• 10 puntos clave de Android 5.0
  • 10 cámaras de película que se siguen fabricando
Nueve más uno

10 tesoros fotográficos rescatados del olvido

8
Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
28
OCT 2014

No hay una X que señale su ubicación ni llevan enterrados decenas de siglos cual reliquia de Indiana Jones (aunque en algunos casos sí que hay nazis de por medio). Sin embargo, la historia de los tesoros fotográficos desenterrados puede llegar a ser tan rocambolesca que el hallazgo de estas perlas -libres del polvo que las condenó al ostracismo durante años- roza lo fantástico. La maleta mexicana con negativos de Capa, Taro, y Seymour de la Guerra Civil española; un puñado de imágenes de un siglo de antigüedad descubiertas en la Antártida; un retrato del amor platónico de Ana Frank… ¿Cuántos secretos más rescatarán los arqueólogos de la fotografía?

La maleta mexicana

Foto: David Seymour (Magnum Photos / Estate of Chim)

Lo tiene todo para ser el descubrimiento fotográfico más sonado en décadas (hay quien lo ha bautizado ya como el Santo Grial de la fotografía), con una gran historia detrás y más de 4.500 negativos firmados por David Seymour “Chim”, Gerda Taro y Robert Capa que conforman un documento histórico de valor incalculable sobre la Guerra Civil española (y algunos de los cuales aparecen en la imagen de cabecera de este artículo). El hallazgo fue una maleta. Y estuvo perdida durante años.

Capa dejó la maleta al cargo de Imre Weisz, su ayudante en París en 1939, antes de huir ante el avance nazi. También fotógrafo, Weisz relató en una carta de 1975 el destino que siguieron aquellos negativos: “En 1939, cuando los alemanes se acercaban a París, metí todos los negativos de Bob en una mochila y me la llevé en bicicleta a Burdeos para intentar embarcarla a México. Por la calle me encontré con un chileno, y le pedí que llevara mis paquetes de película a su consulado para que no les pasara nada.”

La siguiente pista pone los negativos en manos del general mexicano Francisco Javier Aguilar. El militar fue embajador de su país en la Francia de Vichy y ayudó a muchos españoles a llegar al exilio mexicano. A su muerte, una amiga del general los pasó a su sobrino, el cineasta Benjamín Tarver, quien finalmente los cedió al International Center of Photography (ICP) de Nueva York en 2007, la entidad fundada por el hermano de Capa.

Foto: Robert Capa (Magnum Photos / ICP)

Con todo, parte de las fotografías quedaron en el estudio de París. Algunas de éstas las recuperó el propio Capa y forman parte igualmente del archivo del ICP, y otras se encuentran en posesión del Ministerio del Interior francés, que las conserva en el Archivo Nacional.

Más allá del innegable valor documental de las instantáneas, los 165 carretes ofrecen varias dudas sobre su autoría. Existe por ejemplo la teoría de que Taro y Capa utilizaron respectivamente una cámara de formato medio (6 x 6 centímetros) y otra de paso universal. Con base a los negativos descubiertos se hizo la atribución de la autoría de algunas fotografías, pero siempre quedará la duda de si en algún momento la pareja se intercambió las cámaras.

Más información: historia de la maleta según el ICP | crónica de la exposición en Madrid (2012)

Un museo en la basura

Una de las muchas fotografías rescatadas de la basura por Smethurst. En ella aparece una trinchera con varios cuerpos sin vida de soldados británicos. La imagen fue obtenida seguramente por un soldado alemán. | Foto: Mercury Press & Media Ltd

Las memorias y los objetos de una generación difícilmente sobreviven a la siguiente. Pero Bob Smethurst no creyó que debiera ser así cuando de por medio estaban miles de soldados que pelearon en la Primera Guerra Mundial.

Y es que Smethurst es un exbarrendero del condado inglés de Sussex que durante 36 años se dedicó a salvar fotografías que la gente tiraba a la basura y a conservar las que tenían que ver con la Gran Guerra. En todo este tiempo logró acumular más de 5.000 imágenes que recogen todo tipo de escenas, desde la vida -y el horror- en las trincheras hasta multitud de retratos de jóvenes soldados.

