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10 consejos para grabar vídeo con cámaras SLR (o de objetivo intercambiable)

 
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ENE 2012

Hace ya varios años que irrumpió en el mercado. Desde entonces, la posibilidad de grabar vídeo con una máquina fotográfica de óptica intercambiable (llámese ésta SLR, SLT o compacta de sistema) ha revolucionado tanto el sector fotográfico como la escena cinematográfica independiente. Pese al enorme potencial que ofrece esta herramienta, todavía son muchos los fotógrafos (o camarógrafos) con ciertas ambiciones creativas que no dominan su manejo. He aquí una decena de consejos a cargo de Enrique Pacheco para lograr mejores vídeos con una de estas cámaras.

Modo manual

Si lo que realmente queremos es obtener resultados de calidad, lo primero que hay que hacer es prescindir de automatismos y controlar manualmente todos los ajustes de la cámara. Tanto el modo de exposición (si procede) como el tipo de enfoque, pasando por la compensación y otros parámetros. Si bien es cierto que algunas cámaras han optimizado mucho la velocidad y precisión de los ajustes automáticos durante la grabación de vídeo, estas medidas nos aseguran un control total sobre la imagen y contribuyen a evitar efectos indeseados.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Formato

La mayoría de cámaras de óptica intercambiable que graban vídeo ofrecen dos resoluciones diferentes: 1920 x 1080, también conocida como Full HD, y 1270 x 720. Esta última suele brindar la opción de registro a 50 fotogramas por segundo (50p), mientras que la primera lo hace sólo a 25 o 24 (valores todos ellos correspondientes al sistema de vídeo PAL, que es el estándar en Europa).

El uso de uno u otro tamaño depende de las necesidades concretas de cada situación: no es lo mismo grabar vídeo para reproducirlo luego en una pantalla grande que para colgarlo en Internet. Lo mismo ocurre con las distintas cadencias: con 24 fotogramas obtendremos una textura más cinematográfica; 25 constituye la frecuencia estándar, y a 50p podremos -entre otras cosas- generar secuencias a cámara lenta en posproducción.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Diafragma y obturación

Los fotógrafos con algo de experiencia o ganas de aprender seleccionan manualmente el diafragma y la velocidad de obturación. La grabación de vídeo nos permite seguir usando el diafragma, pero la velocidad de obturación está siempre marcada por el número de fotogramas por segundo (fps) y acostumbra a ser lenta. Esto limita drásticamente nuestras posibilidades y hace imprescindible el uso de filtros ND para ajustar la exposición cuando trabajamos en escenas con mucha luz.

Pero profundicemos un poco más. Si estamos grabando a 25 fps, necesitaremos obturar al menos una vez por fotograma para obtener una fluidez natural en la imagen. Eso significa realizar 25 obturaciones, con lo cual técnicamente podríamos seleccionar una velocidad de obturación mínima de 1/25 segundos. Sin embargo, intentaremos no usar dicha velocidad a menos que andemos escasos de luz.

Foto: Enrique Pacheco (Quesabesde)

¿Por qué? Porque para conseguir ese aspecto cinematográfico al que estamos habituados el obturador de nuestra cámara debe trabajar al equivalente en cine a 180 grados. Esto significa que el obturador funciona de manera horizontal al eje de la imagen igual que lo hacen nuestros párpados, consiguiendo así un "look" más fílmico y natural.

¿Y cómo podemos calcular la obturación necesaria para conseguir esos 180 grados? Muy sencillo: aplicando la formula E = F x 360 / 180, donde "E" es la obturación y "F", los fotogramas por segundo. Por tanto, si estamos grabando a 25 fps, habría que multiplicar 25 por 360 y dividirlo por 180. El resultado es 50. Esa sería la obturación que andamos buscando: 1/50 de segundo. Y si lo nuestro no son los números o sencillamente no nos apetece hacer cálculos, he aquí una lista con las obturaciones más comunes:

Foto: Quesabesde

Cabe tener presente que una obturación más lenta de lo recomendado produce la sensación de que los objetos en movimiento dejan un rastro a su paso. Por el contrario, obturar a más velocidad genera un efecto conocido como "staccato" que se manifiesta en forma de imagen entrecortada. Este último se ha utilizado como recurso estético en cine (véanse por ejemplo las secuencias de acción de "Gladiator").

Enfocar con precisión

Como pasa con muchas videocámaras, estas máquinas de fotos cuentan con la llamada lupa de enfoque, que permite hacer zoom en la imagen para tener un mayor control sobre ese parámetro. Esto es fundamental, ya que lo suyo es trabajar con el foco en manual.

De las primeras SLR que grababan vídeo se criticó que el autofoco no funcionaba bien (peor lo hacía el modo de seguimiento). Pese a que el rendimiento del autofoco en este tipo de cámaras mejora a pasos agigantados y su uso en ciertos momentos puede sacarnos de un apuro, los amantes del vídeo se van convenciendo cada día más de que no es necesario. ¿Acaso un operador de televisión utiliza el autofoco? ¿Alguien ha visto una cámara de cine que enfoque automáticamente? La mejor forma de enfocar es haciendo zoom con la lupa y ajustando el foco al punto deseado. Y de ser necesario, efectuar varias mediciones y marcas para luego realizar un seguimiento.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Bendito trípode

Debido al reducido tamaño y peso de las máquinas fotográficas respecto a una videocámara de corte profesional, su inestabilidad cuando se usa sin trípode ni estabilizador es su mayor inconveniente. Estas cámaras han sido concebidas sobre todo como cámaras de fotos, con lo que no tienen la ergonomía adecuada para ser usadas a mano o al hombro. Si las utilizamos como si fueran videocámaras, obtendremos imágenes excesivamente movidas y temblorosas. Por ello es altamente recomendable usar un buen trípode, a ser posible con rótula de vídeo, que además de ofrecernos estabilidad nos permitirá realizar movimientos de cámara con fluidez. Hay muchos más accesorios (estabilizadores, "sliders", grúas...), pero hay que empezar por lo básico e imprescindible para luego seguir creciendo.

