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10 grandes precursores de la street photography

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Foto: Vivian Maier
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MAY 2014

Llámesele fotografía callejera o street photography, el fuerte impacto que está teniendo en la actualidad esta disciplina podría parecer una moda pasajera si no fuera por las raíces tan sólidas en las que se asienta. Algunos de los fotógrafos más influyentes de la historia contribuyeron con sus aportaciones a definir un género con unos límites muy difusos. Fotógrafos como Henri Cartier-Bresson, Vivian Maier o Garry Winogrand, con su forma de entender la fotografía y su aproximación a la vida cotidiana, hicieron de la street una manera de fotografiar con multitud de planteamientos e infinidad de posibilidades visuales.

Henri Cartier-Bresson (1908–2004)

Foto: Henri Cartier-Bresson

Uno de los fotógrafos más influyentes de la historia -considerado el padre del fotoperiodismo-, en las imágenes de Cartier-Bresson se advierten muchas de las características inherentes a la street photography. Su teoría sobre el momento decisivo es su sello más personal y aporta el elemento de la espontaneidad, clave en el género.

La capacidad instintiva de este francés para encuadrar en décimas de segundo le valió algunas de las instantáneas más icónicas del pasado siglo. Por lo general se trata de fotografías que llegan al espectador por la sencillez de las formas y la efectividad en el uso de las líneas.

En gran medida, la street photography le debe a Cartier-Bresson el interés por capturar la belleza de las escenas más cotidianas que toman fuerza por sí mismas.

Robert Frank (1924)

street photography
Foto: Robert Frank

Es el gran valedor de la street photography como recurso para contar una historia. El mensaje de su mítico libro “The Americans” es una crítica de la sociedad norteamericana de posguerra que en parte se sustenta en las formas. Y es en este punto donde el granito de arena de Frank se convierte en una montaña.

El suizo utiliza encuadres con una gran tensión en muchas de sus imágenes: corta personas y elementos importantes, tuerce el horizonte, esconde rostros, fotografía a personajes movidos, desenfocados o que nos dan la espalda… Incluso mantiene la atención fuera de la propia fotografía. Con todo ello consigue involucrar al espectador para que éste interprete la escena.

Si bien es verdad que el trabajo de Frank vale mucho más que la forma en que nos cuenta “The Americans”, no es menos cierto que su aproximación a un tema tan difícil rompió los moldes con que se fotografiaba personas en ambientes públicos.

Lee Friedlander (1934)

street photography
Foto: Lee Friedlander

Al contrario que Cartier-Bresson, la fotografía de Friedlander se caracteriza por ser más compleja. En efecto, el estadounidense no se preocupa por simplificar la escena eliminando elementos, sino todo lo contrario: la complejidad es su principal marca.

Friedlander es uno de los contribuidores más importantes en la evolución del género. Primeramente con una especie de caos muy particular, con composiciones difíciles y llenas de capas que se superponen (en ocasiones los objetos en primer término tapan a otros objetos aparentemente más importantes).

Pero además incluye sin rubor su propia figura -algo transgresor de por sí en la fotografía y más aún en esta disciplina-, bien sea en forma de sombra, en un reflejo en un espejo o incluso saliendo directamente dentro del encuadre. En algunas ocasiones su silueta es un reflejo tenue -pero importante- en un escaparate con otros personajes tras él o reflejados en él. Éstas son algunas de sus fotografías más características.

Otra de sus aportaciones es la fotografía sin personas. En este terreno Friedlander trabajó sobre todo con paisajes urbanos llenos de elementos típicamente americanos, así como interiores de casas. En ambos casos con una presencia humana implícita.

Vivian Maier (1926-2009)

street photography
Foto: Vivian Maier

La historia de esta fotógrafa estadounidense es tan atípica como extraordinario su descubrimiento. Vivian Maier trabajó toda su vida como niñera, pero su verdadera pasión era la fotografía. Sin embargo jamás se lo contó a nadie: fotografiaba para sí misma y nunca mostró sus instantáneas a familiares ni amigos.

Debido al impago de los gastos de almacenaje, en 2007 algunas de sus pertenencias salieron a subasta en Chicago. El cineasta John Maloof se hizo con aquel material por menos de 400 dólares: unos 100.000 negativos -una cuarta parte de los cuales sin revelar- que poco después desvelarían a una de las mejores fotógrafas de la segunda mitad del siglo XX.

Maier fotografió en blanco y negro, principalmente en medio formato, y en color con película de 35 milímetros. En su ingente obra hay lugar para infinidad de situaciones, aunque sin duda la street photography es el género predominante.

Posiblemente el legado más importante de Maier es la espontaneidad, un valor muy importante si tenemos en cuenta que fotografiaba muy de cerca escenas con una Rolleiflex. Observando los negativos, llama la atención que en la mayoría de los casos tan solo realizaba una toma, lo que da una aproximación de su sentido de la intuición, vital para captar escenas fugaces del día a día.

Su trabajo en color, más tardío, conserva intacto su sentido de la espontaneidad como rasgo principal, pero sus fotografías son más cómicas. En ellas Maier da una importancia capital al color y toma interés por los detalles más impersonales.

