• 10 fotos históricas nada profesionales
  • 10 cámaras que por unos 300 euros son (casi) una ganga
Nueve más uno

10 fotoperiodistas que perdieron su vida trabajando

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Foto: Gerda Taro
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NOV 2013

La fotografía de guerra y en zonas de conflicto nos ha dejado algunas de las imágenes más emblemáticas e impactantes de la historia moderna. Pero también se ha llevado demasiado pronto a algunos de sus autores. Y es que la muerte en el frente de batalla no entiende de edades, géneros, profesiones ni nacionalidades. Desde el mítico Robert Capa al jovencísimo y prometedor Rémi Ochlik, en este compendio no sobra ningún fotógrafo pero sí faltan muchos otros. Esa otra lista es, por desgracia, demasiado larga. Sirvan estos diez nombres como recordatorio de todos ellos.

Robert Capa

Es el fotoperiodista por antonomasia, el mismo del que todo el mundo ha oído hablar alguna vez y al que todo fotógrafo quiere parecerse en algún momento de su carrera. Nació a principios del siglo pasado en Budapest con el nombre de Endre Ernö Friedmann, y junto a su compañera Gerda Taro se inventó el seudónimo que quedaría para la posteridad.

Suya es una de las fotos más míticas de la historia: la polémica “Muerte de un miliciano”, hecha durante la Guerra Civil española. También estuvo en la Segunda Guerra Mundial, donde fue testigo directo del desembarco de los aliados en la costa de Normandía. Allí consiguió algunas de sus capturas más famosas e impactantes.

En 1954 viajó hasta Indochina para sustituir a Howard Sochurek, fotógrafo de la revista Life, y durante una expedición junto a un grupo de militares franceses pisó una mina que acabó con su vida. Era un 25 de mayo. Tenía 40 años. Su legado: 70.000 negativos y una biografía de película que él mismo noveló en “Ligeramente desenfocado”. La fotografía había perdido a uno de los grandes.

"Muerte de un miliciano" es sin duda una de las fotos más reconocibles de Capa. | Foto: Gerda Taro / Robert Capa

Gerda Taro

Pocos días antes de su muerte Taro hizo esta foto de dos soldados republicanos transportando a un herido en el Puerto de Navacerrada (Segovia). Era el verano de 1937. | Foto: Gerda Taro / Fred Stein

Al igual que Robert Capa, de quien fue compañera sentimental y de oficio, Gerda Taro también tiró de seudónimo para firmar sus fotografías. Su nombre real, Gerta Pohorylle, es el que sus padres judíos escribieron en el libro de familia cuando nació el 1 de agosto de 1910 en Stuttgart. En 1937 esta jovencísima fotógrafa se encontraba cubriendo el frente de la batalla de Brunete, en plena Guerra Civil española. Tras el ataque de unos aviones que la hicieron salir despedida del coche en que se había subido, fue arrollada por un tanque del ejército republicano que iba marcha atrás. Aunque fue trasladada rápidamente al hospital El Goloso de El Escorial, ningún médico pudo evitar su muerte unas horas después.

Era el 26 de julio de 1937. Su funeral se celebró en el cementerio parisino de Père-Lachaise el 1 de agosto, el mismo día en que habría cumplido 27 años. Taro está considerada como la primera mujer fotoperiodista en cubrir el frente de una zona de conflicto y morir ejerciendo su oficio.

David Seymour

Cuidado de niños con tuberculosis en Viena, en 1948. | Foto: Elliott Erwitt / David Seymour

También conocido con el seudónimo de Chim, David Seymour fue junto a Robert Capa y Henri Cartier-Bresson -entre otros- uno de los fundadores de la agencia Magnum Photos. Nació el 20 de noviembre de 1911 en el seno de una acomodada familia polaca, y al igual que Capa algunas de sus fotografías más apreciadas las hizo durante la Guerra Civil española. Trabajó para Life, Paris-Match y Regards, y demostró una sensibilidad especial para con los niños. Así lo atestiguan las fotos que hizo en sus viajes por Austria, Polonia o Alemania para documentar las penurias de los niños refugiados de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando Capa falleció en 1954, Seymour se convirtió en el presidente de Magnum Photos, puesto que ocupó hasta su muerte el 10 de noviembre de 1956 cuando fue ametrallado por soldados egipcios mientras iba en coche para realizar un reportaje sobre el intercambio de presos en el Canal de Suez.

