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Nueve más uno

10 fotos que los políticos no quieren ver publicadas

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Foto: Eduardo Parra
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JUN 2015

Dicen que el periodismo es el cuarto poder. De ser así, la fotografía es su caballería. De los fotoperiodistas se dice que no son más que notarios de la realidad, ojos asépticos del día a día, testigos mudos de la historia. Todo eso es –o puede ser- cierto, pero no lo es menos que constantemente los políticos tratan de zancadillear su trabajo porque hay realidades que no son cómodas para el poder. Como las que muestran estas fotografías que los políticos -en este caso del panorama español más reciente- no quieren que se hagan y sin embargo se seguirán haciendo.

Haciendo novillos

congreso de los diputados
Foto: Eduardo Parra

Que no queremos que nos pillen escaqueándonos del trabajo es algo que los comunes mortales tenemos en común con los políticos. Que los fotoperiodistas demuestren con imágenes que sus señorías no están donde deben es otra más de esas cosas incómodas que la clase política se esfuerza en impedir. Un ejemplo muy claro lo tenemos en los plenos del Congreso de los Diputados español, que solo se llenan a la hora de votar o si se debate algo realmente importante. Que a los distintos presidentes del Congreso no les hacen ni pizca de gracia estas fotografías de sus señorías ausentes de sus puestos de trabajo es algo que ya han dejado claro muchas veces. A pesar de eso -o tal vez precisamente por eso- los fotoperiodistas van a seguir fotografiando el hemiciclo. Esté lleno o vacío.

Dobles lecturas

Foto: Vicent Bosch / Juanma Prats (El Mundo / El Periódico de Catalunya)

Dicen que los fotoperiodistas deben ser fieles testimonios gráficos de la realidad. Pero hay ocasiones en que una fotografía, siendo escrupulosamente rigurosa y careciendo de toda manipulación, admite una interpretación muy caprichosa por parte del observador (o el editor del periódico de turno). El expresidente valenciano Francisco Camps y dos de sus principales allegados abotonándose casualmente al unísono sus chaquetas en pleno estallido del caso Gürtel (el caso “de los trajes”), o el rey Juan Carlos I y el entonces príncipe Felipe ajustándose con cierto agobio la corbata justo cuando el caso Urdangarin amenazaba con convertirse en un sonado escándalo político, son dos grandes ejemplos -de los muchos que hay- de casualidad o sutileza fotográfica con doble sentido.

Fumando

mariano rajoy
Foto: Jonan Basterra

Los del bastón de mando también comparten con muchos de sus conciudadanos un vicio: fumar. El tabaco, una sustancia a la que algunos -políticos incluidos- tienen una gran afición o sufren una gran adicción, hasta tal punto que incluso con cámaras delante no reniegan de fumar aun a sabiendas de que no deberían. Hecha y publicada la foto del cigarrito, se descuelgan mil teléfonos para quejarse de que el maldito fotógrafo ha sido tan cruel que ni siquiera le ha concedido al político de turno ese minuto de liberación. Es la dictadura de lo políticamente correcto. Y cuando al político le pillan, como hizo Jonan Basterra con Rajoy en Nueva York en 2012 mientras en Madrid tenían lugar las manifestaciones bajo el lema “Rodea el Congreso”, falta tiempo para matar al mensajero.

Caídas y muecas

juan carlos i
Foto: Dani González

“No queremos que el presidente pasee por los jardines de la Moncloa delante de las cámaras porque no queremos que le fotografiéis si se cae.” Así de sincera se mostró una Secretaria de Estado de Comunicación cuando los fotógrafos pidieron algo más que un apretón de manos del presidente de gobierno de turno cuando este tuviera una visita importante. Porque, en efecto, los poderosos tropiezan. Y otras veces simplemente nos obsequian con alguna que otra mueca. Es algo inevitable, y es algo que hace gracia a todos menos a quien lo sufre. No son fotos informativamente relevantes, pero hay reconocer que imágenes como esta de todo un rey a punto de echar a bailar por culpa de un paso en falso tienen su parte cómica.

Encontronazos con la justicia

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Pero si realmente hay algo que moleste a los políticos, sean del signo que sean, es que se dé cuenta gráfica de sus más y sus menos con la justicia. Hasta tal punto llega esta especial preocupación por mantener limpios a los presuntos delincuentes, que en España se está cociendo una ley llamada “enmienda Rato” y diseñada ex profeso para impedir que los fotógrafos y camarógrafos hagan su trabajo si hay ciudadanos presuntamente -siempre presuntamente- corruptos de por medio. Y es que es sabido que la mejor forma de luchar contra la corrupción -según el manual del político- no es impedir que esta se produzca, sino que los ciudadanos la vean.

Una de las muchas imágenes que se publicaron de la detención del exvicepresidente del gobierno Rodrigo Rato, y que motivaron el proceso de modificación de la ley conocida como "enmienda Rato".