En este sentido hay que tener en cuenta también el denominado efecto "rolling shutter", del que adolecen muchas de estas videocámaras. Consecuencia directa del sistema de exploración que emplean algunos sensores, este fenómeno deforma la imagen en las tomas con mucho movimiento o con panorámicas muy violentas.

Exponer correctamente

Uno de los aspectos más delicados cuando grabamos vídeo es la exposición. A diferencia de la fotografía, donde solemos trabajar en RAW y contamos con un amplio margen de maniobra para corregir parámetros a posteriori durante el proceso de edición, aquí las posibilidades son más limitadas. La imagen final del vídeo que obtenemos, codificada prácticamente siempre en formato H.264 (lo que en fotografía sería un JPEG), no da muchas concesiones a la edición sin que se noten negativamente sus efectos.

Exponer correctamente, por tanto, es fundamental. Para ello ignoraremos totalmente el aspecto que presente la imagen en la pantalla de la cámara; incluso lo que marque el exposímetro. Debemos en cambio confiar nuestra exposición a una correcta lectura del histograma, que nos indicará si toda la información de la escena se encuentra dentro del rango dinámico de la cámara. Ésta es la clave para una correcta exposición.

Foto: Enrique Pacheco (Quesabesde)

Balance de blancos

He aquí otro de los ajustes que no preocupan demasiado a los fotógrafos que disparan en RAW, ya que es un parámetro que puede manipularse una vez realizada la toma. Esto cambia drásticamente en el terreno del vídeo. Aquí se hace imprescindible realizar un ajuste de balance de blancos lo más preciso posible durante la grabación para evitar correcciones en posproducción y la consiguiente degradación de la imagen que éstos conllevan.

Lo más práctico es trabajar con grados Kelvin, ajustando con precisión el número deseado. Algunas cámaras permiten realizar modificaciones en pasos de 100 grados Kelvin. Un rápido repaso al respecto: la luz de día se equilibra a 5.600 K y la incandescente, a 3.200 K. Algunos fluorescentes se balancean mejor en torno a los 4.000 o 4.500 K.

Sensibilidad

Como es sabido por los fotógrafos, cuanto mayor sea el valor ISO seleccionado, mayor será la sensibilidad del sensor hacia la luminancia de la escena y menor la luz que la cámara necesite para trabajar. Pero cuando aumentamos este parámetro también se incrementa el ruido de la imagen, sobre todo en las sombras, degradándose considerablemente la calidad de la toma. Lo mismo sucede con el vídeo, y es por ello que intentaremos -siempre que se pueda- mantener el ISO en el valor más bajo posible, buscando el compromiso entre sensibilidad y ruido. Es importante para ello conocer la respuesta de nuestra cámara al ruido. Cuanto mayor es el sensor y más avanzada la electrónica del equipo, menor será el ruido y mayor la sensibilidad utilizable.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Elegir el perfil adecuado

Aclarado que no es posible capturar vídeo como quien dispara en RAW, atinar el perfil de grabación se hace imprescindible. Las cámaras suelen venir con varios perfiles de imagen preconfigurados con nombres como "neutro", "paisaje", "retrato", "monocromo"... Debemos elegir el que nos ofrezca el mayor rango dinámico, que acostumbra a ser el llamado "retrato". Este perfil evitará que "peguemos" los fondos negros y "clipeemos" las altas luces. Quienes quieran ir un paso más allá pueden optar por perfiles diseñados por firmas como Technicolor (véase el llamado CineStyle) o los fantásticos perfiles de Marvels.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Audio

La gestión del sonido de forma eficiente es sin duda la asignatura pendiente de la mayoría de cámaras fotográficas, ya que éstas han sido diseñadas sobre todo como lo que son -cámaras de fotos- y no cuentan con buenos micrófonos ni suficientes conexiones de audio. Además, sus conversores digitales, de mediocre calidad, no ofrecen un buen muestreo de la señal. Hay que evitar por tanto el uso del micrófono integrado, tanto por su baja calidad como porque suele captar el ruido que hacen nuestras manos al manipular la cámara.

En su lugar, lo más recomendable es usar un grabador de audio externo e independiente. Hay muchos modelos en el mercado, pero debemos fijarnos básicamente en que cuente con varias entradas, que éstas sean balanceadas (XLR) y que sea posible controlarlas independientemente. Por supuesto, un buen micrófono externo, también XLR, será necesario si queremos hacer grabaciones de calidad.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Pero todo esto tiene un problema añadido: la necesidad de sincronizar el sonido en la edición. En este sentido, debemos asegurarnos de que también estamos grabando audio de referencia con la cámara. Los más metódicos incluso pueden usar una claqueta durante la grabación (en su defecto, hay varias aplicaciones para smartphones y tablets disponibles para tal fin). También hay software especializado para hacer más fácil la tarea de sincronización del audio (PluralEyes es quizás el más popular y práctico).

Cierto: quizás no todos requerimos de semejante nivel de exigencia, y siempre podemos conectar un micrófono externo a la cámara, pero la calidad del sonido se verá mermada considerablemente.

Enrique Pacheco es experto en grabación de vídeo HD y "time-lapse" con cámaras SLR, e imparte talleres en Islandia y en la Escuela de Cine de la Ciudad de la Luz.

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