• "Necesito tener cierta afinidad con las personas a las que retrato"
  • "Ya no tengo interés en mostrar lo que está ocurriendo"
Entrevista
ÁLVARO LAIZ, FOTóGRAFO

"Instagram es como las gominolas: brilla, es bonito y no te deja ningún nutriente válido en el cuerpo"

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Foto: Álvaro Laiz
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ENE 2016

Una imagen debe ser una representación de un compendio de reflexiones y conclusiones a las que uno ha llegado después de asimilar lo que sucede a su alrededor. Así ve la fotografía Álvaro Laiz, cuyos trabajos le han hecho recorrer ya medio mundo. Desde Venezuela hasta la Rusia más oriental y desconocida, pasando por Uganda y Mongolia, este joven autor leonés se interesa siempre por aquellas realidades demasiadas veces olvidadas por los grandes medios. Sus imágenes han aparecido en The New York Times, Forbes y National Geographic, entre otras publicaciones. Con él hablamos largo y tendido sobre su proyecto más místico (del que ya hay un libro en preventa), la evolución de fotografía en los próximos años y el papel de las redes sociales.

Con tu proyecto "The Hunter" viajaste hasta el rincón más oriental de Rusia para contar una historia que parece tenerlo todo: cazadores, tigres, mitos, leyendas… ¿Nos hablas un poco más de esta serie?

El proyecto nace en 2010 cuando descubro la historia de Markov y el tigre. En 1997 el cazador Markov descubrió el rastro de un tigre y decidió seguirlo. Al final dio con el animal; le disparó, pero no lo mató. Los udege, los nativos de la zona, creen que si alguien ataca a un tigre sin razón alguna, el espíritu Amba irá tras él.

Al parecer, aquel día Markov liberó el Amba, el lado oscuro del tigre. Durante tres días el animal dio caza a Markov, y al final lo mató. Investigaciones posteriores sugieren que el tigre planeó todos sus movimientos en una extraña combinación de estrategia e instinto, y lo que es más importante, con un propósito terroríficamente claro: el Amba buscaba venganza.

Álvaro laiz
Foto: Andrea Santolaya

Cuando descubrí esta historia yo me encontraba enfrascado en un proyecto en Venezuela que también versaba sobre el chamanismo y la relación del hombre con la naturaleza. Pero fue algo que se quedó allí esperando, como adormilado, hasta que en 2014 la Fundación Cerezales contactó conmigo para proponerme el desarrollo de un proyecto conjunto.

Hago un primer viaje a la zona, y después de recopilar información y tantear el terreno, decido que tengo que volver durante el invierno, durante la época de caza. Entonces entran la fundación Ideas Tap y Magnum Foundation para apoyar la segunda fase del proyecto. Se ha hecho ya una exposición, habrá otras dos en los próximos meses en Madrid. Es un proyecto que ha tenido capacidad de crecer en formatos muy diversos, algo muy flexible. Está el diario de viaje también, el multimedia, la instalación y ahora el el libro… El proceso de desarrollar esta nueva fase del proyecto está siendo casi tan apasionante como lo fue realizarlo.

¿Qué es lo que te llamó la atención de esta historia?

Siempre me ha fascinado todo lo referente a lugares de frontera e inhóspitos. Los seres humanos estamos acostumbrados a saltarnos las reglas de la naturaleza y salir impunes, pero en la taiga rusa, por ejemplo, hay unas reglas muy estrictas. Así que me interesaba mucho la relación que existe entre los udege, que son la gente que vive allí, y el entorno. No es una relación de igual a igual: es una relación subordinada del hombre respecto a la naturaleza. Un hombre que es consciente de este hecho.

No es muy habitual presenciar algo así, porque el ser humano vive en una especie de burbuja, en las ciudades, y su relación con la naturaleza es como la de un familiar lejano. Pero allí, en la taiga, si la cagas te mueres. Punto. No hay plan B.

Multimedia de "The Hunter", con imágenes de Álvaro Laiz y sonido de José Bautista.

