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10 consejos fotográficos para vender tu piso

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MAY 2011

Como en tantos otros aspectos de la vida, Internet ha irrumpido con fuerza en el negocio inmobiliario. Y lo ha hecho hasta el punto de que, a día de hoy, raros son los que aún no recurren a la red para vender, comprar o alquilar su hogar. Las webs inmobiliarias son los nuevos escaparates de la vivienda, y ahora más que nunca las fotografías constituyen el principal reclamo para futuros compradores. He aquí unos sencillos consejos para que las imágenes de nuestro hogar actúen como auténticos cebos en el esquilmado mar del mercado inmobiliario.

Por muy evidente que parezca, no está de más recordar que a la gente no le interesa saber de qué color es nuestra ropa interior usada ni cuántos platos sucios somos capaces de apilar en el fregadero de la cocina. No hace falta que sea a fondo, pero ordenar y limpiar nuestro hogar antes de empezar a disparar con la cámara es imprescindible. Hacer la cama y guardar la ropa del armario nos llevará poco tiempo y mejorará radicalmente el aspecto de las fotografías.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Algunas páginas web inmobiliarias limitan el número de fotografías que podemos publicar en ellas, por lo que será necesario planificar el "tour" fotográfico y hacer una selección inteligente de imágenes. De nada sirve tener una decena de fotos del salón si luego no publicamos ninguna de la cocina. Por supuesto, hay que evitar las imágenes defectuosas. Una mala imagen resta más que suma.

Para abarcar la superficie de las habitaciones con comodidad nada mejor que un buen objetivo angular, a poder ser de entre 24 y 28 milímetros. Conviene no rebasar el umbral inferior, ya que un angular demasiado acusado puede distorsionar las líneas y proporciones de nuestra casa hasta límites dalinianos.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Si nuestro hogar lo permite, es recomendable hacer las fotografías con luz natural, preferiblemente en días soleados. Nuestra cámara responderá mucho mejor y las estancias tendrán un aspecto más cálido y acogedor. Si vivimos en una cueva del Sacromonte de Granada o realizamos la sesión fotográfica en pleno invierno ártico no tendremos más remedio que encender cuantas luces sea posible y encomendarnos al buen dios de la fotografía y el balance de blancos.

A menos que los incluyamos en la oferta de venta o alquiler, el aspecto de nuestros familiares y amigos no tiene por qué interesar al potencial comprador, por lo que conviene evitar que aparezcan personas en las fotografías. Cuidado con los reflejos en espejos y cristales de puertas y ventanas, ya que se pueden convertir en un improvisado catálogo de espectrales invitados.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Pocas cosas hay tan molestas como una foto trepidada o movida. Para evitar eso nada tan efectivo como un trípode, especialmente en esos lugares de la casa en los que no suele llegar la luz natural, como el baño, la cocina, la bodega de vino o los calabozos. Si no tenemos trípode, podemos apoyar la cámara en los muebles o en cualquier superficie plana.

Para asegurar aún más el tiro es recomendable activar el disparador automático, una prestación que ofrecen prácticamente todas las cámaras del mercado, incluso las que hemos conseguido -tras dejarnos engatusar- con los cupones de algún periódico.

Siempre y cuando no dominemos su funcionamiento, debemos evitar el flash. Este tipo de luz suele generar imágenes muy contrastadas y llenas de sombras inquietantes y opresivas que pueden espantar al futuro comprador. Eso sin olvidar los reflejos que ocasiona en espejos y cristales al más puro estilo nacimiento de supernova.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Debemos controlar siempre lo que se ve a través de las ventanas. Si no es agradable, lo más sensato es esconderlo, del mismo modo que escondemos la tripa cuando vamos a la playa. Nada tan simple para ello como correr las cortinas, recurso que además puede servirnos para tamizar la luz y hacerla más agradable.

Los detalles importan. Si nuestro piso puede presumir de tener unos acabados impecables, no es mala idea incluir alguna foto con un detalle que merezca la pena destacar, ya sea el pomo de una puerta, el conseguido efecto abedul del parqué o la fabulosa grifería de diseño que haría palidecer de envidia a la mismísima Isabel Preysler.

Que la fecha en la que tomamos la fotografía aparezca sobreimpresa en la imagen es algo a evitar. Ya no sólo porque resulta bastante antiestético, sino también porque proporciona una información al usuario que puede jugar en nuestra contra, pues en cierto modo revela el tiempo que llevamos intentando vender nuestro piso. Y de paso, un consejo para las inmobiliarias: si queréis poner una marca de agua para proteger celosamente vuestras imágenes, al menos no lo hagáis en el medio de la fotografía. Por favor.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
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