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10 grandes fotografías que evocan a clásicos de la pintura

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Foto: Luis de Morales / Samuel Aranda
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MAR 2015

El lenguaje visual de la fotografía tiene su origen en la pintura, de la cual aún hoy se sigue nutriendo. Desde la forma de representar la luz de Rembrandt hasta las abstracciones de Mondrian, no son pocos los fotógrafos que se han visto influenciados -conscientemente o no- por estilos pictóricos determinados. Con toda probabilidad los autores de la decena de fotos seleccionadas conocían las obras de los pintores que las acompañan, y aunque en algunos casos no las tuvieron presentes en el momento de capturar la imagen, las similitudes conceptuales y formales entre ambas son evidentes.

Rembrandt y Eugene W. Smith

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Foto: Rembrandt van Rijn
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Foto: Eugene W. Smith

Que Eugene W. Smith preparaba muchas de las fotografías que tomaba para darle el significado que pretendía es algo de sobras sabido. No en vano, estamos ante el representante más importante del ensayo fotográfico. En 1950 Smith viajó a Deleitosa, en la provincia de Cáceres, para realizar el reportaje “Spanish Village” que Life publicaría al año siguiente. Allí entrevistó a multitud de habitantes e hizo un estudio sociológico sobre la España rural de posguerra.

Esta fotografía del velatorio de Juan Larrá Trujillo es una de las más significativas del reportaje, y también está escenificada. Smith había echado una mano a la familia para el entierro y la burocracia, y estos le permitieron tomar la imagen antes de la ceremonia fúnebre. Las mujeres que aparecen están colocadas según las instrucciones del autor y la escena está iluminada con flash para que adquiriese el dramatismo que buscaba.

Y por su composición e iluminación recuerda a la famosa “La lección de anatomía del doctor Nicolaes Tulp” que pintó Rembrandt en 1632. Además, tanto las mujeres que velan a Larrá como los doctores que se aprestan sobre el cadáver de Adriaan Adriaanszoon -un criminal recién ahorcado- atraen el centro de interés hacia ellos.

Como curiosidad, parece ser que varios de los personajes del óleo fueron incluidos posteriormente por el pintor flamenco, quien muy probablemente tuvo que usar otro modelo para pintar el brazo diseccionado, relativamente más largo que el otro.

Velázquez y Helmut Newton

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Foto: Diego Velázquez / Helmut Newton

En algunas ocasiones Helmut Newton decidió ponerse frente a la cámara y junto a sus modelos. En esta fotografía tomada en 1981 en su estudio parisino, el fotógrafo australiano se retrata precisamente junto a dos modelos, una de las cuales aparece en una pose típicamente newtoniana, realzando su esbelta figura y con actitud de indiferencia hacia la cámara. De la otra solo vemos sus piernas y los zapatos de tacón. A un lado, la mujer del fotógrafo, June, mira la escena aparentemente aburrida o pensativa.

La conexión de esta fotografía con “Las Meninas” que pintó Diego Velázquez en 1656 se produce en varios niveles. Por una parte, en la aparición en escena del propio autor mientras trabaja en su obra. Por otra, la aparición de un espejo, que en la fotografía de Newton se lleva la mayor parte de interés porque es donde aparece él con la modelo principal, mientras que en el óleo del pintor barroco el espejo del fondo es donde -según la teoría más aceptada- el pintor sevillano pintó a Felipe IV y Mariana de Austria para darles cabida en el lienzo.

Además, este es de los pocos cuadros en los que Velázquez contextualiza ampliamente la estancia donde se da la acción, algo a lo que Newton tampoco nos tiene muy acostumbrados en sus desnudos de estudio.

Modigliani y Edward Weston

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Foto: Amedeo Modigliani / Edward Weston

A principios de la década de 1920 Edward Weston conoció a Tina Modotti, por entonces una joven actriz con la que no tardó en tener un romance y a quien él mismo inició e instruyó como fotógrafa. Este desnudo de la italiana, que fue su principal modelo durante algún tiempo, está tomado en 1924 en el tejado de la casa que compartieron en México. Weston había subido para fotografiar las nubes, pero el cuerpo de Modotti mientras tomaba el sol captó su atención.

