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10 autorretratos de maestros de la fotografía

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Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)
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FEB 2015

Toda moda, por pasajera que sea, tiene unos orígenes más o menos remotos, y el selfie -con o sin palo- no deja de ser un tipo de autorretrato. Grandes fotógrafos han cultivado el género con puntos de vista muy diversos: desde la creatividad artística de Man Ray hasta la documentación de la propia vida llena de excesos de Antoine D'Agata. Dejando de lado el ego que desprenden los dichosos selfies, estas fotos se centran más en la psique y la historia que hay detrás de sus autores que en su mera presencia.

Man Ray

Foto: Man Ray

Artista experimental por excelencia de las vanguardias del pasado siglo, Man Ray es conocido principalmente por su aportación a la fotografía surrealista (aunque él se consideró esencialmente pintor). Entre sus muchas aportaciones destacan las solarizaciones, que también aplicó al género del retrato.

Man Ray disfrutaba y se divertía fotografiando. Es precisamente en el autorretrato donde más explotó su carácter bromista, siempre dispuesto a jugar ante la cámara, presto a caricaturizarse sin miedo alguno al ridículo. Incluso algunas de sus series recuerdan las poses de los selfies que hoy día se han popularizado tanto en las redes sociales.

Para ello el artista de Filadelfia dio un doble sentido a este autorretrato, en el que parece tomarse muy en serio el hecho de reírse de sí mismo. Con media cara afeitada y el semblante circunspecto y grave, el espectador no sabe bien a qué atenerse ante la imagen del artista, aunque su filiación dadaísta nos da algunas claves para su interpretación.

Alberto García-Alix

Foto: Alberto García-Alix

Ha comentado que se fotografía para conocerse, para enfrentar sus miedos interiores y exteriores. Y es precisamente gracias a este género -del que es uno de los autores más prolíficos- que Alberto García-Alix ha conseguido profundizar más en su propia personalidad.

La honestidad con la que este leonés se enfrenta a su propio universo, a sus miedos, debilidades y excesos se traslada íntegra a sus fotografías. Su gran virtud es exponer en igualdad de condiciones cada detalle de la vida que transita, desde lo cotidiano de un condón acabado de usar hasta un faro que ilumina las sombras en mitad de la noche; desde una herida en su rosto hasta su chupa llena de parches.

Así, su repertorio de autorretratos se ve enriquecido no solo por su persona (se fotografía sin pudor acompañado de sus amantes, chutándose o completamente desnudo), sino también por su entorno más inmediato de amistades, objetos y espacios. García-Alix utiliza ese haz de luz sobre su ojo para romper la oscuridad dominante en el resto de la imagen. Ese lenguaje visual conjuga a la perfección con la seguridad que transmite su mirada y la desconfianza con que parece escrutar al espectador.

Nan Goldin

Foto: Nan Goldin

La idea de utilizar la fotografía para documentar la intensa vida de la cultura underground de los años 80 en Estados Unidos tuvo en Nan Goldin un referente de primer orden. Proveniente de la comunidad homosexual de Boston, a finales de los 70 se instaló en el Bowery neoyorquino, donde continuó fotografiando a sus amigos a la vez que se introdujo en la escena pospunk.

Goldin documentó un universo que le era propio y en el que ella era tan protagonista como sus amigos y amantes, con los que mantenía relaciones de dependencia, violencia y excesos.

Bajo este prisma cabe mirar este retrato, en el que la fotógrafa se muestra después de haber sido agredida. El foco que la ilumina frontalmente y que elimina de su cara la luz ambiente de la habitación y el semblante serio pero sereno son todo un alarde de sinceridad documental. Goldin no se presenta como una víctima, sino que muestra con entereza una consecuencia de la vida que ha decidido llevar.

Lee Friedlander

Foto: Lee Friedlander

Aclamado por su aportación a la street photography, los autorretratos juegan un papel capital en la obra de Lee Friedlander. De hecho la sintonía entre ambos géneros es tal, que resulta casi imposible disociarlos.

