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Entrevista
ÀNGEL GARCíA, FOTOPERIODISTA

"¿De qué me sirven los elogios y los premios si luego me olvido de la gente a la que he fotografiado?"

 
12
MAR 2013

Confiando siempre en el poder de la imagen, Àngel García descubrió en 2007 y a miles de kilómetros de distancia de su casa que efectivamente todavía se pueden cambiar algunas cosas con la ayuda de una cámara fotográfica. QUESABESDE.COM ha hablado con este fotoperiodista barcelonés acerca de sus proyectos en Camboya, del reportaje que está llevando a cabo en una fábrica ocupada por inmigrantes que se dedican al reciclaje -trabajo que, por cierto, alterna con el de camarero- y de su visión sobre los grandes medios de comunicación.

Hay fotografías que han cambiado el curso de la historia. ¿Hubo alguna que cambió la tuya?

Cuando empecé a estudiar en el IEFC [Institut d'Estudis Fotogràfics de Catalunya] uno de los trabajos que nos encargaron fue el de buscar una imagen cualquiera y hacer con ella una prueba vertical y otra horizontal. Por aquel entonces yo no sabía nada ni de fotografía ni de autores. Estaba empezando. Hojeando libros vi una fotografía que me gustó e hice el ejercicio.

Cuando presenté el trabajo en clase, el profesor me preguntó si sabía de quién era la fotografía que yo había seleccionado. Respondí que no y resultó que su autor era Henri Cartier-Bresson. En ella se veía a un niño sonriendo y sujetando un par botellas.

A partir de aquí empecé a documentarme, a mirar imágenes y a descubrir el fotoperiodismo y a autores como Capa, entre muchos otros. Desde pequeño he tenido claro que quería hacer fotografía documental, aunque mirándolo ahora fríamente me arrepiento de haber estado estudiando fotografía, concretamente en un centro.

Foto: Àngel García
Centrado actualmente en un proyecto de larga duración sobre las tareas de reciclaje de un grupo de inmigrantes en una fábrica abandonada, Àngel García alterna su oficio como fotoperiodista con su trabajo de camarero.

En 2007 hiciste un viaje a Camboya que marcó un antes y un después en tu carrera.

En aquella época estaba trabajando en una agencia de moda y era cámara de los informativos de Telecinco. Hacía los directos y trabajaba siete días a la semana por una miseria. Y llegó un día en que dije basta.

Un compañero me habló de Camboya. Siempre me ha interesado mucho la cultura asiática y me pareció que este país era un lugar que debía explorar. Así que pedí un crédito -entonces todavía los daban- para comprar un ordenador, material fotográfico y un billete de ida a Tailandia.

No me propuse volver con un proyecto fotográfico concreto. Para mí era una experiencia. Quería descubrir qué quería hacer con la fotografía; sabía que quería ir por el camino de la fotografía documental, pero no sabía el porqué ni qué quería hacer con ella.

Foto: Àngel García
"Good luck for you every day". | Foto: Àngel García

¿Descubriste con este viaje lo que querías contar con tus fotografías?

Sí. En Tailandia hice unos amigos con los que viajé a Camboya, y uno de ellos, australiano, me dijo que quería volver a hacer de voluntario en el orfanato NACA, en el que ya había estado antes. Decidí irme con él.

Cuando llegamos al lugar recuerdo que doblamos la esquina de la calle del orfanato y mientras la subíamos cerca de 25 niños salieron corriendo hacia nosotros y se nos tiraron a los brazos. Ese momento me cambió la vida. Aquí empezó mi interés para llevar a cabo mi proyecto "Good luck for you every day" sobre el orfanato NACA.

Hablé con Peng Phan, la "mama" del orfanato y la actriz y bailarina más importante de la historia de Camboya, para explicarle que con mis fotografías intentaría conseguirles lo que les hacía falta.

Foto: Àngel García
"Good luck for you every day". | Foto: Àngel García

Esto lo digo porque un día estaba con el traductor camboyano y recuerdo que me dijo -y esto me cambió también- que lo que yo hacía estaba muy bien, pero que cuando me fuera a mi casa aquí las cosas seguirían igual. Entonces me dije que quería trabajar en la fotografía documental para hacer un intercambio con la gente que fotografío. Tú me dejas entrar en tu casa para explicar una historia y a cambio yo intento, con mis imágenes, conseguir la ayuda que tú me pides, no la que yo crea que puedas necesitar.