Smethurst, que recopiló la mayoría de este material en las décadas de los 70 y los 80, explicaba a la prensa algunos de los motivos que le llevaron a hacer acopio de semejante colección: “Tenemos familiares que murieron en la Primera y la Segunda Guerra Mundial, y claro, tiene un significado mantener este tipo de recuerdos vivos.”

bob smethurst
Smethurst muestra uno de los tesoros hallados entre la basura. | Foto: Mercury Press & Media Ltd

Smethurst considera que este material debe ser público y expuesto, pero duda de los museos: “El problema es que si se dona a un museo, la mayoría de los objetos no volverán a ser visibles [para el público]. Simplemente acabarán almacenados y olvidados y nadie podrá disfrutar de ellos.”

Smethurst habla de objetos y no solo de fotos porque la colección que ha amasado durante casi cuatro décadas incluye también balas, libretas, cartas y libros, entre otros. También algunas curiosidades, como el hecho de que muchos soldados alemanes se fotografiaban en el frente y enviaban las imágenes como postales, explicando dónde y cómo estaban, mientras que los soldados británicos tenían esta práctica prohibida.

Más información: noticia publicada en el Daily Mail

Los negativos perdidos de Ansel Adams

Foto: Ansel Adams

La controversia que generó este tema hace ya unos cuantos años es digna de un culebrón. La historia arranca con la compra hace ya más de trece años de 65 placas de vidrio con fotografías del parque Yosemite en una venta de garaje en California. Su comprador, un pintor llamado Rick Norsigian, pagó por ellas 45 dólares.

Un tesoro cuya leyenda contribuyen a hacer crecer varios factores: los años -casi diez- que estas placas permanecieron olvidadas bajo una mesa de billar; la autobiografía de Ansel Adams, que revela la existencia de cierto material perdido, y personajes, muchos personajes, alguno de ellos con un pasado algo turbio, además de los escépticos y disconformes herederos de Ansel Adams y una octogenaria que reclama para su abuelo –otro fotógrafo- la legítima autoría de este material.

Será difícil, si no imposible, discernir si las fotografías fueron o no realizadas por el inventor del sistema de zonas. El grupo de expertos contratados por Norsigian, formado por un abogado, un artista, un grafólogo (hay anotaciones en los sobres que se corresponderían con la letra de la mujer de Adams), un forense y hasta un meteorólogo, confirman la autenticidad de un material cuyo valor, según las estimaciones más optimistas, podría alcanzar los 200 millones de dólares.

Norsigian, con una de las placas que compró. | Foto: Rick Norsigian

Del otro lado están el heredero de Adams y el conservador de su legado, que más allá de dudar y negarlo, acusan a Norsigian de fraude. Y ya de paso dan veracidad a una tal Mariam Walton, que dice poseer una copia del fotógrafo Earl Brooks idéntica a una de las placas descubiertas, lo que de ser cierto no demostraría nada acerca de las otras 64.

La única certeza aquí es que un incendio arrasó el laboratorio de Adams en 1937. Se perdieron 5.000 negativos (entre ellos varias placas de vidrio), pero el fotógrafo, a quien no pareció afectar tremendamente aquella pérdida, también logró salvar más de 10.000. En cualquier caso, las 65 placas, algunas con deterioros causados posiblemente por un incendio, contienen fotografías casi idénticas a algunas conocidas instantáneas de Ansel Adams y otras sin gran valor.

Más allá de la disputa sobre la autenticidad de las placas y de los intereses de cada una de las partes, las imágenes son dignas de analizar, sobre todo porque, de pertenecer a Adams, formarían parte de su primera época como fotógrafo.

Más información: página de Norsigian sobre los negativos | análisis en The Huffington Post

El infierno en la tierra

Foto: Yosuke Yamahata

Fat Man explotó sobre el cielo de Nagasaki la mañana del 9 de agosto de 1945 como infame demostración del poder nuclear de Estados Unidos, solo tres días después de que la primera bomba atómica arrasara Hiroshima y para asegurarse una rendición sin condiciones por parte de Japón. Yosuke Yamahata fue el único fotoperiodista que registró la tragedia el día siguiente.

