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Foto: Óscar Sánchez Requena (Quesabesde)

Otros 10 tipos de fotógrafo

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JUN 2015

Tras abrir la caja de Pandora con una primera aproximación antropológica al apasionante mundo de la fauna fotográfica, en Quesabesde hemos decidido seguir tirando del hilo para elaborar un retrato más amplio de los distintos ejemplares que forman esta singular especie. Un fiel reflejo de una realidad muy variopinta y fácilmente reconocible. Porque, siendo honestos, ¿quién no conoce o se siente identificado con al menos uno de estos especímenes?

El paisajista

Foto: Óscar Sánchez Requena (Quesabesde)

Ser inofensivo y relajado, el fotógrafo paisajista es amigo inseparable de su trípode y los filtros degradados, a los que suele pasear siempre por el monte como alma en pena a la búsqueda de hermosas composiciones. Es el único que se levanta a las cinco de la madrugada con la ilusión de crear algo bonito, y muchas veces regresa siempre a los mismos sitios. Es normal encontrárselo cerca de ríos o lagos (el agua es su motivo principal) y siempre suele ir solo (cualquiera le espera hasta que haga una foto). Le gusta mucho la lluvia, la niebla, la nieve y cualquier condición adversa que ayude a convertir su foto en un pedazo de foto.

El instagramero

Foto: Óscar Sánchez Requena (Quesabesde)

Espécimen de catalogación muy reciente, el fotógrafo instagramero nace, crece, se reproduce y muere en la red social que le da nombre. Tal es la simbiosis con el ecosistema que lo ha visto crecer, que no entiende la vida sin filtros vintage, contrastes salvajes o desenfoques selectivos contra natura. Les ha puesto Walden y Sierra a sus dos hijos, y se pasa el día #etiquetándolo #todo #hasta #decir #basta. Algunos antropólogos han mostrado su preocupación por esta sintomatología obsesiva, especialmente tras constatar que el fotógrafo instagramero es capaz de sacarle mil fotos a un plato lleno de comida sin pegar un solo bocado. Le alimenta su propio ego, aseguran algunos expertos.

El cuidadoso

Foto: Óscar Sánchez Requena (Quesabesde)

Si bien es lógico tratar el equipo con sumo cuidado (en el fondo una cámara es una delicada herramienta de precisión), ciertos fotógrafos se pasan con las precauciones. Hasta el punto de no usar la cámara ni sacarla de casa por miedo a que le ocurra algo malo. La sensación de angustia derivada de este amor platónico es tal, que aunque su preciado objeto esté sellado a prueba de bombas, prefieren no tener que comprobarlo. La parte positiva de este trastorno obsesivo es que, gracias al fotógrafo cuidadoso, es posible encontrar auténticos chollos de segunda mano que cumplen a rajatabla con la manida promesa del “como nuevo”.

El photoshopero

Foto: Óscar Sánchez Requena (Quesabesde)

Mucho más importante que pensar la foto y hacerla es retocarla para que quede bien guapa. Este es el lema del fotógrafo photoshopero, que se pasa más rato ante el ordenador que detrás de la cámara. Irrecuperable víctima de la posfotografía, el fotógrafo photoshopero entra en trance cuando ve un pincel digital y se mete a retocar en estado de semiinconsciencia y como si no hubiera un mañana incluso aquellas fotos que no lo necesitan. Hasta el punto de destrozarlas.

El automático

Foto: Óscar Sánchez Requena (Quesabesde)

Se tiró diez meses comparando prestaciones de cámaras de varios miles de euros en Quesabesde, rebuscando y remirando detalles súper importantes como la vida útil del obturador o la posibilidad de realizar ahorquillados de la exposición, el balance de blancos y la sensibilidad. Ahora, con la cámara ya en su poder, el fotógrafo automático usa solo un 2% de sus prestaciones. Y por supuesto no tiene ni idea de qué pasa cuando colocas el dial en la posición M (más allá de que todas las fotos salen entonces muy blancas o muy negras). Cabe reconocerle sin embargo iniciativa y espíritu aventurero: ya ha empezado a probar el modo “crepúsculo” y domina como nadie el efecto “piel suave”.

El monocromático

Foto: Óscar Sánchez Requena (Quesabesde)

El fotógrafo monocromático explica que el blanco y negro le permite resaltar la esencia de la imagen y enseñar aquello que realmente importa. ¡Mentira! El fotógrafo monocromático usa el blanco y negro desde el día en que, editando una foto, pasó accidentalmente la imagen a escala de grises y descubrió que lo que antes era un insufrible pastel de colores y zonas quemadas se convertía en una imagen sobria y elegante cuya observación no provocaba heridas en los ojos. Desde ese día se ha mantenido fiel a los grises y ya no los suelta ni para fotografiar el Holi.

El tramposillo

Foto: Óscar Sánchez Requena (Quesabesde)

Es el terror de los jurados de concursos fotográficos y una criatura aparentemente inofensiva que -como los gremlins- se reproduce de forma imparable. El fotógrafo tramposillo le da con alegría al pincel de clonar, y donde antes había una palmera ahora tienes un límpido cielo azul sin molestos elementos que desvíen la atención. Se desvive por ganar premios y recibir agasajos, y en su versión más sofisticada es capaz de usar lobos amaestrados para ganar premios de fotografía de naturaleza (caso real).

El que quiere lo más y mejor

Foto: Óscar Sánchez Requena (Quesabesde)

Ni el hábito hace al monje ni la cámara hace al fotógrafo. Pese a esta evidencia, uno de los especímenes fotográficos más comunes sigue siendo el que quiere –y tiene- lo más y mejor en cámaras, flashes y demás accesorios. Incapaz de aceptar que el vecino saca mejores fotos que él con su cámara de juguete, siente una atracción casi pornográfica por su cámara, que es la que tiene más megapíxeles y dispara las ráfagas más rápidas. Se le suele ver observando de refilón y por encima del hombro a otros fotógrafos mientras agarra su cámara –más grande que las otras, por supuesto- con aire triunfal.

El manitas

Foto: Óscar Sánchez Requena (Quesabesde)

El fotógrafo manitas empezó ya desde muy temprana edad a desmontar y montar con enfermiza obsesión todo lo que le pusieran delante. Su pasión por la fotografía no ha hecho sino agravar esa imperiosa necesidad de reciclar cualquier cosa que encuentre por casa -desde un boli hasta una ensaladera del Ikea- para endosársela a su cámara. Incomprendido por el resto de mortales que suele pagar dinero para obtener a cambio objetos, el fotógrafo manitas puede ser también un friki de la informática capaz de editar sus fotos directamente con comandos de MS-DOS e instalarle Linux a su cámara. Su ídolo es Siqui Sánchez.

El que un día cobró por su trabajo

Foto: Óscar Sánchez Requena (Quesabesde)

Como los duendes, los unicornios o una buena paella en las Ramblas de Barcelona, el fotógrafo que un día cobró por su trabajo es un ser fantástico muy recurrente en los cuentos de hadas y la cola del INEM. Cuenta la leyenda que antes del advenimiento de los megapíxeles y la democratización de la fotografía este espécimen no solo cobraba por sus servicios, sino que incluso podía pagarse la hipoteca con ello. La crisis económica y el fotógrafo cuñao son dos de los factores que se suelen señalar como principales culpables del drástico descenso de los ejemplares con vida de esta singular especie.

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19 / MAY 2015
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