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Entrevista
ALFONS RODRíGUEZ, FOTOPERIODISTA

"Si los cascos azules hubiesen defendido a los civiles, hoy no estaríamos hablando de un genocidio"

 
21
SEP 2011

Alfons Rodríguez pertenece a esa generación de fotoperiodistas que han recorrido algunos de los escenarios más sangrientos de nuestro tiempo y han sido testigos de algunas de las mayores atrocidades. Hace poco más de un año viajó a Srebrenica para documentar el 15 aniversario del genocidio perpetrado allí contra el pueblo bosnio. Este trabajo le ha reportado el Premio Godó de Fotoperiodismo, que ayer mismo le fue entregado en su Barcelona natal, además de un Premio Nacional de Reportaje Social y una mención en el Premio Internacional Luis Valtueña. Rodríguez nos habla de aquella intensa experiencia, de sus impresiones sobre el terreno y de la visión que tiene de un contexto bélico en el que él y muchos otros profesionales desarrollan su trabajo.

El 11 de julio de 1995 el ejército serbio asesinó a casi 8.900 personas en Srebrenica, en un imborrable episodio de limpieza étnica y genocidio. ¿Por qué Srebrenica?

Porque era un enclave estratégico entre zonas conquistadas por el ejército serbio, comandado por el general Ratko Mladic, y las zonas que quedaban en el sector bosnio. Además, Srebrenica fue el lugar elegido por el ejército serbio para iniciar la limpieza étnica. Por fortuna, no volvió a suceder nada similar a la matanza de Srebrenica, porque lo que allí sucedió hizo que la comunidad internacional volviera la vista hacia los Balcanes.

¿Cómo es posible que en 1995 tuviera lugar en pleno continente europeo una atrocidad de semejante magnitud?

Lo más grave es que antes de que se produjeran estos terribles hechos algunas voces avisaron del peligro de lo que podía llegar a suceder. En 1993 un grupo de mujeres de Srebrenica pidió a la máxima autoridad de los cascos azules que bajo ningún concepto se marcharan de la ciudad.

Foto: Núria Gras (Quesabesde)
Alfons Rodríguez, en una foto de este pasado invierno.

Antes de la matanza Srebrenica era considerada "zona de seguridad" por las Naciones Unidas...

Sí, y por este motivo a la ciudad llegaban cada día refugiados bosnio-musulmanes. En las inmediaciones de Srebrenica había más de 8.000 refugiados. El teniente coronel holandés Thom Kerremans y sus hombres eran los encargados de velar por la seguridad y la estabilidad de la zona. Sin embargo, el general Ratko Mladic y sus tropas fueron sitiando Srebrenica. Cuando finalmente cerró el cerco sobre la ciudad, Mladic recibió orden directa de Milosevic de perpetrar la matanza. Era el 11 de julio de 1995.

Se dice que Mladic "convenció" a Kerremans de que se marchara de la ciudad degollando un cerdo y amenazándole con hacer lo mismo con él y todos sus hombres si no la abandonaban.

¿Los cascos azules eran la única protección con que contaba la población civil?

Kerremans pidió soporte a la OTAN, pero su actuación fue escasa. Quizás faltaron medios o tiempo, o quizás ganas. En cualquier caso, las fuerzas internacionales dejaron el camino despejado a Mladic para cumplir las órdenes. No estuvieron a la altura de las circunstancias.

Esto me hace pensar en Ruanda...

Sí, y en el Congo también sucedió lo mismo. En la parte trasera del cuartel general de la ONU en Potocari [en Bosnia-Herzegovina] empezaron las matanzas ante los ojos impasibles de las fuerzas de pacificación holandesas.

Pero, ¿cómo es posible que un acto tan sanguinario no saltara a todas las portadas de la prensa internacional?

Fue un conflicto oscuro y caótico del que apenas hubo cobertura por parte de los medios, entre otras cosas porque el gobierno serbio no lo permitió.

¿Qué pasó después y qué destino les esperaba a las mujeres de Srebrenica?