Enviado por las autoridades y tras un penoso viaje en tren, la misma noche alcanzó un puesto de guardia en las afueras de la ciudad nipona. Al día siguiente fotografió un mar de escombros, cenizas, cadáveres y supervivientes, la mayoría de ellos en pésimas condiciones. Un panorama de devastación en 119 fotografías, algunas de las cuales se convirtieron en uno de los documentos gráficos más significativos de la historia del siglo XX.

Un tesoro documental que desapareció debido a la censura. El fotógrafo pudo esconder los negativos, pero descartó varias de las imágenes que obtuvo con una cámara que tenía el obturador estropeado. En un giro inesperado, apareció un álbum que contenía 24 copias inéditas de Yamahata -la mitad provenientes de la cámara defectuosa- que un policía militar estadounidense confiscó a un ciudadano en Osaka al finalizar la Segunda Guerra Mundial. En junio de 2014 las fotografías salieron a subasta en Nueva York, pero el lote no halló comprador.

El fotógrafo nipón describió lo que vio como un infierno sobre la tierra. “La ciudad era diferente a otros lugares que habían sufrido bombardeos: aquí la explosión redujo toda la ciudad a cenizas en un instante”, dijo Yamahata, que murió de cáncer 20 años después del bombardeo.

Más información: noticia publicada en The Independent

Retrato de un país

Foto: Costica Acsinte

Probablemente el nombre de Costica Acsinte no nos diga nada. Tampoco el de Cezar Popescu. Ambos rumanos, el primero fue fotógrafo militar durante la Gran Guerra, y al finalizar la contienda abrió un pequeño estudio en Slobozia, a unos 100 kilómetros de Bucarest, el único en la región durante mucho tiempo. Durante años, ante la cámara de Acsinte posaron infinidad de personas para retratarse con un marcado estilo pictorialista. De su labor se han conservado más de 5.000 fotografías en placas de vidrio y varios centenares de copias, pero en un avanzado estado de deterioro.

El inmenso archivo fue adquirido pocos años después de la muerte del fotógrafo en 1984 por el pequeño museo regional de historia, que un día publicó algunos de esos retratos. Y aquí entra en juego nuestro segundo hombre. El padre de Popescu había trabajado con el hijo de Acsinte y reconoció las fotografías. Cezar Popescu, que decidió cambiar la toga por la cámara, ahora está rescatando el archivo: un larguísimo proceso de restauración -algo rudimentaria-, digitalización, archivado y publicación en Flickr y Facebook.

Popescu, en pleno proceso de restauración de los negativos de Acsinte. | Foto: Cezar Popescu

En el momento de redactar este artículo, el archivo cuenta con 4.423 fotografías. La inmensa mayoría de ellas están visiblemente deterioradas, pero en un porcentaje muy elevado los rostros son perfectamente reconocibles. El valor antropológico e histórico de la labor de ambos fotógrafos es incalculable.

Además, las leyes de origen comunista juegan a favor en este caso: las imágenes no están sujetas a derechos de autor porque la fotografía creativa retiene durante pocos años el copyright. Y como las imágenes pueden circular libremente, será más sencillo que algún pariente pueda reconocer a sus ancestros gracias a este abogado reconvertido en arqueólogo de la imagen.

Más información: artículo publicado en Time | página oficial del Archivo Costica Acsinte

100 años bajo el hielo

Foto: Antarctic Heritage Trust

La Antártida es el continente más inhóspito de la Tierra y fue objetivo de algunas de las más grandes expediciones a principios del pasado siglo, en las que solía viajar un fotógrafo. Aunque menos conocido que sus colegas Roald Amundsen y Robert F. Scott, Ernest Shackleton dirigió varias exploraciones en latitudes australes, entre ellas la Nimrod y la Shackleton-Rowett.

Fue en esta última donde su barco no soportó el envite de una ventisca de nieve y quedó atrapado en la isla de Ross. Todos los aventureros fueron rescatados a excepción de tres (Shackleton entre ellos), y en su huída dejaron un valioso tesoro: 22 negativos expuestos pero sin revelar.

Descubiertos por la Antarctic Heritage Trust de Nueva Zelanda (NZAHT) durante la restauración de una cabaña que usó Scott, los negativos se encontraban pegados entre ellos y fue necesario un meticuloso trabajo de revelado para salvarlos. Las imágenes resultaron ser de una expedición de apoyo a Shackleton realizada entre 1914 y 1917, y aún con signos evidentes de deterioro muestran perfectamente algunos de los expedicionarios, el barco en el que viajaban y los blancos paisajes por los que transitaron.