Cuando uno vuelve a casa lo tiene todo y las felicitaciones por el trabajo hecho siempre son bien recibidas, pero... ¿de qué me sirven los elogios de los amigos o los premios en un concurso de fotografía si me olvido luego de la gente a la que he fotografiado?

¿Dirías entonces que con tus fotos quieres cambiar la vida de la gente?

Cambiarla no, pero sí aportar algo y suplir las necesidades que puedan tener. No quiero quedarme sólo con una foto bonita, quiero ir más allá y establecer un contacto entre las personas. La fotografía documental es para mí una herramienta con la que puedo acercarme a las personas para que me expliquen sus historias. A partir de aquí las imágenes van llegando solas. Una foto la puede hacer cualquiera, pero la confianza que te tiene una persona también queda plasmada en la imagen.

Foto: Àngel García
"Cambodia for Sale". | Foto: Àngel García

¿Para que una historia funcione hay que sumergirse de lleno en ella?

Sí. Yo trabajo en proyectos de larga duración y me meto de lleno en ellos. Si no, no me interesan.

El proyecto "Good luck for your every day" parece más personal que otros que has realizado como "The Family", también en tierras camboyanas y con un tono de denuncia.

"The Family" tiene una relación directa con el trabajo del orfanato, ya que los retratados son los familiares de los niños que viven en el orfanato. Era una manera de explicar que en Camboya hay un nivel de pobreza muy alto y una de las consecuencias que tiene esta pobreza es que muchos padres tienen que llevar a sus hijos a estos centros no porque no tengan comida en sus casas, sino porque no pueden escolarizarlos a todos.

Así pues, las familias eligen a un hijo para que vaya a la escuela y se convierta así en la esperanza de futuro de toda la familia. Las entrevistas que les hice a los niños me sirvieron para darme cuenta de la presión a la que están sometidos, ya que con ochos años ya llevan una carga familiar impresionante.

Foto: Àngel García
"The Family". | Foto: Àngel García

Otro proyecto que hice fue del de "Cambodia for Sale", en el que sigo trabajando. Mi idea era enfocar el tema de la expropiación en Camboya y cómo el gobierno está vendiendo el país de una manera desproporcionada a los surcoreanos.

En el centro de Phnom Penh, la capital, se ha vendido ya una de las zonas más bonitas para la futura construcción de un centro de negocios y diversión. Echaron a más de 30.000 personas y era uno de los últimos sitios con chabolas que quedaba. El problema es que ese trabajo fue muy clandestino. Fui uno de los primeros fotoperiodistas que pudo entrar en esa zona. El gobierno lo tenía todo vigilado para que nadie entrara y lo denunciara, para que nadie viera lo que estaba pasando.

Las personas que vivían allí habían venido del campo y tenían las escrituras de sus casas, de sus propiedades. Eran felices allí y no entendían por qué de repente tenían que irse de sus casas.

Foto: Àngel García
"Cambodia for Sale". | Foto: Àngel García

Después de Camboya te fuiste a cubrir la problemática con los mineros de Asturias y León. Allí nació el proyecto "Santa Bárbara, bendita". ¿Cómo fue aquello?

Cuando volví de Camboya estuve casi dos años parado y los problemas económicos me imposibilitaban seguir con la fotografía. Hacía días que seguía la problemática con los mineros en Asturias y León, y gracias a que me echaron de un trabajo y me finiquitaron pude volver a coger la cámara y pagarme un viaje para ver de cerca lo que estaba sucediendo. Allí estaban todos los compañeros de trabajo: Emilio Morenatti, Raúl Gallego, Eloy Alonso y muchos otros.

Mi idea no era sólo quedarme con los enfrentamientos y los combates. Quería ir un poco más allá y ver qué consecuencias tenía toda esta problemática y por qué estaba sucediendo. Me puse en contacto con una amiga que tiene familia minera y me fui a León. Allí vi la profundidad de todo lo que había sido la minería en los años setenta y ochenta y de cómo la zona ha ido perdiendo poder y habitantes. La situación era dramática. Ver cómo los mineros luchaban contra la policía para defender su trabajo era impresionante. Si realmente todos lucháramos como ellos, cambiarían muchas cosas.

Imagina a un picador que ha trabajado en lo mismo toda la vida. Si sale de la mina, no puede reciclarse. Al mismo tiempo también hay asuntos muy turbios, como el dinero que se ha quemado.