Son la pose y la actitud desinhibida de Modotti las que recuerdan al desnudo que pintó Amedeo Modigliani en 1917. El pintor y escultor italiano encarnó el modelo de artista bohemio por excelencia: dado a las drogas, el alcohol y las mujeres, no gozó nunca de buena salud. Tampoco la suerte le acompañó en exceso: esta obra pertenece a una serie de desnudos similares que se exhibieron en París y que fue clausurada por la policía el mismo día del estreno por considerarla impúdica. Pese a ello, hoy día pasa por ser una de sus obras más reconocidas.

Edward Hopper y Henri Cartier-Bresson

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Foto: Edward Hopper / Henri Cartier-Bresson

Considerado el padre del fotoperiodismo, Henri Cartier-Bresson realizó infinidad de retratos, la mayoría con un estilo informal y una espontaneidad que reflejan muy bien la aplicación del instante decisivo al género. No sabemos muy bien si este retrato que realizó en 1986 a su mujer, la también fotógrafa de Magnum Martine Frank, está preparado o es un robado. Lo que sí es evidente es que Cartier-Bresson –nacido pintor antes que fotógrafo- conocía la obra de Edward Hopper. No en vano, la pintura del estadounidense es una de las más influyentes en la fotografía.

Y muy probablemente se trate de uno de tantos retratos espontáneos en los que el francés reconoció esa luz dura que entra por la ventana tan típica en las pinturas del pintor realista. Lo cierto es que las similitudes formales (al margen del cromatismo y de que Martine Frank esté vestida) con “Eleven A.M.” (así es como Hopper bautizó esta obra en 1926) son evidentes. Como lo es también su contenido, que desprende esa sensación de soledad que el pintor transmite de forma casi constante en su obra.

Luis de Morales y Samuel Aranda

Foto: Luis de Morales / Samuel Aranda

El único español que ha ganado el premio absoluto de los World Press Photo en las últimas tres décadas lo hizo con una imagen que recuerda la escena bíblica de Jesús descendido de la cruz mientras yace muerto en brazos de su madre. Es la Piedad inmortalizada por infinidad de pintores y esculpida magistralmente por Michelangelo.

La fotografía fue tomada en el Yemen, en una carpa improvisada como hospital para atender a manifestantes heridos cuando se abrió fuego sobre ellos durante la primavera árabe: en el momento de tomarla, Samuel Aranda no fue consciente de la similitud de la escena con la pietà. De lo que sí se dio cuenta el catalán es que esa era una imagen distinta a las habituales con madres llorando: “Muestra firmeza y entereza”, decía en una entrevista que concedió a este medio. Además, ahonda en uno de los sentimientos más universales: el amor materno.

Existen muchas piedades, pero en esta, obra del pintor español Luis de Morales en 1570, las manos de María toman una importancia básica, al igual que en la fotografía de Aranda. Además, el fondo neutro y la ausencia de otros personajes la hacen ideal para la comparación.

Rembrandt y Fernando Moleres

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Foto: Rembrandt van Rijn / Fernando Moleres

El fotógrafo fundador de la oenegé Free Minor Africa es poco dado al retrato. Sin embargo, en su reportaje “Men of God”, Fernando Moleres retrata a monjes de diferentes religiones mientras rezan para conectar directamente con su espiritualidad y su fe. Y muchas de las fotografías de esta serie recuerdan a la pintura de Rembrandt.

En esta fotografía la posición de la vela respecto al monje y la tenue iluminación que se proyecta sobre él es la causante de ese pequeño triángulo de luz que se forma bajo su mirada en penumbra. Es la conocida como luz Rembrandt, que tanto utilizó el pintor flamenco. Como por ejemplo en este retrato de su hijo que hizo en 1657.

Ingres y Man Ray

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Foto: Jean-Auguste-Dominique Ingres / Man Ray

Esta fotografía de Man Ray es el caso más evidente de inspiración en una obra pictórica. Su propio título, “El violín de Ingres”, lo atestigua. La actriz, cabaretera, cantante y pintora Alice Prin, conocida como Kiki de Montparnasse, fue musa del fotógrafo surrealista y posó para otros muchos artistas. Aquí no solamente ofrece su espalda desnuda a Man Ray, sino que además aparece con un turbante.