¿Cómo es trabajar en un terreno tan inhóspito? ¿Cómo se funde uno con la naturaleza llevando una cámara en las manos?

Físicamente es exigente, ya que tienes que seguirle el ritmo a un grupo de gente muy acostumbrada a las demandas físicas de la caza o cualquier cosa. Allí todo exige un esfuerzo, ya sea darse un baño o conseguir leña para hacer fuego.

Pero si lo piensas bien, todo es muy sencillo: tienes que hacer lo que hacen ellos. Cuando voy a un sitio en el que las cosas funcionan de otra manera y con otro ritmo, yo me adapto rápidamente. Y en cuanto a lo de fundirse, en realidad nunca llegas a fundirte del todo con el entorno y la gente, pero con el tiempo la gente se acostumbra a tenerte por ahí.

En situaciones así te conviertes en un actor interpretando dos papeles: por un lado tienes que ser uno más del grupo, pero por el otro también tienes que documentar lo que estás viendo desde tu punto de vista.

Por mi forma de ser, que soy muy callado aunque no lo parezca, tiendo a observar mucho. Y lo que me cuesta no es adaptarte al ritmo de otras personas y correr cuando toca correr, sino comprender y convertir en imágenes lo que está pasando a mi alrededor.

"Los seres humanos estamos acostumbrados a saltarnos las reglas de la naturaleza y salir impunes, pero en la taiga, si la cagas, te mueres"

Una cosa es tener claro lo que está ocurriendo, y otra muy distinta es tener claro cómo hay que trasladar eso a una fotografía. Eso es lo que hace que yo me quede más tiempo en un lugar para conocer a la gente a la que fotografío. Es necesario para desarrollar empatía y capacidad de comprensión.

Foto: Álvaro Laiz
Foto: Álvaro Laiz

"The Hunter" habla de personas, pero también de mitos y leyendas. ¿Cómo se fotografía eso?

Es un proyecto que ciertamente tiene una parte mitológica muy fuerte, con el Amba y el lado oscuro del tigre. En un caso así funciona muy bien fotografiar a la contra. Es decir, si quieres reflejar una presencia muy fuerte que no existe en el plano físico entonces buscas lugares o situaciones que sugieran su presencia. Pero en este caso yo me aferré mucho a la historia real de Markov y su viuda. Fueron los pilares de la historia, que luego se fue consolidando con imágenes más sutiles.

"Una cosa es tener claro lo que está ocurriendo, y otra muy distinta es tener claro cómo hay que trasladar eso a una fotografía"

Pero lo bonito de trabajar en un proyecto así es dejarse guiar un poco por el instinto. No hay que estar siempre planificándolo todo al minuto. También es importante descubrir y aprender cosas nuevas. De este proyecto, una de las fotos que más me gustan es la de Kostya reflejado en la ventana de su cabaña. Fue una imagen que salió de forma intuitiva. Simplemente me la encontré y tuve ese subidón de adrenalina cuando la hice. Fue como si todo lo que tenía en la cabeza confluyera de golpe.

Realmente es un proyecto envuelto en un halo de misterio.

Es que estamos hablando de un lugar muy particular. Toda la historia de Markov es extraña, y lo que ocurrió alrededor de aquel hecho también. Se trata de un sitio abierto a que ocurran sucesos peculiares llenos de casualidades inesperadas. No sé si llamarlo realismo mágico, pero sin duda me fui de allí con la sensación de haber hecho un viaje personal exterior e interior.

Foto: Álvaro Laiz
Foto: Álvaro Laiz

¿Te cambió entonces este proyecto a nivel personal y profesional?

Con mis otros dos proyectos, "Wonderland" y "Transmongolian", sí hubo un cambio en mi modo de trabajar. Pero con "The Hunter" tengo la sensación que tanto el proyecto como yo fuimos creciendo al mismo tiempo. Como si fuéramos cogidos de la mano. Ha sido algo muy orgánico, con todas las dificultades que implica hacer una serie así. Pero no sé muy bien cómo definir lo que me ha supuesto como fotógrafo. Tendré que dejar pasar un tiempo.

