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Nueve más uno

10 fotos que marcaron a 10 fotógrafos

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Foto: Quesabesde
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JUL 2015

Una simple imagen puede encender la chispa que un día alumbrará a un fotógrafo o definir la senda de otro que ya ha comenzado a abrirse camino. A veces eso es todo lo que hace falta. Ternura, crueldad, naturaleza, subversión y técnica son elementos comunes en numerosas fotografías consideradas icónicas, algunas de las cuales han terminado marcando no solo al espectador común, sino a otros fotógrafos que en ocasiones deben sus carreras a esa instantánea que todavía pueden contemplar cerrando los ojos. Como la veintena de autores -sobre todo fotoperiodistas- que han compartido con Quesabesde durante meses la foto que les marcó y de los que ahora presentamos una selección.

El baño de Tomoko Uemura, de Eugene Smith

Foto: Eugene Smith

Desnuda y desvalida como si todavía fuera un bebé, Ryoko Uemura es tiernamente bañada por su madre en una fotografía que atrajo la atención del mundo sobre Minamata y el misterioso síndrome que estaba destruyendo su juventud antes incluso de llegar a este mundo. Un momento diario e íntimo de una intensidad sin embargo insospechadamente poderosa.

Con este portentoso trabajo Eugene Smith logró atraer la atención del mundo sobre los efectos de la contaminación industrial e impactar a fotógrafos que, como Joan Guerrero, han dedicado toda su carrera a retratar el dolor y la dulzura de la vida.

Con un inabarcable cuerpo profesional fruto de observar la condición humana a lo largo de más de cuatro décadas de fotoperiodismo, el de Tarifa se rinde ante la imagen de Smith y el sufrimiento traído por la polución a una pequeña ciudad japonesa resignada a ver cómo sus hijos se consumían lentamente ante sus ojos. Para Guerrero, fotógrafo de lo humano en toda su extensión, se trata de "una obra maestra que va a perdurar como perdurará la Novena de Beethoven", una obra que será relevante mientras el hombre sea hombre.

Tampoco Tino Soriano tiene dudas a la hora de elegir la foto que le marcó. El fotógrafo de National Geographic debe su carrera profesional a Ryoko y su madre, que al abrir sus puertas a la cámara de Smith lograron inspirar al barcelonés para convertirse en fotógrafo. Se trata, según Soriano, de una fotografía hechizante y cuyo mérito va más allá de la técnica. Es una imagen que llega directamente al corazón.

La guerra de Vietnam, de Larry Burrows

Foto: Larry Burrows

Un lodazal minado por la artillería, un soldado herido y de cara descompuesta aferrándose a una estaca mientras que uno de sus camaradas, asistido por sus compañeros, extiende a él sus brazos. No se sabe si quiere ayudarle, si busca consuelo o si simplemente trata de encontrar el equilibrio. Es la imagen de la confusión, de la barbarie del hombre contra el hombre. Es una de las imágenes que ayudaron a definir la guerra de Vietnam y la foto que solidificó los cimientos profesionales de David Airob.

El fotoperiodista de La Vanguardia y activo bloguero ve claras las similitudes y no duda en expresarlas: "Era como un Goya, como los desastres de la guerra." Pero no era uno de los truculentos y perturbadores grabados al aguafuerte del Sordo de Fuendetodos, renacido para volver a plasmar una carnicería que sigue impertérrita pese a los siglos, sino un Larry Burrows que dio lo mejor que tuvo (incluida su vida) cubriendo un conflicto que marcaría a Estados Unidos casi tanto como al devastado Vietnam.

Con un World Press Photo y una larga trayectoria fotográfica a sus espaldas, Airob opina que tal vez esta instantánea ya no sea igual de impresionante como lo fue en su momento. La televisión e Internet saturan ahora nuestras retinas con imágenes traídas desde los frentes de los más inhóspitos lugares del mundo, pero el simbolismo de la icónica fotografía de Burrows permanece inalterado.

