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Con texto fotográfico

"Después de todo, ser nieto no invalidaba ser fotógrafo" Alejandro Kirchuk

 
Foto: Alejandro Kirchuk
9
MAY 2013
Declaraciones obtenidas por Calvin Dexter

Descubrió la fotografía a finales de 2006, cuando apenas contaba con 19 años, y sus trabajos se encaminaron rápidamente hacia el reportaje gráfico. Alejandro Kirchuk, natural de Buenos Aires, aprendió rápido el oficio, y publicaciones como The New York Times, The Guardian y The Sunday Times ya han ilustrado sus páginas con sus fotografías. El pasado año, la historia de los cuidados que su abuelo le dispensó a su abuela, enferma de Alzheimer, le valió un primer premio World Press Photo en la categoría "Daily Life". Actualmente se encuentra inmerso en un proyecto sobre el fútbol y su impacto en la sociedad argentina.

Alejandro Kirchuk

La muerte de mi abuela me paralizó. Me llamó mi madre por teléfono y me dijo que había muerto. Sabía que podía pasar, y en un primer momento simplemente me dejé llevar. Decidí no llevar mi cámara al velorio. Sabía que no quería hacer fotos, pero tenía un poco de miedo de mí mismo y quería estar seguro de que en esos momentos iba a ser tan sólo un nieto.

La noche luego del velorio y previa al entierro dormí muy mal. Mi cabeza estaba disociada en dos partes: el fotógrafo enojado con el nieto. ¿Cómo puede ser que no me permita hacer lo que hago? Y mucho más después de haber fotografiado una historia que yo sentía que era tan trascendente no sólo por lo personal, sino por la historia en sí misma y por lo que ésta representa. Esa noche volvía todo el tiempo al enojo. Entonces decidí que al entierro sí iba a llevar la cámara, porque después de todo, ser nieto no invalidaba ser fotógrafo.

Ya camino al entierro y con la cámara en mis manos me sentía raro. Es paradójico, porque después de casi tres años de fotografiarlos había reflexionado mucho sobre el porqué y para qué fotografiar a mis abuelos, sobre la importancia de la historia, sobre mi rol como nieto y como fotógrafo.

En el cementerio caminé con toda mi familia con la cámara en la mano. En el camino hasta el lugar del entierro y durante la pequeña ceremonia antes de que enterraran el cuerpo hice algunas pocas fotos de mi abuelo despidiendo y llorando a mi abuela. Sentía que era un momento trascendental y sentía la importancia de fotografiarlo, pese a que no tenía muchas ganas de hacer fotos en ese momento.

Cuando volví a mi casa viví una revelación. Y casi que tuvo que ver con el mismo proceso fotográfico, con la revelación que significa ver las imágenes que uno hace. La muerte, que es tan importante y trascendental en una historia atravesada por el Alzheimer, esa muerte y la imagen que la representa, no estaban en esa mañana lluviosa del entierro. A veces pienso que las sensaciones dicen mucho cuando fotografiamos algo. Y esa mañana mi sensación era de incomodidad en el momento de hacer fotos, una sensación rara. Y esas fotos, pese a la trascendencia e importancia del momento, tenían poco que ver con la historia que yo había fotografiado.

Por eso esperé tres meses, hasta el día del cumpleaños de mi abuela, el 15 de octubre. Ahí fuimos con mi abuelo al cementerio. Él fue a llevarle flores a su sepultura. Ahí, otra vez en ese universo íntimo que ellos dos crearon durante tanto tiempo y que yo estuve fotografiando en los últimos años, en la intimidad de ese encuentro entre él y ella. En ese encuentro íntimo hice esta foto, que es tan importante para la historia y para mí.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

Fuentes y más información
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Fausto Podavini
24 / SEP 2015
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