En sus composiciones cargadas y difíciles, con un gran dominio de la superposición de elementos y planos, de reflejos y siluetas, Friedlander demuestra que es capaz de controlar la escena urbana con maestría. Y aplica esa genialidad a los autorretratos. Lo mismo le da mostrarse como una sombra proyectada en la espalda de un personaje que pasea por la calle que meterse en la maraña de un arbusto para hacerse un retrato al más puro estilo selfie o interponer una bombilla encendida entre su rostro y la cámara.

O hacer una fotografía de un doble reflejo suyo a través de un escaparate y un espejo colocado en su interior, como en este caso. Es así como le vemos con la cámara encima y con un rostro poco nítido (por la yuxtaposición de los reflejos del espejo, el cristal del escaparate y su interior) encajado en una escena de calle, con ventanas y retratos enmarcados. Una composición inquietante y compleja.

Vivian Maier

Foto: Vivian Maier

La historia de la niñera fotógrafa es ya archiconocida en el mundo de la fotografía. Y tras la nominación al Óscar de John Maloof (descubridor casual de este valioso legado) por su documental “Finding Vivian Maier”, ha dejado de ser una desconocida también entre los profanos en la materia.

Y resulta que Vivian Maier, además de tener un don especial para fotografiar la calle, sus escenas y sus personajes, también se regalaba el protagonismo en muchos de sus retratos. Las similitudes con Diane Arbus, Lee Friedlander y Garry Winogrand son tan evidentes que por fuerza debió conocer bien su obra.

Aunque en ocasiones retratara su sombra en el suelo o frente a multitud de escaparates, lo suyo eran los reflejos en espejos. Cuantos más, mejor. En esta foto Maier aparece entre dos grandes espejos circulares enfrentados, lo que proyecta su imagen y la de su cámara -que casi siempre sale en sus autorretratos- hasta el infinito. Si bien la complejidad formal que Maier ha aportado al género está a la altura de la obra de Friedlander, resulta muy complicado escrutar la psique de la autora, que parece tener la misma expresión y querer decir siempre lo mismo.

Helmut Newton

Foto: Helmut Newton

Tacones altos, figuras esbeltas, pechos al descubierto… y el fotógrafo. Los tres primeros componentes (junto a unas composiciones sobrias en estudio e informales en exteriores) forman una de las bases de la fotografía de moda de Helmut Newton. El último factor lo explotó en pocas instantáneas.

Newton se disputa con Annie Leibovitz y Richard Avedon el prestigio de ser el fotógrafo de moda más influyente de la historia. Pero a diferencia de Leibovitz, el australiano contextualizaba a sus modelos sin gran parafernalia ni retoques. Una modelo, una pose femenina, una actitud dominante cargada de suficiencia y una luz generalmente dura -sobre todo en exteriores- le bastaban. El resto solían ser calles vacías, azoteas, habitaciones con grandes ventanales que hacían las veces de estudio.

Y un fondo blanco. Como en este retrato con reminiscencias de pintura titulado “Autorretrato con esposa y modelos”, donde Newton aparece a la manera de Velázquez en sus Meninas: reflejado mientras trabaja en su obra. Añade además a su propia esposa -que mira la escena con cierto tedio- las piernas de una segunda modelo reflejadas en el espejo, y cede el protagonismo de la imagen a la modelo que retrata de espaldas y de frente.

Martin Parr

Foto: Martin Parr (Magnum Photos)

En su obra Martin Parr cuenta con una serie de autorretratos que le sirven para teorizar con socarronería en torno al souvenir y la propia imagen. El de Magnum Photos, cuya parte de su trabajo marcadamente sociológico gira alrededor del ocio y el tiempo libre, ha trabajado en los últimos años en el fenómeno del selfie desde dos vertientes. Por un lado, en fotografías de acción al más puro estilo street photography, poniendo de manifiesto que el famoso “yo estuve allí”, la constatación de la presencia, es más importante que la propia experiencia.

En la otra vertiente es donde encaja este autorretrato. Parr se coloca delante de la cámara y se convierte en una de esas personas cuyo objetivo con la fotografía parece ser una estantería adornada con dudoso gusto. Lo curioso de estos autorretratos es que la mayoría están hechos por fotógrafos locales, con una estética descaradamente kitsch que no deja de ser el estilo original de esos retratistas.

