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Nueve más uno

10 proyectos fotográficos que han sido posibles gracias al micromecenazgo

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Foto: ONDU
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MAR 2016

Plataformas como Kickstarter, Indiegogo o Verkami –entre otras- han permitido que miles de mentes inquietas lanzaran campañas para recaudar dinero y poder culminar con éxito otros tantos miles de proyectos. El apoyo de los mecenas ha propiciado que los amantes de la fotografía disfrutemos de accesorios, libros, documentales, reinvenciones de productos legendarios y un sinfín de iniciativas que de otro modo no hubieran pasado de un simple boceto en un papel manchado de café. Con el micromecenazgo todo parece posible. Mientras esperamos la llegada de nuevas propuestas, echamos un vistazo a diez campañas que han superado con creces las expectativas de sus impulsores.

Libya Close Up

Foto: Ricardo García Vilanova

El 16 de septiembre de 2013 el fotógrafo Ricardo García Vilanova y el periodista Javier Espinosa fueron secuestrados en Siria. Estuvieron más de seis meses cautivos. A diferencia de Espinosa, empleado del periódico El Mundo, García Vilanova es fotógrafo free lance y durante su secuestro ninguna empresa se hizo cargo de sus gastos. Es por eso que tras su liberación se inició una campaña en Verkami para reunir dinero y publicar un libro llamado "Libya Close Up" sobre el trabajo que el fotógrafo afincando en Barcelona había llevado a cabo en el convulso país.

El objetivo de la iniciativa era reunir 30.000 euros de los cuales una parte se destinaría a la publicación del libro y la otra serviría para cubrir las deudas que García Vilanova había acumulado durante su retención. El proyecto contó con la participación desinteresada de Gervasio Sánchez y la editorial Blume, que se encargó de la publicación de la obra. La campaña en Verkami finalizó con éxito el 13 de mayo de 2014, contó con la participación de 840 mecenas y recaudó más de 37.000 euros. El libro "Libya Close Up" se puede comprar por 30 euros en las librerías.

Otro caso destacado en el que el fotoperiodismo con acento español ha salido adelante gracias al micromecenazgo lo encontramos en la publicación Me-Mo Magazine. Impulsado por los fotoperiodistas Manu Brabo, Fabio Bucciarelli, Diego Ibarra, Guillem Valle y José Colón, nació con la idea de contarle las historias al lector directamente, sin intermediarios de por medio, a través de una publicación digital. Para llevar el proyecto hasta buen puerto pidieron en Indiegogo 15.000 euros y consiguieron 22.058 gracias al apoyo de más de 450 patrocinadores.

Lomography Petzval 85

petzval de lomography
Petzval de Lomography
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Desde enero de 2013 Lomography ha lanzado cuatro campañas en Kickstarter. Todas ellas han recibido el apoyo de centenares de patrocinadores y han superado con creces los objetivos establecidos. El Lomography Smartphone Film Scanner consiguió 268.702 dólares de los 50.000 que se pedían; para el objetivo Petzval 58 se recaudaron 966.312 dólares de los 100.000 que se estimaban necesarios para seguir adelante; con la Lomo Instant Camera se superó el millón de dólares (1.118.333), y el último y más exitoso precedente fue otra propuesta de reinventar un objetivo clásico, en este caso el Petzval 85.

Con esta campaña, lanzada en julio de 2013, en Lomography se propusieron reunir 100.000 dólares, y gracias al apoyo de 3.379 patrocinadores la suma final se situó en 1.396.149 dólares. La idea de recuperar un objetivo clásico del siglo XIX cuajó entre los aficionados a la fotografía, y a día de hoy el Petzval 85 está disponible para monturas Canon EF y Nikon por 550 o 650 euros, según el modelo. Se han mantenido el diseño y el estilo del original, y por supuesto sigue ofreciendo una gran nitidez en el centro de la imagen y ese bokeh tan característico en los bordes, tanto si se acopla a una cámara digital como a una analógica.

Prynt

prynt

Con los smartphones convertidos en la cámara que llevamos siempre encima, centenares de empresas se han lanzado a crear todo tipo de aplicaciones y accesorios para ellos. En junio de 2014, Clément Perrot y David Zhang, dos ingenieros amantes de la fotografía, fundaron Prynt en París. En la actualidad el equipo ha crecido hasta los 20 miembros y se ha trasladado a San Francisco.

Además del nombre de la empresa, Prynt es también una funda para teléfonos móviles que a la vez actúa de impresora. Se puede adaptar a distintas marcas y modelos, utiliza la tecnología de impresión sin tinta Zink y las fotos se gestionan y se materializan en nuestras manos a través de la correspondiente aplicación gratuita. Es el típico proyecto que uno se encuentra buscando financiación en Kickstarter y que recibe las donaciones de decenas y decenas de mecenas.