Larry Burrows

Esta imagen de Burrows realizada en la Guerra de Vietnam en 1966 es todo un icono del fotoperiodismo de guerra y fuente de inspiración para muchos reporteros. | Foto: Larry Burrows / Roger Mattingly

Con 16 años empezó a trabajar imprimiendo fotos en las oficinas londinenses de la revista Life. El sueño de Larry Burrows no era otro que el de trabajar en una zona de conflicto. Lo intentó en la Guerra de Corea, en 1950, pero sus editores no le tuvieron en consideración por ser demasiado joven. Así pues, tuvo que esperar hasta 1962, año en el que viajó por vez primera a Vietnam. Durante la larga espera aprovechó para labrarse un nombre trabajando como fotógrafo profesional para Life y ser testigo de la violencia en Oriente Medio y las luchas entre las tribus del Congo.

Le había prometido a su mujer que no se iría de Vietnam hasta que reinara la paz, pero el 10 de febrero de 1971 el helicóptero en el que viajaba fue derribado en Laos. Burrows murió junto a tres compañeros de profesión más (Henri Huet, Kent Potter y Keizaburo Shimamoto), en un conflicto que se cobró la vida de decenas de fotorreporteros cuya labor homenajea el muy recomendable libro “Réquiem: By the Photographers Who Died in Vietnam and Indochina”. Burrows pasa por ser uno de los fotógrafos más importantes de la guerra del Vietnam, y su colección “One Ride With Yankee Papa 13” está considerada como uno de los mayores ensayos jamás creados sobre esta guerra. Es uno de los nombres más conocidos de la tristemente larga lista de reporteros gráficos que se cobró ese conflicto, y que también incluye a los franceses Gilles Caron y Michel Laurent, este último ganador junto a Horst Faas de un Pulitzer en 1971.

Sean Leslie Flynn

A la izquierda, Flynn con su amigo y fotógrafo Dana Stone el mismo día en que serían capturados por los jemeres rojos. A la derecha, su foto más conocida: soldados del ejército estadounidense torturan a un guerrillero del Viet Cong en 1966. | Foto: Terry Khoo / Tim Page / Sean Leslie Flynn

Hijo del actor australiano Errol Flynn -el Robin Hood cinematográfico más famoso de la historia- y la también actriz francesa Lili Damita, Sean Leslie Flynn nació el 31 de mayo de 1941. Llegó a Vietnam en 1966 para trabajar como fotoperiodista free lance. Lo hizo inicialmente para la revista Paris-Match, después para Time y Life, y finalmente para United Press International.

Dispuesto a hacer lo que hiciera falta para conseguir una buena foto, Flynn alternó durante años el trabajo de fotoperiodista con el de actor. En 1970 recibió un encargo de la revista Life y se subió a una moto para cruzar Camboya junto al también fotoperiodista y amigo Dana Stone. Pocos días después fueron capturados por los jemeres rojos y nunca más se supo de ellos. Fueron declarados oficialmente muertos en 1984.

Juantxu Rodríguez

Una de las últimas fotos del cacereño fue ésta realizada en un improvisado depósito de cadáveres durante la invasión estadounidense de Panamá. | Foto: Juantxu Rodríguez

Había trabajado para cabeceras como El País y La Vanguardia, y para medios internacionales como Libération, Newsweek y The New York Times. Pese a su experiencia, la suerte no acompañó a Juantxu Rodríguez cuando la bala disparada por un soldado estadounidense le entró por el ojo izquierdo y le sesgó la vida el 22 de diciembre de 1989 mientras cubría la invasión de Panamá. Tenía tan solo 32 años, era natural de Casillas de Coria (Cáceres) y su amiga Maruja Torres estaba con él aquel fatídico día.

Recordaba la famosa periodista en un artículo que vio cómo Juantxu caminaba hacia delante y caía, como si estuviera buscando una foto mejor. Pero estaba equivocada. Era el peso de la muerte el que hizo que se inclinara con su cámara entre las manos.

Christian Poveda

A las bandas salvadoreñas dedicó parte de su carrera el fotógrafo francoespañol. En la foto, miembros de la Salvatrucha. | Foto: Sipa Press / Christian Poveda

Tenía 54 años cuando le dispararon varias veces en el rostro. Dejaron su cuerpo inerte tirado a unos pocos metros de su coche, también abandonado, en un callejón de la zona metropolitana de San Salvador el 2 de septiembre de 2009. A diferencia del resto de autores de esta lista, Christian Poveda, fotoperiodista y cineasta francoespañol nacido en Argelia el 12 de enero de 1955, no fue víctima de un conflicto armado al uso, pero fue cruelmente asesinado por miembros de la banda criminal Mara 18, los mismos de quienes hablaba en su último y más aplaudido documental, “La vida loca”.