Lunes de carnaval, de Cristina García Rodero

Foto: Cristina García Rodero

Conocida por su labor fotográfica para el diario La Vanguardia, donde trabaja desde 1992, Roser Vilallonga se ha caracterizado siempre por dirigir su objetivo hacia las calles para capturar los anhelos y las manifestaciones de la gente. Así, no es de extrañar la admiración que profesa hacia la obra de Cristina García Rodero, que en "El lunes de carnaval" acerca al espectador a una España que hoy casi parece de libro de historia.

La impactante imagen de García Rodero muestra el descontrol impúdico del carnaval de Laza, en Ourense, una antigua festividad prohibida durante largos años y que en 1985 estalló ante la cámara de la fotógrafa de Magnum dando testimonio de una España popular, profunda y soez que respondía de forma reaccionaria a la censura de décadas pasadas.

Vilallonga se descubre ante la técnica de García Rodero, que lejos de ser una fotógrafa turista, pasó la noche con los jóvenes del pueblo para ganarse su confianza y capturar imágenes como esta, fruto de la complicidad con todos los actores presentes. Su naturalidad reside en su misma concepción: es la fotografía que se espera, no la que se busca. "Esto no se puede improvisar. Sale, estás allí, lo pillas. Ya está."

Herida de bala accidental, de Larry Clark

Foto: Larry Clark

David Ramos ha destacado como fotógrafo de deportes, pero también ha trabajado en algunas de las zonas más complicadas de este planeta. El fotógrafo de Getty Images, que fue noticia la semana pasada por una impresionante foto de los sanfermines y posee un World Press Photo en la categoría multimedia por "Calcio Storico" (un trabajo realizado junto a David Airob y José Bautista), se sintió impactado en su momento por una imagen que no pertenece a un país asolado por la guerra o los desastres naturales. Todo lo contrario: fue capturada en Tulsa, Estados Unidos, por el incontenible e incontenido Larry Clark.

La fotografía muestra con total naturalidad e improvisación una escena tan tremenda como un disparo accidental. Clark, sumergido por aquel entonces en el inframundo de las drogas y movido por un afán de retratarlo todo, fue testigo del momento y no dudó en pulsar el disparador para capturar el instante en que uno de sus amigos se retorcía de dolor, pistola sobre la silla y pierna perforada.

"Es puro amor por la fotografía, por documentar lo que ellos están viviendo", asevera Ramos, que ve en Clark no un artista, sino un periodista empecinado por cubrir la realidad de su periferia más inmediata con la máxima naturalidad, sin dejarse llevar por los artificios de quien busca inmortalizar un instante y termina generando un producto.

El hombre del tanque, de Jeff Widener

Foto: Jeff Widener

La obra fotográfica sobre la China anterior a los rascacielos y las grandes urbes de cristal no resulta especialmente destacada por su extensión ni independencia. Su transición hacia el actual gigante asiático que deja notar su influencia en todas las esferas políticas y económicas no fue sin embargo todo lo callada que desearon los cuadros más elevados de Pekín.

Las protestas de la plaza de Tiananmén, que culminaron con la muerte de cientos de civiles y la persecución en masa de numerosos disidentes, dieron la vuelta al mundo y llevaron al misterioso "hombre del tanque" a todas las portadas.

Samuel Aranda, con numerosos encargos de alto riesgo en algunas de las zonas más conflictivas del mundo, fue uno de los jóvenes impresionados por la accidentada fotografía de Jeff Widener. El único español ganador del premio absoluto del World Press Photo en las últimas tres décadas y colaborador de The New York Times no tiene reparos en decir que no se trata de una fotografía especialmente llamativa a nivel técnico (el propio Widener así lo reconoce). Es su potente carga visual lo que la catapultó al estatus de icono.

A pesar de que China se ha esforzado en lavar su imagen internacional, la imagen de un hombre enfrentándose en solitario a una columna de tanques perdura en el imaginario colectivo. Su categoría y reconocimiento da validez a las palabras de Aranda, según el cual esta famosa instantánea es "uno de los más claros ejemplos de que la memoria humana es fotográfica".