Exactamente como en “El baño turco” que pintó Jean-Auguste-Dominique Ingres en 1862. En la pintura del francés la protagonista está tocando un instrumento musical de cuerda, alegoría a la cual Man Ray hizo referencia al añadir con tinta china las aberturas de la caja de un violín en la espalda de Kiki. El doble juego está servido, y el fotógrafo recoge en una sola imagen las dos pasiones de Ingres: la pintura y la música -su excelencia con el violín era reconocida en toda Europa- aportando además ese toque surrealista que lo destaca.

Goya y Jahangir Razmi

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Foto: Francisco de Goya y Lucientes / Jahangir Razmi

La autoría de esta fotografía tardó más de 27 años en dilucidarse. No fue hasta 2006 cuando el fotógrafo iraní Jahangir Razmi admitió a The Wall Street Journal que él fue el quien, el 27 de agosto de 1979, documentó la ejecución en el aeropuerto de Sanandaj, en el Kurdistán iraní, de once personas acusadas de llevar a cabo actividades contrarrevolucionarias. Al día siguiente la fotografía era portada de uno de los principales diarios del país persa. Los rotativos internacionales la publicaron por todo el mundo en los días sucesivos.

La imagen no iba acompañada de crédito, y al año siguiente se convertiría en el único premio Pulitzer anónimo de la historia. Ante un acto tan atroz como este resulta complicado pensar que el fotógrafo iraní tuviera tiempo de pensar en “Los fusilamientos del tres de mayo” de Francisco de Goya, cuadro que finalizó en 1814. Pero la composición y los hechos plasmados son perfectamente equiparables.

Hay también un hecho destacable en la voluntad del pintor aragonés de dejar testimonio de la resistencia del pueblo madrileño a las tropas francesas en mayo de 1808. El propio artista escribió estas palabras en una carta: “Siento ardientes deseos de perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas acciones o escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano de Europa.” Auténtico periodismo gráfico con las herramientas de principios del siglo XIX.

Mondrian y Franco Fontana

Foto: Piet Mondrian / Franco Fontana

El italiano Franco Fontana es uno de los fotógrafos europeos que más ha trabajado la fotografía en color. Sus aportaciones más famosas son los paisajes dominados por praderas verdes y amarillas y los cielos azules, todos ellos colores rabiosamente saturados. Pero su trabajo en ambientes urbanos mantiene intacta la fuerza de los colores, ampliando incluso su paleta cromática. Además, en esta fotografía el punto de vista tan frontal ayuda a quitar profundidad a la imagen, que inmediatamente recuerda algunas de las pinturas de Piet Mondrian.

No solo por el uso de los colores primarios y secundarios que utilizó el fundador del neoplasticismo y la abstracción (que pintó este “Composition II” en 1930), sino también por la composición y la bidimensionalidad que Fontana logra en estas fotografías. A la similitud entre ambas obras hay que añadir la dificultad de encontrar en la vida real escenas tan poco figurativas.

Matisse y Edward Weston

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Foto: Henri Matisse / Edward Weston

Una excepción al resto del decálogo, pues en realidad Edward Weston realizó esta fotografía en 1936, anticipándose 16 años al cuadro de Henri Matisse. Weston realizó varios desnudos de su mujer, Helen Charis Wilson, en los que la modelo adopta una pose particularmente recogida, como si se sintiera pudorosa de mostrarse desnuda ante la cámara.

Matisse era amigo de Cartier-Bresson, que le retrató en alguna ocasión y para el que diseñó la portada de su mítico libro “Images à la sauvette”, y es muy probable que conociese la obra de Weston. En cualquier caso, este “Nude Blu” fechado en 1952 y los otros tres cuadros similares de la serie a la que pertenece reúnen muchas particularidades de la fotografía de Weston. El espectador reconoce en ellos un sentimiento de tristeza en la pose y el color azul, mientras que el encuadre cerrado aporta cierta sensación de angustia.

Aclaración

Para la elaboración de esta lista no se han buscado en ningún caso copias fotográficas de obras de arte. En mayor o menor grado, la composición, la luz y los colores pueden ser parecidos entre las obras seleccionadas, incluso la lectura que se haga de ellas, pero no estamos ante meras copias de cuadros.

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