Foto: Àngel García
"Santa Bárbara, bendita". | Foto: Àngel García

Pese a ser un proyecto muy distinto a lo que habías hecho en Camboya, tu estilo sigue siendo el mismo: ir más allá de la simple foto bonita.

Exacto. El hecho de trabajar por libre te da una libertad que no tienes si trabajas para una agencia. Los otros compañeros estuvieron allí el tiempo que eso fue noticia y luego tuvieron que irse. Por el contrario, si vas por tu cuenta tienes libertad para hacer lo que quieras. El lado malo es que lo tienes que pagar todo de tu propio bolsillo. Pero a mí es lo que me gusta: profundizar e investigar.

Todas mis fotografías las acompaño con entrevistas, y es con el contacto con la gente cuando ves lo que está sucediendo. Al mismo tiempo, esto te sirve para no quedarte sólo con los disturbios, por ejemplo, sino que puedes profundizar más en las historias y en por qué suceden.

Cuando empecé a cubrir la problemática de los mineros había mucha gente. En algunos momentos parecía que era mayor el número de fotógrafos y cámaras que el de mineros, y claro, llega un momento en el que te sientes estancado y quieres seguir investigando para ver qué está sucediendo de un modo más individual e intimista. Aunque trabajar al lado de grandes fotógrafos y compartir unos días con ellos tiene un gran valor; como espectador aprendí muchísimo. Pero yo tenía curiosidad para ver qué estaba sucediendo más allá, quería ampliar mi campo de visión.

Foto: Àngel García
"Santa Bárbara, bendita". | Foto: Àngel García

¿La llegada de un fotoperiodista a un lugar de conflicto es una bofetada de realidad o un rayo de esperanza?

Depende del contexto y de las sensaciones de los protagonistas. Por un lado, los mineros nos daban las gracias por estar allí, ya que les estábamos dando una visibilidad a lo que hacían. De hecho, a mí me ha sorprendido mucho en España el nivel de censura que ha habido sobre este tema.

"Esta gente está harta de periodistas que han ido allí un par de días, han hecho sus fotos y se han largado"

Lo único que vi publicado fueron un par de portadas en El País e imágenes manipuladas en el ABC. En cambio a nivel internacional fue una bomba. El vídeo que hizo Raúl Gallego fue muy visto en YouTube en un momento en el que también estaba el conflicto de Libia. Fue vergonzosa la censura que hubo a nivel nacional de algo que afectaba a miles de personas y centenares de familias. Afectaba a comarcas enteras, y se silenció totalmente.

La policía utilizó balas de goma, gases lacrimógenos... Apuntaron a los periodistas, y a algunos compañeros y a mí nos llegaron a tocar. Y eso que íbamos protegidos con petos y cascos.

Por un lado la gente agradece la presencia del fotógrafo, pero por el otro en el proyecto que estoy realizando ahora, "Ca l'Àfrica", y en el que sigo el trabajo de reciclaje que hacen 300 inmigrantes que viven en una fábrica ocupada de Barcelona me encuentro con que esta gente está harta de los fotoperiodistas y ahora no quieren que se les fotografíe. Han utilizado su imagen y han escrito tantas cosas sobre ellos que no quieren saber nada más.

A esta gente no se les ha preguntado si querían que sus fotos salieran publicadas y les han invadido la intimidad. Están hartos de periodistas que han ido allí un par de días, han hecho sus fotos y se han largado. Es otra manera de trabajar; cada uno elige la suya. Y aquí me remonto a lo dicho antes, a eso de que cuando tú te vas de un sitio allí todo sigue igual.

"Santa Bárbara, bendita". | Foto: Àngel García

No todo vale, y a veces habría que preguntarles a los protagonistas si se les quiere dar visibilidad a lo que hacen. Muchos están allí tranquilos y no quieren que se sepa lo que hacen. Hay que tener respeto y no ir por el mundo en plan "uy, mira, africanos inmigrantes; eso es noticia y eso vende". Una publicación podría provocar que al día siguiente vaya una excavadora allí y tire abajo toda la fábrica.

Hay que ir con cuidado cuando tratas con personas. Hay mucha gente que no ha elegido estar allí y no quiere estar allí. A veces es necesario dar visibilidad a las cosas, pero en otras ocasiones los retratados no quedan muy contentos al ver los resultados. Algunas de las personas con las que he hablado de esta fábrica ocupada han visto sus fotos en Facebook y no quieren que sus familias sepan dónde están ni qué están haciendo.