Stephanie Seymour, por Richard Avedon

Foto: Richard Avedon

Richard Avedon fue uno de esos fotógrafos que entendió su profesión sin más mesura que la desmesura. Conocido por su impacto seminal en el mundo de la moda y la fotografía de retrato, la labor del estadounidense se caracterizó por obras de gran impacto visual donde el conjunto tomaba protagonismo sobre los detalles. Jorge Represa destaca en este sentido una conocida fotografía de Stephanie Seymour, una instantánea que retrata a la top- model tanto como al propio Avedon.

Represa se rinde ante los pies de Avedon y su ingenio, que logra dotar de carácter subversivo a una imagen que no es elegante ni pornográfica, sino ambas cosas y ninguna al mismo tiempo. Seymour se muestra como lo que realmente es, un icono sexual antes que un maniquí. Una imagen que -en palabras de Represa- lo tiene todo para ser obscena, se torna exquisita, impecable, bella.

En manos de cualquier otro fotógrafo hubiera sido una fotografía erótica sin más, pero Avedon transgrede las normas al eliminar la elegancia de las ropas para mostrar la esencia carnal del trabajo de modelo en una imagen que termina por revelar mucho más que el vello púbico de una mujer.

El terror de la guerra, de Nick Ut

Foto: Nick Ut

La guerra de Vietnam fue cuna y ataúd para algunos de los más brillantes fotógrafos de la segunda mitad del siglo XX, pero también la inspiración para muchos de los profesionales que siguen arriesgando su piel en pleno siglo XXI. El bilbaíno Fernando Moleres, que lleva décadas comprometido con los derechos humanos y la denuncia de los abusos a los más débiles, muestra su admiración hacia la célebre foto capturada por Nick Ut.

La imagen de Phan Thi Kim Phuc, de nueve años, corriendo desnuda, herida y en estado de pavor por el bombardeo de su aldea con bombas incendiarias, logró catalizar el rechazo a la guerra por parte del público estadounidense e ilustra con crudeza la realidad de un conflicto donde, una vez más, los civiles se llevaron la peor parte.

Es una de las fotografías que definieron el conflicto, pero en ella hay mucho más que dolor, miedo y desnudez. Moleres resalta el inmenso valor alegórico de la fotografía: son los niños quienes corren, pero detrás, marcando las distancias entre sus frágiles cuerpos y el humo del napalm, caminan las tropas estadounidenses.

Los soldados no muestran en esta ocasión miedo ni urgencia alguna frente a unos jóvenes que están experimentando el infierno en la Tierra. Es solo una pequeña parte de la guerra. O como expresa el propio Moleres, "una aproximación reducida de la realidad" de lo que fue el conflicto de Vietnam.

El niño y el buitre, de Kevin Carter

Foto: Kevin Carter

Nadie como Kevin Carter alimentó el debate sobre si el fotógrafo debe ser testigo mudo o protagonista de los hechos que lo rodean. Uno de los miembros más visibles del infausto Bang Bang Club, el de Johannesburgo se hizo mundialmente conocido por su descarnada cobertura de los conflictos africanos durante los años 80 y 90, alcanzando su momento culmen con el Pulitzer que le fue concedido en 1994 por la imagen de un niño sudanés presumiblemente a punto de morir de hambre.

La imagen, objeto de gran polémica tras conocerse que el buitre no estaba realmente acechando al niño y que esta estaba siendo atendido en un centro para refugiados -fallecería años después debido a unas fiebres-, sigue encontrando detractores y defensores por igual. Lorena Ros, conocida por su denuncia de los abusos sexuales que le valió un World Press Photo en 2007, respalda al fallecido fotógrafo sudafricano.

Según explica, la fotografía de la niña y el buitre representa el distinto valor que una misma imagen tiene para el fotógrafo y el no fotógrafo, así como la forma en la que se puede enviar un mensaje a través de la manipulación. "[Carter] quería explicar algo y lo explicó como él quiso. El fotógrafo construyó una realidad a través de los medios que él tenía." Y eso no es algo que, según Ros, deba condenarse en un contexto auténtico.

