguna vez de la vida que elegiste? Tal vez te parezca una pregunta tonta, pero tienes cuatro hijas, has tenido relaciones estables con distintas mujeres y al final le has sido fiel a tu compromiso. ¿Te has arrepentido de ello? Aunque tú no quieres ataduras, probablemente no hay un lazo tan fuerte como tener hijos.

Nunca me he arrepentido, pero es cierto que a veces desearía pasar más tiempo con ellas. También en algún momento he pensado de forma idílica en una vida más confortable, con estabilidad emocional y ternura, pero para llegar a ello debería olvidar y sacrificar muchas cosas que son importantes para mí, negar muchas cosas reales y esenciales, algunas fragilidades muy íntimas y también lo que yo considero mi responsabilidad como ciudadano y ser humano.

En muchas ocasiones habría podido tomar ese camino, pero hacerlo sería traicionarme a mí mismo. Cuando pienso en ello me digo que no puedo traicionarme, que aunque mi modo de vida sea destructivo es esencial para mí. Tendría confort, pero viviría en una mentira y creo que mis hijas se darían perfectamente cuenta de ello y quizás sentirían que no viví la vida que debí haber vivido. En cambio, ahora poco a poco están entendiendo que estoy lejos pero que vivo mi vida, y saben que no lo hago para perderme en el trabajo, el dinero o el poder. Aunque son pequeñas saben que estoy haciendo mi propio camino. Me mandan cartas y poemas y me dicen cosas como que "el camino se hace caminando"...

Y aunque a menudo las extraño, saben que estoy haciendo todo lo que puedo para ser el mejor hombre posible y que he sacrificado muchas cosas, como vivir con ellas. A veces me preocupa no poder dejarles nada a mis niñas, pero al fin y al cabo ellas tienen su vida y yo he de vivir la mía. No es sólo que les pida paciencia y que entiendan que yo tengo mi vida y ellas la suya. Creo y espero que, al final, mi elección sea útil para ellas y les ayude a entender que cada uno debe hacer su propio camino.

Se percibe que tu experiencia en Camboya marca un antes y un después. ¿Qué representó para ti esa vivencia? ¿Por qué ha condicionado tan intensamente tu fotografía?

En Camboya fotografié sólo tres días de los siete meses que estuve allí. No tiene sentido fotográficamente, pero lo que viví fue tan extremo que sólo podría contarlo con palabras.

Durante muchos años he tenido miedo de lo que podía llegar a descubrir, pero a la vez también tenía el deseo de conocer esas experiencias. Antes de ir a Camboya necesitaba saber dónde estaban los límites y hasta dónde podía ir. Pero la experiencia en Camboya lo ha cambiado todo. Ahora tengo miedo; no es un miedo que me paralice, que me acobarde. Son miedos que quiero confrontar, pero ya no es miedo de lo que podría pasar: tengo miedo de lo que vi, miedo de lo que pasó.

Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)
Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)

Viví mucho, sentí muchas cosas, muy intensas y malas a la vez, y esto daña más que el miedo a algo conocido. Creo que fui demasiado lejos; no hay forma de regresar.

Yo no soy capaz de ver si las fotografías que tomé en Camboya son distintas a las que hice en los últimos años, pero estas fotografías son lo que vi, lo que sentí, lo que hice, lo que me hicieron, el dolor, la locura, la violencia, la muerte... Ha sido tan terrible y los experimentos con las nuevas drogas tan extremos, que estoy conmocionado. Y aunque trato de conservar cierta lucidez para seguir, estas heridas ya no se pueden curar. Sé que me ha dañado mucho.

En cambio, ahora pareces más tranquilo.

Ya no tengo la fuerza de hace veinte años, pero en cambio he conseguido cierta serenidad. Aunque no es una serenidad tranquila, me da más distancia con todo aquello que me daña. Quizás es una forma de sabiduría. He vivido tantas cosas, buenas y malas, que sé que no podré ir mucho más allá.

Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)

¿Sientes que has avanzado mucho?

Sí. Aunque no es una buena manera de explorar el mundo, tomé un atajo. Ya no tengo ese miedo de no poder llegar al final. Las imágenes son lo que son, pero aunque jamás vuelva a hacer una fotografía, pase lo que pase, con fotos o sin fotos, este camino que he recorrido tendrá sentido. He hecho todo lo que he podido para dar sentido al camino que escogí. Traté de decir lo que tenía que decir. Ahora sólo me queda seguir caminando. Si lo hago con imágenes o sin ellas, ya no es relevante.

Tus palabras suenan a epitafio...

El fotógrafo debe tomar riesgos para poder avanzar. Es fácil quedarse en esquemas que funcionan; son cómodos, pero impiden avanzar y ser libre. No puedo seguir justificando mi trabajo año tras año. Cuando ya has dicho todo lo que tenías que decir, cuando ya has conseguido entender tu propio proceso, queda vivir las situaciones. Yo creo que estoy en este punto. Ahora siento que lo que me queda es vivir a la altura de mis convicciones.

Etiquetas
Artículos relacionados (1)
Agenda fotográfica
19 / JUN 2013
1
Comentarios
Cargando comentarios