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Con texto fotográfico

"Los partos 'de película' hacen de la mujer una espectadora, del bebé un producto y del médico un protagonista" Ana Álvarez-Errecalde

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Foto: Ana Álvarez-Errecalde
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JUL 2013
Declaraciones obtenidas por Calvin Dexter

Además de fotógrafa y artista videográfica, Ana Álvarez-Errecalde ha sido madre en tres ocasiones. Fue durante su segundo parto cuando decidió autorretratarse y mostrar así la llegada de su hija al mundo. Su intención no era otra que crear un nuevo referente en el imaginario colectivo de los partos. Uno que no fuera ni tan cinematográfico ni tan puro e inmaculado como el que durante años ha dominado en las artes plásticas. Las obras de esta autora argentina afincada en Barcelona han podido verse ya en varios museos, incluido el CCCB de la capital catalana, y han recibido una larga retahíla de premios y reconocimientos.

Ana Álvarez-Errecalde

Hice estos dos autorretratos en febrero de 2005 minutos después del nacimiento de mi hija, en mi casa de Barcelona. En la primera imagen aún no había parido la placenta. Estoy de pie, unida a mi bebé por el cordón umbilical. En la segunda mi niña ya está mamando mientras poco a poco la placenta deja de proveer la sangre que la alimentaba y proveía de oxígeno a ella en el útero. Es una suave transición entre el adentro y el afuera, siempre acunada en mis brazos.

Viví el parto en la intimidad de mi hogar y mi familia, con intensidad y con una lucidez asombrosa. Al nacer mi hija, sentía una energía impresionante, una felicidad indescriptible y la certeza de haber tocado profundamente la esencia trascendental de la existencia.

Estas fotografías tienen el potencial de crear un nuevo referente en el imaginario de la maternidad. Por eso son importantes. Mi generación y las anteriores, llegando como mínimo hasta la generación de mi abuela, crecieron con la idea de que el parto es un 'mal trago' que hay que pasar lo más rápido que se pueda. Las mujeres de las películas normalmente dan a luz acostadas y están débiles, fuera de control, aniñadas, conectadas a instrumental médico como si todas estuviesen enfermas. Siguen las directrices de un marido nervioso o de un médico que les indica cómo respirar o cuándo pujar en un ámbito aséptico y despersonalizado.

La historia del arte tampoco ha creado referentes que resalten el instinto mamífero y la sexualidad de las madres, puesto que mayormente las maternidades en el arte corresponden a un imaginario religioso donde la madre es sacra, limpia, pura. Más tarde la corriente feminista intentó separar el rol de madre de las representaciones del arte contemporáneo.

Mi primer hijo nació en casa en 1999 y luego de parir quedé asombrada de que nadie me hubiese podido transmitir la noción de esa fuerza animal, innata y extrema que surgió en mí durante el tercer estadio del parto.

Hice estas fotografías porque correspondían a una necesidad imperiosa de verlas hechas. Durante ese embarazo, cada vez que me iba a dormir y cerraba los ojos me venía la imagen de estar unida a mi bebé por el cordón umbilical. Esta imagen recurrente era exactamente igual a la que logré en la primera fotografía.

Al hacer las fotos mi intención no fue la de incluirlas en mi trabajo artístico. Ni siquiera sabía si realmente el parto se desencadenaría como para poder realizar esta captura. El hecho de tener estas imágenes tan presentes en mi cabeza durante tanto tiempo fue como un hechizo, y decidí intentar prepararme para tener la posibilidad de hacerlas. Al ver los contactos impresos decidí que debía mostrarlas. Entendí que estas fotos tenían un propósito mucho más universal que el registro íntimo de mi propia experiencia.

Me interesaba dar visibilidad a otro tipo de parto, aquel en el que, como mujer, sí tuve el control hasta el punto de poder fotografiarme. Pensé que al ver estas fotografías otras personas podrían repensarse el concepto de la fragilidad, el dolor y la necesidad de intervención médica indiscriminada y de los mandatos culturales, sociales y religiosos que llevamos impresos en lo más profundo de nuestro ser.

A pesar de haber vivido cuatro partos, sólo podría haber hecho estas fotografías en esa ocasión. Y aunque tenía las imágenes en mi cabeza, nada garantizaba que se concretaran de la misma manera que las había imaginado. Un parto natural no sigue un guión establecido. No siempre terminas pariendo en el lugar que habías pensado.

"Cuando comenzó el parto y le pedí de un grito a mi marido que colgara el fondo, se dio cuenta de que cuando hablaba de realizar un autorretrato no iba de broma"

Por otro lado, todo está más planificado de lo que parece. Compré un fondo blanco con la intención de fotografiarme en él. No parí en él pero caminé hasta él al nacer mi hija, y allí me quedé realizando las fotos y pariendo la placenta con mi niña en brazos. También planifiqué la iluminación que quería, ya que para no molestar a mi niña con fogonazos de luz de flash pedí unos focos de luz continua a un amigo, monté un trípode y decidí el lugar donde montar este improvisado estudio casero.