Srebrenica era una ciudad relativamente pequeña a la que habían llegado miles de refugiados. Cuando empezaron las matanzas, unas 15.000 personas huyeron hacia Tuzla, un enclave musulmán. El ejército serbio recibió la orden de perseguirlos y matarlos: en ese camino se produjo una gran matanza. Cada año se recuerda este dramático episodio con una marcha a pie, sólo que en sentido contrario, desde Tuzla. Es un camino lleno de cicatrices: aldeas devastadas, fosas comunes, zonas minadas... Yo realicé esa marcha junto a miles de personas en 2010, a fin de documentar ese aspecto.

Foto: Alfons Rodríguez

El ejército serbio dijo que los musulmanes estaban siendo deportados a otras ciudades como Tuzla, pero en realidad la mayoría fueron asesinados en Srebrenica y sus alrededores. A las mujeres se les perdonó la vida, pero fueron deportadas.

¿En qué momento se inicia la recuperación de los restos de las víctimas?

En 1999, una vez firmados los acuerdos de paz, algunas mujeres empezaron a luchar por recuperar la memoria y los restos de sus familiares con la casi plena certeza de que ya nunca podrían encontrar a sus hermanos, maridos e hijos con vida. Pronto se encontraron las primeras fosas comunes.

La identificación de los cuerpos está resultando compleja y extremadamente lenta porque a las víctimas se las despojaba de toda su documentación antes de ser asesinadas. Tras 16 años, apenas se ha conseguido identificar a la mitad de las personas que fueron asesinadas en Srebrenica. El principal problema es que ha pasado mucho tiempo y los restos que todavía siguen en las fosas se están deteriorando rápidamente, lo que dificulta todavía más su identificación.

Además, el ejército serbio hizo algo especialmente cruel en Srebrenica: un tiempo después de la matanza, abrieron las diferentes fosas comunes y mezclaron los restos para dificultar, aún más si cabe, su identificación posterior.

Resulta difícil creer que en medio de una guerra alguien pueda tener semejante previsión de futuro.

En una guerra no hay nadie que sea inocente: los bosnio-musulmanes también atacaron aldeas, violaron y mataron a mujeres y niños serbios. Pero aquella premeditación sanguinaria sobrepasa cualquier consideración que pueda hacerse de una guerra.

Este tipo de prácticas dentro del marco de un conflicto, ¿quedan amparadas legalmente?

Decir que una guerra puede ser legal es algo muy triste, pero así es. Una guerra puede estar reconocida por la comunidad internacional, puede estar regida por leyes, pero desde luego algo así es innecesario. Innecesario y cruel. Después se ha rectificado y se ha declarado el hecho como un genocidio, un acto de guerra que no es legal. Por eso Ratko Mladic ha sido capturado y detenido. Ahora está en manos del Tribunal Internacional de la Haya desde mayo de 2011. Otra cosa es cómo y cuándo pagará y los motivos reales del porqué Serbia lo ha entregado. Sin duda, por intereses políticos que tienen que ver, y mucho, con la pertenencia de Serbia a la Unión Europea.

¿Cuál fue el escenario que encontraste en Srebrenica cuando llegaste allí, 15 años después la matanza?

Se cumplían 15 años del genocidio y se iba a dar sepultura a unos 775 cuerpos. Era un momento histórico y muy importante para los supervivientes y las familias de las víctimas. El escenario era tremendamente trágico: familias enteras se habían congregado y había mujeres llorando junto a los féretros de sus seres queridos. Después de tantos años, por fin podrían darles sepultura y tendrían un lugar donde llorarles.

Las escenas de dolor que muestran tus fotos en este entierro multitudinario impresionan. Debió ser terriblemente caótico: un entierro de más de 700 cuerpos en un solo día es algo insólito.

Foto: Alfons Rodríguez
Foto: Alfons Rodríguez

En efecto, llegaban los féretros en camiones y se descargaban en el antiguo cuartel general de la SFOR [las fuerzas internacionales de la OTAN destacadas en Bosnia-Herzegovina]. Había unos 300 hombres que descargaban féretros y los iban colocando en filas dentro de esa nave gigantesca. La cadena humana era como una serpiente que se movía lentamente cargando las cajas de madera. Las familias iban entrando para encontrar los restos de sus familiares, que se identificaban mediante un número en el ataúd. De ese triste momento salió la fotografía ganadora del Premio Godó de Fotoperiodismo.

