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Nueve más uno

Otros 10 directores de fotografía que han dejado huella en el cine

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JUN 2016

La noble labor de elaborar listas le obliga a uno a perpetrar dramáticas omisiones. Pero lo que en una lista queda al margen, siempre puede reservarse para otra con la esperanza de reparar las severas injusticias que un día hubo que cometer. Tras una primera selección de 10 directores de fotografía imprescindibles, en Quesabesde hemos vuelto la mirada de nuevo a este apasionante oficio para rescatar otra decena de nombres que en su momento la cruel tiranía de los decálogos dejó en fuera de juego.

Emmanuel Lubezki

Foto: Fox Searchlight Pictures / Riverroad Entertainment

Nacido en Ciudad de México hace 51 años, el Chivo, que así conocen a Emmanuel Lubezki en Hollywood, ganó en febrero su tercer premio Óscar consecutivo a la mejor fotografía con "El renacido" ("The Revenant", 2015), un registro inaudito en la historia de estos galardones.

Y es que más allá de la importancia que cada uno quiera dar a los Óscar (unos premios trufados de grandes injusticias históricas), lo cierto es que el dato revela el enorme nivel que ha alcanzado Lubezki, que parece ir un paso más allá en cada nuevo trabajo que encara.

Con una trayectoria que incluye filmes como "El nuevo mundo" ("The New World", 2005), "Hijos de los hombres" (“Children of Men", 2006), "Gravity" (2013), o "Birdman" (2014), el Chivo ha demostrado sobradamente su capacidad para dar lo mejor de sí en todo tipo de proyectos, desde aquellos que requieren un estilo naturalista de iluminación hasta los que exigen altas dosis de efectos especiales y nuevas técnicas de rodaje.

El control matemático de los planos secuencia, la capacidad para componer planos frescos y diferentes, el dominio de la luz natural y la tendencia a sumergir la cámara en la acción son algunos de sus rasgos estilísticos. Quizás el mejor ejemplo del nivel que ha alcanzado su cine se puede ver en "El árbol de la vida" ("The Tree of Life", 2011), de Terrence Malick, donde el cineasta mexicano concibe una fotografía experimental y a la vez realista basada en la luz natural y en unos movimientos de cámara rompedores.

Robert Burks

vértigo
Foto: Paramount Pictures

La carrera de Alfred Hitchcock probablemente hubiera sido muy diferente si en su camino no se hubiera cruzado el californiano Robert Burks (Newport Beach, 1910), con el que el maestro del suspense formó uno de los mejores tándems de la historia del séptimo arte. Burks empezó su colaboración con Hitchcock en la genial "Extraños en un tren" ("Strangers on a Train", 1951), que le valió su primera nominación a los Óscar y fue una pieza clave en la transición del blanco y negro al color dentro de la obra del director británico.

Luego vendrían otras obras maestras como "Crimen perfecto" ("Dial M for Murder", 1954), "La ventana indiscreta" ("Rear Window", 1954, su segunda nominación), "Atrapa a un ladrón" ("To Catch a Thief", 1955, con la que por fin se alzó con el galardón), "Con la muerte en los talones" ("North by Northwest", 1959) y "Marnie la ladrona" ("Marnie", 1964).

Foto: Paramount Pictures

Y por encima de todas ellas, "Vértigo" (1958), en la que, influido en la composición por la obra pictórica de René Magritte, Paul Delvaux y Giorgio De Chirico, Burks despliega todo su potencial con un magistral uso del color y una majestuosa iluminación de exteriores, contribuyendo de forma trascendental a generar el ambiente de ensoñación, misterio y paranoia que inunda cada fotograma del film.

Michael Chapman

taxi driver
Foto: Columbia Pictures
toro salvaje
Foto: United Artists

Aunque comenzó en esto del cine ejerciendo de operador de cámara en películas tan trascendentales como "El padrino" ("The Godfather", 1972) o "Tiburón" ("Jaws", 1975), Michael Chapman ha pasado a la historia como uno de los directores de fotografía más importantes de las décadas de los 70 y 80. De hecho fue precisamente durante el rodaje de la obra maestra de Francis Ford Coppola donde Chapman se interesó definitivamente por la cinematografía de la mano de otro de los grandes: Gordon Willis.

