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Con texto fotográfico

"Aquí las ovejas tienen que soportar temperaturas de hasta 50 grados bajo cero" Alessandro Grassani

 
Foto: Alessandro Grassani
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MAY 2012
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Su empeño por contar historias en las que se entremezclan drama social y problemática medioambiental le valió a Alessandro Grassani el primer premio en el último certamen internacional Luis Valtueña. El aplaudido reportaje que este fotoperiodista italiano hizo en Mongolia refleja la dura realidad que viven los habitantes de zonas rurales, que se ven empujados a emigrar hacia las ciudades. Un fenómeno causado por el cambio climático cada vez más frecuente en el mundo.

Alessandro Grassani

Esta foto es parte de un reportaje sobre las migraciones causadas por el cambio climático que se llama 'Migrantes del medio ambiente, la ultima ilusión'. La última ilusión para esta gente es la esperanza de encontrar una vida mejor en la ciudad después de dejar el campo. Según datos de las Naciones Unidas, en 2008 ya había más gente viviendo en ciudades que en el campo, y esta tendencia irá cada vez a más: en 2050 se prevé que haya 200 millones de refugiados climáticos.

La foto pertenece al primer reportaje de un proyecto más grande en el que he buscado, en diferentes países del mundo, la conexión que existe entre el cambio climático y el crecimiento de las ciudades causado por este tipo de migraciones.

En marzo de 2011 estuve en Mongolia, en Arkhangai, a 500 o 600 kilómetros de Ulán Bator. Fui ahí para fotografiar cómo el cambio climático influye en la vida de los pastores mongoles, que son nómadas y van allá donde más hierba verde hay para sus rebaños. El 'dzud', el característico invierno mongol, es cada vez más duro: dura más, nieva más y cubre los pastos durante más tiempo. Las ovejas, que tienen que soportar temperaturas que pueden llegar a los 50 grados [centígrados] bajo cero, mueren por el frío durante la noche.

Cuando llegué a Ulán Bator fui en un todoterreno con un guía en busca de familias de pastores en medio de la nada. Una noche nos quedamos bloqueados en la nieve y a la mañana siguiente encontramos otro todoterreno de locales que nos rescataron. Con ellos hicimos parte del recorrido, ayudándonos los unos a los otros cuando nos quedábamos atascados en la nieve.

Conocí a una familia que lo había pasado muy mal y decidí hacer el reportaje con ellos. En tres días se les murieron 20 ovejas, y en los últimos tres años habían perdido 1.000 de las 2.000 que tenían. Cuando hago un reportaje que tiene que ver con el sufrimiento de la gente intento hacerles entender que lo hago con respeto por ellos y sufro por sus condiciones, que estoy allí para darles voz. Es muy importante explicarles mi profesión, que consiste en sacar a la luz sus problemas, siempre con respeto.

La familia estaba formada por el marido, la mujer y dos niños. Nos invitaron a estar con ellos porque necesitaban ayuda, y nosotros les prestamos mucha. Estuve tres días viviendo y trabajando con ellos para documentar cómo viven. Dormíamos todos juntos en su cabaña y a veces metían dentro a las ovejas más débiles, porque la temperatura era más alta. A las que estaban peor les obligaban a beber un poco de vodka y esto las reanimaba instantáneamente, aunque el efecto no duraba mucho.

Por la mañana recogían las ovejas muertas, y es cuando hice esta fotografía. La mujer llevaba la oveja a un pequeño cementerio, arrastrándola unos 200 metros. La foto es muy sencilla, y ahí está su fuerza: es muy gráfica, todo es blanco en ella, es muy esencial. Es una foto perfecta para abrir un reportaje a doble página por la posición de ella, un poco a la derecha, y la de la oveja, a la izquierda, de tal modo que el centro de la página no molesta. Durante todo el tiempo que arrastró al animal hice muchas fotos, pero ésta me gusta mucho por el movimiento y el gesto de la mujer y la posición de la cabeza de la oveja.

Trabajar en esas temperaturas es difícil. Iba muy tapado, pero aun así ahí fuera no aguantaba más de 30 minutos o una hora. Lo que sí me sorprendió es el aguante de mi cámara, que nunca se bloqueó. Cada vez que entraba dentro de la tienda empezaba a sudar por la condensación, pero no me dio ningún problema.

Cuando el pastor pierde todas sus ovejas debe emigrar a Ulán Bator, única alternativa para una vida mejor. Pero están acostumbrados a la vida rural, y una vez allí no saben cómo afrontarlo. Van a parar al barrio de chabolas de Gher, montan la tienda que han traído consigo y viven sin ningún tipo de planificación urbana ni electricidad ni agua corriente. Ulán Bator está creciendo de esta forma.

Para este proyecto he buscado los tres motivos principales que empujan al refugiado climático a emigrar a la ciudad: el frío, el agua y la sequía. Siempre con el mismo enfoque: busco primero en el campo los motivos por los cuales debe emigrar, y después al refugiado en la ciudad y su vida en ella. El refugiado climático no tiene nada, no se adapta a la ciudad y además tiene un estatus muy complicado, porque no está reconocido por ninguna ley internacional. No tiene ningún tipo de asistencia legal; sólo algunas ONG le prestan ayuda.

Después de Mongolia estuve en Bangladesh, un país donde las crecidas de las aguas por culpa del cambio climático están anegando zonas rurales y obligando a muchos campesinos a emigrar a Daca. Y en septiembre iré a Kenia a documentar los problemas de sequía.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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