Pero tú continúas trabajando en este proyecto y fotografiando a esta gente.

Sí, por supuesto, pero con la mentalidad de que no sólo hay que pedir, sino que también hay que dar. Con estas personas hemos creado un pequeño fanzine que servirá como altavoz para que expliquen lo que están haciendo. Incluirá una entrevista con su portavoz y un reportaje de todo el proceso de reciclaje que hacen, desde el momento en el que entra la chatarra hasta que sale reciclada.

Aunque en el edificio viven unas 300 personas, cada día pasan por allí unas 800. Es una nave muy grande y hay pequeños puntos en los que se puede encontrar chatarra, ropa, cristal... y la gente se gana la vida así. Hay un movimiento increíble y está todo muy bien organizado y estructurado. Si tú quieres un cigarrillo te lo puedes comprar por 25 céntimos. Si quieres un papel para fumar, también te lo puedes comprar por cinco céntimos.

Hace unos días acompañé a un hombre paquistaní y dimos vueltas durante cinco horas para que pudiera ganarse cinco euros. Con ese sueldo, si quieres comprar un paquete de tabaco, es imposible. Pero si quieres comer un plato caliente, aquí puedes comprarlo por dos euros.

Con este sistema ves que puedes continuar viviendo el día a día. Si no, pensarías que no puedes comer, que trabajas y no sirve para nada y que en el fondo eres una mierda. Pero está montado para que psicológicamente, dentro de las condiciones difíciles en las que estamos viviendo, el día a día sea más ameno.

Son personas que simplemente intentan sobrevivir.

Ellos realmente lo que quieren es un amparo del ayuntamiento, crear una cooperativa, pagar sus impuestos... Ya lo tienen todo estructurado y sólo quieren un espacio para tirar adelante todo el trabajo. Simplemente quieren hacerlo bien. No van de víctimas ni de pobres subsaharianos. Son personas que trabajan y quieren tener derecho a una vivienda y a la sanidad. Si quieren atención médica, tienen que llamar a una ambulancia, porque si van al hospital no les atienden.

Nuestra finalidad es establecer puentes entre Cataluña y otros países, y qué mejores embajadores que estas personas para este trabajo. En este edificio hay gente de muchos países distintos. Quién sabe... quizás en el futuro se podrían abrir negocios en otros países sin tener que gastar miles de euros en embajadas y viajes y comidas absurdas.

Pero claro, si se ayuda a los inmigrantes, se preguntarán que por qué se ayuda a la gente de fuera y no a la de aquí. Pero yo todavía no he visto a ningún catalán pelando cables en esa nave industrial o buscando chatarra. Y estos trabajos son tan dignos como cualquier otro. La labor de limpieza que están haciendo en la ciudad es increíble. Recogen lo que encuentran, lo llevan al edificio y de allí a los grandes chatarreros. Ahora todo el mundo quiere reciclar, y está gente lo está haciendo de verdad.

Si pudiera, haría que un político estuviera una hora buscando chatarra entre contenedores para que se diera cuenta de lo que hace esta gente, para que viera cómo viven estas personas. Quizás así abriría los ojos.

Foto: Àngel García
"Ca l'Àfrica". | Foto: Àngel García

Parece poco probable que un político decida pasar un día en una fábrica así, pero quizás tus fotografías sí consigan llegar a la mesa de su despacho.

Yo creo en la fuerza de la imagen, y esa fuerza quedó demostrada con la fotografía de Eddie Adams [de un general ejecutando a un prisionero del Vietcong en una calle de Saigon en 1968]. Fue una imagen que cambió la mentalidad de Estados Unidos con respecto a la guerra de Vietnam. Creo en el poder de las fotografías, pero es complicado que lleguen a cambiar algo.

¿Por lo difícil que es que lleguen a la persona que ostenta el poder para cambiar las cosas?

Por eso y por la saturación que tenemos de imágenes. Hay una gran insensibilidad actualmente hacia las escenas que la gente ve, pero como ahora muchas personas lo están pasando mal y están viviendo en sus propias carnes situaciones que antes sólo veían en televisión, quizás la fotografía recupere algo de su fuerza.

