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Foto: Álvaro Méndez / Iker Morán (Quesabesde)

10 fundamentalismos fotográficos y sus terribles síntomas

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SEP 2014

Lejos de estar libre de los temidos ismos, el mundo de la fotografía es un caldo de cultivo perfecto para que afloren todo tipo de dogmatismos técnicos y estéticos. Y es que en un terreno en el que el amor y el odio por ciertas marcas se mezcla con las siempre cambiantes modas y dogmas de ayer, hoy y siempre, lo raro es que todavía no haya habido una declaración pública de guerra entre alguno de estos bandos. Hemos recopilado los diez más temibles para que cada cual –nosotros los primeros- se identifique con ellos o varios de ellos. Y aun así, seguro que nos hemos dejado alguna secta fotográfica más a la que ofender gratuitamente.

Peliculismo

“La fotografía química y la película siguen vivas” es uno de los gritos de guerra más repetidos entre los fundamentalistas de lo argéntico, que es como ellos se refieren a la película en plan repipi. Bastante discretos y silenciosos durante unos años, la querencia de los hipsters –tribu de la que ellos reniegan, por cierto- por todo lo retro les ha dado cierta visibilidad últimamente. Grandes amantes de las Leica, los peliculistas se refieren a los usuarios de las M digitales con el cariñoso apelativo de traidores. Aunque usan cámaras digitales y móviles cuando nadie les ve, en realidad para ellos la única fotografía auténtica es la que huele a revelador. Todo lo demás es un quiero y no puedo a base de píxeles.

Nikonismo

Como pasa siempre con los pueblos que se consideran los elegidos, el nikonismo tiende a mirar al resto de la humanidad fotográfica con cierta condescendencia. Además de ignorar todo aquello que no sean cámaras réflex –mencionarles las Nikon 1 es algo así como su Kryptonita-, el amor a los productos de su marca favorita es casi tan grande como el odio hacia sus líderes, que insisten en maltratarles. Pese a ello, su eterna amenaza de pasarse a la competencia rara vez se cumple.

Cacharrismo

Lo importante no es la foto, sino la cámara con la que se ha hecho, la óptica usada o el ISO con el que se dispara. Además de ver las imágenes siempre al 100% a la búsqueda de ruido o aberraciones, los buenos cacharristas –también conocidos como los linuxeros de la fotografía- siempre tienen un monitor que calibrar, un perfil de color que mejorar o un accesorio imprescindible que añadir a su absurdamente inmenso equipo. Grandes motores económicos del sector y eternos insatisfechos con su cámara, ni que decir tiene que se pasan más tiempo hablando de tecnología que de fotografía. Y sí, son lectores asiduos de Quesabesde.

Olympismo

Pese a ser una religión minoritaria y dividida –los sectores ortodoxos reclaman la vuelta a la senda del Cuatro Tercios, mientras que la mayoría se ha olvidado ya de las réflex y los espejos-, se trata de un grupo muy activo. Dos síntomas aparentemente contradictorios permiten detectar al olympista de pura raza: orgullo por ser diferente y cierta sensación de ninguneo. Algo que lleva a los que más se aburren a profesar un notable odio por los medios de comunicación especializados que no dicen lo que quieren oír. Sí, nos referimos a nosotros.

Gafapastismo

También llamado vendehumismo y de alcance muy transversal (afecta a todos los ámbitos culturales), se trata de una fe muy arraigada entre los fotógrafos que gustan de explorar su vertiente más artística, lo que se traduce en numerosas imágenes desenfocadas, extrañas o directamente malas. “Concepto” es su término preferido, y aunque son blanco fácil de todo tipo de críticas, en realidad se trata de una comunidad bastante aislada que vive al margen del resto de fotógrafos, a los que coloquialmente denominan “los pobres”. Después de todo, son ellos los que acaban exponiendo y vendiendo obras a los coleccionistas.

Purismo

“No” es su respuesta favorita. Y es que si todo está ya inventado y además era mejor, eso solo puede significar una cosa: cualquier novedad es una mierda. Odian los selfies, el retoque digital, las pantallas, los móviles, las cámaras de fotos que graban vídeo, las redes sociales, los filtros digitales… Solo el blanco y negro –en papel baritado-, una cámara de madera o una charla con un peliculista puede calmarles. Se trata de una escuela con no muchos adeptos pero sumamente cansinos. Adictos al uso de un lenguaje barroco para no decir nada, usan citas, fechas y datos históricos –la mayoría inventados, sospechan muchos- para justificar su falta de adaptación a este siglo. Y al anterior.

Canonismo

Algunos dicen que son menos extremistas que otras tribus fotográficas, pero la mayoría prefiere denominarlos aburridos o tristes. Y es que, al contrario que otros fanboys, el auténtico canonista sufre un proceso inverso: se compra una EOS porque es la elección fácil y lo que todo el mundo usa, y luego desarrolla y alimenta esa fe. Básicamente para justificar haber pagado más por lo mismo que sus vecinos encontraron más barato en otras marcas. Impacientes cuando las novedades tardan en llegar e indignados cuando llegan demasiado pronto, la tentación de pasarse al lado oscuro hace que las deserciones sean frecuentes (como también lo son los hijos pródigos). Les reconoceréis por esa inmensa PowerShot G que llevan colgada al cuello.

Lomografismo

Aunque podrían considerarse una corriente del peliculismo, en realidad se trata de dos familias que tienden a ignorarse. Considerados por estos últimos como unos simples modernos que ahora les ha dado por ahí, los lomógrafos ven a sus compadres analógicos como unos carcas: usan cámaras de película que ni son de plástico, ni son absurdamente caras, ni producen imágenes distorsionadas de colorines. Tras su aspecto de jóvenes rompedores, se trata del único fundamentalismo con sus propias tablas de la ley. La cámara, eso sí, es más un complemento de moda que algo para sacar fotos, aunque se conoce algún caso puntual en el que el carrete que va dentro ha llegado a revelarse. Para muchos eso último es solo una leyenda urbana.

Sonysmo

Pese a ser los últimos en llegar al baile –o precisamente por eso-, el sonysmo ya cuenta con un lista de adeptos nutrida y sobre todo insistente a la hora de reclamar un papel protagonista para sus creencias. Aspirantes desde hace años a derrocar a canonistas y nikonistas de su trono, para ellos la única fotografía que existe es la digital, y eso lo inventó Sony. En sus sueños íntimos se ven como el Apple de la fotografía, pero al echar la mano al bolsillo recuerdan que, por coherencia y amor de marca, les toca usar un Xperia con el mismo sistema operativo que utiliza Samsung.

Streetphotographismo

Compatible con cualquiera de los fundamentalismos anteriores, el streetphotographismo es la más nueva e insoportable de las fes fotográficas que pueblan ahora mismo el planeta. Primos no siempre bien avenidos de los practicantes del instagramismo y salvando unas cuantas excepciones, desde hace un par de años han descubierto que esas fotos terribles que hacen por la calle sin criterio alguno parecen un poco mejores en blanco y negro y si se las llama street photography. Adoradores de Vivian Maier, todos ellos aspiran a publicar su propio libro y sueñan con esconder sus imágenes para que, dentro de 20 años, sean descubiertas y valoradas como merecen. La mayoría, no obstante, se conforma con escribir artículos sobre los 1.500 consejos que tienes que seguir para ser un buen fotógrafo callejero.

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