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Con texto fotográfico

"Son momentos de tensión y mucha adrenalina" Álvaro Barrientos

 
Foto: Álvaro Barrientos (AP)
5
JUL 2012
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Una de las fotos más espectaculares de los últimos sanfermines le valió a Álvaro Barrientos un tercer premio en el concurso Best of Photojournalism de 2008. El de Associated Press, curtido fotoperiodista de estas fiestas y conocedor del riesgo que entraña trabajar en ellas, señala la incontrolable luz y la trepidante velocidad con que se sucede la acción como los principales escollos para obtener imágenes como ésta. La experiencia y el lugar de tiro son la clave para el éxito.

Álvaro Barrientos

Llevo fotografiando los sanfermines ininterrumpidamente desde 1984, y pese a la experiencia son momentos de tensión y mucha adrenalina. Durante los encierros los corredores experimentados recorren tramos de entre 50 y 80 metros, porque a las velocidades que van no les aguantan más las piernas. Nosotros [los fotógrafos] nos colocamos en un sitio fijo y fotografiamos desde ese lugar.

Yo alterno día a día la posición: unas veces en el vallado de estafeta; otras, en un balcón que alquila la agencia. La diferencia más importante de fotografiar desde el balcón es que ganas tiempo: el toro no es en realidad un animal muy alto y casi siempre corre con la cabeza agachada; al ir rodeado de mozos, si estás al nivel de la carrera, tarda dos o tres segundos en llegar a tu posición una vez te das cuenta de que está ahí.

A las cinco de la mañana ya estaba en pie, camino del encierro, como todos los días. Todos estos años trabajando en los sanfermines, amanecer tras amanecer, me han acercado a muchas personas, entre ellas quien me permitió el 9 de julio de 2007 tomar esta foto desde un punto privilegiado del último tramo del encierro: las gateras. Se trata de una vía de escape de 30 centímetros de altura por la cual sólo se accede arrastrándose. Ese año fue el último que se pudo entrar en esa gatera; luego la cerraron. Lo bueno que tiene respecto a la de enfrente es que la inercia de los toros y los corredores en la última curva antes de enfilar la entrada al ruedo les lleva directos hacia ella.

Cuando llegan los mozos y los toros suceden tantas cosas en un instante que apenas hay tiempo para volver la mirada atrás. Había mucha gente. La luz del sol, que a las ocho de la mañana apenas asoma por encima del techo redondo de la plaza de toros y llega a la entrada del ruedo, cambiaba un mínimo de dos diafragmas al pasar la gente. Controlarla era la tarea más complicada. Al ver llegar el toro y caerse el corredor, disparé una ráfaga rápida a 1/800 y f2.8. En total fueron 10 o 12 segundos.

Son momentos de mucha tensión. Ves la angustia de la gente, pero poco puedes hacer. Al caer frente a mí este atrevido corredor del encierro, de un tirón del cuello de la camiseta lo arrastré hasta tenerlo a mi lado. Lo miré y le pregunté si se encontraba bien. Me respondió con malas palabras y de un manotazo se soltó y volvió al ruedo. Yo seguí haciendo otras fotografías hasta que el cohete de las ocho y tanto, el cuarto, nos avisó de que todo había acabado.

Normalmente cuentas los toros que van pasando, pero cuando están cerca el ruido es ensordecedor y es fácil despistarse, así que me pongo los auriculares y a través de la radio tengo más información de cómo va el encierro.

Por muchos años que lleve fotografiando los encierros es inevitable vivir momentos de angustia. Por ejemplo, cuando te colocas en la curva de estafeta y un toro que llega embiste el vallado en el que estás subido y se pone a dos patas. Ahí el animal puede poner su cabeza frente a la tuya? ¡y eso impresiona!

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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