De esa nave se llevaron los féretros al cementerio, y tras los discursos políticos y religiosos, cada familia enterró los restos de sus seres queridos en una tumba excavada en la tierra. Era un momento realmente sobrecogedor: unas 50.000 personas viviendo su dolor en una extensión equivalente a un campo de fútbol.

Foto: Alfons Rodríguez
Foto: Alfons Rodríguez

¿Hubo representación política internacional en el acto?

Sí, cómo no. El embajador americano, el primer ministro francés... todos desplegaron larguísimos discursos en los que no decían más que estupideces, mientras todas esas familias aguantaban bajo el Sol el calor sofocante del mes de julio. Personalmente, lo consideré una falta absoluta de respeto hacia todas esas familias.

¿Cuál crees que es la percepción que tienen las familias de las víctimas y los habitantes de Srebrenica del papel que las fuerzas extranjeras jugaron allí?

Hay personas que, lejos de la resignación, culpan a los políticos de lo sucedido. Durante los entierros pude escuchar a mujeres que, presas del dolor, increpaban a los altos mandatarios diciéndoles que la culpa de lo sucedido era de los políticos de todo el mundo, especialmente de los europeos. Era una situación extraña y violenta. Ellas lo perdieron todo, su vida se fue con sus hijos, y en cambio los políticos seguían allí, inmutables.

Foto: Alfons Rodríguez
Foto: Alfons Rodríguez

Tal vez pecamos de una cierta prepotencia al pensar que podemos arreglar todos los problemas del mundo.

Efectivamente. Tendemos a pensar que podemos arreglarlo todo y que estas cosas sólo suceden en países pobres o menos evolucionados, pero no es así. A pesar de ello, creo que la responsabilidad de las potencias mundiales es como poco intentar evitar estas atrocidades. Y en Srebrenica a Las Naciones Unidas no les ha quedado más remedio que entonar el mea culpa: "Sí, lo sabíamos, podríamos haberlo evitado, pero preferimos mirar hacia otro lado."

Después de los conflictos y las crisis humanitarias que has documentado y de ver la actuación que en ellas ha tenido la ONU, ¿crees que es una organización que cumple realmente la función para la que fue creada?

La ONU es una organización cuyo papel se ha cuestionado en muchas ocasiones, y yo añadiría que lo más cuestionable de la ONU es su brazo militar. En 2008, cuando estuve en la República Democrática del Congo, las fuerzas de pacificación de las Naciones Unidas estaban formadas en su mayoría por soldados indios y paquistaníes, dos países que están en guerra entre sí. No es creíble que en un país como el Congo pueda ejercerse un control con un ejército semejante.

Foto: Alfons Rodríguez

Puede parecer contradictorio que un ejército sea una fuerza de pacificación.

Un ejército existe para dos cosas: matar y morir. En mi opinión, tratar de disfrazar un ejército de ONG es algo completamente absurdo. Lo que yo me pregunto después de haber visto lo que sucede en muchos países en conflicto o con crisis humanitarias es si realmente son necesarios los ejércitos, si las cosas hay que hacerlas así o si podríamos hacerlas de un modo distinto y mejor; dejar que sean las ONG las que hagan este trabajo y gastar todo este enorme presupuesto militar en erradicar el hambre en el mundo y en reeducar a la gente para que en el futuro no se maten entre ellos. Son preguntas con respuestas muy complejas que deberían responder los expertos más con la cabeza que con el corazón. Aunque, sinceramente, no sé si existen esas respuestas.

Yo no estoy a favor ni de las guerras ni de los ejércitos, pero si los cascos azules hubiesen actuado en defensa de los civiles en Srebrenica, si hubiesen protegido a las víctimas, hoy no estaríamos hablando de un genocidio. ¿De qué sirve un soldado armado hasta los dientes y lleno de "lucecitas" y tecnología punta, un soldado universal que tiene un coste astronómico pero que no está autorizado a disparar para proteger al débil?

¿Qué crees que pasaría si la comunidad internacional no interviniese en lugares como el Congo o Srebrenica y quedasen en manos de las ONG que operan allí?

Me gustaría no tener que opinar así, pero creo que pasaría exactamente lo mismo: no habría ninguna diferencia. Pagarían los mismos, los débiles: las mujeres y los niños.