El proyecto tiene fotos, multimedia, exposiciones, libro… ¿Le has dado ya carpetazo o vas a seguir con él en los próximos años?

La idea es proseguir con él en el norte de Siberia y profundizar en la gran migración no solamente humana sino cultural que se produce al final de la última glaciación. Occidente, entendido de forma amplia, ha sido un lugar domesticado por los cultivos desde hace miles de años en el que se veneran una serie de conceptos relacionados como la regeneración o la resurrección. Hace aproximadamente 20.000 años en Siberia se genera una primera forma de pensamiento animista debido a las peculiaridades de sus condiciones de vida, que posteriormente se exportaría a través de la gran migración desde Norteamérica hasta Sudamérica.

Todas estas culturas tienen en común el hecho de que evolucionan en entornos muy hostiles en los que la muerte puede llegar de formas muy distintas y del modo más aleatorio. Racionalizar todo esto y ser capaz de sobrevivir al estrés mental que esto supone ha generado una serie de cultos y una forma de pensar muy particulares.

Foto: Álvaro Laiz
Foto: Álvaro Laiz

Con "Wonderland" y "Transmongolian" hablas del género sexual y de la lucha interior y exterior de un pueblo a punto de desaparecer y de transexuales que deben huir de su país. Con "The Hunter" hablas de la lucha del ser humano contra la naturaleza en un rincón olvidado del mundo. ¿Por qué nos gusta tanto saber de estas historias?

Creo que tienen un atractivo especial porque nos recuerdan lo que fuimos. No son historias de pasados remotos. Cuando una persona ve las pinturas rupestres en una cueva por primera vez, la primera reacción es de asombro y luego tiene la sensación de estar viendo algo familiar. Es algo que te toca fibras internas que no llegas a identificar.

Pinturas en cuevas, imágenes que se crearon hace miles de años… Con todo lo que ha llovido desde entonces, es sorprendente que la imagen siga siendo tan importante en nuestras vidas.

Yo creo que lo primero es la imagen. La palabra viene después. Y en una sociedad como en la que vivimos ahora, donde la velocidad lo es todo, si yo tengo que explicarte un concepto necesito diez minutos pero con una imagen te lo puedo transmitir de inmediato. Solo la música tiene un poder tan potente como la fotografía a nivel de transmisión de emociones.

Creo que estamos viviendo un momento muy apasionante y aterrador al mismo tiempo. La difusión de conceptos e ideas es más rápida que nunca y la acumulación de información es brutal, pero por otra parte los medios de comunicación están prestando muy poca atención a los creadores. Muchos nos hemos visto abocados sin pretenderlo a convertirnos en autores para sobrevivir.

"Solo la música tiene un poder tan potente como la fotografía para transmitir emociones"

Produces un tema, lo haces, lo distribuyes y te encargas de cobrar las facturas. Eres como una empresa en ti mismo. Esto implica que has dejado atrás la seguridad de formar parte de un entramado mayor, pero también que tu cometido deja de ser únicamente parcial para convertirte en el completo responsable de una obra acabada y lista para distribuirse.

Foto: Álvaro Laiz
Foto: Álvaro Laiz

Tienes libertad creativa pero también cierta inseguridad laboral. Habría que encontrar un equilibrio entre esos conceptos.

Lógicamente, si nos dan a elegir, es mucho más cómodo vivir con alguien que te respalde, pero no deja de ser cierto que el hambre te da ideas. Es un equilibrio complicado. Si tienes estabilidad, no estás exprimiéndote del todo. La estabilidad lo que te da es comodidad, y la comodidad lo que te da es un culo gordo.

El otro extremo de la balanza sería vivir en una situación tan precaria que no tienes medios ni para desarrollar un proyecto. El problema es que mucha gente está dispuesta a pagar por entretenimiento pero no por información.

¿Pagar por entretenimiento? Puede que sí, pero los niveles de piratería en España suelen ser bastante altos. Muchos están convencidos de que el arte, en cualquier forma, es gratis.