Poveda estuvo viviendo en El Salvador durante tres años y e invirtió año y medio en la realización de su película. Había conseguido establecer contactos con miembros importantes de las bandas criminales e incluso intentó, sin éxito, que bandas rivales como los Mara 18 y los Salvatrucha acercaran posiciones y dejaran de matarse los unos a los otros. Pero las sospechas de los líderes de la Mara 18 de que Poveda era un confidente de la policía provocaron su ejecución a sangre fría, poniendo fin a una excelente carrera y un puñado de buenas intenciones.

Tim Hetherington

Esta imagen de un soldado estadounidense que yace extenuado en una trinchera en Afganistán le reportó a Hetherington el primer premio World Press Photo en 2008. | Foto: Tim Hetherington / Balazs Gardi

En parte británico en parte estadounidense, Tim Hetherington era de los que aprovechan el tiempo que se les ha concedido. Trabajó como fotoperiodista para distintos medios internacionales y se ganó a pulso una buena lista de galardones, entre los que se incluye un primer premio World Press Photo en 2007. Entre foto y foto tuvo tiempo de dirigir en 2010 y junto a Sebastian Junger la película “Restrepo”, un documental sobre la vida de los soldados estadounidenses en la guerra de Afganistán que fue nominado en 2011 a un Oscar.

Aquel mismo año, el 20 de abril, Hetherington se encontraba en la ciudad libia de Misrata para cubrir la rebelión que estaba viviendo el país. Fue entonces cuando un ataque con bombas de mortero perpetrado por el ejército de Gadafi acabó con su vida. El día antes ya había avisado en su cuenta de Twitter que la ciudad estaba siendo atacada de forma indiscriminada por las fuerzas del dictador. En el mismo ataque también murió el fotoperiodista Chris Hondros.

Chris Hondros

Un guerrillero liberiano fiel a las fuerzas gubernamentales celebra el disparo de un proyectil en Monrovia, en julio de 2003. | Foto: Chris Hondros (Getty Images)

Nacido el 14 de marzo de 1970 en Nueva York, Chris Hondros falleció el mismo día que su compañero de batallas y amigo Tim Hetherington. Fue el 20 de abril en Misrata a manos del ejército de Gadafi. De padres inmigrantes –fueron niños refugiados de la Segunda Guerra Mundial-, Hondros se ganó la admiración y el respeto del fotoperiodismo de guerra en 2005 cuando capturó con su cámara el ataque indiscriminado de unos soldados estadounidenses que habían confundido a una familia iraquí con un terrorista suicida.

Sus fotos llenaron durante años las páginas de publicaciones internacionales como Newsweek, The Economist, The New York Times y The Washington Post, entre otros. En 2004 fue nominado a un premio Pulitzer, y en 2005 ganó un segundo premio World Press Photo. Tenía 41 años cuando murió.

Rémi Ochlik

La imagen del cadáver de Gadafi que dio la vuelta al mundo, obra de Ochlik. | Foto: Rémi Ochlik / Lucas Dolega

El 22 de febrero del año pasado un bombardeo sobre la ciudad siria de Homs acabó con la vida del francés Rémi Ochlik. Tenía 28 años y una prometedora carrera fotoperiodística por delante. Pese a su juventud, en 2004 ya había sido testigo de los disturbios en Haití durante las elecciones presidenciales, había publicado para algunos de los medios más importantes y había cubierto las revoluciones árabes de 2011 y 2012. Incluso había tenido tiempo para ganar un World Press Photo.

Ochlik había nacido para ser fotoperiodista. Lo intuyó cuando su abuelo le regaló su primera cámara y lo supo con certeza cuando se encontró trabajando en Haití. Su sueño era sentir el peligro, estar en aquellos lugares a los que muy pocos querían ir. Pero como sucede en demasiadas ocasiones, ese sueño se truncó. En el mismo ataque que acabó con la vida de Ochlik también falleció la veterana periodista estadounidense Marie Colvin. El enviado especial de El Mundo Javier Espinosa, refugiado también en el mismo edificio que Ochlik y Colvin con el que se cebó el ejército de Bashar al-Asad, logró escapar con vida.

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