Aunque la carrera de Chapman en los últimos años puede considerarse algo errática, han sido dos de sus colaboraciones con Martin Scorsese, "Taxi Driver" (1976) y "Toro Salvaje" ("Raging Bull", 1980), las que le han garantizado un puesto prominente en la historia del cine y la dirección de fotografía.

En la primera de ellas, Chapman dio rienda suelta a su creatividad para retratar ese Nueva York tenebroso, sucio y desolador lleno de neones que brillan en la oscuridad y farolas que tintinean en las tinieblas. La variedad de planos del filme es infinita, así como los juegos visuales con espejos y otros elementos y el uso experimental de los desenfoques.

"Toro Salvaje", en cambio, es una oda a la contención. La vida del violento boxeador Jack LaMotta está narrada casi de forma documental, con un sobrio blanco y negro y con apenas dos cámaras para capturar toda la crudeza de la acción. Todo ello contrastado de forma soberbia con las escenas de lucha en el cuadrilátero, filmadas casi como un número musical, tremendamente estilizadas y con una luz muy expresiva.

Raoul Coutard

al final de la escapada
Foto: Impéria Films / Société Nouvelle de Cinema

Mucho antes de interesarse por el cine, el parisino Raoul Coutard estuvo once largos años ejerciendo de fotógrafo para Paris Match en la colonia francesa que luego se convertiría en Vietnam. Tras regresar a Francia y trabajar realizando fotonovelas, Coutard recibe la invitación de un antiguo amigo de sus tiempos de reportero en Indochina para realizar un modesto documental.

Este sería el pistoletazo de salida de una carrera como director de fotografía plagada de grandes películas y vinculada a directores como François Truffaut, Costa-Gavras y Jean-Luc Godard. Precisamente de la mano de este último rodó la mítica "Al final de la escapada" ("À bout de soufflé", 1960), la película que puso en movimiento la Nouvelle Vague del cine francés, uno de los periodos más libres, creativos y revolucionarios que ha conocido el séptimo arte.

El estilo de Coutard encajó de lleno en lo que exigía la Nueva Ola: presupuestos limitados, filmaciones con pocos medios, libertad de acción y movimiento y estilo naturalistas. "Al final de la escapada", rodada íntegramente con una ligera Eclair Cameflex con película Ilford HPS de 400 ASA, está iluminada a base de rellenos, rebotes de luz y fuentes de iluminación presentes en los escenarios reales en los que se rodaba.

Coutard ideó unos esquemas de luz sumamente sencillos que permitían la libertad casi total de movimiento de los actores y operar la cámara en mano a modo casi de documental. Una apuesta absolutamente revolucionaria para la época que tuvo un inmenso impacto en las generaciones posteriores.

Tonino Delli Colli

Érase una vez en américa
Foto: Warner Bros

Con el permiso de Vittorio Storaro, Tonino Delli Colli es el director de fotografía más talentoso del cine italiano. Desde que entró en los estudios Cinecittà de Roma a los 16 años de edad hasta que fotografió "La vida es bella" ("La vita è bella", 1997), su última película, Delli Colli tuvo tiempo de trabajar con los más renombrados cineastas italianos (Federico Fellini, Sergio Leone y Pasolini) así como probar suerte fuera de su país de la mano de creadores como Roman Polanski, Jean-Jacques Annaud o el genial Luis García Berlanga.

Casi seis décadas de carrera en las que Delli Colli demostró su enorme versatilidad y su capacidad para adaptarse a nuevos estilos y tendencias. Fue el fotógrafo oficial del neorrealismo italiano con su blanco y negro crudo, filmó la primera película italiana en color, participó en la polémica "Saló o los 120 días de Sodoma" e inventó el spaghetti western junto a su gran amigo Sergio Leone, revolucionando para siempre el género.

En el recuerdo queda también la brillante, luminosa y sumamente precisa recreación del Nueva York de principios del siglo XX en la épica "Érase un vez en América" ("Once Upon a Time in America", 1984), para la que Delli Colli tomó como referencia las fotografías de Jacob Riis.