Tal vez por eso, por esa maldita costumbre de entorpecer la labor informativa, es por lo que los fotoperiodistas afilan sus objetivos cuando se dan estas situaciones. Incluso fotografiando un registro a través de un minúsculo agujero, como el que tuvo lugar en el despacho profesional del exvicepresidente del gobierno español y exdirector gerente del FMI Rodrigo Rato el pasado mes de abril.

Con personas de dudosa honorabilidad

mariano rajoy
Foto: J.J. Guillén

¿A qué político no le gusta rodearse de fans y admiradores? Solo hay que dejarse caer por algún acto electoral para ver que a los políticos les encanta que la gente les quiera, que sus súbditos se hagan selfies con ellos y se les adule en general. Y en esos casos, que no falte un fotógrafo. Sin embargo, cuando el personaje no es trigo limpio, los políticos rehúyen las fotografías como de quien tiene la peste. Y si al final sale, pues es que pasaba por allí, yo no le conozco de nada y este señor del que usted me habla -aunque yo le esté dando la mano- no lo he visto en mi vida. Un ejemplo muy claro fue esta foto del presidente del gobierno Mariano Rajoy con la imputada Sonia Castedo, exalcaldesa de Alicante y segunda por la derecha tras el Ministro Margallo, que por protocolo durante una inauguración debía estar allí pero fue estratégicamente desplazada a un segundo plano.

Contradictorias con su ideología

Foto: Caja Madrid

¿Un republicano de pro saludando al rey? ¿Un independentista frente a la enseña española? ¿Un católico del ala más conservadora junto a un matrimonio homosexual? Un político siempre evitará fotografiarse con personas o en situaciones contrapuestas a su ideología. Y si alguien se lo reprocha, ya saben: es el protocolo, yo soy muy respetuoso o no me quedó más remedio. Bien lo sabe Pablo Iglesias, líder de Podemos, cuya instantánea saludando al ahora rey Felipe VI y al entonces príncipe heredero sirvió para que desde algunos sectores le lanzaran numerosos dardos.

Montajes que salen mal

soraya sáenz de santamaría
Foto: David S. Bustamante (El Mundo)

Otra fotografía de la que los políticos reniegan es la que surge de un error de cálculo que provoca que el tiro les salga por la culata. Preparar situaciones para tener una fotografía amable es moneda común en la vida política –sobre todo cuando se acercan elecciones-, y aunque como en la vieja serie de televisión a los políticos les gusta que los planes salgan bien, eso no siempre ocurre. ¿No sería adorable una fotografía con una niña pequeña junto a la vicepresidenta del gobierno? Bien lo sabe el fotógrafo de El Mundo David S. Bustamante, que hace unos días vio cómo su imagen de la niña visiblemente molesta porque Soraya Sáenz de Santamaría le había quitado una lupa explosionó en las redes sociales, convirtiendo lo que iba a ser una mágica instantánea de campaña en todo un ariete de la oposición contra el gobierno.

En un entorno de cuestionable decoro

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Ser político conlleva una serie de obligaciones que incluyen apoyar ciertas causas, estar al lado de determinados colectivos o visitar particulares lugares. Que esté cómodo o no es otro cantar. Sin embargo, a veces no todo sale como uno se espera, y cuando el político de turno llega para hacerse la foto se encuentra que el escenario elegido no es el más políticamente correcto y que no hay forma de escapar de allí. Entonces no queda otra que aguantar el tipo, dejar que los flashes salten y confiar más tarde que una llamada a las redacciones bloquee esa foto tan incómoda que le acaban de hacer.

El ahora presidente Mariano Rajoy lo vivió en carne propia hace algunos años cuando, estando aún en la oposición, alguien de su equipo decidió que ir al estreno de “Torrente 3” era una buena idea. Que el estreno de la película estuviera patrocinado por la revista masculina FHM y que unas cuantas señoritas con poca ropa arropasen al futuro presidente puede que fuera un imprevisto. En cualquier caso, ese día hubo alguien en el gabinete de Rajoy que no hizo bien su trabajo.

Fotos privadas que se filtran

En plena era de WikiLeaks todo el mundo sabe que es mejor no hacer la foto si no quieres que te pillen. Y es que hoy día todo queda grabado o fotografiado y nunca se sabe dónde podrá acabar una imagen comprometedora. Bien lo sabe el exministro de Justicia Mariano Fernández Bermejo, que perdió la cartera gubernamental cuando una inocente fotografía -en principio privada- de una montería a la que asistió sin tener la licencia de caza correspondiente se filtró a los medios.

Nota editorial: la mayoría de puntos de este decálogo están protagonizados por políticos del Partido Popular. Una proporción que responde básicamente a la realidad: el artículo se centra en el panorama político español de los últimos tiempos, en los que esta formación ha gobernado con mayoría absoluta y consecuentemente ha sido el centro de atención de la prensa gráfica, especialmente en Madrid. Este recopilatorio no pretende ser una acusación contra nadie en particular, sino más bien un apunte sobre la clase política en general.

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