Pese a que Maier tomaba imágenes para sí misma, por el puro placer de fotografiar, de la solidez de su archivo se desprende un gran conocimiento del estado de la fotografía en general y del trabajo de otros autores. Además de la belleza en las luces y sombras y del cuidadoso uso de las líneas, su serie de retratos la sitúan en una senda similar a Diane Arbus, mientras que sus autorretratos van un paso más allá de los de Lee Friedlander.

Elliott Erwitt (1928)

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Foto: Elliott Erwitt

Ha recorrido el mundo entero fotografiando algunos de los acontecimientos históricos más importantes del siglo pasado, como el encuentro entre Nixon y Kruschev en 1959, o los funerales de Kennedy en 1963. Con su cámara, Elliott Erwitt también inmortalizó a personajes de la talla de Marilyn Monroe y el Ché Guevara. Con todo, se le considera uno de los street photographers más influyentes.

El de Magnum Photos -agencia que ha presidido en más de una ocasión- es el fotógrafo de las situaciones cómicas por excelencia. Su intencionalidad cargada de sentido del humor aporta a la fotografía callejera la ironía y el punto de surrealismo que muchos fotógrafos posteriores han perseguido.

Gracias a él muchas generaciones de fotógrafos han aprendido a reconocer el potencial que casi cualquier escena cotidiana posee. Con un minimalismo de elementos casi rácano y una búsqueda constante e intencional del mejor punto de vista, este estadounidense nacido en Francia parece reírse de la vida en cada instantánea.

Su cuerpo de trabajo incluye, además, dos de los leitmotiv más prolíficos en la street photography: los perros y los museos. Precisamente las series caninas de Erwitt forman parte de su obra más conocida porque reflejan el lado humano de estos animales.

Joan Colom (1921)

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Foto: Joan Colom

Como Vivian Maier y salvo por algún intento frustrado, Joan Colom no fue profesional de la fotografía, pero igual que la norteamericana su legado en la street photography tiene mucho de intuición. Y es que la maestría en este género tiene mucho que ver con la manera en que se mira la vida y la intencionalidad con que se fotografían sus hechos cotidianos. ”Yo hago la calle”, asegura, y de sus propias palabras se adivina que su trabajo se centra precisamente en fotografiar ese espacio público, concretamente el barrio chino de su Barcelona natal.

Su mayor regalo a la fotografía callejera es el punto de vista que ofrece de la vida de los bajos fondos. En un doble sentido. Por una parte Colom se centra en los personajes del lumpen que caracterizan el barrio que ha documentado de una forma exhaustiva con el paso del tiempo. Pero además aporta un punto de vista novedoso en sentido literal: la gran mayoría de sus instantáneas están tomadas por debajo de la cintura, sujetando la cámara de forma disimulada, sin mirar por el visor y calculando el encuadre con un objetivo angular de 28 o 35 milímetros.

Esta forma de fotografiar, que puede parecer poco honesta, le permite acercarse mucho a la acción como espectador y no como fotógrafo. El resultado es una acción y unos personajes más espontáneos, sin la injerencia de la cámara.

Tras un largo parón, el barcelonés pasó a fotografiar en color. Como Vivian Maier. Aunque los cambios en su obra son más sutiles, se aprecia una evolución hacia aspectos si cabe más decadentes. Colom, además, no ha perdido ni un ápice de su mirada y savoir faire: sigue colocándose siempre en el mejor lugar.

Garry Winogrand (1928–1984)

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Foto: Garry Winogrand

“Odio ese término. Creo que es estúpido y que no dice nada de un fotógrafo o su trabajo.” Así se despacha Garry Winogrand respecto a la etiqueta que se le atribuye de street photographer en el capítulo que le dedica el documental “Contemporary Photography in the USA”, de 1982. La aclaración posterior es una declaración de intenciones al margen de toda etiqueta: “Cuando fotografío no pienso en imágenes. Cuando fotografío veo la vida.” Y ésta es la gran aportación de Winogrand: fotografiar la vida en su estado más puro. La máxima de cualquier fotógrafo del género.

El de Nueva York no era precisamente uno de esos fotógrafos invisibles, al estilo de Cartier-Bresson. Fotografiaba de forma compulsiva, con un 28 milímetros, muy cerca de la gente y en ocasiones parado en medio de la acera frente a los retratados. Muchas de sus imágenes son precisamente fruto de una reacción particular de las personas al ver a un fotógrafo con su cámara.

Winogrand fue posiblemente uno de los fotógrafos más prolíficos: a su muerte, con tan solo 56 años, dejó aproximadamente un millón y medio de fotografías, una parte importante de las cuales quedaron sin procesar y otras tantas solo vieron la ampliadora para convertirse en hojas de contacto. Verle en acción debía ser un verdadero espectáculo.

El fotógrafo y crítico John Szarkowski dijo de él que era el principal representante de su generación, que incluye a Diane Arbus, Robert Frank y Cartier-Bresson, entre otros. Palabras mayores que dan a entender su importancia no solo en la street photography, sino en la historia de la fotografía en su sentido más amplio.