En esta ocasión Prynt se vio respaldado por más de 9.000 personas que contribuyeron a su lanzamiento con más de un millón y medio de dólares, y eso que solo habían pedido 50.000. La idea llegó hasta buen puerto, y en la actualidad Prynt se puede comprar por 150 euros a través de su sitio web oficial. Si le añadimos 50 hojas de papel, la suma asciende a 175 euros.

Otro exitoso intento de aunar terminales móviles y copias instantáneas mediante el micromecenazgo lo encontramos en el Impossible Instant Lab, un peculiar artilugio capaz de convertir las fotos del iPhone en polaroids. Y es que detrás de este invento están los responsables del llamado The Impossible Project, los mismos que en 2010 se pusieron como reto -capitaneados por Florian Kaps- resucitar la fotografía instantánea de Polaroid. Este proyecto consiguió recaudar en Kickstarter la friolera de casi 560.000 dólares a través de sus 2.500 patrocinadores, lo que demuestra el interés que aún despierta la fotografía química.

Cámaras estenopeicas ONDU

ondu
ONDU

Pese a la implacable revolución digital, la fotografía química sigue despertando pasiones e interés en todos los rincones del mundo. Más aún cuando se trata de creaciones artesanas, casi fetiches u objetos decorativos. Tal es el caso de las cámaras de madera estenopeicas ONDU que Elvis Halilovic y Nejc Matjaz se propusieron fabricar unos años atrás.

Para que su sueño se convirtiera en algo palpable, lanzaron una campaña en Kickstarter con el propósito de reunir 10.000 dólares para fabricar distintos modelos de cámaras pinhole. La recepción por parte de patrocinadores fue excelente, y la suma recaudada fue diez veces superior a lo que inicialmente se pedía: consiguieron recaudar 109.391 dólares en tan solo 30 días. Los mecenas obtuvieron -según la cantidad aportada- una cámara estenopeica de 35 milímetros estándar o panorámica, una 6 x 6 de formato medio, una 6 x 12 también con carretes de 120 milímetros o dos modelos de gran formato, de 4 x 5 o 10,5 x 14,8.

En la actualidad, las cámaras ONDU se siguen fabricando a mano con madera y se pueden adquirir a través de su sitio web oficial.

Un caso muy similar es de las NOPO que construye Toño Cañadas. Con una oferta ya consolidada de cámaras estenopeicas, este artesano madrileño lanzó a finales de 2015 una campaña de micromecenazgo para impulsar su capacidad de producción. De los 12.000 euros euros que pedía consiguió recabar 22.000.

Podo

podo

¿Una cámara de dimensiones reducidas capaz de adherirse a casi cualquier superficie al más puro estilo Spiderman? Sobre el papel parecía una buena idea, y en abril del año pasado más de 3.600 personas pensaron que efectivamente se trataba de un proyecto suficientemente interesante como para apostar por él. Los artífices de Podo pidieron 50.000 dólares a través de su campaña en Kickstarter y consiguieron 427.565.

Casi un año después, Podo ya se puede encargar en cuatro colores distintos a través de su sitio web oficial y cuesta 100 dólares. La cámara, que cabe perfectamente incluso en las manos más pequeñas, integra un sensor de 8 megapíxeles, puede grabar vídeo a 30 fotogramas por segundo con una resolución de 720p, cuenta con una memoria de 4 GB e integra un flash LED. Pero su principal atractivo es ese sistema de microsucción que permite pegarla en múltiples sitios mientras la controlamos a distancia desde nuestro móvil.

Finding Vivian Maier

Es uno de los hallazgos fotográficos más importantes y sonados de los últimos tiempos, y como buena historia que se precie fue casi fruto de la casualidad y nos descubrió a una de las mejores fotógrafas callejeras que hayan existido jamás. Hablamos, claro está, de la niñera de Chicago Vivian Maier y de los cerca de 150.000 negativos que no vieron la luz hasta después de su muerte en abril de 2009.

En 2005 John Maloof trabajaba en el negocio de las inmobiliarias, y para promocionar una zona de Chicago que parecía haber caído en el olvido se propuso escribir un libro. La editorial le pidió un buen puñado de fotografías antiguas, y Maloof inició una búsqueda que le llevó hasta una subasta en la que adquirió por 400 dólares un baúl lleno de negativos. Les echó un vistazo, vio que no eran el tipo de fotografías que buscaba y se olvidó de ello. Pasado un tiempo miró con mayor detenimiento aquellas misteriosas imágenes y le despertaron una pasión por la fotografía desconocida en él hasta entonces. Se obsesionó con Vivian Maier, la autora del material que tenía entre manos, y se embarcó en una búsqueda de todo lo relacionado con esa reservada mujer.

Una historia de este calibre solo podía terminar en un documental, "Finding Vivian Maier", que buscó financiación en Kickstarter en 2011. Sus impulsores pedían 20.000 dólares. Consiguieron 105.042. El documental ha sido visto en multitud de festivales, recibió una nominación a los premios Óscar, se ha creado una beca en honor a Vivian Maier y sus excelentes fotografías han dado la vuelta al mundo en decenas de exposiciones de las ciudades más importantes.