La dificultad técnica fue conseguir los focos que quería y película de alta sensibilidad para poder parir con poca luz, que es como me imaginaba el parto. La dificultad personal fue convencer a mi marido de que colgara el fondo fotográfico. Me llamaba la atención que dejara pasar los días sin hacerlo. Es el mejor compañero de ruta que podría haber elegido y siempre me ha apoyado en mis decisiones. Cuando comencé el trabajo de parto y pedí de un grito que por favor colgara de una vez el fondo, se dio cuenta de que cuando hablaba de realizar un autorretrato en el parto no iba de broma.

Hemos asociado la sangre a la muerte y a la violencia, no a la vida. Los partos 'de película' suelen mostrar bebés un poquito crecidos, guapos, que no muestran exactamente la vulnerabilidad, fragilidad e incertidumbre a la que nos enfrenta un recién nacido. La llegada al mundo de un bebé abre la puerta misteriosa que conecta la vida con la muerte. Nuestra sociedad elitista no suele dar lugar a reflexionar en el misterio.

Los partos 'de película' suelen hacer de la mujer una espectadora, del bebé un producto y del médico un protagonista. Un parto como el mío cambia totalmente el orden. La madre es protagonista, el bebé es la motivación y el fin por el cual atravesar la experiencia tiene todo el sentido, y el médico -si es que está- o la figura que lo representa -una comadrona, tu marido, etcétera- es un mero espectador que acompaña según la mujer lo necesita. Un parto así es una metáfora en el sentido de que va más allá del acontecimiento para ahondar en cuestiones profundas sobre nuestra concepción de la sociedad, el miedo, la vida?

No siento que sea ésta una escena reivindicativa porque yo no he necesitado reclamar nada. Tuve claro desde un principio que pariría a mis bebés en casa. No vengo de una mala experiencia y no utilizo estas imágenes para reafirmar lo que me fue robado anteriormente, puesto que a mí no se me robó nada.

Sin embargo entiendo que para muchísimas mujeres a las que se ha sometido a cesáreas innecesarias, a partos violentos en los que se les rasuró el pubis, se las mantuvo en postura supina, se les realizaron episiotomías sin información ni consentimiento, se permitió la entrada de cuanto médico residente o personal hospitalario se consideró oportuno sin siquiera pedir permiso... esta imagen puede ser un símbolo de la experiencia de intimidad y respeto que les robaron basados en la inculcación del miedo y el sometimiento institucional. También entiendo que pueda ser reivindicativa para muchos hombres a quienes se ha desinformado o se les excluyó de una experiencia maravillosa como puede ser presenciar la llegada de un hijo.

Estas fotografías las realicé en 2005, pero hasta 2007 no hubo quien quisiera publicarlas y fueron expuestas en salas en contadas ocasiones. En los últimos años ha aumentado el interés en este trabajo, puesto que el sistema sanitario ha llevado al absurdo el porcentaje de partos por cesárea y la falta de de información y ética de muchos ginecólogos y obstetras, entre otros profesionales de la medicina que jamás han visto un parto realmente natural y espontáneo. Y esto ha llevado a muchísimas mujeres a preguntarse hasta qué punto no estaban siendo engañadas.

La difusión masiva de Internet y el impacto de las redes sociales han elevado el debate popular sobre temas que antes los medios, el mundo del arte, la sociología, etcétera, consideraban demasiado elevados o irrelevantes, menospreciando así las verdaderas preocupaciones y necesidades de la gente. Creo que esto mismo pasa con obras de otros excelentes profesionales de la fotografía. Pueden hacer obras maravillosas, pero si no son visionarias u oportunas en el momento en que se muestran, indudablemente no tendrán la capacidad de contribuir a cambiar la percepción de ciertos temas.

Últimamente ha habido personas que cuestionan el hecho de que me haya retratado pariendo. Consideran que el parto se vuelve un espectáculo, aun cuando puede que ellas mismas tengan grabadas sus cesáreas y sus numerosas ecografías y en la sala de partos haya estado medio hospital reunido. Otras sugieren que cualquier interferencia externa puede llegar a interrumpir la impronta y creen que las fotografías son innecesarias. Ambas opiniones me son indiferentes mientras no me enjuicien como madre.

Para mí lo importante es ofrecer un nuevo imaginario maternal que tiene fortaleza, instinto, valentía, responsabilidad, autonomía, poder de decisión, sexualidad adulta y libertad. Si así es como yo viví mi experiencia, esa experiencia también forma parte del concepto de maternidad universal.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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