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10 autoras de fotografía erótica que hay que conocer

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Foto: Montse Capel
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MAY 2016

La fotografía erótica casi siempre ha tenido -históricamente al menos- al hombre como destinatario. Pese a que también son hombres los autores más reconocidos en esta disciplina, por suerte eso está cambiando, y cada vez son más las mujeres que cogen la cámara para retratar la sensualidad del cuerpo humano. Lejos de ser definitivo, este compendio pretende indagar en la diversidad de los puntos de vista con que ellas abordan la fotografía erótica.

Ruth Bernhard

Foto: Ruth Bernhard

En 1935 Ruth Bernhard conoció a Edward Weston, y su influencia marcaría palpablemente su trabajo de desnudo en el fondo y en la forma (hasta el punto de que algunas imágenes realizadas por ambos guardan parecidos asombrosos). Si tenemos en cuenta el contexto histórico y sociopolítico en el que la autora comenzó a retratar a mujeres desnudas, es fácil comprender su gran aportación al género. Una de sus fotografías más destacadas es “Two Forms”, donde una pareja –también en la vida real- formada por una mujer negra y otra blanca se funde en un abrazo altamente erótico.

Pese a que en la mayoría de sus fotografías Bernhard trabajaba solo con un cuerpo desnudo contra un fondo neutro muchas veces negro, era capaz de crear composiciones complejas gracias al dominio que tenía de la iluminación -tanto dura como suave- y las formas femeninas. Su obra desprende sutileza, belleza en las formas y una suavidad en las texturas que parece sugerir una caricia.

Polly Penrose

Foto: Polly Penrose

El trabajo de Polly Penrose gira en torno al cuerpo femenino anónimo y a su adaptación a entornos impersonales. Con este leitmotiv, la artista selecciona meticulosamente una serie de interiores en los que sus modelos interactúan de forma bastante forzada, dando lugar a escenas surrealistas que a menudo producen cierto desasosiego.

Su trabajo más famoso es “A Body of Work”, que cuenta en la actualidad con dos series en las que ella misma es la protagonista y en las que siempre oculta su rostro. Penrose adopta posiciones forzadas acomodándose al mobiliario y la estructura que la rodea en rincones de casas deshabitadas, aportando su contorsionado cuerpo una extraña calidez a los interiores fríos y semivacíos.

Bunny Yeager

Foto: Bunny Yeager

Otra mujer que inició su carrera frente a la cámara como modelo para pasarse después a fotógrafa. Bunny Yeager descubrió a Bettie Page, una de las modelos pin-up por excelencia de Playboy, y ayudó a impulsar la fotografía erótica en las décadas de los 50 y 60. Lisa Winters, otra aclamada playmate de mediados de los 50, y Ursula Andress en la famosa escena de la playa durante el rodaje de la primera película de James Bond también posaron para ella.

Pese a ser un producto destinado claramente a un público masculino -y teniendo muy en cuenta el contexto histórico-, Yeager fotografío siempre a mujeres en actitud desenfadada y seguras de sí mismas.

Montse Capel

Foto: Montse Capel

Con su propio cuerpo por bandera, Montse Capel se convierte en la protagonista de unas fotografías altamente eróticas. Desinhibida, curiosa, descarada y provocadora, las escenas cotidianas del día a día dan mucho juego a un trabajo de exploración de la sensualidad a través de unos autorretratos que se meten en la consciencia del espectador con un erotismo inusual.

El hecho de que la autora juegue a insinuar -en ocasiones también muestra sin tapujos- su propio cuerpo, convierte el juego erótico en un flirteo con el espectador. Siempre en blanco y negro, Capel no solo se destapa en interiores sino que también escoge escenarios urbanos, de nuevo cotidianos, para cargar las escenas de erotismo y sexualidad con sus poses provocadoras.

Merry Alpern

Foto: Merry Alpern
Brokers, prostitutas, drogas y -claro está- mucho sexo. Y todo ello a través de la pequeña ventana de un burdel cercano a Wall Street. Era 1995 cuando Merry Alpern realizó esta serie fotográfica de tintes voyeristas -teleobjetivo mediante- desde un lugar en el que no podía ser vista, y que dos décadas después se convertiría en un libro.