Salvando las distancias, en España se ha redescubierto recientemente la figura de Joana Biarnés gracias a una campaña de micromecenazgo. Considerada por muchos la primera fotoperiodista española e injustamente relegada al olvido, su cámara retrató a personalidades como Roman Polansky o Clint Eastwood, y las imágenes únicas de los Beatles que consiguió en la suite del hotel Avenida Palace de Barcelona son ya parte de la historia de la fotografía. La propuesta lanzada en Verkami terminó con éxito, y el documental ya ha sido visto en varios festivales.

Panono

panono
Björn Bollensdorff, cofundador de Panono, en una visita que hizo en diciembre de 2013 a Madrid. | Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Aunque ya estamos acostumbrados a las fotos esféricas, nos perdemos navegando por los vídeos de 360 grados en YouTube y en este último Mobile World Congress la realidad virtual ha empezado a despuntar, en el lejano 2013 la idea de una cámara que pudiera ser lanzada al aire para generar imágenes de 360 grados y más de 100 megapíxeles solo podía convertirse en realidad gracias al micromecenazgo. Dicho y hecho. La Panono se ideó en Berlín, y gracias a su campaña en Indiegogo consiguió seducir a 2.600 patrocinadores que aportaron 1.250.000 dólares.

La Panono es en realidad un conjunto de 36 pequeñas cámaras montadas en una esfera. Un balón fotográfico, dicho en otras palabras. Su funcionamiento es simple: se lanza al aire, gracias a un acelerómetro el dispositivo detecta el mejor momento para disparar y luego las 36 fotografías se combinan automáticamente en una sola, que se transfiere de forma inalámbrica o mediante USB al dispositivo móvil de turno. En la actualidad la Panono se puede comprar por 1.500 dólares a través de su página web oficial.

Cinetics Axis360

cinetics axis360
Cinetics Axis360

Gracias a la tecnología digital y al sinfín de accesorios que hay en el mercado se han popularizado muchas técnicas fotográficas hasta ahora poco extendidas. Como el time-lapse, que requiere de mucha paciencia, tiempo y buenas maneras. Las plataformas de micromecenazgo son el escaparate perfecto para propuestas de fabricación de todo tipo de accesorios que nos faciliten nuestra nueva afición a hacer fotos cada pocos segundos.

En febrero de 2014 la compañía Cinetics pidió 75.000 dólares en una campaña en Kickstarter para poder fabricar el Axis360, un slider motorizado que debería facilitar la realización de vídeos y de fotografía time-lapse. Se presentaba como una solución compacta, ligera, fácil de montar y extremadamente versátil. Era compatible con la mayoría de cámaras réflex y sin espejo actuales, y también con equipos de cine. Más de 600 patrocinadores creyeron en la idea y la auparon con 666.400 dólares. En la actualidad el Axis360 está a la venta por 1.700 dólares junto con otras versiones y modelos.

Digital Bolex

En 2012 se lanzó en Kickstarter una campaña para comercializar lo que su máximo artífice bautizó como la primera cámara de cine digital asequible para el gran público. Hablamos del nacimiento de la Digital Bolex, cuyas pretensiones pasan por combinar la calidad de las legendarias cámaras Bolex de 16 milímetros con la tecnología actual. Hacían falta 100.000 dólares para que aquel sueño se convirtiera en una realidad, y en 30 días un total de 440 patrocinadores apoyaron el proyecto con 262.660 dólares.

Ya en la actualidad la Digital Bolex se puede adquirir a partir de unos 3.000 euros, según el disco duro con el que decidamos equiparla y el tipo de montura que vayamos a utilizar. Es compatible con monturas PL y Micro Cuatro Tercios, hay una versión con sensor en blanco y negro y todos los modelos ofrecen la posibilidad de grabar con resolución 2K. Si bien en la actualidad se pueden registrar vídeos en alta definición con dispositivos mucho más asequibles como un smartphone, la Digital Bolex tiene un encanto que la hace ciertamente única.

Kick

Un estudio de iluminación portátil que pudiera controlarse a través de una aplicación con el smartphone de turno. Esa fue la propuesta que lanzaron desde la empresa Rift en Kickstarter y que fue bautizada como Kick. Hasta junio de 2012 todo el proyecto había sido financiado por sus creadores, pero para poder dar el pistoletazo de salida a la producción hacía falta más dinero. 115.000 dólares, concretamente. Más de 1.150 patrocinadores se encargaron de que la idea recaudara más de 210.000 dólares, y a los pocos meses Kick era una realidad.

De dimensiones parecidas a las de un teléfono móvil, Kick es una fuente de iluminación que podemos controlar de modo inalámbrico, es compatible con dispositivos iOS y Android y permite variar la temperatura del color así como el brillo. Es capaz de muestrear la luz, y varios Kick se pueden enlazar vía Wi-Fi para que trabajen de modo conjunto. Funciona con batería recargable y en la actualidad se puede comprar por 180 dólares.

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