Más allá del evidente valor documental que encierran estas fotos, conviene tener en cuenta el contexto histórico, las condiciones climáticas en que fueron tomadas y la tecnología de la época. A principios del pasado siglo el pictorialismo era la corriente fotográfica más extendida, paisajes como los que fotografiaron estos aventureros ya suponen una gran evolución.

Más información: comunicado de la NZAHT (formato PDF) | fotos halladas por la NZAHT

El amor platónico de Ana Frank

Foto: Reuters / Anne Frank Stichting

La historia de Ana Frank y su familia es tan conocida como trágica y supone una de las anécdotas más sorprendentes de la Segunda Guerra Mundial. Además, su diario personal encumbró a la niña judía, llamada en realidad Annelies Marie Frank, como uno de los personajes más icónicos del conflicto.

La relación con la fotografía que guarda la pequeña Frank tiene que ver con el chico del que estaba enamorada, con el que solía pasear de la mano al volver de la escuela y antes de que la familia se escondiera en el pequeño anexo de una casa en Ámsterdam. En su diario, Frank relata: “Olvidaba que aún no te había contado la historia de mi amor verdadero.” Hacía más de un año y medio que no lo veía, y tras soñar con él escribió: “Nunca he tenido una imagen mental tan clara de él. No necesito una fotografía, puedo verle muy bien.”

Y desde febrero de 2008, el mundo entero también ha podido verle el rostro a Peter Schiff. Judío como ella, había abandonado Alemania durante la persecución nazi antes de la guerra. La misma historia de exilio de Ernst Michaelis, amigo de Schiff en una escuela en Berlín, que tras releer el famoso diario donó a la Casa Museo de Ana Frank este retrato que le dedicó.

Frank murió enferma en Auschwitz pocas semanas antes de la llegada de las fuerzas aliadas en 1945, y aunque no existe la certeza absoluta de ello, parece que Schiff murió el mismo año en otro campo de concentración: Bergen-Belsen. Michaelis sobrevivió al holocausto y contaba 81 años cuando entregó la fotografía al museo.

Más información: noticia publicada por Reuters

La niñera que dejó un enorme legado fotográfico

Foto: Vivian Maier

El de Vivian Maier es sin duda uno de los descubrimientos más increíbles en la historia de la fotografía. En Chicago, el fotógrafo y cineasta John Maloof adquirió en una subasta una caja que contenía fotografías sin saber de qué se trataba. Maloof andaba buscando imágenes para documentar un libro que estaba escribiendo sobre la historia de algunos barrios de la ciudad.

Aquel primer tesoro resultó ser un archivo de unas 10.000 imágenes, una pequeña parte de la producción de Maier. Otros compradores se llevaron el resto. Pero todo quedó en el olvido: aquellas fotografías no tenían interés para el propósito del joven Maloof.

Hasta que terminó su libro, y en un estudio más exhaustivo descubrió que se trataba de un material de gran calidad. A partir de ahí simultaneó el trabajo de dar a conocer la obra de Maier y recuperar el resto del archivo, cuyo valor fue aumentando a medida que el descubrimiento se hizo popular.

Uno de los muchos autorretratos que Maier dejó para la posteridad. | Foto: Vivian Maier

Junto a Charlie Siskel, Maloof rodó el documental “Finding Vivian Maier”. En él aparece el testimonio de niños a los que la niñera cuidó en Chicago, de algunas amigas y de los padres que le dieron empleo, a los que prohibió tajantemente entrar en el cuartito donde guardaba sus negativos. Pero sus versiones logran arrojar poca luz, más allá de confirmar que Maier era una mujer reservada.

Es tentador preguntarse qué la llevó a guardar celosamente su trabajo, que aparentemente no compartió con nadie. Más aún cuando se sabe que murió sin poder conservarlo y que fue subastado porque no pudo afrontar los gastos de almacenamiento. Ya fuese por timidez, miedo a que sus instantáneas no fuesen consideradas buenas, desinterés por la industria fotográfica o por el simple -y probable- hecho de querer simplemente disfrutar de la fotografía, su trabajo merece ser interpretado en clave profesional y fotográfica.