Conrad L. Hall

camino a la perdición
Foto: Dreamworks / 20th Century Fox / Zanuck Company

Medio siglo de profesión, tres Óscar de la academia y una filmografía con títulos tan destacables como "A sangre fría" ("In Cold Blood", 1967), "Dos hombres y un destino" ("Butch Cassidy and the Sundance Kid", 1969), "La leyenda del indomable" ("Cool Hand Luke", 1967) o "American Beauty" (1999), han colocado al estadounidense Conrad L. Hall en el altar de los mejores directores de fotografía.

Al igual que otros colegas de su generación, Hall siempre defendió una fotografía más natural e impresionista en contraposición a la iluminación artificial e hiperestilizada que imperaba en el Hollywood clásico. Así, tanto en blanco y negro como en color, la fotografía de matices y contrastes de Hall es clave para entender el estilo que marcó el nuevo cine de las décadas de los 60 y 70.

Un cáncer acabó con su vida prematuramente en 2003 a los 76 años de edad, justo después de terminar el rodaje de "Camino a la perdición" ("Road to Perdition", 2002), que a la postre se convertiría en su última película y le reportaría su tercer Óscar a título póstumo.

En el maravilloso film de Sam Mendes, Hall hace gala de su espectacular control de la luz, combinando todo tipo de recursos (contraluces, lluvia, humo, mezcla de tonalidades, luces fuertes y tamizadas) e iluminando las escenas nocturnas con una precisión exquisita, creando una atmósfera que rodea y amenaza la vida de los personajes.

Janusz Kaminski

salvar al soldado ryan
Foto: Dreamworks / Paramount / Amblin Entertainment

Nacido en Polonia en 1959, el nombre de Janusz Kaminski está íntimamente ligado a la filmografía de Steven Spielberg, con quien ha rodado una quincena de películas que le han reportado la admiración de la crítica y sus colegas de profesión, y dos premios de la academia: "La lista de Schindler" ("Schindler's List", 1993) y "Salvar al soldado Ryan" ("Saving Private Ryan", 1998).

Su personal estilo de iluminar es uno de los más fácilmente reconocibles del cine, y tanto cuando rueda ciencia ficción como en "Minority Report" (2002) o "Inteligencia artificial" ("A.I. Artificial Intelligence", 2001) como cuando se le exige un tratamiento más naturalista de la imagen, tal es el caso de "Munich" (2005), Kaminski consigue mantener su toque personal y al mismo tiempo ofrecer trabajos de una gran calidad técnica y artística.

Uno de sus grandes hitos es sin duda el drama bélico "Salvar al soldado Ryan", donde el cineasta polaco supo combinar con maestría una veracidad visual casi documental con imágenes de gran fuerza poética.

Las novedosas técnicas empleadas llevaron a esta película a un nivel de realismo pocas veces visto. Kaminski recurrió a objetivos de los años 40 para evitar la excesiva nitidez de las ópticas actuales, jugó con la velocidad de obturación para enfatizar los violentos movimientos de cámara, dejó que la sangre de los soldados manchara las ópticas y enfatizó el grano de la película para dar un tono más orgánico a la imagen.

También podemos observar otros rasgos estilísticos que se repiten en toda su filmografía, como el uso de vidrieras, ventanas, espejos y persianas en la composición de planos, o la presencia de zonas de luz claramente sobreexpuestas y contraluces.

Luis Cuadrado

el espíritu de la colmena
Foto: Elías Querejeta PC / CB Films

Hijo de un restaurador de vidrieras y nacido en la ciudad zamorana de Toro en 1934, Luis Cuadrado es uno de los más importantes y prolíficos directores de fotografía que ha dado el cine español. Fotografió más de 80 películas, cortometrajes y documentales, y trabajó a las órdenes de grandes directores como Carlos Saura, Víctor Erice, José Luis Borau o Ricardo Franco hasta que una progresiva ceguera lo apartó para siempre de la profesión. Murió en 1980.

Entre su extensa y variada filmografía destaca de forma especial su trabajo en "El espíritu de la colmena" (1973), una película conmovedora y extraordinariamente bella y poética que supone una de las más altas cimas creativas de la cinematografía española (y por qué no decirlo, mundial).