El genocidio de Ruanda, de James Nachtwey

Foto: James Nachtwey

Acreedor de un World Press Photo y cofundador de Me-Mo Magazine, Guillem Valle cae rendido ante la imagen de un hombre hutu brutalmente desfigurado a machetazos durante la guerra civil que asoló a Ruanda durante los años 90.

James Nachtwey es el autor de esta impactante fotografía que retrata la brutalidad de un genocidio de características casi medievales que en solo cien días acabó con la vida de más de medio millón de personas. Valle destaca la composición y el valor plástico de una imagen casi monstruosa. "[Nachtwey] utiliza una estética muy limpia y muy pura para explicar algo muy brutal", señala el fotoperiodista catalán.

El argentino Walter Astrada, ganador de tres premios World Press Photo y del galardón Bayeux-Calvados, resalta también la gravedad de la imagen de este hutu que perdió su rostro y casi la vida por negarse a masacrar a sus compatriotas tutsis, utilizada con maestría para transmitir una situación que no solo se puede describir con palabras. "Que tú puedas imaginarte lo que ha sucedido alrededor de una persona o un hecho sin necesidad de mostrarlo directamente es su auténtico valor."

Bombardeo de Lleida, de Agustí Centelles

Foto: Agustí Centelles

Se ha escrito mucho, pero probablemente se podría escribir aún más sobre la atribulada vida de Agustí Centelles. Comparado en no pocas ocasiones con el legendario Robert Capa, Centelles inmortalizó el día a día de las tropas republicanas y algunos de los sucesos más luctuosos de la Guerra Civil española, incluyendo el bombardeo de Lleida.

Testigo fortuito del suceso, Centelles descubrió al mundo los horrores de una de las acciones más cruentas de todas las llevadas a cabo contra la población civil durante la guerra. El bombardeo, ejecutado el 2 de noviembre de 1937 por aviones italianos, dejó un reguero de cuerpos y escombros que conmocionó a una opinión internacional que seguía con atención las noticias sobre el conflicto.

Las imágenes de Centelles son devastadoras, pero como afirma el documentalista Sergi Cámara, no son tan lejanas como parece a pesar de la distancia en el tiempo. La mujer vestida de negro, el niño a sus rodillas o cualquiera de los cadáveres capturados en la fotografía podrían haber salido de una guerra actual y nadie podría encontrar las diferencias.

Cámara es pesimista en el juicio de la foto: nos encontramos ante una imagen trágica, pero que más allá del vestuario no forma totalmente parte del pasado. La pérdida de vidas inocentes a manos de hombres crueles es algo que ha sucedido, sucede y seguirá sucediendo.

Y una más

La dificultad de tener que elegir solo una decena de las fotos seleccionadas por diez (en realidad doce, pues en dos de ellas hubo coincidencia) de los fotógrafos entrevistados durante estos meses en la serie "La foto que me marcó" nos ha llevado a añadir excepcionalmente un undécimo punto a la lista, en este caso perteneciente al ámbito de la fotografía de naturaleza.

La lechuza con su presa, de Stephen Dalton
Foto: Stephen Dalton

Oriol Alamany puede presumir de ser uno de los fotógrafos de naturaleza más conocidos y publicados de España. Colaborador de cabeceras como National Geographic, Alamany vive y trabaja en entornos y situaciones donde las últimas tecnologías han marcado un antes y un después en la labor del fotógrafo. No es por tanto de extrañar que su elección lleve la firma de Stephen Dalton, auténtico pionero de la fotografía alta velocidad.

La lechuza nocturna de Dalton marcó a Alamany con la belleza de algo tan simple y cotidiano como una pequeña rapaz nocturna transportando su presa bajo una iluminación espectral que se diría de luna llena.

En 1971, cuando el blanco y negro todavía era común en la fotografía de naturaleza, las ingeniosas técnicas de Dalton para capturar aves e insectos en pleno vuelo usando todo tipo de dispositivos electromecánicos asombraron a toda una generación y despertaron incluso el interés del ejército.

Alamany fue uno de estos fotógrafos impactados por su labor, tratando de emular la obra de Dalton para terminar comprendiendo que la mejor relación entre el fotógrafo de naturaleza y el animal es aquella en la que el humano es ignorado.

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