Así pues, ¿por qué considerarlo un autorretrato? La respuesta está en el conjunto de la obra, dirigida por el británico y de la que obviamente controla el resultado final. Su libro “Martin Parr. Autoportrait” está lleno de este tipo de imágenes.

Joan Fontcuberta

Foto: Joan Fontcuberta

El discurso sobre la veracidad del medio y la construcción fotográfica de Joan Fontcuberta es de sobras conocido. Es además la base de la mayoría de sus proyectos y ensayos fotográficos. La idea que el autor catalán expone con este autorretrato (del que ya habló hace tiempo para Quesabesde) tiene que ver precisamente con la facilidad de manipular la realidad a través de la imagen.

Conviene tener presente toda la serie a la que pertenece esta foto. Con la caída de la Unión Soviética y la desclasificación de cientos de documentos de la carrera espacial, Fontcuberta creó una historia ficticia basándose en una serie de documentos gráficos reales. Añadió a estas fotografías su propia imagen, caracterizado como Ivan Istochnikov -nombre de su álter ego, que resulta de la traducción directa de su nombre al ruso-, coronel del Ejército Rojo y supuesto tripulante de las naves Soyuz 2 y 3.

El giro radica en que el autor presenta las fotografías retocadas como las verídicas, y viceversa. De esta forma pretende desenmascarar una versión oficial del gobierno de aires rocambolescos, con un astronauta desaparecido, familiares deportados a Siberia y amigos silenciados de por medio.

El retrato resulta ser en realidad un autorretrato en el que Fontcuberta se disfraza de cosmonauta soviético. Una fotografía real pero no veraz. Con todo, esta historia logró colarse en el popular programa de televisión “Cuarto Milenio”. Iker Jiménez la presentó como verídica, lo que demostró que la fotografía es un instrumento para la verdad solo si se usa con ese fin.

Antoine D'Agata

Foto: Antoine D'Agata (Magnum Photos)

Fue en una entrevista concedida a Quesabesde cuando Antoine d'Agata afirmó que de no ser por la fotografía estaría ya muerto. Esta frase resume muy bien la capacidad terapéutica que esta disciplina tiene para el fotógrafo de Magnum Photos, que como Alberto García-Alix la utiliza para documentar un mundo –el suyo propio- en el que las drogas y el sexo están muy presentes. Pero las similitudes acaban aquí.

D'Agata parece indagar más en la psique humana, en los estados mentales que producen el amor, el deseo, las drogas, la violencia, la enfermedad, la cercanía con la muerte. Con un uso magistral de las atmósferas parece captar un universo de decadencia y autodestrucción, si bien él afirma que ve belleza en todo aquello que fotografía.

Con un lenguaje visual altamente onírico y de gran honestidad -obligada y de oficio-, el francés documenta su averno personal al situarse delante de la cámara. Mientras delira por el efecto de la droga o cuando mantiene relaciones sexuales, la imagen que D'Agata ofrece de sí mismo es un misterio causado por las exposiciones largas y el movimiento. El espectador debe interpretar el significado no solo desde el lado formal de sus autorretratos, sino también con su propio background y estado de ánimo.

Richard Avedon

Foto: Richard Avedon

Excelente fotógrafo de moda y mejor retratista, Richard Avedon se ha situado frente a la cámara en más de una ocasión. En ambos géneros su carrera evolucionó desde imágenes más espontáneas al inicio, para poco a poco ir ganando un mayor control de la escena. En cualquier caso, desde el principio el de Nueva York se preocupó por resaltar alguna emoción en los personajes a los que retrataba.

Uno de sus trabajos más celebrados es “In the American West”, en el que retrata a gente común del oeste de Estados Unidos, la mayoría con su indumentaria de trabajo y con el mismo fondo blanco con el que fotografió a personalidades de la cultura como el escritor Truman Capote, el cantante Bob Dylan o el fotógrafo Lee Friedlander.

En este autorretrato usa el mismo fondo blanco, equiparándose a todos sus personajes. También el plano y la iluminación son parecidos, y aunque también enfrenta la cámara de forma frontal, su mirada dura y el gesto de las manos con un movimiento como para acicalarse el pelo recuerdan más la actitud ante una fotografía de moda.

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