Eso viene dado por la dinámica en la que evolucionó Internet. Al principio todo lo que había allí era gratis, pero ahora se han parcelado las cosas. Ahora hay servicios como Spotify, iTunes y Netflix, y muchos están dispuestos a pagar no tanto por el contenido sino por el editor de contenidos.

"El problema es que mucha gente está dispuesta a pagar por entretenimiento pero no por información"

Es decir, servicios como los mencionados lo que ofrecen es ahorrarte las tres horas que vas a pasarte buscando una película. Con ellos lo único que tienes que hacer es sentarte en el sofá y darle al botón de reproducir. Nos facilitan el consumo. Y el mundo de la fotografía tiene que hacer un ejercicio para poder vislumbrar por dónde irán los tiros.

Un día un amigo me dijo que el mundo del arte no es para todo el mundo. No estoy del todo de acuerdo con esta afirmación porque puede pecar de elitista, pero es cierto que el mundo de la fotografía, que es el que conozco, parece que tiene un número de apoyo social muy grande pero un número de consumidores bastante reducido. Yo puedo emocionarme con la banda sonora de John Williams y otro alucinará con un concierto de El Barrio.

Foto: Álvaro Laiz
Foto: Álvaro Laiz

Unos disfrutan con la comida rápida mientras que otros necesitan ir al Celler de Can Roca o al DiverXO para ser felices.

Buen ejemplo. No todo el mundo está dispuesto a pagar lo que vale la cocina del DiverXO, de Ferran Adrià o del Celler de Can Roca. Estamos hablando de un público restringido, y sería un error pensar que estos sitios son para todo el mundo. Internet se ha llenado de nichos. Según como seas, vistas o te peines, hay algo para ti.

Las redes sociales escupen imágenes a una velocidad rabiosa. ¿Qué es lo que hace que nos paremos en una foto en particular para mirarla con mayor detenimiento?

Instagram es como el equivalente a las gominolas: es algo que brilla, bonito y que no te deja ningún nutriente válido en el cuerpo. Es cierto que hay en Instagram gente que hace cosas muy chulas, pero es que en el fondo da igual la herramienta con la que uno trabaje: a mí lo que me interesa es la historia que se cuenta.

"No acabo de entender la gente que tiene que fotografiarlo todo. Yo prefiero comer que hacerle fotos a los platos"

Cuando hablamos de un conjunto enorme de fotos sueltas con etiquetas, al final todo se convierte en un caleidoscopio esquizofrénico sobre la intimidad y la forma de representarse de la gente. Y no hablamos de una representación sincera sino de la forma en la que quieres que la gente te vea. Pero es cierto que el móvil te da un aire de verosimilitud. Como es una herramienta de uso cotidiano, parece que no hay lugar para la mentira.

La fotografía está tomando dos caminos: entendida como una herramienta al servicio de la comprensión y al servicio de la representación. Y eso no tiene nada que ver con el medio que se escoja, aunque es en las redes sociales donde es más palpable esta diferencia. No acabo de entender la gente que tiene que fotografiarlo todo. Yo prefiero comer que hacerle fotos a los platos.

Foto: Álvaro Laiz
Foto: Álvaro Laiz

Lo de las fotos de comida en Instagram es un fenómeno difícil de explicar. Yo mismo he hecho decenas de fotos de comida sin pensar muy bien por qué las hacía. Imagino que debe estar relacionado con esa necesidad de almacenar recuerdos que tenemos los humanos: de la gente que hemos conocido, los lugares que hemos visitado, los platos que hemos degustado…

Creo que es más un tema de estatus que de transmisión de conocimientos sobre gastronomía. Las redes sociales funcionan mucho como generadores de estatus. Si tu te metes en la red social de alguien y ves que todo el día está comiendo en buenos restaurantes, esquiando o conduciendo un Ferrari, pensarás que esa persona vive bien, aunque quizás sea todo mentira. Muchas veces lo único que se busca es conseguir un me gusta. Es todo lo contrario en lo que yo creo.