En tu reportaje hay una imagen que llama la atención y que forma parte de las escenas de dolor y recuerdo de Srebrenica: el retrato austero y crudo de una anciana que lleva la pena y el sufrimiento grabados en su rostro. ¿Quién es?

Su nombre es Hajra Catic, la presidenta de Mujeres de Srebrenica, que lleva luchando todos estos años por la memoria de los maridos e hijos muertos, para encontrarlos e identificarlos. Ella se ha convertido en un icono de lo que sucedió en Srebrenica.

La fotografía está hecha en su casa, donde 15 años antes mataron a su marido enfermo. A ella le perdonaron la vida, pero quemaron su establo, con todos los animales que tenían dentro.

Foto: Alfons Rodríguez

El hijo de Hajra trabajaba en la radio local y narró en directo la entrada de las tropas de Mladic en Srebrenica. Finalmente, abandonó el micrófono y trató de huir, pero fue interceptado en un bosque cerca de la ciudad. Su madre nunca supo de su muerte y siguió buscando a su hijo durante años, hasta que un día recibió un envío anónimo desde Suiza. El paquete contenía un mapa que señalaba el lugar exacto donde estaba la fosa común en la que yacía su hijo, junto a otros seis hombres.

Los expertos aseguran que, con toda probabilidad, se trata de un documento auténtico, enviado quizás por alguien que participó en la masacre o fue testigo de ella. El problema es que se trata de una zona minada que todavía no ha podido ser limpiada por falta de presupuesto. Hajra continúa su lucha para hallar los restos de su hijo y sueña con encontrarlos algún día, aunque sea una sola falange de su dedo, y darles sepultura. Estoy convencido de que no descansará hasta que lo consiga.

¿Cuál es la realidad política y social que vive hoy esta ciudad?

Es muy compleja. Tiene una tasa de paro de alrededor del 50%. Srebrenica era una ciudad bosnio-musulmana en un 80% antes del conflicto. Hoy tiene un 80% de población serbia. Los ciudadanos bosnio-musulmanes están discriminados y los pequeños negocios pertenecen casi exclusivamente a ciudadanos serbios.

¿Quiere decir eso que los pocos supervivientes del genocidio conviven hoy con sus verdugos?

Sí, así es. Es una realidad terrible, pero muchos de los que huyeron han regresado hoy a Srebrenica.

Foto: Alfons Rodríguez
Foto: Alfons Rodríguez

¿Y cómo pueden convivir pacíficamente tras la terrible matanza?

Yo te diría que la relación entre serbios y bosnios en Srebrenica no es buena, pero es cierto que hay una parte de la población serbia que rechaza la actuación de su gobierno en la guerra. En Belgrado un grupo de mujeres serbias se unieron para luchar por los derechos y la memoria de los damnificados por la guerra. Se denominan Women in Black y han trabajado estrechamente con la asociación Mujeres de Srebrenica.

¿Dirías que Serbia ha dejado atrás esas diferencias ideológicas y religiosas que hicieron saltar por los aires la frágil unión de Yugoslavia?

No, en absoluto. La sombra del fascismo sigue planeando sobre el pueblo bosnio. Durante las escasas semanas que estuve allí asistí a manifestaciones fascistas en Belgrado en las que los manifestantes siguen exhibiendo las águilas y las cruces gamadas. Pero no hay que tomarlo a la ligera; no es sólo una ideología: hace diez años en este país los ultranacionalistas estaban matando indiscriminadamente.

Durante la manifestación de Belgrado hubo amenazas contra la organización Women in Black y se destinó un destacamento de 100 policías armados para protegerlas.

Foto: Alfons Rodríguez

No estamos hablando de un pequeño grupo de nostálgicos.

En absoluto. Es un grupo de ultraderecha alimentado por algunas autoridades políticas y los partidos radicales de derechas. Un caldo de cultivo muy peligroso que podría detonar en cualquier momento. Aunque, insisto, no todos los serbios son iguales.

Es una paz muy frágil...

En efecto, y esto es sólo una pequeña historia de lo que pasó allí y de lo que pasa actualmente en la antigua Yugoslavia. Creo que debemos desenterrar todas esas historias y delatarlas, que la gente sepa, que las nuevas generaciones conozcan la verdad. Sólo recordando podemos evitar hechos tan terribles como aquellos.

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