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OpiniónEnfoque diferencial

Alta definición

 
28
ABR 2008

Hace unos días realicé unas fotos de una actriz en un evento cinematográfico y le propuse "vendérselas" a cambio de un posado exclusivo. No eran tomas especialmente espectaculares, pero sí es cierto que tenían su gracia. Estaban tomadas con una buena cámara y un muy buen objetivo, en un lugar perfectamente iluminado: había que ser muy torpe para no hacerlo bien.

La actriz se había encaprichado de esas imágenes para su disfrute personal y uso profesional, así que se las regalé y no quise saber más de la historia. Hace un par de días me llamó para darme las gracias. Y ya de paso, me preguntó por el retoque de esas imágenes.

El nivel de resolución y definición de las cámaras empieza a pasar factura a las viejas glorias

¿Retoque? Mas allá de haberlas convertido de RAW a JPEG y de ajustar el balance de blancos, nada de nada. "Pues se me nota demasiado el maquillaje", me dijo. Las fotos, desde su punto de vista, estaban bien, pero se veían los defectillos. Es lo que tiene la alta definición.

En efecto, al analizar esas imágenes con un poco más de tiempo, uno puede detectar ciertas imperfecciones: que el trazo de la línea de los ojos es poco canónico, que la barra de labios no está correctamente aplicada, que hay por ahí alguna espinilla mal disimulada... incluso se ve en la frente el límite a partir del cual nace la base de maquillaje.

Otro daño colateral más a sumar en el mundo digital. Las cámaras de hoy día funcionan tan bien -cuando funcionan-, que hasta los mínimos defectos quedan al descubierto. Un desafortunado maquillaje, una incómoda arruga, una ceja mal depilada. ¿Y es natural ese iris o usas lentillas? Queríamos calidad, ¿cierto? Pues ahí la tenemos.

A nadie sorprende ya el salvaje retoque al que están sometidos los famosos en las revistas

El nivel de resolución y definición de las cámaras digitales -no sólo de fotografía, también de vídeo-, empieza a pasar factura a las viejas glorias. Y en menor medida, también a las glorias menos viejas pero adictas a la benevolencia de Photoshop.

A nadie sorprende ya el salvaje retoque al que están sometidos los posados de los famosos -y sobre todo las famosas- en las revistas. Michelines fuera. Adiós arrugas. Súbeme el pecho. Rebájame las caderas. La ventaja para ellos -y ellas- es que, aunque sabemos que no son del todo reales, las fotos sin retocar que podemos encontrar en las revistas no sacan a la luz sus defectos y los ensalzan en el pedestal del cuerpo diez. Hasta ahora.

Una publicación semanal de la prensa rosa se ceba en esos detalles con una sección propia. Hace cinco años esa sección era casi imposible, no porque las estrellas fueran perfectas, sino porque si se ampliaba una arruga se reventaba la imagen hasta hacerla impublicable.

Una actriz de cine X dijo que la alta definición la empujaba a pasar de nuevo por el quirófano

Hoy es posible hacer un plano entero y casi sacar a página completa una espinilla de la nariz. Ya a principios del pasado año, Jesse Jane, actriz de cine X, dijo que la alta definición la empujaba a pasar de nuevo por el quirófano. Por idénticas razones, Joone, director del mismo gremio, pedía a sus actrices una dieta más sana antes de ponerse frente a la cámara. Vivir para ver.

La alta resolución vista como tamaño de imagen puro y duro, sumada a la gran nitidez que las últimas máquinas digitales están logrando, saca de quicio a más de uno. Hay fotógrafos que se quejan de que los defectos ahora se perciben con mayor facilidad y que los objetivos de toda la vida no rinden bien con las cámaras más recientes.

Ya dijimos hace tiempo que el eslabón más débil había cambiado: de ser el sensor pasó a ser el objetivo. Y la cosa parece que va a peor, llegando incluso a un punto en el que los objetivos de gama profesional -e intachable calidad-, como el 28-70 mm f2.8 de Nikon o el 16-35 mm f2.8 de Canon, tuvieron que ser sustituidos por nuevas versiones para evitar una evolución desproporcionada entre cuerpo y sistema óptico.

Se impone la alta definición, y con ella nuestras buenas fotos son aún más buenas (y nuestros defectos, aún más grandes).

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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