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10 consejos para hacer mejores retratos de ambiente

 
8
MAR 2011

A diferencia del retrato puro y duro, el de ambiente nos da más información visual sobre el protagonista. ¿Quién es? ¿Qué hace? ¿De dónde es? Un solo vistazo a la imagen es suficiente para despejar muchas incógnitas. Como una especie de reto, el fotógrafo debe detectar aquellos detalles de la escena que contribuirán a dar respuestas al espectador. He aquí un decálogo de consejos para hacer de un simple retrato un auténtico retrato de ambiente.

El equipo ideal para este registro fotográfico estaría formado por una cámara que permita medir puntualmente la escena y un objetivo angular moderado de focal fija (35 milímetros en paso universal, aunque en su defecto también nos servirá un zoom que cubra ese rango). Quedan abiertas, pues, muchas posibilidades: compactas de altos vuelos, réflex sencillas con un zoom estándar, réflex de corte profesional con un objetivo de focal fija muy luminoso, equipos de formato medio...

¿Y qué hay del flash? Personalmente, para la fotografía de retrato prefiero prescindir de este accesorio, ya que un mal uso del mismo puede alterar sustancialmente el ambiente lumínico de la escena. Salvo en contadas ocasiones, es recomendable dejar apagado el flash integrado de la cámara, y si es necesaria una dosis de iluminación extra, lo mejor es trabajar con una unidad externa de flash y rebotar su luz. Mandará, en cualquier caso, nuestro afán creativo.

Jesús Arenas, iluminado por el flash inalámbrico. | Foto: Martín Gallego

¿Por qué medición puntual? Pues para exponer la toma a partir de la luz del rostro del retratado, lo más importante en este tipo de fotografías. Hemos de tener presente que el recorrido visual de quien observará la imagen partirá de la cara del fotografiado, y después se dirigirá hacia el resto de la escena. Por eso es crucial exponer correctamente la piel de la persona. Si además podemos memorizar en la cámara esta medición, nos será posible experimentar un poco y sacar al retratado a contraluz, por ejemplo.

Anna Perpinyà, pintora. | Foto: Martín Gallego

Por supuesto, en todo retrato el punto de enfoque han de ser los ojos. En concreto, el más cercano a la cámara.

Fernando Peracho, galerista. | Foto: Martín Gallego

La composición es determinante, así como la elección del punto de vista. Si descentramos al protagonista, damos un poco más de importancia a lo que hay a su alrededor. En entornos abigarrados hemos de valorar la importancia o el tamaño de la figura para mostrar el ambiente. En un espacio con pocos elementos, en cambio, es importante componer ?con lo que hay?, aprovechando al máximo las posibilidades en cuanto a forma y posición.

Ramon, el de las sartenes. Cehegín, Murcia. | Foto: Martín Gallego

¿Blanco y negro o color? Esa decisión está condicionada muchas veces por el uso final que tendrá la foto. Personalmente, suelo crear ambas versiones para una misma toma, e incluso alguna más con una estética algo arriesgada si el personaje lo requiere. No hay una norma fija, aunque salta a la vista que la mayoría de veces me acabo decantando por la versión en grises.

Josep Sebastià, actor. | Foto: Martín Gallego

Hay que interactuar con el retratado. Éste debería de haber sido en realidad el primer punto del decálogo, por encima incluso de los consejos meramente técnicos. Son muy variopintas las situaciones que invitan a realizar retratos de ambiente: desde escenas cotidianas para nuestro álbum familiar hasta encargos para revistas. En algunos casos, ya habremos mantenido un contacto previo a la sesión, pero en la mayoría de ellos es importante conseguir sobre la marcha una mínima comunicación con el retratado.

Toni Albà, actor. | Foto: Martín Gallego

Planificar la sesión es buena idea (siempre que tengamos tiempo para ello). Si es un personaje público, debemos informarnos sobre él. Hay que tener en cuenta asimismo el lugar donde se efectuará el encuentro, el momento del día en que se realizará la sesión, las condiciones meteorológicas...

Gabriella Saibene, investigadora de la energía, en una conferencia en La Pedrera, en Barcelona. | Foto: Martín Gallego

Lo ideal es disponer de tiempo para sacar lo mejor de nuestro "modelo" y del escenario en el que nos hallamos. Si podemos concertar una cita en su entorno habitual e incluso acudir al lugar un par de horas antes de ponernos a disparar, la cosa ya roza la perfección. En ese caso, podemos explorar las posibilidades fotográficas del sitio y trabar el contacto humano.

Manolo García, músico, maquillándose para la grabación de un vídeo. | Foto: Martín Gallego

No se trata de hacernos amigos, pero sí de favorecer un ambiente relajado para que el retratado se sienta cómodo. Es buena idea ir mostrándole de vez en cuando las imágenes obtenidas para que pueda constatar que todo cuanto le sugerimos tiene un resultado positivo en la foto. Eso nos abrirá las puertas a plantearle situaciones fotográficas o poses más arriesgadas, pero que pueden funcionar visualmente.

Kike Serrano y Manu García. | Foto: Martín Gallego

Es importante que el retratado se guste en las fotos que tomemos. Si lo conseguimos desde el principio, el "feeling" redundará en la calidad de la sesión. Si tenemos la suerte de trabajar con personas con cierta proyección pública (léase "famosos"), rápidamente nos daremos cuenta de que la mayoría de ellos prefieren que se les trate como personas. Unos son más accesibles que otros, pero es parte de nuestra tarea romper la barrera del personaje público para acceder a la persona que hay detrás.

Maria Rosa Vila, editora gráfica, visitando una exposición. | Foto: Martín Gallego

Es buena idea ir tomando apuntes a medida que realizamos las fotos o bien justo al acabar. Anotar datos, impresiones e incluso anécdotas puede derivar en pies de foto que nos ayudarán a enriquecer las imágenes. Además, quién sabe si algún día podrán servirnos para proyectos de cierta entidad: exposiciones, libros... En mi caso, siempre llevo una libreta y un bolígrafo en la bolsa. Son tan importantes como cualquier otro accesorio fotográfico.

Manifestación frente al Parlament de Catalunya, en Barcelona. | Foto: Martín Gallego
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