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Mi Alma en la recámara

 

Miquel Dewever-Plana e Isabelle Fougère ponen fotos y texto a “Alma”, un libro que explica el cómo, el quién y el porqué de la violencia marera en Guatemala

6
JUN 2016

Un cementerio atestado de aves carroñeras abre "Alma" a doble página. Muerte. Este es un libro sobre muerte y violencia. En el centro, y sobrevolando el camposanto, un único pájaro se eleva sobre el resto. Es Alma. Alma, que flirtea con la muerte y la esquiva.

Esta fotografía de dimensiones épicas es el mejor prólogo para contar la historia -nada épica- de una joven que entró y salió de una mara en Guatemala, que torturó y mató, que fue golpeada y casi perdió la vida. Publicado en 2012 por Blume, "Alma" combina las fotografías cercanas de Miquel Dewever-Plana -y un par de retratos familiares- con los textos de Isabelle Fougère, que hace hablar en primera persona a los personajes -uno por capítulo- que rodean la vida de la protagonista. Alma es la primera:

"Mi misión.

Primero, los pájaros. Después, los abrazos. Y luego la misión, y ella, a la que tengo que matar. '¡No, imposible!', grita mi náusea. 'Sí, tienes que hacerlo para convertirte en una verdadera marera', le responde mi rencor. Mis ojos buscan ayuda entre los compañeros de escuela violadores. Un hombro sobre el que apoyarme, una mano que me guíe, una fuerza que me doblegue."

Lo que hace de "Alma" una historia apasionante es la valentía de una protagonista que se enfrenta a la verdad para contarla en primera persona

Pertenecer a una clica para administrar la violencia en vez de sufrirla. Así se resumen los motivos últimos que empujan a la violencia a nuestra protagonista (y probablemente a otros muchos jóvenes de Guatemala y Latinoamérica). El resto del capítulo es un rito de iniciación en el que ha de matar. Y después elegir entre una paliza o ser violada. Alma encajó cada golpe sin rechistar.

Su madre, su hermana, su padre muerto cuando ella contaba solo once años, su primer novio, una vieja dependienta a la que Alma extorsionaba en el mercado, el jefe de la clica que la odia y la ama a partes iguales, su primera víctima, una chica que la conoció cuando escapó a Estados Unidos, su actual compañero. Son algunos de los personajes que narran una historia de violencia.

En "Alma" la imagen es más escasa que la palabra, que es más dura. Pero las fotografías de Dewever-Plana son también duras porque muestran a una mujer que ha vuelto del lado más oscuro de la vida, que dejó parte de su alma en su primera víctima. Con una atmósfera a menudo fría, Alma lleva grabado su pasado en la mirada. Por su parte, Fougère utiliza un lenguaje poético, pero no escatima en detalles y la crueldad aflora a raudales en boca de cada personaje.

Pero lo que hace de "Alma" una historia distinta y apasionante, más allá de su fortaleza de mujer en un mundo de hombres y de su arrepentimiento, es la valentía de una protagonista que se enfrenta a la verdad para contarla en primera persona.

Pues "Alma" es más -mucho más- que unas fotos y un texto unidos en un trabajo editorial. En 2013 los autores ganaron el primer premio en la categoría de documental interactivo que otorgaba World Press Photo, con "Alma: una historia de violencia", en el que la propia Alma explica frente a la cámara y sin ambages su vida como marera.

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