Además de las escenas de sexo explicito que captó Alpern, este reportaje destaca por ser un documento en primera fila de un mundo de prostitución más o menos oculto pero obviamente presente en la sexualidad del ser humano. Pese a que todas las fotografías muestran un mismo encuadre, la diversidad de escenas da buena cuenta del negocio del sexo y la droga en una de las épocas de mayor auge de Wall Street.

Susan Meiselas

Foto: Susan Meiselas

Quizás uno no espera encontrarse en esta lista a la conocida fotógrafa de Magnum Photos, pero “Carnival Strippers” bien vale una mención. Un trabajo documental en toda regla que Susan Meiselas realizó en sus primeros años de fotógrafa (entre 1972 y 1975) sobre las strippers que actuaban en verano en pequeñas localidades de la costa este de Estados Unidos. Ya por aquel entonces Meiselas tuvo la genial idea de grabar en entrevistas cortas las impresiones de las chicas que protagonizaron sus fotografías.

El erotismo que desplegaban frente al público en sus actuaciones deja entrever una cotidianidad en la que el desnudo es otro aspecto más de la vida que llevaban. Meiselas las fotografió tanto en plena actuación -en ocasiones subidas de tono- como en momentos de ocio, dejando siempre que apareciesen con total naturalidad.

Ellen von Unwerth

Foto: Ellen von Unwerth

Ellen von Unwerth es probablemente la fotógrafa que mejor ha incorporado el sadomasoquismo en su fotografía erótica. La influencia de Helmut Newton en su obra se hace evidente en series como “Revenge”, en la que la alemana recrea una historia de abuso en una villa señorial, con el lujo y la dominación como elementos principales y protagonizado solamente por mujeres.

Con una producción mayoritariamente en blanco y negro, las fotografías de la alemana las protagonizan casi siempre esbeltas modelos que incorporan de forma sistemática elementos fetichistas muy ligados al lujo. Pese a que en su carrera la fotografía de moda tiene un peso importante -ella misma fue modelo- y que la mayoría de sus imágenes están cuidadosamente preparadas, en ellas se aprecia un cierto sentido de la espontaneidad.

Ludmila Foblova

Foto: Ludmila Foblova

Las imágenes de Ludmila Foblova son un desafío a la fotografía erótica más clásica. La joven autora checa huye de toda sutilidad en el uso de la luz y las formas del cuerpo humano y apuesta por unos colores contrastados, luces directas de flash y composiciones llenas de tensión. Todo con el objetivo de aportar emoción y pasión al desnudo sin que por ello se deba considerar vulgar.

Lo interesante es que en ese intento aparecen series como “Short Beaver's Life”. Foblova se dejó crecer el vello púbico durante 150 días, a lo largo de los cuales se tomó varias instantáneas del aspecto que iba tomando según crecía y hasta el momento de depilarse nuevamente. Otra de sus series más celebradas es “Metteografitti”, donde proyecta siluetas con contenido explícito en el edificio contiguo en un intento de transgredir el uso de las imágenes eróticas.

Nude Yoga Girl

Foto: Nude Yoga Girl

Esta es la firma de una las cuentas de Instagram que más ha subido en los últimos meses. Frente a la cámara y detrás de ella -su novio se limita a apretar el disparador- está una joven modelo y fotógrafa que se retrata desnuda en las más variadas posiciones de yoga. Algunas realmente complicadas.

En formato cuadrado, casi siempre en blanco y negro, con un fondo blanco y un par de tipos de iluminación sencilla (una luz lateral que resalta volumen y un contraluz que enfatiza su silueta), la joven fotógrafa reivindica la desnudez del cuerpo humano como el lugar donde reside el alma de cada persona, más allá de su componente sexual.

Sandra Torralba

Foto: Sandra Torralba

Romper los mitos y los estereotipos de la sexualidad y normalizar aquello que la sociedad moderna ha pasado a considerar algo extraño es uno de los objetivos de Sandra Torralba, cuyo principal trabajo es “Stranged Sex”. A lo largo de este proyecto, que inició en 2008 y en el que sigue trabajando, la madrileña escenifica multitud de situaciones para representar reflexiones personales sobre temas más o menos amplios.

Sin posicionarse claramente en aquello que representa, Torralba habla de corporalidad, de sexualidad y de género, pero planteando en todo momento preguntas al observador: en sus fotografías siempre hay algo que parece que no acaba de funcionar. Sin llegar a ser autobiográfico, sí que se trata de un trabajo personal que ha decidido protagonizar ella misma junto con sus allegados.

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