William Klein (1928)

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Foto: William Klein

Se trata posiblemente del fotógrafo que más tendencias ha roto, y sin embargo su cuerpo de trabajo en el ámbito de la street photography se mantiene inesperadamente homogéneo (por supuesto, no faltan en su archivo imágenes de corte clásico). Sus series fotográficas en ciudades como París, Nueva York, Roma, Moscú o Tokio se han convertido en libros de culto.

Una de las aportaciones más importantes de este fotógrafo estadounidense viene de su rechazo a dar un paso atrás para contextualizar la escena. Muy al contrario, Klein hace suya la célebre frase de Capa (”Si tu foto no es lo suficientemente buena, es que no estabas lo suficientemente cerca”) y se aproxima a las personas a las que fotografía. Klein se mete en la escena y se convierte en un personaje más de su propia instantánea. De hecho él mismo explicaba que leyó por vez primera la célebre frase del fotógrafo de Magnum tiempo después de aplicarla a su estilo.

Klein aseguró en una ocasión que estaba fascinado por las caras de los transeúntes y eso le llevaba a meterse con su cámara en medio de la multitud. Para ello necesitaba un gran angular (21 o 28 milímetros) que le permitiera incluir en el encuadre a un buen número de personajes y toda la acción que sucedía en distintas capas de la foto. Poco le importaban la distorsión inherente a esas ópticas o el grotesco tamaño que adquirían los sujetos en primer término. Klein, un fotógrafo que siempre ha nadado a contracorriente.

Robert Doisneau (1912-1994)

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Foto: Robert Doisneau

Algunas de las imágenes más bellas y llenas de vida del París de posguerra son obra de Robert Doisneau. Se trata de auténticos iconos del género, y sin embargo su fotografía más famosa, la de la pareja besándose con una multitud que los rodea, estaba en parte preparada. Corría el año 1950 y la revista Life le hizo un encargo al francés sobre París como ciudad del amor en la época de posguerra. Era urgente, y Doisneau tuvo que contratar a dos actores -que sí eran novios- para que interpretasen una de las imágenes más simbólicas del amor del siglo XX. Él mismo lo reconoció unos años más tarde.

Si bien es cierto que esto contraviene el principio de espontaneidad y no intervención en la toma, no es menos cierto que ésta es solo una de tantas fotografías y que otros autores de street photography -como Bruce Gilden- han hecho de la intervención en la fotografía su propia marca. Algo parecido ocurre con la que seguramente es la imagen más conocida de Capa, "Muerte de un miliciano", sobre la que sigue habiendo una importante sombra de duda acerca de su veracidad, y nadie cuestiona ni el valor simbólico de la fotografía ni mucho menos a su autor.

El valor de Doisneau es precisamente mostrar la belleza de la vida en un contexto histórico y geográfico heredero de dos guerras mundiales y una depresión económica. Los elementos que vemos en muchos otros autores son sintetizados por el francés de forma sublime. Son momentos de esperanza, amistad, curiosidad… y por lo general situaciones tan cotidianas como emotivas.

Richard Kalvar (1944)

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Foto: Richard Kalvar

La mirada de Richard Kalvar es una de las más atentas e incisivas, y combina en dosis iguales surrealismo e ironía. Todo ello con una composición cuidada en la que esconde elementos, conjuga planos diferentes y escoge puntos de vista en ocasiones poco comunes.

Pocos como el neoyorquino de la agencia Magnum Photos tienen un olfato tan fino para detectar situaciones potencialmente interesantes, y eso se traduce en buenas fotografías. Un par de carteles semejantes parecen bastarle para intuir que algo va a ocurrir de un momento a otro. Sin llegar a la exquisitez de Cartier-Bresson y su instante decisivo, las suyas son fotos que se habrían perdido para siempre de no ser por su particular punto de vista e intención.

El propio Kalvar reconocía que el momento que Cartier-Bresson ve como decisivo no tiene por qué ser decisivo para todo el mundo.

Aclaraciones

La restrictiva naturaleza de los decálogos, por un lado, y el difuso universo de la street photography, por el otro, hacen que sea recomendable completar este artículo con un pie de página a modo de aclaración.

Como pasa siempre en estas listas, son todos los que están pero no están todos los que son. El repertorio de autores que han contribuido con su obra a definir este género va mucho más allá de esta pequeña selección, en la que se ha procurado incluir a un variado elenco de fotógrafos de obligada referencia para los amantes de esta disciplina.

Una disciplina –y ahí va una segunda reflexión- muy genérica cuyas fronteras siguen siendo tema de debate en los círculos fotográficos. ¿Qué es la street photography? Sin ánimo de sentar cátedra, una definición bastante extendida con la que comulgamos desde Quesabesde incluiría cualquier tipo de fotografía de la realidad cotidiana obtenida de manera espontánea, sin artificios ni la intervención directa del fotógrafo, con un punto de vista diferencial e irrepetible.

Fotos tomadas en lugares públicos como museos, parques, playas, bares, restaurantes, transporte público, aparcamientos, cementerios, centros comerciales… incluso en la propia calle.

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