A las órdenes del perfeccionista Erice, Cuadrado iluminó meticulosamente cada fotograma de la película con una economía de medios encomiable, al más puro estilo de sus admirados cineastas de la Nouvelle Vague. Para ello empleó ópticas de grandes aperturas de diafragma y usó técnicas como el revelado forzado de la emulsión. Casi todos los exteriores del film, rodado en la localidad segoviana de Hoyuelos, están fotografiados bajo cielos grises y plomizos, y la cámara se mantiene casi permanentemente estática para dar todo el protagonismo a las bellísimas composiciones y la luz natural.

No menos fascinantes son los interiores, bañados en numerosas ocasiones por una única fuente de luz filtrada a través de ventanas o cristaleras, creando un apasionante mundo de luces y sombras fantasmagóricas. Y todo ello siempre con un estilo absolutamente realista y austero.

Jordan Cronenweth

blade runner
Foto: Warner Bros. Pictures
blade runner
Foto: Warner Bros. Pictures

Aunque su filmografía no está tan repleta de títulos indispensables como ocurre con otros cineastas de esta lista y a pesar de que no es ni mucho menos el director de fotografía más laureado de todos los tiempos, lo cierto es que Jordan Cronenweth cambió para siempre el género de la ciencia ficción y se convirtió en uno de los operadores más influyentes de la historia del cine.

De formación clásica, Cronenweth trabajó como asistente y operador de Conrad L. Hall y formó parte habitual del equipo de Ted McCord, un artesano de Hollywood responsable de la fotografía de películas como "Sonrisas y lágrimas" ("The Sound of Music", 1965) o "El árbol del ahorcado" ("The Hanging Tree", 1959). Por sí mismo ha fotografiado clásicos de la talla de "Primera plana" ("The Front Page", 1974), dirigida por Billy Wilder, o "Peggy Sue se casó" ("Peggy Sue Got Married", 1986), de Francis Ford Coppola, en la que demostró su capacidad para crear atmósferas partiendo de una iluminación naturalista.

Pero el verdadero hito de su carrera ha sido iluminar "Blade Runner" (1982) a las órdenes de Ridley Scott. Un film de culto que cambió para siempre la manera de ver y entender la ciencia ficción, y que se ha convertido en una de las películas más imitadas e influyentes de las últimas décadas.

Inspirado por la fotografía de su admirado Gregg Toland en "Ciudadano Kane" ("Citizen Kane", 1941), Cronenweth recrea un futuro desolador, sombrío y deshumanizado a base de usar intensos focos de luz en estancias llenas de humo y exteriores invadidos por la niebla y la lluvia perpetua. Haces de luz que se cuelan por las ventanas de edificios destartalados, generando intensos contraluces, y que en ocasiones se mueven como si la ciudad entera vigilara a los protagonistas.

Todo ello sumado a una fotografía cruda, oscura y altamente contrastada, que hizo de esta película un auténtico manual de fotografía para el cine posterior.

Stanley Cortez

la noche del cazador
Foto: United Artists

Quizás el de Stanley Cortez no es el primer nombre que a uno le viene a la cabeza cuando piensa en directores de fotografía (más aún teniendo que dejar fuera de la lista a un buen puñado de ellos). Pero la realidad es que este cineasta neoyorkino es uno de los principales responsables de que "La noche del cazador" ("Night of the Hunter", 1955) se haya convertido en una de las primeras películas de culto de la historia.

El único filme que dirigió el genial actor Charles Laughton, protagonizado por un memorable Robert Mitchum con los nudillos tatuados, es además una de las obras más bellas y sugerentes del séptimo arte, y le debe mucho por todo ello al magistral trabajo fotográfico de Cortez, que asumió toda la responsabilidad técnica del rodaje ante la inexperiencia de su director.

Foto: United Artists

Toda la película, fuertemente inspirada en el expresionismo alemán y llena de claroscuros y trucos visuales, está cargada de escenas absolutamente memorables en los que la fotografía juega un papel absolutamente esencial. Tal es el caso de la secuencia del asesinato de Willa, con sus líneas oblicuas que recuerdan poderosamente al cine de Murnau, o la posterior imagen de su cadáver bajo el agua.

Igualmente inolvidables son las escenas en las que aparece la amenazante figura del reverendo Ben Harper, iluminado como si se tratara de un ser mitológico con las facciones distorsionadas por las sombras.

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