Más información: página oficial de Vivian Maier

De la maleta a la caja de galletas

Foto: Agustí Centelles

La maleta mexicana, Robert Capa y sobre todo su famosa fotografía del miliciano caído siempre han hecho que el resto del material documental de la Guerra Civil española quedara en un segundo plano. Es el caso del fotógrafo Agustí Centelles, de sus capturas de incuestionable calidad y valor histórico y también de su particular maleta cargada de imágenes que exilió en la francesa Carcasona y que recuperó en 1976.

Dejando de lado la polémica y el revuelo que se formó en torno al archivo del fotoperiodista valenciano, cuando el MNAC de Barcelona montó en 2008 una exposición sobre su obra pidió a sus dos hijos si tenían alguna copia vintage, es decir, un tiraje sobre papel realizado por el propio autor. Parecían estar convencidos de que no era así, pero registrando exhaustivamente en el laboratorio hallaron una caja de galletas que contenía rollos de negativos y alguna copia de época.

En su mayoría son instantáneas tomadas durante la Segunda República y la Guerra Civil. Destaca entre ellas una de Lluís Companys con cuatro consellers en la cárcel Modelo de Barcelona (en la imagen superior), o un rollo tomado en Falset y Reus después de los bombardeos sobre ambas localidades tarraconenses. La dimensión del hallazgo, si bien es mucho menor que la recuperación de su maleta, a recaudo en el exilio, es importante porque cubre el antes y el después del conflicto. Además Centelles es considerado el padre del reportaje moderno en España.

Más información: crónica de la muestra “La caja de la memoria” (2009)

Encuentros y desencuentros en las trincheras

Es obvio que descubrimientos como la maleta mexicana de Capa, Chim y Taro o la del propio Centelles en Carcasona son historias con gancho. Añaden un aura de misterio a la obra y vida de sus autores, al tiempo que invocan una cierta nostalgia en la que la película negativa juega un papel crucial (más ahora en la era digital).

Entre cientos de miles de soldados, no resulta difícil imaginarse a uno de ellos fotografiar sus largas horas de inactividad, incluso apurando momentos de batalla para mostrar la que estaba cayendo. Y ya puestos, tampoco es tan descabellado pensar que siete décadas después aparezca, enterrada en un campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial, su cámara con un rollo con negativos expuestos. Y si encima al revelarlo aparecen varias fotografías, ya tenemos una historia de primera. Es el caso del soldado Louis J. Archambeau.

O lo sería. Porque se trata de una farsa. Supuestamente, el capitán Mark Anderson, del cuerpo de Marines de Estados Unidos, y su amigo, el historiador Jean Muller, habrían encontrado la cámara del citado soldado en la región de las Ardenas, una zona muy boscosa que ocupa principalmente el sur de Bélgica y parte de Francia y Luxemburgo. El ejército alemán lanzó ahí por sorpresa una contraofensiva que dejó casi 90.000 bajas en el bando aliado, principalmente jóvenes norteamericanos.

La historia de Archambeau es en parte real: efectivamente murió durante la batalla de las Ardenas, a finales de 1944. Pero, ¿existen esa cámara y los negativos? La única información que ha podido ser contrastada es que algunas de las imágenes que supuestamente aparecieron no eran inéditas; de hecho aparecían en el libro “Battle of the Bulge”, de la colección “Images of War”. Menos de una semana tardaron los lectores de PetaPixel en dar con la coincidencia que -con toda probabilidad- anula la credibilidad del hallazgo.

Con todo, esta historia –como cualquier otra que se le asemeje- no deja de ser un aviso de los tesoros fotográficos que el día menos pensado podemos llegar a desenterrar. Descubiertos por casualidad años después en el campo de batalla o en algún otro lugar menos sórdido, como en el caso de las subastas que sacaron a la luz las placas atribuidas a Ansel Adams o los negativos de Vivian Maier, hay una infinidad de documentos gráficos -anónimos o no- que esperan ser rescatados del olvido.

Más información: noticia publicada en PetaPixel

8
Comentarios
Cargando comentarios