Pero también estamos en un momento en el que la censura es mayor que nunca. Uno de los últimos trabajos de Samuel Aranda sobre los desahucios tuvo que aparecer primero en The New York Times para que saliera luego en todas las televisiones. ¿Por qué no se publica aquí primero si es algo que está pasando aquí?

"Ahora mismo tenemos en España la mejor hornada de fotoperiodistas de la historia pero no les dan trabajo, no les interesa"

Cuando enseñé mi reportaje sobre la problemática de los mineros a la editora de El País me dijeron que la directiva no lo quería. Les pregunté por qué no querían publicar una realidad que estaba pasando y no me dieron ninguna explicación.

Las mejores imágenes que han salido de Siria son de fotoperiodistas de aquí, pero tienes que ir fuera para poder trabajar y para que te reconozcan. Ahora mismo tenemos la mejor hornada de fotoperiodistas de la historia pero no les dan trabajo, no les interesa. Hay gente con una calidad impresionante pero no hay manera de que trabajen.

Los que están arriba, los directivos, no tienen ni idea de lo que es trabajar en el campo porque no lo han hecho nunca en su vida. Son cuatro que están ahí por intereses políticos, y los editores tienen muy poca libertad para hacer su trabajo.

Parece complicado que un fotoperiodista pueda tirar adelante un proyecto hoy día.

Es imposible. Muchos tienen que pagarse de su propio bolsillo los documentales, pero la gente demanda trabajos de este tipo y quieren saber qué está pasando aquí y más allá de nuestras fronteras, porque cuando llega una exposición como el World Press Photo, el certamen [de fotoperiodismo] más importante, se convierte en todo un éxito. La gente es consciente de que no se nos enseña todo y de que en el siglo XXI sigue habiendo una censura brutal.

¿Cree más el público en lo que ve en Facebook o Twitter que en lo que aparece en la portada de un diario?

Las manipulaciones han sido demasiado flagrantes últimamente. Cuando lo vives desde dentro, con la experiencia que tuve como cámara, decidí que no podía trabajar ni para agencias ni para diarios de noticias. Vi cómo funcionaba una redacción y me di cuenta de que la noticia se había convertido en un producto. Y yo no quería perder el tiempo con esto. Llevo diez años trabajando de fotógrafo y camarero y soy feliz.

Cuando cojo la cámara hago las fotos que yo quiero y no las que quieren ver otros. Quizás no "me publiquen" después, pero mi consciencia está muy tranquila. Estoy haciendo lo que me gusta. Fotografío según mi punto de vista y no el de otros.

Recientemente, la agencia Cordon Press me ha dado una oportunidad con su departamento de fotografía documental. Es una agencia de contenido que ha decidido apostar por los reportajes de actualidad y los fotógrafos jóvenes.

Volviendo al proyecto de la fábrica ocupada, ¿trabajas con un objetivo muy claro en mente o se trata de algo que va evolucionando con el día a día?

Comencé con la idea de hacer un reportaje sobre la gente que va con los carritos cargados de chatarra, y de repente me encontré con esta fábrica. No quise quedarme sólo con la foto y pensé que era una oportunidad única para establecer puentes.

A medida que han ido pasado los días me he ido encontrado con distintas vías que me han llevado por distintos caminos. Uno de ellos es el proyecto del fanzine que comentaba antes, que me parece muy interesante. Es una manera de aproximarse a la gente y de que ellos puedan conectar contigo también. Es también un proyecto suyo. Hay gente que quiere escribir y gente que quiere hacer fotos. Pronto saldrá el primer número y la gente de la fábrica se encargará de repartirlo. También haremos un blog.

El hecho de ir a diario a esta fábrica ha hecho que el proyecto haya ensanchado miras. Hace poco hablé con una persona de la asociación y me preguntó si haría un reportaje sobre los africanos y le dije que no. Me dijo que no tenía por qué quedarme sólo con la parte más difícil y complicada de la vida, que también podía fotografiar y hablar de los africanos que viven aquí y son doctores, abogados... Me pareció muy interesante. Ideas así surgen con el trabajo diario.

Foto: Àngel García
"Ca l'Àfrica". | Foto: Àngel García

¿Han visto ya los inmigrantes de la fábrica que tus intenciones son otras y que pueden confiar en ti?

Sigo trabajando en esa confianza. Llevo poco más de un mes en el proyecto y tengo que explicarles que no todo el mundo trabaja de la misma manera. El intrusismo y la manía de querer publicarlo todo y de que todo esté colgado en Facebook para que te digan lo fantástico que eres están haciendo mucho daño a la profesión.

