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Porfolio

Querido vecino

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Alex Llovet emprende un viaje fotográfico entre el documento social y la exploración antropológica para mostrar lo pequeños que son los universos

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MAY 2016

Tras la montaña del Tibidabo, en Barcelona, se encuentra el barrio Mas Sauró, una pequeña torre de Babel cuyos habitantes son los protagonistas de “Querido vecino”, uno de los proyectos fotográficos más hechizantes de Alex Llovet. Cuenta este fotógrafo que la serie nació como una necesidad emocional: “Quería entender por qué sentía que aquel barrio al que yo había decidido ir a vivir once años atrás era mi lugar en el mundo.”

“Querido vecino” es un viaje en busca de respuestas cuyo hilo conductor son los retratos. En total Llovet hizo 140 fotografías a sus vecinos, a quienes también entrevistó. “¿Qué era lo que me hacía identificarme con aquella gente tan dispar entre sí? ¿Quiénes eran mis vecinos? ¿Cómo habían llegado a parar allí?”, se pregunta Llovet.

“El ser humano es un gran misterio, y creo que un retrato debe respetar ese misterio y plantear preguntas sobre la persona retratada"

Añade el autor que “me guiaba la voluntad de congelar el tiempo en este lugar y mostrar este ejemplo maravilloso de convivencia entre gente con realidades socioeconómicas radicalmente distintas. ¡Mi barrio es reflejo en miniatura de la sociedad catalana!” Lo que empezó como una aventura en busca de una identidad evolucionó hasta convertirse en un documento social y antropológico de notable valor.

“El ser humano es un gran misterio, y creo que un retrato debe respetar ese misterio al tiempo que plantea preguntas sobre la persona retratada, más que intentar explicarla o definirla. Un buen retrato no caduca. Al revés: gana con el paso del tiempo. Además, en este tipo de retratos el espacio, la arquitectura que rodea al retratado tienen mucha importancia y nos dan un montón de información acerca de él, ayudándonos a plantear muchas de esas preguntas.”

“Querido vecino” es un proyecto que respeta las distancias. Se acerca lo suficiente para que podamos conocer a sus protagonistas, pero no adopta nunca una actitud invasora. Nos cuenta Llovet que empezó retratando a las familias que ya conocía, a algunos buenos amigos.

“Poco a poco cada uno de ellos me fue presentando a otros vecinos, y lentamente fui ampliando el círculo. Pero en este barrio también vive gente muy marginal que no se relaciona con nadie, así que hubo casos en los que entablé una relación y no fue hasta al cabo de varios meses, tras haberme ganado su confianza, que les planteé participar en el proyecto.”

Algunos proyectos se gestan en un momento muy concreto y se cierran a los pocos días. Otros, como “Querido vecino”, invitan a volver a ellos pasados unos años. Una y otra vez.

“No tengo intención de volver a retratar a la gente que viva en las mismas casas al cabo de 10, 20 o 30 años”, se apresura a aclarar Llovet. "Sé que podría ser muy interesante, pero yo trabajo por necesidades muy personales, y siento que lo que tenía que aprender con este proyecto ya lo aprendí. No me planteo los proyectos en términos de qué mensaje estoy transmitiendo, sino qué necesidad tengo de explorar este u otro tema y qué me va a aportar a nivel personal y como experiencia.”

Son muchos los soportes y canales de distribución de una serie fotográfica. El libro sigue siendo un objeto reverenciado por todos, y para Llovet es el soporte natural de la fotografía y a menudo la mejor manera de acabar un proyecto y mostrarlo al público.

“Nos acompaña toda la vida y puedes volver a él una y otra vez, cuando quieras y donde quieras. Además, el fotolibro no necesita traducción, así que se mantiene siempre exactamente como el autor lo ha concebido. La lectura es una experiencia íntima y personal que exige del lector una interpretación. No existe lectura pasiva: siempre es subjetiva y creativa.”

Y lo cierto es que “Querido vecino” invita a la reflexión, a una lectura profunda para descubrir todas sus capas, una a una, que forman las historias de un pequeño mundo fácilmente exportable. Una parada en el tiempo para reflexionar, para mirar a los ojos y disfrutar de una de las grandes disciplinas de la fotografía.

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