"A mí lo que me gusta de una foto es que sea el producto de una reflexión previa"

No digo que todo el mundo que está en Instagram haga esto, pero sí hay un componente muy alto de postureo. Y me parece muy aburrido. Prefiero quedar con alguien para tomarnos unas cañas que no estar toda la puta noche haciendo fotos de las cervezas que me bebo para gente que no conozco de nada me dé un like.

Pero no deja de ser cierto que todavía somos muy jóvenes en esto de las redes sociales. La gente se puede clasificar fácilmente por las fotos que sube en Instagram, y en el fondo lo que hacemos es repetir y perpetuar los clichés de imágenes una y otra vez. Y a mí lo que me gusta de una foto es que sea el producto de una reflexión previa, no una simple repetición en otro sitio de una foto que ya he hecho antes. Una imagen es como un compendio de unas conclusiones a las que has llegado.

Una de las cosas buenas que han generado las redes sociales fotográficas es que ahora hay chavales que se apasionan por este arte. Yo cuando tenía doce años lo más creativo que hacía era jugar al "Pro Evolution Soccer".

Foto: Álvaro Laiz
Foto: Álvaro Laiz

Yo siempre he sido más de "Call of Duty", "Halo" y las aventuras gráficas de LucasArts. Pero volviendo al tema de Instagram, unos días atrás publicamos la historia de una artista argentina, Amalia Ulman, que se inventó una identidad y estuvo meses publicando fotos en esa red social y en Facebook de una vida que no existía para ver cómo reaccionaban sus seguidores, que llegaron a ser más de 70.000. Un experimento bastante interesante.

Los nuevos medios te dan nuevas formas y espacios para contar historias. Lo que ha hecho esta chica con un móvil, engañar a miles de usuarios, antes hubiera sido un documental. Eso me parece brutal. La parte mala es que se genera mucho ruido con las redes sociales, pero por otra parte también dan la posibilidad a mucha gente de dedicarse a estas cosas.

Yo, si hubiera nacido 40 años antes, probablemente me habría dedicado a otra cosa. Si antes no tenías los medios o el respaldo de un medio grande, no podías hacer nada.

Muchos pintores han podido dedicar su vida al arte por los mecenas que tenían.

Claro.

Foto: Álvaro Laiz

Si Robert Capa, Picasso o Van Gogh estuvieran vivos y en activo en la actualidad… ¿Qué harían?

Hablas de personajes muy hijos de sus tiempos. El Capa de hoy en día quizás se parecería más a Tim Hetherington que al Capa que todos conocemos. Picasso probablemente se hubiera subido a una torre para tirarse luego al vacío y hubiera vendido la performance al MoMA por 100 millones de euros.

"Hay una nueva forma de ver y entender la fotografía, que ya no es tanto un registro sino una opinión expresada a lo largo de 20 o 30 imágenes"

Pero lo dicho: hablamos de gente que son lo que son porque fueron hijos de sus tiempos y elevaron esa categoría a iconos. En el caso de Capa, además, terminó sus días de una forma dramática. Como Hetherington. Pero fíjate que todo se reduce a lo mismo de siempre: intentar expandir las fronteras de la narrativa en el campo que sea. Fotografía, pintura, vídeo…

Las cámaras, Photoshop o los pinceles son simples herramientas. Ni con el mejor pincel del mundo yo sería capaz de pintar como Rembrandt.

Lo más interesante es que estamos viviendo una revolución similar a la que se vivió con el cubismo y otros movimientos. Es una nueva forma de ver y entender la fotografía, que ya no es tanto un registro sino una opinión expresada a lo largo de 20 o 30 imágenes.

¿Cómo se va a consumir la fotografía en el futuro? ¿Con realidad virtual?

Pues no lo sé. El otro día un amigo me comentaba que la producción de vinilos es la misma ahora que la que había hace 30 años. La experiencia emocional que te da un objeto físico no te la da el soporte digital. Yo he leído muchos libros en el iPad pero no me acuerdo de sus títulos. El formato digital ha venido para quedarse, pero coger un libro con las manos… esa sensación, eso no se transmite en el mundo virtual.

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