"El intrusismo y la manía de que todo esté colgado en Facebook para que te digan lo fantástico que eres están haciendo mucho daño a la profesión"

Hay que trabajar con más tranquilidad y esperar pacientemente a que llegue el momento de dar a conocer el proyecto. Lo que importa es la historia y no tanto el nombre de quien la cuenta. Los [operadores de] cámara de vídeo de agencia son anónimos.

La finalidad de un reportaje no es que salga tu nombre. Si cuentas bien la historia, el reconocimiento ya llegará, pero ahora está todo montado para que alguna organización te cuelgue una medalla. Hay que concentrarse en contar la historia. La finalidad del fotoperiodismo es explicar, con fotos y palabras.

Algunos fotógrafos, al igual que los pintores, tienen un estilo reconocible que hace que no sea necesario leer su firma.

Aquí está la diferencia. Cuando miras una pintura, no miras la firma. Estás contemplando el cuadro. Es muy difícil tener un estilo propio y fotografiar de una manera muy concreta, y existe el peligro de caer en los tópicos de ser efectista.

Un buen ejemplo de un buen fotógrafo con estilo propio es Gervasio Sánchez. Es un referente, una persona comprometida y coherente con lo que hace, tarde lo que tarde. Es alguien a quien quieres parecerte. En tus trabajos tienes que ser coherente, tanto en lo que haces como en la forma en la que lo cuentas.

En un proyecto con tantas historias individuales como el de la fábrica ocupada no debe ser fácil centrarse en contar bien la historia principal.

Intento dejarme llevar. No soy de los que planifiquen demasiado ni voy dibujando "storyboards". Un día conoces a alguien; otro día, a otra persona. Intento retratar el día a día de la gente, y aunque conozco ya a varios inmigrantes, no me centro en nadie en concreto. Es un trabajo muy lento y necesita tiempo. Pero es un proceso que me encanta. Me gusta ver la evolución, ver cómo la confianza cada vez es mayor. Incluso me han invitado a comer ya.

Para mí un reportaje así es como la vida misma. Cuando te presentas a alguien por primera vez eres un desconocido, pero con el paso del tiempo te vas abriendo y vas conociendo a la persona. El contacto con la gente no tiene precio y soy consciente de que si no tuviera la cámara, no podría acercarme a estas personas.

Foto: Àngel García
"Ca l'Àfrica". | Foto: Àngel García

Entonces, ¿lo importante en un proyecto así es la experiencia de vivirlo y no su publicación?

Es que en el fondo la publicación son 24 horas. Después ese periódico acaba en el suelo para no ensuciar o se usa para hacer fuego. Con Internet esto ha cambiado un poco, pero es importante poder volver a los sitios en los que has trabajado y fotografiado.

¿Ha pasado a mejor vida la imagen del fotoperiodista intrépido que viaja por el mundo cubriendo noticias para revistas?

Sí. Hay muy poca gente que viva de los encargos ahora mismo. Hay grandes fotógrafos que lo están pasando mal porque no tienen trabajo. Ahora hay que arriesgarse e invertir bien. Tiene que gustarte mucho la fotografía, es algo vocacional.

No es el fotoperiodismo una profesión que ejerces a la espera de conseguir otro trabajo.

O amas la fotografía... o dedícate a otra cosa. Aquí recibes más palos que palmadas en la espalda. Te caes muchas veces y tienes que estar preparado y ser fuerte. Y la fortaleza te la da ese amor por la profesión.

Foto: Àngel García
"Ca l'Àfrica". | Foto: Àngel García

Dar y recibir.

Sin duda. Hay que meterse en la piel de los fotografiados también y pensar qué harías tú si te encontraras en su situación. Muchos han llegado aquí en pateras y se han jugado la vida en ello.

¿Algunas historias te acompañan el resto de la vida?

Sí. Yo llevo trabajando cinco años con los niños de Camboya y algunos que conocí siendo niños ya son ahora adolescentes. Algunos incluso se han casado. Creamos también una productora centrada en la fotografía y los documentales de vídeo para ayudar al orfanato.

Cuando era pequeño quería cambiar el mundo y con la fotografía puedo mostrar mi punto de vista sobre las cosas. Y por qué no, quizás incluso cambiarlas.

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Àngel García
21 / MAY 2009
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